sábado, 30 de enero de 2016

Comparaciones odiosas

Se dice con frecuencia que las comparaciones son odiosas y sí que lo son. Las comparaciones están inmersas en el mundo para establecer patrones, calificaciones o valoraciones, que generalmente otros quieren hacer respecto de aspectos particulares de la vida. El que compara generalmente tiene una intencionalidad de conocer aspectos claves que le permitan, en el fondo, escoger o seleccionar y por demás, establecer un marco de referencia que algunos acogen y otros rechazan.

Las comparaciones en su fundamento empresarial, permiten ver qué tanto avanzan o se rezagan las cosas, quién va delante y quien va atrás, contexto que establece una competencia inherente a los participantes, donde cada variable que se compara, configura una carrera de superación y confrontación para “demostrar” que una persona o una organización, es mejor que otra. Un juego peligroso de ganadores y perdedores, vencedores y vencidos, una ruta donde el “ganar” se convierte en una forma de obtener un reconocimiento generalmente externo.

Esta dinámica en la que el mundo moderno nos envuelve, nos induce en cada actividad de la vida a buscar referentes de medición externos y prácticas probadas para ser reconocidos por el entorno, para hacerse visible a los ojos de aquellos que generan las reglas y que importantes agremiaciones y organizaciones acogen como una forma estándar para lograr resultados; un ejercicio donde se le otorga poder a otros y así someternos a sus condiciones, las cuales definen la manera como el entorno nos reconoce y nos mira.

" Las comparaciones son trampas creadas por el entorno donde estamos, que pueden ser utilizadas por cualquiera de sus participantes como una forma de redirigir esfuerzos y la atención de las personas y organizaciones, para recibir una medalla, trofeo o reconocimiento y poderlo exhibir en medio de su círculo más relevante como muestra de su capacidad de superar las exigencias de un tercero y así, alcanzar un estatus deseado y de amplia visibilidad en el escenario particular donde se mueve la persona o la organización ".

Si bien las comparaciones son necesarias para establecer patrones de mejora o fundamentos para repensar las cosas que hacemos, no deben ser grilletes a los cuales nos aferramos, como muletas mentales, para establecer nuestro ejercicio de valía y logro. Cuando lo anterior ocurre, dejamos que las fuerzas exteriores tomen el control de ejercicio personal y consistente de crecimiento íntimo se congele y se pierda la referencia interior de las victorias necesarias para superar nuestros propios temores.

En este sentido, las comparaciones no pueden estar en el exterior, sino en el interior, un ejercicio de vencimiento permanente de nuestros propios límites, que sin importar lo que un tercero pueda decir o establecer como “bueno o excelente”, es la dinámica de la confrontación interna la que define los nuevos normales que se configuran en nuestro ser para alcanzar nuestras metas y sueños. 

"Cuando dejamos que otros configuren este imaginario de logro, nuestras metas, se cambian por las metas de otros, creando un desbalance emocional que no corresponde con el fundamento mismo de la motivación y reto que te has impuesto".

En consecuencia, las comparaciones deben seguir las condiciones de un sistema inteligente: (Martínez, 1987, p.226-227)
  • Plasticidad frente al medio que permite su interacción constante con el ambiente y su variedad.
  • Crear variedad en el medio donde actúa, así como diferenciar el conjunto de hechos y estados, propiedades y relaciones que la constituyen.
  • Escoger los rasgos claves que mejor contribuyan a la reordenación del ambiente y su variedad.
  • Desarrollar y extender las condiciones anteriores a otras situaciones en las que pueda ser eficaz en su interacción con el medio y así facilitar su siguiente momento adaptativo.

Lo anterior supone un reto personal que lleva la interacción individual con sus referentes internos, a crear entornos inestables que cuestionan las imposiciones valorativas de los terceros, no como confrontación de estándares, sino como fundamento de la estabilidad personal y la flexibilidad estructural del ambiente, que permite el cambio y asegura las reorganizaciones necesarias.

El Editor.

Referencia

Martínez, M. (1987) Dimensiones adaptativas y proyectivas de los sistemas. En Castillejo, J. L. y Colom, A. J. (Coords) (1987) Pedagogía sistémica. Barcelona, España: Ediciones CEAC. 221-233

sábado, 23 de enero de 2016

Poder trascendente

La palabra “poder” es una palabra que generalmente resulta conflictiva y por demás problemática. Tenerlo y usarlo de forma inadecuada, así como no tenerlo y requerirlo trae muchos contratiempos y contradicciones. El poder puede ser una bendición que enaltece y construye futuros impensables e igualmente una “enfermedad”, una pérdida de firmeza personal y espiritual que compromete la salud mental y corporal de una persona, pues se desconecta el mundo material del mundo trascendente.

El poder es una fuerza que seduce nuestros deseos y motiva nuestros instintos. Tener la capacidad de hacer cosas, de transformar mundos y vidas, es un ejercicio personal, que, dominado por las pasiones del ego, es una sombra siniestra que sólo ve en el otro una oportunidad para engrandecerse a sí mismo y alcanzar gloria y reconocimiento sin mediar con el trabajo y las expectativas del otro.

"El poder basado en el ego, es inseguro e inestable, sólo sobrevive basado en la debilidad de los otros".

El poder basado en una visión transpersonal, como lo propone Chopra (2014), es una potencia que “excede lo personal”, un ímpetu que inspira y motiva a otros, una pasión que se funda en la confianza, la compasión, la estabilidad y la esperanza, en pocas palabras, en un ejercicio de compartir las expectativas de los demás para construir cualidades y capacidades que los hagan dignos depositarios del mismo poder, para hacer que las cosas pasen y motivar valores esenciales en cada uno de ellos para que superen sus propios límites.

El poder basado en la conexión interior se mantiene enfocado en lo correcto, en lo santo y sabio. Desconcierta a todos los que lo ven actuar, la estabilidad de sus actuaciones está articulada en su conocimiento interno, donde su único propósito es cómo ayudar a otros a que sean mejores y las tentaciones de los cargos, sólo son distracciones que sabe que estarán disponibles como plataformas humanas para servir y conquistar nuevos retos con aquellos que han descubierto su vocación o están en ese proceso.

Las tentaciones del poder, argumenta Chopra (2014), se pueden superar haciendo consciente su existencia; cuando se pueden integrar a la vida misma. En este sentido, no habrá espacio para negaciones o luchas estériles, sino un ejercicio permanente de armonía de contrarios, de tal forma que sea posible enfrentar la presencia de las tentaciones, en un reconocimiento que somos naturaleza caída y que tenemos la capacidad para sobreponernos sobre las circunstancias, entendiendo aquellos secretos no revelados y apegos que nos fragmentan y no nos permiten ser uno con el universo.

El poder transcendente, que no tiene aspiraciones de elevación, sino de expansión, de comunicación y sintonía con los otros, que acepta cada aspecto de la condición humana, anota Chopra (2014). No existe un final para su viaje, entiende que la naturaleza suele crear a través de la destrucción, que la integridad de la vida depende de la reconciliación de las sombras y las luces, un ejercicio que entiende que somos más que una versión “buena” y otra “mala”, en pocas palabras de un poder que surge cuando conectamos nuestras vidas con la armonía del cosmos que nos rodea.

Recuerda que sólo podemos acceder al poder trascendente, que conecta lo humano y lo sagrado, cuando somos capaces de desapegarnos de lo que hemos logrado, encender la vocación de los otros y hacernos inmunes al deseo de controlar, al deseo de ganar, al deseo de imponer y sobre manera al deseo de acumular.


El Editor

Chopra, D. (2014) El alma del liderazgo. Descubre tu potencial de grandeza. Bogotá, Colombia: Punto de Lectura.

sábado, 16 de enero de 2016

Marcar la diferencia

La vida es una serie de decisiones, escoger una cosa o la otra. Por lo general, se habla de lo que se termina escogiendo, pero no de lo que se deja. ¿Se ha puesto a pensar en aquello que ha debido dejar para continuar su camino? Dejar implica un desprendimiento, un liberarse de aquello que nos hizo bien en un instante, pero que un momento debe mudar para poder avanzar.

Una pregunta que plantea Maxwell (2015) nos permite ver en perspectiva el sentido de las cosas que dejamos. La pregunta es: ¿Qué está dispuesto a dejar para marcar una diferencia?, interrogante que nos sumerge en el reto interior de conocimiento de sí mismo y de la búsqueda de sentido trascendente que todo ser humano le ha sido legado desde el inicio de los tiempos.

Bien anota Maxwell (2015) que cada decisión “implica un intercambio”, tomar un lugar u otro. Las decisiones que tomamos nos definen: ¿Qué trabajo voy a escoger, el que me dé más dinero o el que me dé una mejor experiencia?”, pero aquellas que nos llevan a los momentos de verdad, a situaciones donde se pone en riesgo la zona de comodidad, exigen grandes saltos de fe y creer firmemente que en el nuevo lugar habrá nuevas oportunidades para desatar aquello que fluyen dentro de ti y que nutre la esencia de lo que eres.

Vivir una vida aceptable, es una opción que muchos hemos tomado, pero vivir una vida excelente, demanda estar fuera de la zona cómoda y transformar cada momento de nuestra existencia en un intercambio permanente de retos y visiones que nos habiliten para hacer que las cosas pasen. Mientras más logros y éxito tenemos, las decisiones trascendentes se vuelven más difíciles de tomar, las transiciones más demoradas y la adopción de nuevos paradigmas más lenta.

Quedarse en un punto de la existencia (cómodo y bajo la inercia de lo conocido) por mucho tiempo empobrece nuestras habilidades, acomoda nuestros sueños y sobre manera perdemos flexibilidad en el músculo de nuestra energía. 

"Pasamos de tener una respiración profunda, que nutre el flujo sanguíneo, para oxigenar nuestros deseos y anhelos, y nos quedamos con una respiración basal, que escasamente se nota y nos basta para mantener la existencia."

Hacer la diferencia exige cambiar y transformar el momento y lugar donde estas, cambiar la forma de hacer las cosas, experimentar nuevas fronteras y contactos, abrir nuevas perspectivas antes inexploradas, forzar un cambio de enfoque y procurar un crecimiento personal, que sea motivo de conversión de otros, es decir, de cambios positivos y generosos que remuevan la experiencia propia y habilite posibilidades en los demás.

En este camino que emprendas para hacer la diferencia, deberás alimentar tu fe y someter tus propios temores, ¿cómo? Avanzando en tus metas, asumiendo tus nuevos normales y posicionando tus referentes de conquista personal, los cuales hacen posible, lo que para otros parece imposible. 

DIOS (cualquiera sea la idea que tengas de él) será tu guía permanente en este empeño, en el silencio de tu oración, en los momentos de tribulación y en los de logro, pues estará atento a darte lo que necesitas, no para coronar tus sueños, sino para marcar la diferencia en ti, que eres su creación más amada.

El Editor

Referencia

Maxwell, J. (2015) Vivir intencionalmente. Escoja una vida relevante. New York, USA: Center Street.

sábado, 9 de enero de 2016

Añadir valor a otros

Anota el Dr. Maxwell (2015, p.136) “Si quiere ser trascendente y vivir una vida relevante, debe añadirle valor a los demás. (…)” palabras que nos interrogan sobre cómo estamos viviendo nuestras vidas y por otro lado, ¿qué es eso de añadirle valor a los demás?

Cuando observamos la expresión “añadir valor” nos remontamos a las discusiones empresariales que buscan todo el tiempo cómo hacer para que sus clientes los prefieran, que se mantengan en sus linderos y sobre manera que sean parte de su principal recordación en su mente. Añadir valor es encontrar de alguna manera el reconocimiento del cliente respecto del producto y/o servicio que se ofrece por parte de una empresa.

¿Pero qué significa añadir valor a los demás? La lectura empresarial no ayuda mucho para dar respuesta a esta pregunta, pues para iniciar esta ruta del valor para los demás, debemos tener claro nuestros dones, habilidades y recursos, pues a través de ellos canalizamos nuestro “porqué”, es decir, la vocación que nos moviliza, para poder entrar a conectarnos con el otro.

De acuerdo con Maxwell (2015, cap.4) cinco valores son esenciales para añadirle valor a otros:

1. Valorarme a mí mismo
Reconocerme como alguien valioso, con habilidades y talentos particulares que deben ser puestos en marcha para ponerlos al servicio de los demás. El valor de sí mismo motiva pensamientos positivos que confirman y confrontan las adversidades y dan cuenta del liderazgo de sí mismo que desarrollamos para concretar nuestros sueños y superar nuestras propias limitaciones.

2. Reconocer el valor de los otros
Descubrir el valor de los otros, es ver en ellos lo mejor de cada uno. Es valorar de manera premeditada la esencia de lo que la otra persona es. El valor de los otros, no se ve desde la realidad de los cargos, profesionales o salarios, sino desde el conocimiento de las expectativas, desafíos y realidades que cada uno de ellos afronta, un encuentro con la experiencia de vida de persona, para vivir y encontrar motivos para compartir la vida personal, familiar y profesional.

3. Valorar lo que otros han hecho por mí
La palabra clave en esta acción es la gratitud. Mucho de lo que tenemos no es nuestro, todo lo que tenemos ha sido construido por la participación de muchas personas, de muchos individuos, algunos anónimos, los cuales han compartido nuestro trabajo y contribuyen a consolidar nuestro bienestar. Dar gracias es un acto de valentía que reconoce nuestra limitación, para construir una conexión entre el presente y el futuro, entre nuestros propósitos y las visiones de muchos.

4. Conocer lo que los otros valoran y relacionarme con ello
En este momento la palabra relevante es conexión. Establecer relaciones es lo que hacemos a diario; hacerlas de manera consciente, nos permite explorar de forma colectiva aquellos bienes superiores donde juntos podemos construir. Las relaciones nos definen como personas, nos identifican como profesionales y nos posicionan como individuos. Somos seres relacionales, con luces y sombras, y en ese ejercicio cada día, podemos hacer la diferencia de manera auténtica y sin restricciones.

5. Hacerme más valioso
Esta es una invitación como menciona Maxwell (2015, p.147) a desarrollarnos y crecer intencionalmente, un ejercicio para liberar el potencial personal que tenemos y establecer los nuevos desafíos que nos llevarán al siguiente nivel de evolución. Esta práctica nos saca de la zona cómoda para ubicar los nuevos estándares que requerimos, apropiarlos y transformar aquello que nuestra realidad nos exige y sobre manera, en lectura de Maxwell (2015, p.148) aplicar, cambiar y enseñar a otros.

Así las cosas, añadir valor a otros, es concretar la transformación que debemos hacer nosotros mismos, completar las renovaciones internas que debemos efectuar sobre nuestros supuestos y creencias, actualizar nuestro marco de capacidades y sobre manera construir sobre la experiencia adquirida y la novedad del futuro, para trazar un camino donde pueda construir nuevas distinciones que puedan ayudar a otros y sumarles en su ruta.

Referencia

Maxwell, J. (2015) Vivir intencionalmente. Escoja una vida relevante. New York, USA: Center Street.

sábado, 2 de enero de 2016

Cambia de "chip"

Iniciar una nueva etapa de la vida implica transformar el ejercicio que hemos venido realizando, renovar la forma como vemos la vida y sobre manera, construir los nuevos normales sobre los cuales vamos a hacer la diferencia. Para lograr esto, es necesario “cambiar el chip”, cambiar la programación que traemos y eso implica movernos de donde inicialmente estamos instalados.

Cambiar el chip es crear excepciones claves en nuestra vida, formas alternas de reconocer las cosas y estrategias diferentes de conocer el entorno. Lo anterior significa traducir los objetivos inexactos y ambiguos en logros y retos concretos que permitan movilizar la energía de nuestros deseos y canalizarla para realizar y desarrollar las acciones que lleven a la materialización de los objetivos.

Mientras más seductor sea la excepción o forma alterna de ver las cosas, mayor será la motivación para conectar los deseos y energías, con el sueño o transformación. Para ello, debe leer las expectativas propias y las consideraciones del entorno, las cuales resultan el hilo conductor de la energía necesaria para canalizar el entusiasmo y desatar todo el potencial que reside en cada uno de nosotros.

Es claro que la tendencia natural del ser humano es acomodarse, mantenerse allí donde la seguridad y comodidad le ofrecen un espacio de tranquilidad, sin embargo, es necesario aprovisionarse, reabastecer combustible, ajustar las nuevas coordenadas y zarpar a nuevas fronteras, las cuales deben ubicar un lugar en el horizonte donde nuevas estrellas brillan y esperan que tu hagas la diferencia con tus deseos y logros.

Es probable que en el camino tengas reveses, formas alternas de probar y todas ellas lo que te conceden son lecciones aprendidas, intentos que animan la pedagogía del error, es decir, aquello que no salió como se esperaba y que no se ajusta a un estándar particular, lo cual no debe desanimarte, sino motivarte a continuar el camino, pues cuanto más avances, más cerca estarás de tu destino, de aquello que has visualizado alcanzar.

El éxito en tu nueva aventura no está determinado por criterios humanos, ni por reconocimientos de otros, estará asistido por tu encuentro con tu “porqué”, con la fuente de lo que te hace diferente, con la transformación y potenciación de lo que hay en ti y hace la diferencia, esa esencia que vibra desde la eternidad en tu interior que está esperando ser liberada y canalizada para conquistar tus propios límites.

Que esta nueva etapa de la vida, envíe una tarjeta al destino que te has trazado, para informarle de las renovaciones que están haciendo en tu vida, de las nuevas lecturas de la realidad que has empezado a concretar y sobre manera, sobre la fuerza y empuje que estás desarrollando para comprometerte con tu propia aventura, con tus propios objetivos y de forma particular, con la estrategia que has diseñado para conquistarte a ti mismo y así poder ayudar a los demás.

Que el nuevo camino que emprendes hoy, te asista de la fuerza de lo alto, de las virtudes superiores y de la magia interior, para que recorras cada etapa de 24 horas prevista durante este nuevo periodo de tiempo, como si fueran las últimas, dando todo de sí, convencidos que es posible lograr aquello que nuestro corazón grita y que la divinidad ha puesto en nosotros.


El Editor.