sábado, 26 de diciembre de 2015

Terminar implica desprenderse

Cada vez que terminan ciclos o momentos en nuestras vidas, debemos consultar qué hemos logrado, qué cosas hicimos bien, qué cosas no salieron como queríamos y a cuántas personas pudimos ayudar a crecer, bien en lo material o en lo espiritual. Cuando termina un ciclo en nuestras vidas, necesariamente existe un desprendimiento en alguna parte de nuestro ser; algo que se debe mudar para emprender el nuevo paisaje por venir.

Mientras no puedas mudar o dejar cosas en tu vida que no suman, que te amarran a tu pasado: logros, reconocimientos, decepciones, conflictos o enredos del corazón, no estarás dispuesto para asumir con claridad la nueva ventana de oportunidades que inicia con tu nuevo tiempo. No podemos mantener aquellas emociones o condiciones tóxicas que generen lastre en tu vida y no te dejan avanzar con celeridad en la búsqueda de tus sueños.

Cada vez que conquistas y logras concluir tu tiempo, es necesario vaciarte de todo lo aprendido, de todo lo logrado, de todo lo conseguido, para poder aspirar a metas superiores y revelar los nuevos horizontes que la vida tiene para que sea un mejor ser humano, lleno de plenitud, de gracia y de bendición. Cuando estamos pesados con el equipaje, poca movilidad tenemos, cualquier evento nos saca de control y perdemos el equilibrio en cualquiera de nuestras actuaciones.

Así pues, clausurar un momento de nuestras vidas es una invitación a eliminar todo aquello que nos impide elevarnos al siguiente nivel de evolución y crecimiento personal, profesional y espiritual. Es una invitación a conectarnos con nuestro yo interior, para capitalizar las lecciones aprendidas, motivar nuestro coraje y asumir los retos que el nuevo escenario tiene para los que están dispuestos a hacer que las cosas pasen.

Terminar un periodo de nuestras vidas, es haber invertido nuestro tiempo con otros, haber comprendido sus necesidades y retos, es haber dejado parte de sí en cada momento y situación, como legado de nuestra entrega y reconocimiento de los otros, como verdaderos otros. Conforme vamos concluyendo ciclos, más aprendizajes debemos atesorar, es decir capitalizar la experiencia que se ha conseguido, que no es otra que aquella que se adquiere luego de habernos equivocado.

Cerrar un ciclo de nuestra existencia es detenerse a escuchar las olas del tiempo, la risa del viento y el arado del mar, conexiones insospechadas que nos sumergen en el infinito de la naturaleza, como una respuesta a nuestros propios interrogantes y la antesala de los cambios que requieren nuestras vidas. Todo esto para darnos cuenta de lo pequeños que somos; esas vasijas de barro que deben morir a su propia esencia, para ser reconstruidas con la filigrana de oro sagrada fundida en el crisol de la fe, la esperanza y el amor.

No se trata de construir y mantener una vitrina de la vanidad llena de lujosas joyas “personales” para exhibir, sino en conectarnos en cuerpo, mente, corazón y alma con nuestro referente trascendente, para renovar nuestros votos de crecimiento perpetuo (soltar las amarras del puerto conocido), para descubrir (zarpar) y hallar quiénes somos realmente y qué queremos alcanzar a nivel personal, profesional y espiritual.


El Editor. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Formando la actitud

Bien anota la sabiduría popular: “No hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla”, condiciones que nos hablan del paso del tiempo y el cumplimiento de metas y objetivos, del ejercicio de ejecución de un plan de trabajo, que nos indica lo que hemos caminado y las lecciones que hemos aprendido. Esta realidad nos conduce indefectiblemente a revisar y evaluar lo alcanzado y establecer la efectividad de nuestra planeación durante el marco de tiempo establecido para realizar el plan.

Considerando lo anterior, movilizar un plan exige, además de las condiciones naturales de un proyecto, tiempo, recursos y objetivos, un elemento fundamental que es la actitud. Es posible tener todo lo anterior coordinado y en las proporciones necesarias, pero sin una actitud adecuada sólo sería la ejecución de un conjunto de actividades y no la consecución de un nuevo logro.

Por tanto, es necesario consolidar la vista de la actitud para asegurar que el esfuerzo, que hace la diferencia, está realmente conectado con una meta superior que transforma y detona el potencial de aquellos que participan. Para ello, John Maxwell, en su libro “¿Qué tan alto quiere llegar?”, establece algunas reflexiones que nos permiten sintonizar los retos que tenemos con la actitud que se requiere para triunfar en la vida:

* ¿Quién soy? La personalidad establece rasgos de las personas y el rastro de las actitudes que definen a un individuo.
* ¿Qué me rodea? El ambiente afecta nuestro sistema de creencias. Los contornos nos definen y fundan nuestra manera de conectarnos y movilizarnos con y en la realidad.
* ¿Cómo me expreso? De lo que está lleno el corazón habla la boca. Las palabras comunican sentido en un contexto particular y determinación a la hora de tomar acción.
* ¿Cómo me siento? El sentimiento es lo que queda luego de una experiencia. Cada momento en la vida se conecta con nuestro sentir. Podemos olvidar las enseñanzas, pero la emoción permanece.
* ¿Cómo me veo? Los sentimientos internos definen nuestras actuaciones externas. De la percepción que tenemos de nosotros mismos, depende la transformación de la vida que podemos tener.
* ¿Qué puedo aprender y desaprender? Qué riesgos estamos dispuestos a correr, ¿qué cosas vamos a dejar atrás para abrirnos a nuevas oportunidades y experiencias? Todas experiencias en la vida preparan el camino del siguiente paso y fundan la cuota del siguiente nivel.
* ¿Quiénes influyen en mí? Lo que otros dicen acerca de su percepción sobre nosotros afecta cómo nos percibimos a nosotros mismos. Revisa que cosas vas a dejar entrar en tu dominio para que sume y las otras que deberás abandonar, que no agregan valor y roban tu energía.
* ¿Cómo luzco ante los demás? La apariencia exterior proyecta, comunica y conecta con los otros. No son los estándares del mundo los que te definen, sino tu propia esencia y valor la que hace la diferencia. Luce tu mejor versión cada vez, para que tu legado sea permanente.
* ¿Dónde tengo puesta mi seguridad? Una pregunta que nos interroga sobre “en qué creemos”, un ejercicio de esperar lo mejor del otro, como fundamento de una relación de doble vía donde mis debilidades ofrecen la seguridad para continuar creciendo.

Todas estas preguntas establecen los contornos de la realidad interior, como una preparación y construcción permanente de la actitud, aquella que moldea y define las acciones que transforman expectativas y sueños, en realidades y resultados concretos.

El Editor

Referencia

Maxwell, J.  (2014) ¿Qué tan alto quiere llegar? Determine su éxito cultivando la actitud correcta. Nashville, USA: Grupo Nelson. Capítulo 6.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Pronósticos personales

Durante estos días estamos invadidos de noticias sobre cierres y personajes del año, sobre pronósticos para el año siguiente y en alguna medida de predicciones que nos anticipan cambios y transformaciones que establecen nuevas realidades y retos tanto para las personas como para las empresas.

El ejercicio de hacer pronósticos a nivel empresarial, es una práctica que motiva una revisión en profundidad de los hechos y datos disponibles, así como la exploración de tendencias claves para la dinámica del negocio que permiten establecer escenarios posibles y probables con el fin de obtener, en la medida de la posible, una lectura del futuro y de aquello que puede ocurrir en los próximos años.

El resultado de esta práctica establece un conjunto de posibilidades que procuran una base de movimientos estratégicos claves de la empresa, sin perjuicio que aparezcan tendencias no identificadas, las cuales cuestionarán los ejercicios previos realizados, no como un reclamo sobre la precisión de los mismos, sino como una oportunidad para enriquecer la vista planteada y la manera como incorporar nuevos aprendizajes propios de la complejidad del entorno.

Así como ocurre en el mundo empresarial, en la vida personal es necesario establecer los mapas profesionales de mediano y largo plazo, que permitan vincular aquellas cosas que sabemos hacer muy bien, con las oportunidades que se visualizan en el entorno. Este ejercicio, demanda un reconocimiento personal de nuestras capacidades y abrir nuevos espacios de conexión con otros profesionales y amigos para tender puentes inéditos que creen un escenario diferente donde se cultive aquello que queremos en el futuro.

Los pronósticos permiten en nuestra vida personal desarrollar un ejercicio de proyección y movilidad que genera incomodidad y resistencia frente a lo logrado hasta el momento. Esta situación demanda una visión de la vida que entiende la dinámica social, económica y política donde estamos situados, así como la definición de una estrategia clara de formación y construcción de posibilidades que nos lleven de una orilla conocida a otra que aún no conocemos, pero podemos construir.

En este sentido, es nuestro deber salir al encuentro de nuestra propia ruta de navegación, para ubicar en el plano de las oportunidades y posibilidades, aquellas coordenadas que nos lleven al siguiente nivel de comprensión de la realidad; un camino de situaciones inesperadas, inciertas y novedosas que enfrenten nuestras creencias, valores y actitudes para decidir sobre aquello que queremos y la vida en abundancia a la cual estamos destinados.

Por tanto, levanta la cabeza, mira al horizonte y traza la ruta de la prosperidad que quieres para tu vida, un plan estratégico y táctico que conjuga la mejor versión de lo que eres hoy y la visión de tus retos superados, aquellos que te transforman en una persona diferente y madura que sabe lo que quiere, permanece atento a las tendencias del entorno y se mantiene fiel a sus talentos, esos que lo hacen un ser único e irrepetible.


El Editor

sábado, 5 de diciembre de 2015

Versión mejorada

Muchas veces hay momentos que pensamos que las cosas no salieron como hubiésemos querido que salieran; que algo no se tuvo en cuenta y por esta razón el resultado esperado fue algo totalmente distinto a lo planeado. Esta experiencia genera en el interior de una persona sentimientos de frustración y algunas veces de vergüenza, porque lo más probable es que una persona, misteriosamente amada o querida, termina siendo afectada o un proceso comprometido.

Sin perjuicio de lo anterior, estas situaciones se presentan no solamente para ilustrarnos que en los detalles está la clave de la ejecución, sino para insistir en nuestro proceso de aprendizaje y lecciones aprendidas que forjan nuestro carácter y sobre manera nuestra forma de entender el mundo desde la sabiduría del error. No es una cuestión de autoincriminación, sino de reconocimiento de las oportunidades en cada situación límite, pues en ese punto y hora se quiebra la lectura normal del mundo y se deja ver aquello que no hemos visto.

Cuando tenemos la oportunidad de confrontar nuestros propios modelos mentales, nuestras propias creencias, así como los lentes que tenemos para ver el mundo, entramos en una zona de incomodidad, de incertidumbre que lucha contra la zona cómoda, con los conceptos conocidos y con la pereza mental por el traslado de nuestro razonamiento a un lugar incierto y de alguna forma desconocido. Es en ese momento cuando el cuerpo y el corazón son sometidos a las presiones externas y nuestro espíritu parece sucumbir, y sin embargo,permanece latente la luz interior que siempre está encendida como faro de la fe en donde lo sagrado vive eternamente.

Así como en una buena presentación, transmitir el mensaje y conectar con los asistentes, hacen parte de la ruta que nos hemos trazado para hacer presencia en el mundo y no ser uno más de la masa; una lectura positiva de todo lo que ocurre, como postura proactiva de la vida, definen un paisaje distinto a lo conocido que establece los trazos incompletos del artista para que cada observador lo termine según la experiencia de cada momento y la impronta que su vocación le llama a cumplir.

Cuando algo no sale como lo hemos planeado, es necesario abrir el sifón de nuestros rencores, desazones y temores, para que liberados de esa energía que nos disminuye, podamos conectarnos con la divinidad presente en el universo y así reconstruir aquello que no estuvo a la altura. Esto es, procurar una actitud motivada, divertida, de impacto, interesante y reflexiva que establezca las bases de una personalidad resiliente, emprendedora y sobre manera, humana que está dispuesta a soltar y dejar sus viejos paradigmas y arriesgarse a comprender formas alternas de construir la realidad.

Finalmente, aquello que llamamos realidad, no es otra cosa que la interpretación parcial de un conglomerado que crece alrededor de un territorio, construyendo una identidad y reinterpretando su propio tejido social; una experiencia de muchas personas, que a pesar de sus imperfecciones y errores son capaces de verse uno al otro y conectarse con un mundo trascendente, donde la vida no termina, sino que inicia con una versión mejorada.

El Editor

domingo, 29 de noviembre de 2015

Saber SER. Competencia clave para trascender

La polisemia de la palabra competencia permite que muchas personas, empresas o entidades la usen de forma imprecisa, generando posiciones encontradas entre los diferentes públicos y audiencias. Esta diversidad de significados, nos pone en alerta sobre la riqueza misma de la palabra y los retos que esto implica para su adecuado uso y pertinencia en el contexto que se mencione.

La palabra competencia en esta breve reflexión la vamos a leer desde la vista de las ciencias de la educación, particularmente haciendo énfasis en las genéricas, que nos hablan sobre “el modo de actuar de las personas tituladas en su desempeño ciudadano y profesional” (Yániz, 2015, p.17). Las competencias genéricas establecen el marco de referencia y el fundamento que toda persona debe tener para entrar en la vida laboral y conectarse con la dinámica empresarial.

En razón con lo anterior, el trabajo en equipo, transmitir conocimiento experto, gestionar información, gestionar el propio aprendizaje, comunicarse de manera efectiva, redactar adecuadamente textos, entre otras, son ejemplos naturales cuando de contratar una persona en una empresa se trata. En este sentido, las competencias genéricas son la base para tener oportunidades de ingreso al mundo laboral. Esto es, mientras más dominio se tenga de estas, mayor visibilidad y atractivo habrá para la compañía que se interese en el perfil de la persona.

Te has puesto a pensar en ¿cómo están tus competencias genéricas? La respuesta debe motivarnos a revisar aspectos propios de nuestras prácticas empresariales y animar nuevas formas de avanzar en el conocimiento de las habilidades que tenemos y debemos desarrollar para alcanzar mayores niveles de dominio en las actividades que se nos encomiendan a diario en las empresas.

Sin perjuicio de lo anterior, las competencias genéricas deben ser complementadas con una lectura trascendente de la vida personal, donde no solamente se privilegie el saber hacer, el saber conocer y el saber convivir. Lo anterior, implica entrar en la profundidad del saber ser, una competencia que implica desarrollar el sentido trascendente del individuo, donde sus acciones benefician a otros y éstos a su vez hacen lo mismo con quienes tienen a su lado.

Yarce (2014) indica tres elementos claves para desarrollar la competencia del saber ser:
  • Aprender a pensar
  • Aprender a querer
  • Aprender a amar

Aprender a pensar, esto significa que debemos entender que todo está conectado, que estamos en una red de conexiones, que establecen y modifican comportamientos que nos hacen diferentes y complementarios al tiempo. No es posible entender la dinámica del mundo de forma aislada, sin generar tensiones por ignorar las relaciones presentes allí, algunas de ellas visibles otras no.

Aprender a querer, es profundizar en la voluntad del hombre, en las actitudes y disposiciones que tiene para entrar en la existencia del mundo o de otras personas, para conocer y compartir. Es el esfuerzo sostenido para dar vida a los propósitos y ser fieles, a pesar de las tempestades, para alcanzar los resultados. Bien dice la sabiduría popular: “el que quiere, puede”.

Aprender a amar, es una comprensión del otro en mí, es ponerse en situación con el otro y experimentar la donación mutua que sella la relación con su prójimo. El que ama comparte y permite que emerja lo mejor del otro. No se alcanza plenitud al cumplir un conjunto de reglas o mandatos, sino en la espontaneidad de la construcción permanente de la relación.

Si logramos transitar en las consideraciones del saber ser, los demás saberes estarán armonizados y complementados, como quiera que la riqueza de tu perfil en las organizaciones, no estará solamente en aquello que has aprendido en la universidad o en lo que eres académica y empresarialmente hábil, sino en la convicción y firmeza del desarrollo trascendente de tu propio saber ser.

El Editor.

Referencias
Yarce, J. (2014) Liderazgo trascendente. Bogotá, Colombia: Editorial Panamericana.
Yániz, C. (2015) Las competencias genéricas como finalidad educativa. En Villardón-Gallego, L. (Coord.) (2015) Competencias genéricas en educación superior. Metodologías para su desarrollo. Madrid, España: Narcea S.A de Ediciones. 13-23

sábado, 21 de noviembre de 2015

Reingeniería actitudinal

Dicen que la actitud lo es todo, que es la forma como nos movilizamos para alcanzar lo que queremos. Leyendo recientemente el libro del Dr. Juan Pablo Aguilar Meza, denominado “Reingeniería actitudinal: La ciencia y el arte de potenciar la actitud” encontré una definición de lo que es una actitud:

La actitud es un estado emocional adquirido, preconcebido, relativamente duradero y susceptible al cambio, el cual resulta de un sistema multicomponente y dinámico de factores internos y externos que influyen en la forma de pensar y actuar de una persona respecto a un suceso, tema, individuo o situación” (Aguilar, 2015, p.16)

Una definición que establece todo un desafío multidimensional para comprender como movilizar ese estado emocional, que vamos adquiriendo conforme nuestras experiencias personales. Bien afirma el Dr. Aguilar que “no se puede tener una actitud respecto a algo que no se conoce”, es necesario entrar en contacto con el mundo y sus niveles de sensibilidad para encarar y definir una forma de asumir una realidad.

Sigue en su reflexión el académico, indicando que “una actitud puede cambiar por nuestro razonamiento, o por la influencia de otros”, lo que implica necesariamente deconstruir la realidad donde habitamos, cambiar aquello en lo que creemos y nuevamente conectar con los otros. Una actitud renovada, implicar abandonar los prejuicios que hacemos de otros y de nosotros mismos, para reconstruir el sistema que la contiene.

Si una actitud cambia, anota el científico, cambia todo. Una frase que nos advierte que la transformación que buscamos y queremos está más cerca de lo que esperamos. Es un viaje que implica tomar acción sobre nuestras propias creencias, formas de pensar y de conocer el mundo donde vivimos y darnos la oportunidad de conectar y abrir espacios para comprender que, sólo en la sintonía con otros, somos capaces de movilizar acciones que el mundo espera y necesita.

El Dr. Aguilar establece nueve características claves de la actitud: es reforzadora, tiene intensidad, es transmisible, es multidimensional, se puede exportar, es preconcebida, es modificable, es proyectiva y finalmente y no menos importante multiplicadora. Cada una de ellas se desarrolla, impacta y define a los individuos de tal forma que establece elementos concretos que pueden ser modelados y trabajados para movilizar a las personas para que alcancen un mayor potencial.

Si lo anterior es correcto, podemos comprender, como anota el Dr. Aguilar, que “nadie se equivoca a propósito, se toman decisiones con la información o la emotividad inadecuada”, una expresión que nos sumerge en la realidad de las emociones y diferentes variaciones de las personas. Una reflexión que nos lanza a descubrir las raíces del ser humano que nos convoca y nos interroga, para que podamos comprender aquellos influenciadores que distorsionan la realidad y nos confunden frente a otros.

Modificar la actitud es un reto que exige una re-conexión del hombre con su propia realidad, con sus sueños y retos, una motivación intrínseca, que modifica la intensidad de la actitud, afectando la manera como nos lanzamos a lograr las cosas. 

En este contexto, revisa tus actitudes y la percepción que tienes del mundo, sólo así podrás desaprender aquellas actitudes nocivas y cultivar aquellas que fortalezcan tus influenciadores internos para superar tus propias limitaciones y resignificar tu propia vida desde la pedagogía del error.

El Editor

Referencia

Aguilar, J. (2015) Reingeniería actitudinal: La ciencia y el arte de potenciar la actitud. Guadalajara, Jalisco. México: Impre-Jal S.A de C.V.

domingo, 8 de noviembre de 2015

El caso de negocio: Tu vida

Con frecuencia se escucha cuando se quiere “vender” un proyecto o iniciativa, sobre el “caso de negocio”, esa práctica empresarial que busca demostrar que las inversiones que se quieren hacer van a rendir los beneficios que la organización y los clientes esperan. De acuerdo con el Dr. June Paradise Maul, autor del libro “Developing a business case” siete son los pasos que se deben tener en cuenta para formular un caso de negocio:

1. Defina la oportunidad. Esto supone describir la situación y el objetivo de negocio que su propuesta va a afectar. Lo anterior supone conocer en profundidad aquello que se quiere lograr, los retos que implica y las transformaciones que se van a generar si se implementa.

2. Identifique alternativas. Elabore y desarrolle cursos de acción que se pueden adelantar para capitalizar la oportunidad. Para ello, genere una lista de opciones, recibe comentarios de sus grupos de interés y priorice aquellas que adviertan mayores beneficios.

3. Recolecte información y estime marcos de tiempo. La información que se requiere posiblemente está en sus colegas de otros departamentos o de otras industrias, reportes especializados de revistas, expertos de la industria, fuentes en internet, firmas de consultoría. Y de otra parte la estimación de tiempo requiere de estimaciones y condiciones del contexto, así como las expectativas de aquellos que pueden llegar a ser patrocinadores de la iniciativa.

4. Analice las alternativas. Considerando la información disponible y las métricas establecidas en el paso No.1, se desarrolla un marco de comparación de alternativas que determine aquellas de mayor impacto en términos de tiempos, capacidades a desarrollar (cambio en el status quo) y eficiencias financieras.

5. Haga su selección y evalúe los riesgos. Seleccionar la mejor alternativa, exige comprender el escenario incierto que rodea la implementación de la misma, capitalizar los posibles desequilibrios como oportunidades para crear nuevos puntos de quiebre que redefinan la forma de hacer la cosas y de igual forma, establecer acciones de mitigación que suavicen eventos inciertos de la propuesta.

6. Plantee un plan para implementar la idea. Esta actividad debe llevar un propósito claro para su desarrollo, establecer una lista de hitos claves, momentos de comunicación a los tomadores de decisiones sobre el avance, identificar los recursos necesarios, indicar cuando se generarán los beneficios y tener un registro de su resultados.

7. Comunicar su caso. Esta es una de las fases más importantes, lo que implica conocer muy bien su audiencia, qué quiere de cada uno de ellos, qué valores son los más importantes para tomar la decisión, cómo se beneficiarán de la puesta en marcha de la iniciativa, demostrar solvencia en el tratamiento de los riesgos y sus oportunidades y conocer como sus posibles patrocinadores quieren recibir esta información.

¿Te has puesto a pensar en el caso de negocio que es tu vida? Las oportunidades son el ejercicio permanente de abrir horizontes y crear el futuro que quieres. Por tanto, define y confirma tu caso de negocio para comunicar diariamente, con tus capacidades y logros, las transformaciones que eres capaz de alcanzar y la vida en abundancia que genera, ser fiel a la vocación y talentos recibidos.

Referencia

Paradise, J. (2011) Developing a business case: expert solutions to everyday challenges. Boston, MA. USA: Harvard Business School Publishing. 

viernes, 30 de octubre de 2015

Fronteras invisibles

Tres expresiones resumen la inestabilidad propia del mundo moderno y el desconcierto de empresas y personas: el dinero ya no es suficiente, el mundo está fracturado y donde están tus prioridades, están tus oportunidades.

Estas tres expresiones nos hablan de cambios fundamentales en la manera como se concibe el mundo, como se manejan las expectativas de las personas y la necesidad de balancear la vida laboral productiva y la vida personal evolutiva. Las tres expresiones, establecen un nuevo paradigma de progreso y logro, que dista mucho de la estabilidad que se enseñaba en casa.

El mundo lleno de fracturas sociales, económicas, políticas y hasta tecnológicas, exige una posición diferente de liderazgo, más allá del carisma, del mando o influencia política. Demanda una comprensión sistémica del entorno para conectar expectativas y oportunidades que canalicen esfuerzos para contribuir al logro de los objetivos. Una visión de conjunto, que supere la vista de silos, arraigada en nuestro ADN, para salir al encuentro de los contextos de los otros y desde allí tender redes de conexión que construyan puentes entre tejidos sociales y realidades emergentes.

Movilizar personas en un contexto, donde todos están en sintonías diferentes, a velocidades distintas y con intereses diversos, es desarrollar un liderazgo de fronteras invisibles, que trasciende las expectativas de las personas, para conectarse con una lectura común, de conjunto, que entienda el cambio como una oportunidad para transformarse y transformar a otros. Aquellas pequeñas intervenciones que generan grandes cambios y coyunturas inesperadas.

Los jóvenes de hoy, desarrollan en un entorno tan competitivo como el actual, capacidades que en otro momento no se veían como necesarias para entrar al torrente indomable del mercado y sobrevivir en él. La necesidad de aprender de forma constante, el cambiar de entorno cada 2 o tres años, disfrutar lo que se hace y compartirlo con otros, relacionarse con otras culturas y abrirse al mundo, son las nuevas condiciones que hacen interesante el ir a trabajar, el ir a desarrollar un proyecto de vida y no solamente a realizar una tarea y ganar un salario.

En este sentido, liderar un proyecto de vida en el mundo actual es asumir la incertidumbre como maestra, la inestabilidad como fundamento del decidir y la ambigüedad como insumo para innovar. Un ejercicio de liderazgo que, como lo indica Williams (2015, p.43), entiende cómo la gente ve y usa el pasado, qué es importante alcanzar en el presente y cuál es su relación con el futuro, tres narrativas que revelan el permanente descubrimiento del mundo, las expectativas que se tienen sobre su desarrollo y la convicción de aquello que se quiere lograr en el mañana.

Así las cosas, la dinámica actual nos motiva a cruzar fronteras invisibles, conectar historias de personas y crear puentes entre las diferencias, un ejercicio como agente de cambio local y global que define un liderazgo, más allá del reconocimiento y el prestigio, que habilita la colaboración, superar los límites creados y construye realidades superiores.

El Editor

Referencia
Williams, D. (2015) Leadership for a fractured world. Oakland, CA. USA: Barret Koehler

sábado, 24 de octubre de 2015

Sembrar: conciencia espiritual

Cada vez que actuamos en la vida estamos transmitiendo mensajes, lecturas de nuestra realidad, que viajan indefectiblemente en medio de los imaginarios sociales. Nuestras acciones definen posibilidades para potencializar nuestras virtudes y abren portales para conectar con otros. Somos un flujo permanente de sentimientos y sensaciones que adornan las palabras, moldean pensamientos y definen emociones.

Cada mirada, cada palabra, es una semilla que siembra una oportunidad, una forma de comprender mejor el mundo y por tanto, de lo que hemos venido a hacer y compartir. Esa semilla cae y se nutre en la tierra de los significados, ese entramado social de apuestas, intereses y contradicciones donde tendrá que superar adversidades y construir nuevas relaciones, para afianzarse y establecer su base para luego emerger y hacer presencia como parte relevante de la realidad.

De esta forma, los seres humanos, así como el Bambú, anota Cala (2015, p.xvi), “para llegar a dar frutos, … necesitan madurar antes desde su semilla, afianzarse y adquirir experiencia” y así luego crecer y ofrecer lo mejor de sí, que no es otra cosa que su ejemplo, sus limitaciones y lecciones aprendidas, la experiencia reflejada en aquellas cosas que no salieron bien y que hacen parte de su repertorio como ser humano con “pies de barro”.

Somos seres que estamos enraizados en nuestras propias realidades, donde compartimos y desarrollamos formas de ver el mundo, algunas de ellas compartidas, otras no. En ese ejercicio podemos observar la penumbra de nuestros egoísmos, de nuestros intereses que muchas veces ocupan gran parte de nuestros pensamientos, dejando poco espacio para experimentar el vacío necesario para conectar con el infinito, un vacío interior que nos libera de nuestras “llenuras” del mundo y nos revela la profundidad de lo que somos y podemos.

No podemos dejar de sembrar cada día, en cualquier momento y lugar, es una necesidad permanente que cada ser humano tiene para reconocerse con el otro y construir junto con él. Somos sembradores de realidades, de oportunidades, esos bambúes que con diámetro definido y gran altura, son fuente permanente de transformación y cambio, de flexibilidad y armonía, no para vivir una vida pasiva y limitada, sino como la confirmación de la grandeza de la humanidad que se construye alrededor de la nada, del vacío interior, que nutre de abundante espiritualidad a todo aquel que se deja cautivar por esa semilla.

"Sembrar es el portal de la generosidad divina, que habilita la gracia desde la condición humana; un acto de desprendimiento personal que nutre una experiencia colectiva"

No te distraigas con las generosas y seductoras “necesidades autoimpuestas” por tu realidad: la tecnología, los accesorios, las vanidades, los elogios y premios, y más bien encuentra con tus pares las raíces de la solidaridad, de la tierra fecunda y fértil donde muchas miradas y palabras de fe, hagan de tu realidad una forma diferente de conocer y descubrir tu propia misión, tu propia vocación.

Recuerda como afirma Cala (2015, p.xx) “donde están tus prioridades, están tus oportunidades”, por tanto ordena tus pensamientos, tus deseos y preferencias, para que el universo conspire contigo y se haga realidad aquello que conecta tu vida con la fuente de tu saber y poder: tu conciencia espiritual.

El Editor

Referencia

Cala, I. (2015) El secreto del Bambú. Una fábula. Nashville, Tennessee, USA: Harper Collins Español.

lunes, 19 de octubre de 2015

Insights

Muchas veces pensamos y meditamos sobre iniciativas que nos gustaría hacer, pero no llegamos a ejecutar. Situaciones como “no tengo tiempo”, “eso es una bobada que se me ocurrió”, “eso es una idea loca” son las que aparecen para socavar lo que la mente y nuestros pensamientos han puesto en nuestro entendimiento.

¿Te has puesto a pensar si tan solo supieras que vas a tener éxito en aquello que has calificado de “loco” o “bobada”? ¿Te has imaginado cómo fue que esa idea llegó a tu cabeza, sin que se lo pidieras? Pues somos seres que procesamos y analizamos información que recibimos a diario, bien en nuestro ejercicio profesional o en nuestra interacción con otros. Esa información es tratada por nuestro cerebro, que focalizado en un problema particular, la articula de formas insospechadas dando como resultado esos “momentos” o “flash” que los académicos llaman “insights”, los cuales revelan aspectos novedosos de nuestras aproximaciones.

Esos “insights” que generalmente tenemos, luego de muchas horas de revisión y análisis de información, y que surgen en momentos inesperados, nos permiten advertir que nuestra capacidad de ver el mundo, más allá de lo que conocemos, está vigente y activa. Por tanto, debemos estar atentos para capitalizar esos escenarios de “iluminación” que nos permiten entrar en profundidad de temas poco entendidos y que nuestra mente ha visualizado de manera eficiente.

Quien diga que no ha tenido estos “insights” no es fiel a la verdad, pues a diario tenemos en nuestro pensamiento retos o situaciones que requieren nuestra atención y estamos compilando información que nos permita focalizar estrategias para dar cuenta de los desafíos que enfrentamos. Por tanto, mientras más claros tengamos las situaciones problemáticas, mejor será el desempeño de nuestro cerebro procesando la información a la que tenga acceso.

Los “insights” son parte del orden natural de los seres humanos que han decidido exigir la capacidad cerebral y motivar transformaciones de hábitos que los habiliten para ver su contexto de manera sistémica y relacional, como una red de relaciones e interconexiones, que permiten una visión aumentada de la realidad para anticiparse y posicionarse frente a sus pares.

Crear los “insights” demanda un compromiso con la reflexión permanente, con la lectura decidida, con la necesidad de respuestas y la generación de preguntas, en pocas palabras en la potencialización de la curiosidad natural de los seres humanos, para profundizar y dejarse sorprender de las posibilidades que el mundo tiene para aquellos que han decidido descubrirlo y enfrentarlo.

Cuando tengas un “insight” recuerda que no es un acto mágico o misterioso, sino un ejercicio de perseverancia, fortaleza, desafío y generosidad, donde la mano divina, le da forma a una decisión humana, para lanzarse a cruzar el horizonte de lo conocido y encontrarse con la posibilidad de asombro y revelar nuevas formas de entender el mundo y sus supuestos límites.


El Editor.

sábado, 10 de octubre de 2015

Estrategia resiliente

Muchas veces nos encontramos en situaciones límites, con un contexto adverso y lleno de contradicciones. Sentimos que el mundo se nos viene encima y pareciese que no tuviésemos salida. Estos momentos, son momentos de verdad donde nuestra capacidad de comprensión de la realidad y sus diferentes variables debe brillar.

Sobreponerse a las condiciones es una capacidad que todos debemos desarrollar, como función base de resiliencia, para poder seguir avanzando a pesar de las adversidades del entorno. Cada reto que se nos presenta debe ser revisado y analizado con cabeza fría, con la visión sistémica de la realidad y así, motivar las acciones claves que articulen los conocimientos que se tienen y superar el escenario donde se encuentre.

Para efectos de enfrentar los desafíos del entorno, debemos entender que debemos prepararnos para anticipar y actuar en consecuencia. En este sentido, tres declaraciones son claves para asumir la complejidad de las situaciones que se presentan: nunca te doblegues antes las situaciones límite, toma decisiones inteligentes para abordarlas; todo lo que aprendas en la vida, tarde o temprano te servirá para algo; el entrenamiento lo es todo, nunca dejes de ejercitarte.

No doblegarse ante las situaciones límite, es comprender que siempre podemos elegir qué hacer ante los retos, es entender que tenemos la capacidad para descifrar las razones y condiciones que hacen que la situación nos afecte. Perseverar e insistir de manera inteligente, es aprovechar el entendimiento de la situación, para capitalizarla y darle sentido en nuestro empeño. Recuerda los retos están para moldearte y prepararte para próximo nivel de exigencia que te lleve a un mayor nivel de comprensión del entorno.

Aprender diferentes cosas en la vida, nos permite tener una lectura diversa de la realidad, nos habilita para observar diferentes puntos de vista y nos motiva para descubrir nuevas formas de cambiar el curso de las cosas. Si dejamos de aprender, nuestra capacidad de sobrevivir y proponer disminuye. Cuando lees y encuentras nuevas razones para pensar y analizar, estas abriendo una ventana para recibir revelaciones que antes estaban veladas para el entendimiento y los lentes a través de los cuales observas el mundo.

Todos tenemos habilidades, fortalezas que nos permiten actuar de manera ágil e inteligentemente confiada, con el fin de manejar contextos donde las variables son semejantes o conocidas. Dichas fortalezas se ponen a prueba, cada vez que el entorno cambia, muta o se hace diferente, cuando las condiciones circundantes revelan elementos inciertos y volátiles. Es en este escenario donde se concreta la capacidad de quebrar las formas tradicionales de actuar, comprender la sabiduría del error y aplicar las lecciones aprendidas, para dar cuenta de la realidad y las exigencias que se deben superar para incorporar nuevos aprendizajes antes ignorados.

Si somos capaces de mantenernos activos aprendiendo, mirando los retos como oportunidades para transformarnos e incorporando habilidades diferenciales para hacer la diferencia, configuramos el equipaje necesario para activar nuestra estrategia resiliente y así, como guerreros de luz tomar posición como herederos que lo han dado todo para alcanzar bienes superiores y objetivos trascendentes.

El Editor.

sábado, 3 de octubre de 2015

Segunda parte de la vida laboral

Muchos documentos y orientaciones existen respecto del desarrollo de una carrera o de una trayectoria. Para algunos académicos (Las Heras, 2011, p.22) las carreras están sometidas al reconocimiento de los méritos por parte de terceros, mientras las trayectorias otorgan una mayor autonomía al individuo para definir cuáles son sus objetivos y cómo quiere alcanzarlos.

Bien sea carreras o trayectorias, el enfrentarse a la realidad de un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo, estimula la reflexión multidimensional que exige una vista más holística del mundo y sus relaciones. Lo nuevo, lo desconocido, motiva establecer vínculos entre diferentes dimensiones de la realidad, observar variables nuevas y darle nuevas interpretaciones a aquellas conocidas. Todo lo anterior necesariamente lleva al tratamiento de la incertidumbre, como fundamento de la manera como nos reconocemos parte de un ecosistema superior y de nuestra capacidad de aprender lo que en cada momento se requiere.

Cuando cultivamos lo anterior, durante el desarrollo de la vida profesional y personal, llevamos los retos y logros a niveles no conocidos, creando una espiral de conocimiento y saberes que nos permiten ver el mundo en perspectiva, habilitando una virtud subyacente y siempre presente en el ser humano, que se ha llamado sabiduría. No es por mucho saber funcional que vamos a poder penetrar las verdades del mundo, sino por darnos la oportunidad para ver en el margen de las hojas y en las relaciones emergentes aquellas manifestaciones que no son propias de nuestros modelos mentales o realidades conocidas.

Llega un momento que luego de más de diez mil horas de trabajo y práctica permanente, se adquiere la maestría en aquello que se ha escogido o nuestra vocación nos ha dictado y conforme se continua desarrollando se llega a un momento donde se experimenta una meseta de conocimiento y saber, que lograr visualizar aspectos de manera previa, incluso advertir cosas que otros no ven. Todo ello confirma una evolución y perspectiva ampliada que anuncia bien un nuevo quiebre en la carrera o trayectoria, o la puesta en marcha del plan de la segunda parte de la vida laboral.

De acuerdo con Drucker (2008) existen tres formas para desarrollar la segunda parte de la vida laboral: desarrollar una nueva carrera, desarrollar una carrera paralela o ser un empresario social. En este contexto, el investigador indica que para que esto ocurra se debe planear mucho antes de que aquel momento llegue.

Si la elección fue desarrollar una nueva carrera, lo anterior implica movilizarte de un tipo de organización a otra, cambiar de dominio de conocimiento, desarrollo de nuevas habilidades, lo que exige necesariamente nuevos retos que motiven una renovación de la forma de ver la vida y la práctica empresarial para hacer contribuciones diferentes y lecturas renovadas de aspectos conocidos y novedosos de la realidad.

Si por el contrario la decisión fue desarrollar una carrera paralela, se invierte tiempo en actividades de voluntariado de aquello que lo motiva, comparte sus experiencias (aquello que queda luego de haberse equivocado muchas veces) con otros y aporta o enseña sobre una vista práctica del mundo que desde su perspectiva ha podido experimentar y comprender.

Si la elección fue ser un empresario social, implica que ya la persona ha alcanzado un nivel de experiencia y madurez en su empresa, y por tanto selecciona una nueva para compartir sus habilidades y propuestas, un profesional del conocimiento que moviliza iniciativas diferenciadores en su nuevo entorno, continuando su vida productiva laboral, consolidando su visión de la vida y el trabajo, preparándose para ser líder y modelo para otros.

Planear y desarrollar la segunda parte de la vida laboral, es una oportunidad para servir a otros para que encuentren su vocación, consolidar una visión y la construcción de saberes y conocimientos que guíen a las nuevas generaciones y un mandato de contribución permanente, que no acaba cuando se alcanza el mayor nivel de aporte o rendimiento laboral, sino que se consolida con la gerencia de uno mismo para mantener la revolución personal que nos lleve al siguiente nivel de evolución.

El Editor

Referencias
Las Heras, M. (2011) Trayectorias vs carreras. IESE Insight. Cuarto Trimestre. 11.

Drucker, P. (2008) Managing oneself. Harvard Business Review. Classics. Boston, Massachusetts. USA: Harvard Business School Press.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Controlar y Aprender

Las personas ven el mundo de formas diferentes. Cada uno desde su realidad observa y distingue aspectos de la vida que pueden o no ser iguales a los de otros. De acuerdo con Kofman (2013, p.99-100) la forma como cada persona establece las diferencias se puede definir en función de dos posiciones, los que quieren controlar y los que quieren aprender.

Los que quieren controlar pretender saber cómo son las cosas, cómo deben ser, y lo que hay que hacer. Ellos dan muchas órdenes y hacen pocas preguntas. Los que quieren aprender son curiosos y humildes, son más cuidadosos al interpretar lo que está pasando y qué hacer al respecto, preguntan más y dan menos órdenes. Tienden a considerar la perspectiva del otro, en lugar que imponer la suya.

Los que quieren controlar manejan las situaciones imponiendo sus propias opiniones y reclamando que las mismas son “la verdad”. Su discurso desconoce la realidad del otro y margina sus comentarios o visión de las reflexiones que se pudiesen dar. Aquellos que no tienen su mismo punto de vista, están en un error. Los que quieren aprender, invitan a los otros a compartir sus diferentes miradas, manejan las situaciones por consenso y reconocen que su interpretación de la realidad, sólo es una parte del todo que se analiza.

Los que quieren controlar, saben en su interior que no conocen la realidad que pretenden modelar y se marginan de las situaciones inciertas que se les pueden presentar las cuales advierten como una amenaza. Generalmente sus reacciones son agresivas o contrarias, para indicar una posición dominante que deja al descubierto su debilidad manifiesta para dar cuenta de la condición inestable de su conocimiento. Los que quieren aprender, se reconocen necesitados de los otros, saben que en el ejercicio de construcción conjunta las situaciones inciertas no son una amenaza, sino una oportunidad para desarrollar nuevas capacidades y conocer puntos de vista diferentes.

Los que quieren controlar están insertados en la pedagogía de éxito, en la necesidad de tener respuestas para todo y la capacidad de entender los detalles ante situaciones inesperadas. Ellos piensan que están elevados por encima de las realidades y que su visión abarca y explica todo cuanto ocurre. Los que quieren aprender entienden que la diversidad y las diferencias suman en el escenario de lo incierto, que la realidad no pertenece a una mirada particular si no que cada expresión de los otros cuenta.

"La ilusión del control es una realidad inestable que se instala de manera silenciosa en aquellos devotos de la pedagogía del éxito; mientras la inevitabilidad de la falla, es la fuente de los que "perseveran" y "aprenden" desde la pedagogía del error".

Así las cosas, cada una de estas personas, las que quieren controlar y las que quieren aprender cuentan con su propio modelo mental, en palabras de Kofman (2013, p.103), su conjunto particular de supuestos, generalizaciones, creencias y valores profundamente arraigados. Por tanto, vincular estos dos perfiles, requiere comprender la construcción cognitiva del otro y cómo ella influencia sus experiencias y acciones.

Los modelos mentales tienen filtros propios que organizan y dan sentido a las experiencias de las personas, determinan lo que existe, lo que es importante, lo valioso, en pocas palabras lo que la realidad significa para ella. En consecuencia, no importa si una persona privilegia el controlar o el aprender, es importante que se reconozca como observador de la realidad, para encontrar allí aquellos puntos que aún continúan desconectados y trazar líneas novedosas que motiven transformaciones sociales y reflexiones personales donde prime la armonía de los contrarios.

El Editor

Referencia

Kofman, F. (2013) Conscious business. How ti build value through values. Boulder, Colorado. USA: Sounds true.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Tres pilares para cambiar el presente y anticipar el futuro

Cambiar una cultura demanda primero imaginar y pintar cómo es la nueva; conocer que es aquello que va a ser distinto y luego actuar en consecuencia. Existen muchos teóricos que hablan del cambio organizacional, sin embargo la transformación sólo ocurre si aquellos que hacen parte de la intervención “quieren” y “pueden” motivar la movilización de aquello en lo que creen, conocen, hacen y ven.

Un primer paso para activar la transformación de una cultura es unificar iniciativas, expectativas y creencias alrededor de una misión común. Una misión que debe crear un quiebre conceptual en aquellos que va a afectar y que de manera relevante hace sentido en sus actividades diarias. No ven la declaración de misión como algo impuesto o “reencauchado” y por lo tanto, tendrá la atención requerida siempre y cuando, dicha declaración los conecte con sus tensiones interiores y experiencias previas.

Si este primer paso se da de manera concreta y moviliza acciones espontáneas de los implicados, establece una nueva forma de interactuar y revela manifestaciones auténticas de los participantes, la transformación ya tiene un punto de apoyo y lugar en la realidad de los individuos; lo que equivale a tener un referente diferente de actuación que ha recibido un aval interno y se le otorga una referencia válida para poder indicar los nuevos pasos a seguir.

Un segundo paso, es que una vez la declaración se ha instalado en el tejido social de la comunidad impactada, los intereses propios de los participantes pasan a un segundo lugar, superar la necesidad de sobresalir y mostrar que se es mejor que otro, permite que la colaboración surja como una necesidad para concretar las expectativas comunes y establecer referentes colectivos que apuntan a realidades superiores y no a ganancias pasajeras. Triunfar no consiste en ser reconocido como alguien diferente con capacidades superiores, sino construir y superar condiciones adversas que fortalecen la experiencia de un colectivo que representan.

Este segundo paso, penetra las realidades individuales de los participantes, como un nuevo ADN que se comparte y replica entre las personas, como un tejido social compartido e invisible que se comporta tanto en el lenguaje como en las actividades que se actualizan en un conglomerado particular. Así las cosas, la conexión que se habilita desde la misión, debe invadir la construcción colectiva de realidad que esta asistida por un beneficio superior declarado desde la vista general de una organización.

El tercer paso es no escapar al futuro, sino correr hacia él, un ejercicio que demanda movilizar cada uno de los pasos para hacer realidad la transformación, un conjunto de actividades incómodas que obligan a los participantes a caminar por rutas desconocidas, con la vocación de realidades diferentes. Esto no es otra cosa que abandonar la orilla y la tierra firme de los conocimientos y realidades, para lanzarse a aguas profundas que pongan a prueba aquello que se sabe conocido y probado, que tolere experimentos frustrados, y construyan experiencias novedosas que contrapongan, muchas veces la lógica del pensamiento, para reconstruir la forma como conocemos el mundo.

El tercer paso requiere quebrar los lentes de la realidad que se tiene a la fecha, para modelar una forma diferente de entender y reconectar lo que hemos conocido. El tercer paso camina sobre lo incierto, lo novedoso, lo contradictorio y posiblemente irrelevante, para recomponer la mirada personal de la vida y por tanto, comunicar un mensaje diferente y retador para aquellos que se atrevan a conectar con el futuro.

El cambio no se puede dar en aquellos que no entienden el “porqué” deben hacerlo, ni menos motivar su transformación indicándole “cómo” hacerlo, pues en últimas los cambios son realidades personales e internas de los seres humanos que cobran vida sólo cuando han podido ser parte de una misión que se comparte y tiene sentido para aquellos que participan.

El Editor.

Referencia
Lowney, C. (2014) Papa Francisco. Lecciones de liderazgo. Buenos Aires, Argentina: Gránica

domingo, 13 de septiembre de 2015

Creación, Apropiación y Comunicación del valor

Mucho se habla de la creación, apropiación y comunicación del valor, palabras que en el mundo empresarial son parte de las agendas de los ejecutivos de primer nivel, pero que pocas veces trasciende a los diferentes empleados o colaboradores de una empresa. Cuando se habla de valor, generalmente existen dos imaginarios vigentes en las personas: bien una distinción propia de la persona y su forma de ver la vida y otra es la connotación económica de un precio o estimación financiera. Cualquiera de las dos, nos revelan un modelo mental propio que motiva reflexiones particulares sobre esta realidad natural de la vida como es el “crear valor”.

Otros teóricos sobre las relaciones laborales hablan que si en el ejercicio de tu cargo o función dejas de “crear valor”, tus días comienzan a construir una espiral de confort y desaceleración de la capacidad para enfrentar tu realidad, se acomoda tu modelo mental y la rutina conquista tu carácter. “Crear valor” es entender la dinámica de las relaciones sociales donde estamos inmersos, para ser reconocidos por los actores del ecosistema social donde actuamos y así recibir en contrapartida la energía necesaria para seguir funcionando y evolucionando (Krupatini, 2011, p.86).

Lo anterior supone entender el valor como una distinción dinámica, que se encuentra inmersa en el flujo relacional propio del sistema donde se actúa, donde cada conexión entre los elementos revela un intercambio energético, cuyo efecto no es otro que una ganancia interna que es reconocida o no por la estructura propia de cada elemento. Así las cosas, el valor es una apropiación del conocimiento sistémico de la realidad, esto es el entendimiento y aprovechamiento de la estructura de las variables que configuran la respuesta de un sistema (Krupatini, 2011, p.64).

Bien anota Fritjof Capra: “Un ecosistema es una red flexible y continuamente fluctuante. Su flexibilidad es una consecuencia de múltiples bucles de realimentación que mantienen al sistema en su estado de equilibrio dinámico. Ninguna variable es maximizada, todas las variables fluctúan alrededor de sus valores óptimos”. Por tanto, la apropiación del valor, es la absorción de los flujos de energía disponibles en las relaciones o bucles del ecosistema, con el fin motivar transformaciones a su interior y originar nuevos vínculos bidireccionales que conecten expectativas y retos entre los diferentes actores.

Finalmente y no menos importante, es la comunicación del valor, que no está solamente asistida por la función de mercadeo propia de las empresas, sino de la identidad y la propuesta valiosa que la persona o la organización tiene y hace. Esto es, comunicar el valor implica conectar una experiencia con los diferentes actores del ecosistema social, para motivar una plena apropiación de un mensaje y un uso real de la propuesta, que constituye un lenguaje conocido y familiar que hace parte ahora de las relaciones propias del tejido social donde opera la organización o el individuo. 

En resumen se podría decir que el valor: (Krupatini, 2011, p.94)
  • Es un concepto de alta diversidad y dinamismo, que desarrolla ciclos.
  • Obliga necesariamente reconocer al “otro” como tal, ya que es ese “otro” el que legitima que algo sea valioso. Es quien recibe el valor, el que le otorga entidad.
  • Transmite la identidad misma y la propuesta valiosa que hace parte de su razón de ser.
  • Implica que la medición o estimación de los flujos de valor constituyen medidas que deben aplicarse según cada situación.
Referencia
Krupatini, S. (2011) Y ahora qué hacemos ante la complejidad. Un abordaje teórico-práctico para la gestión de empresas y gobiernos en entornos turbulentos. Buenos Aires, Argentina: Gránica.



sábado, 5 de septiembre de 2015

De las conversaciones difíciles a las conversaciones productivas

Con frecuencia se suele escuchar, “tengo una conversación difícil pendiente”, “no sé cómo decirle las cosas” y otra cuantas que nos alertan cobre condiciones particulares que encierra un diálogo con la otra persona. Siguiendo a Kofman (2013, p.136-137), una conversación difícil es difícil porque nos sentimos amenazados y retados a nivel de la tarea, la relación y la persona.

A nivel de la tarea, anota Kofman, existen pensamientos y sentimientos relevantes que no se comparten con el otro, generando un desbalance de conocimiento y reconocimiento de interlocutor como “legítimo otro”. Se generan inconformidades sobre la manera como se hacen las cosas, por qué ocurre una cosa o la otra y qué debería ocurrir después.  Todas estas preguntas al final buscan un “responsable”, alguien en quien hacer los señalamientos y descargar una porción del enojo que produce no tener claridad de las expectativas sobre el resultado.

A nivel de la relación, se ocultan los supuestos y expectativas que llevan a desacuerdos y resentimientos con el otro, sentimientos que comprometen la experiencia de consideración y aprecio por el prójimo, pues somos víctimas de rutinas de comportamiento que nos atrapan en una realidad construida sobre “pedazos de información” que no revelan la condición real de la situación. Un proceso natural que se completa en nuestro cerebro, que detectando vacíos de “datos”, completa con “fragmentos de la realidad” y experiencias previas, que no necesariamente hace parte del discurso e imaginario compartido con el otro.

A nivel del ser, las personas se sienten avergonzadas y amenazadas cuando su autoimagen es desafiada o cuestionada. Se polariza el pensamiento en una lógica de todo o nada. Cualquier cosa que no esté en grado de perfección es horrible y cualquier reconocimiento o alabanza termina siendo un insulto. Esta condición manifiesta una rutina defensiva interna que protege la seguridad psicológica de la persona y revela temores profundos que han permanecido ocultos y protegidos de cuestionamientos directos e indirectos.  

" ¿Cuántas veces hemos motivado conversaciones difíciles por someternos a nuestros supuestos y lecturas parciales de la realidad? "

Para superar estos disparadores claves de las conversaciones difíciles el mismo autor indica una serie de rutinas y prácticas que buscan transformar la realidad del contexto donde ocurren dichas conversaciones educando la voluntad, desafiando los supuestos y renovando el pensamiento.

Para lograr lo anterior se debe tener en cuenta:

En una conversación productiva, el objetivo es que los otros conozcan el impacto de sus acciones sobre su interlocutor. Una posición que manifiesta la transparencia de una apuesta personal para encontrarse con el otro y comprender por qué una persona actúa de una forma u otra. Lo anterior supone una experiencia de aprendizaje, entendiendo esta como la construcción colectiva de saberes, que aún se encuentren ocultos en su interacción, son capaces de conectar dos formas de ver el mundo.

En una conversación productiva, no atribuimos intenciones a las actuaciones de las personas. Somos un radar receptor de señales, muchas de ellas inconsistentes o ruidosas, que no permiten enfocar con claridad en el sonar, las reales consideraciones y alcances de las actuaciones de otros. Debemos suspender el juicio automático de la realidad y descubrir aquello que nuestros propios lentes nos impiden ver. Un ejercicio que le da el beneficio de la duda al otro y que parte del principio de la buena fe.

Finalmente en una conversación productiva, construye un estado mental y de ánimo que produce bienestar. Es un diálogo que no excluye a sus participantes, sino que los conecta desde sus propias perspectivas, para sintonizarse con la plenitud de su ser y motivar cambios de comportamiento y actitud que transforma sus creencias sobre el otro; una propuesta que armoniza la experiencia personal en clave de la vida de su interlocutor.

Una conversación difícil no debe ser la práctica permanente de un equipo de personas, sino una manera para recodar, que en nuestro continente latinoameriano, tenemos la posibilidad de construir realidades vinculantes y de bienestar, que revelan conversaciones sanas y sabias escritas desde la geografía de la historia personal de cada uno de nosotros.

El Editor

Referencia

Kofman, F. (2013) Conscious business. How to build value through values. Boulder, Colorado.USA: Sounds true.

domingo, 30 de agosto de 2015

Aprendizaje: Un deporte de contacto

Cuando hablamos de aprendizaje, nuestra imaginación nos lleva a una institución educativa, a una experiencia vivida o un momento particular donde algo relevante ha ocurrido. Todas estas situaciones tienen algunos elementos en común que permiten que eso que llamamos “aprendizaje” se haga realidad.

Un primer elemento es como lo indica Fred Kofman en su libro “Conscious business. How to build value through values”, “el aprendizaje es un deporte de contacto”, hay que estar en la línea de fuego, frente a la situación concreta para tomar acción. La pasividad y el aprendizaje parecen no estar en la misma línea. Lo anterior supone que aquel que quiere experimentar el “aprendizaje” debe participar directamente en el ejercicio de confrontación directa con la realidad, haciendo elecciones conscientes de acuerdo con sus valores, necesidades y objetivos.

Un segundo componente es experimentar un quiebre, una suspensión de la realidad conocida, para encontrar un aspecto novedoso en ella. Siguiendo los fundamentos de Luhmann basado en Spencer Brown, implica hacer una distinción nueva sobre aquello que conocemos, para revelar aspectos antes escondidos a nuestros marcos de acción. Un ejercicio que posibilita desconectar los puntos de la realidad circundante y volver a reconstruir el entorno y los constructos propios, para generar, en palabras de Stuart Hall (2010), “una ganancia teórica”.

Una tercera pieza del aprendizaje es el incorporar o entronizar lo que hemos encontrado o experimentado, en palabras de Kofman (2013, p.4), “transcender nuestra experiencia concreta a través de nuestra habilidad intelectual para entender, juzgar y razonar”. En pocas palabras darle sentido a los quiebres identificados, en nuestra experiencia diaria, revisar la práctica actual que se tiene y motivar un cambio estructural en nuestro entendimiento de la realidad. Una transformación de aquello que creíamos saber y ahora sabemos, que no sabemos.

Una cuarta ficha del aprendizaje es poner en práctica lo que hemos incorporado, en palabras de Flores (2015, p.28), “usar nuestro propio lenguaje, para movilizar las acciones y hacer que las cosas sucedan”. Un ejercicio de creación de nuevas posibilidades para actuar y capitalizar nuestras “ganancias teóricas” en el contexto de lo práctico y útil. Una apuesta para inventar nuestro futuro, desde las experiencias incorporadas en el presente. Cambios profundos que hablan de un compromiso que cambian un viejo paradigma, por un marco de acción renovado y flexible.

Un quinto y último condimento requerido para el aprendizaje es ser observadores de nuestras propias acciones y posibilidades. Vamos a entender por observación, en lectura de Pintos (1994), “un señalar diferenciante”, una habilidad para continuar descubriendo posibilidades y ambientando los quiebres requeridos para continuar avanzando. Sólo con una atención presente sobre aquello que hacemos y no vemos, y sobre aquello que vemos y no hacemos, podemos superar la opacidad de nuestra zona cómoda y lanzarnos a participar de un nuevo ciclo de renovación que nos lleve al siguiente nivel de evolución.  

En conclusión, nadie puede reemplazarnos en el proceso de aprendizaje, un proceso abierto y permanente para conquistar nuestra propia ignorancia y nuestras propias fallas, pues allí se encuentra la materia prima que nos hace diferentes y generosos con nosotros mismos y con los demás.

El Editor

Referencias

Flores, F. (2015) Conversaciones para la acción. Inculcando una cultura de compromiso en nuestras relaciones de trabajo. Bogotá, Colombia: Centro Nacional de Consultoría – Lemoine Editores
Hall, S. (2010) Sin garantías: Trayectorias y problemáticas en estudios culturales. Popayán, Colombia: Envión Editores.
Kofman, F. (2013) Conscious business. How to build value through values. Boulder, Colorado.USA: Sounds true.
Pintos, J. (1994) Sociocibernética: Marco sistémico y esquema conceptual. En Delgado, J. y Gutiérrez, J. (Coord.) (1995) Métodos y técnicas cualitativas de investigación en Ciencias Sociales. Madrid, España: Síntesis, 563-580. Recuperado de: http://idd00qmm.eresmas.net/articulos/sociocibernetica.htm

sábado, 22 de agosto de 2015

Comunicaciones codificadas

Recientemente se han publicado noticias sobre la cultura de organizacional de AMAZON, el gigante digital de las librerías en el mundo. La noticia, inicialmente expuesta por una persona que ya no trabaja para la multinacional, indican una cultura exigente, arrogante y descuidada con sus colaboradores. Al tiempo, el presidente de esta empresa ha sido interrogado sobre los comentarios y sus respuestas, más que dar explicaciones, reflejan la tranquilidad de un ejecutivo que sabe cómo enfrentar los medios y los cuestionamientos por parte de los periodistas.

En fin, no sabemos con certeza qué ocurre al interior de esta empresa digitalmente construida, que nos permita explorar con detalle las condiciones reales de cómo se construye su cultura organizacional. Al margen de lo anterior, esta noticia deja al descubierto una tendencia natural que está presente en las empresas, que es la “libertad de expresión” propia de cada empleado, la cual está custodiada por la imagen de la empresa, su visibilidad en el mercado y las normas internas de ésta.

Preguntarle abiertamente a una persona de una empresa sobre el ambiente de la misma, es una inquietud que será respondida con filtros particulares, presentes en todas las reflexiones a interior de la organización, como quiera que, aunque no se vea o lea en un documento, hay reglas tácitas que son transmitidas de una persona a otra las cuales hacen parte de la forma como los individuos se comportan. Violar esas reglas tácitas es comprometer la manera como la empresa hace las cosas o se expresa sobre ellas, sin perjuicio de las “sanciones” o “represalias” que pueda haber, bien de forma activa o pasiva.

Debajo de esa codificación oculta, existen otras que se crean como parte de las agendas paralelas y reales que se encuentran en los diferentes equipos de la empresa. Se usan indistintamente para comunicar aquello que es políticamente correcto y otras que, sin tantos filtros, establecen lo que estratégicamente conviene hacer o conversar. Así las cosas, las organizaciones están configuradas por una red de conversaciones cifradas, las cuales limitan un real entendimiento de lo que pasa.

Cuando se tiene acceso a la clave en la cual están codificadas las comunicaciones o mejor aún, se crea una brecha de seguridad o “hackeo” del protocolo, es posible ver la fibra de las percepciones reales y las contradicciones que imperan en la forma como las personas se comunican o actúan. Si bien vivimos en un mundo de máscaras o compromisos personales y empresariales, es necesario abrir el código de las organizaciones para facilitar un espacio de comunicación que permita el flujo de información, emociones e intereses con el fin de tener una vista real de aquello que nos hace diferentes y por tanto, únicos en la forma como enfrentamos nuestro diario vivir.

En este sentido, cuando compartimos una cultura organizacional y hacemos parte de sus aciertos y errores, nos convertimos en custodios de las llaves de su protocolo de comunicaciones, el cual está cercado por los acuerdos tácitos de la costumbre empresarial y el estilo de liderazgo imperante en la empresa.

Por tanto, si aquello en lo que crees y esperas no se empareja con lo que experimentas en tu vida empresarial, tienes dos caminos a seguir: (a) guardar silencio interior y vivir como extranjero en tierras conocidas trabajando por aquello que quieres cambiar, o (b) convertirte en un “Snowden” de tu propia cultura y ser un perseguido por abrir una brecha de seguridad cultural que, no sólo expone a la empresa, sino tus propios “pecados” y actuaciones.


El Editor