domingo, 27 de marzo de 2016

¿Qué significa ser voluntario?

Con frecuencia observamos que existen personas que se lanzan a apoyar causas particulares, objetivos habitualmente colectivos para ayudar a otros, sin que ello implique una remuneración económica o reconocimientos específicos. Estos individuos transmiten una energía propia, que conduce y motiva para concretar un reto común, una necesidad de compartir su tiempo, fuerza y vida para que alcanzar metas que están más allá de sus expectativas personales.

Estos seres humanos, que asumen como propias causas colectivas, bien para asociaciones o gremios, generalmente sin ánimo de lucro, saben que sus acciones tienen como objetivo la realización de obras que construyen valor para otros, esto es, satisface expectativas de cambio que por mucho tiempo se han prometido y ahora es momento de materializarlas y lograr la transformación requerida.

Las personas que aceptan como propias causas superiores, que implican salir de su zona cómoda y aportar a la construcción de un colectivo para beneficiar a otros, saben que estarán sometidos a exigencias superiores y a mantenerse activos en la conexión y colaboración con los otros. Será un ejercicio de construir comunidad alrededor de una esencia común, donde la divergencia de opinión es la base de la construcción de acuerdos sólidos y permanentes.

Todo aquel que quiera participar de un equipo, donde la base de trabajo es la suma de voluntades y no la lucha de egos, deberá renunciar a su percepción de poder y conectar el corazón, la cabeza y las manos (Blanchard, Ripley y Parisi-Carew, 2015), para fundar la base de la colaboración requerida y así motivar a otros en el ejercicio de aprender a desaprender, es decir aumentar su capacidad para adaptarse a los cambios. Lo anterior implica, no donar de lo que se tiene, sino donarse así mismo para fluir con el propósito superior que busca la comunidad de la cual hace parte.

Quien decide pertenecer a este tipo de iniciativas, donde se trabaja por causas de colectivos y logros para otros, sabe que deberá tener desarrollar flexibilidad mental, esto es, valorar una misma realidad de forma diferente, buscar y comprender las opiniones de otros, resistir y manejar los contradictores, vislumbrar los retos como oportunidades y creer firmemente que el logro de los objetivos es posible.

Estos individuos que ha optado por apoyar causas de otros, generalmente llamados “voluntarios”, que ejercen la práctica del “voluntariado”, saben que ingresan a un mundo donde otros de igual forma han asumido una causa común y comparten sus habilidades y fortaleza para concretar logros colectivos. Saben que se unen a un curso de liderazgo donde todo su ser estará comprometido para motivar cambios personales y comunitarios, y no habrá espacio para regresar la zona cómoda.

Ser voluntario implica entender, de acuerdo con Collis (2010) el cuadro general de la situación que nos convoca, articular objetivos y retos para superar, identificar patrones, relaciones y tendencias para establecer el mapa del territorio, generar alternativas y posibilidades de actuación, priorizar cada una de las acciones a realizar y finalmente, ejecutar las actividades previstas, cuyos resultados positivos o no, serán insumo permanente para continuar aprendiendo, desconectando los puntos de la realidad para tomar decisiones que sumen siempre a esa meta superior de la cual se hace parte.

Referencias
Collis, D. (2010) Thinking strategically. Pocket Mentor. Boston, Masachussets. USA: Harvard Busines Press.
Blanchard, K., Ripley, J. y Parisi-Carew, E. (2015) La colaboración comienza con usted. Atrévase a romper las estructuras. Bogotá, Colombia: Editorial Planeta

lunes, 21 de marzo de 2016

Reinvención espiritual

Se dice que la innovación es un imperativo para la supervivencia de los negocios actuales, que demanda una experiencia novedosa para los clientes, que exige plataformas digitales donde ellos puedan crear su propia realidad y particularmente, habilitar nuevas capacidades que les permitan proyectar su propio valor y así diferenciarse.

Cuanto nos distraemos con las cosas del mundo, para motivarnos a crear entornos distintos, realidades diferentes. Las luces y espejismos que brillan en nuestro ambiente, crean un efecto distractor que nos alejan de las cosas fundamentales y de las transformaciones necesarias para conquistar nuestros retos. Cuando los reflectores y las luces de fuera, perturban las potencialidades internas, nos desenfocamos y perdemos la fuerza para renovar nuestra vida.

La incertidumbre, las dudas y las volatilidades son los nuevos maestros de nuestra vida, los ejercitantes del desaprendizaje permanente que debemos tener para mantenernos fuera de la zona cómoda y focalizados para comprender aquello que escapa a nuestros propios paradigmas. Reinventarse es el ejercicio de capacidades que demanda la nueva realidad cambiante, para liberarnos de nuestros propios éxitos y así fallar de manera anticipada, concretando nuevos espacios para crear distinciones antes inexistentes.

La semana mayor de los católicos es una semana de reinvención para establecer una ruta de desaprendizaje, de liberación de nuestros propios inciertos y de conquista de los temores individuales. Un ejercicio de reto de los éxitos obtenidos y la búsqueda de la novedad del evangelio; una inmersión personal que supone salir de sí mismo para entrar en sintonía con el otro. Todo aquel que vive la semana mayor con la intensidad que demanda, terminará siendo un nuevo otro, una reinvención de sí mismo.

Reinventarse, como la figura de Cristo lo hace de forma permanente, es confrontar nuestra propia vida, con los retos del sacrificio humano de la cruz. Es comprender que el éxito no está en cuánto has ganado o conseguido en la vida, sino cuánto has compartido, cuánto has aprendido y desaprendido, cuánto has enseñado y sobre manera cuánto te has esforzado por reconocer al otro como verdadero otro.

Innovar durante la semana mayor supone quebrar nuestros lentes a través de los cuales observamos la realidad, reconstruir la lectura del tejido social en clave de la fe y asumir el reto de transfiguración que nos propone “el crucificado”. Sólo podemos sobrevivir y mantenernos en el camino espiritual, si creamos una experiencia renovada de nuestra fe, si asumimos los retos de aquello que es invisible a los ojos y nos conectamos con la esencia misma de lo sagrado y trascendente.

Que la semana mayor sea la ocasión para desconectar aquellos puntos de la realidad egocéntrica de la sociedad, incorporar la vista enriquecida del mensaje del evangelio y así reconectar nuevamente nuestra propia visión del entorno, creando mensajes contradictorios y disruptivos que retan la comprensión de aquellos atrapados en las lisonjas y reconocimientos del mundp, como agentes de cambio dispuestos a quebrar lo que no está roto y así reconstruir nuestra existencia con filigranas de oro representadas por la fe, la esperanza y el amor.


El Editor

domingo, 13 de marzo de 2016

Tres posturas para tiempos inciertos

En estos tiempos turbulentos llenos de sorpresas inesperadas, donde en cada momento se puede presentar una nueva disrupción, un cambio no previsto, nuestra capacidad de anticipación y respuesta se pone a prueba. Todo lo que hemos aprendido del pasado, nos ha permitido llegar hasta este instante, sin embargo, esto no es garantía de que podamos alcanzar la siguiente etapa de la evolución del mundo.

En este sentido, nuestra preparación frente a esta realidad debe mantener tres posturas claves para balancear nuestras expectativas sobre el futuro y la evidencia del presente. Anticipar las fallas, Mantener el foco y Fortalecer la fe, son los tres pilares de una vida siempre presente, activa y en movimiento, que no busca asegurar un statu quo, sino una reinvención permanente de nosotros mismos.

Anticipar las fallas, es una postura que busca explorar hacia adelante, creando contextos psicológicamente seguros, espacios de prueba y análisis, que permitan aprender y desaprender aquellos conceptos que conocemos, para plantear y ajustar los marcos de pensamiento requeridos antes que las situaciones inciertas puedan aparecer. Anticipar las fallas, implica movernos en linderos desconocidos para explorar nuevas oportunidades y formas distintas de ver el mundo.

Cuando somos capaces de enfrentar aquello que no está diseñado o es inexistente a la realidad actual, estamos cambiando la forma como pensamos, creando contextos de reflexión enriquecidos y fundando formas alternas de entender el mundo, que posiblemente serán contradictorias y extrañas para aquellos que se han instalado en el presente y no en aquel sitio en el futuro, donde otros ya empiezas a habitar.

Mantener el foco, es tener claro nuestro plan de vuelo, nuestra hoja de ruta, el horizonte que queremos alcanzar y las metas que queremos lograr. Tener claridad de este camino, no significa que no se puede cambiar o ajustar, implica que sabemos qué queremos y qué cosas debemos desarrollar para alcanzar eso que se convierte en nuestro propósito o plan de vida. El foco en la vida nos ensancha el camino, nos propone vistas alternas, todo alrededor suma y se confabula para orquestar el plan que con el paso del tiempo se va configurando.

Mantener el foco, significa tener un mapa, que, si bien no es el territorio, si representa una aproximación de mismo. Este mapa debe sufrir con el tiempo ajustes y mejoras, como quiera que los resultados de las “fallas anticipadas”, se obtiene mayor y mejor información que permite profundizar en los retos que se tienen hacia adelante para acercarnos al propósito que queremos alcanzar en nuestra vida.

Fortalecer la fe, es mantener nuestra conexión con aquello sagrado en lo que creemos. Esa fuerza motora que nos impulsa, aún en los momentos de mayor oscuridad, a avanzar sabiendo que la fuerza de la bondad y la luz, nos dará las orientaciones para perseverar y probar que somos dignos del reto que se nos impone para continuar nuestra ruta para alcanzar nuestro mayor potencial.

Entender que somos frágiles, débiles y maleables, nos hace mantener nuestra vigilancia sobre nuestros deseos y luchas internas, para continuar avanzando hacia aquel foco que nos moviliza en la vida, sabiendo que tendremos muchas renuncias, que nos harán más livianos para avanzar con mayor celeridad y claridad hacia el destino que nos hemos trazado.

Si vivimos estas tres condiciones en la vida, estaremos siempre incómodos con nosotros mismos, en movimiento por nuestros propios retos y en oración permanente con la divinidad, en sintonía con sus gracias y bendiciones. De esta forma, la existencia deja de ser una repetición de una escena conocida y se transforma en una versión inédita diaria, que nos lanzamos a vivir de forma intencional e intensamente decidida.


El Editor.

domingo, 6 de marzo de 2016

Riesgo y prudencia

Vivimos tiempos acelerados, llenos de adrenalina y muchos retos. Lo que hemos aprendido entra en crisis con la realidad que debemos enfrentar. La necesidad de aprender cada vez más rápido nos lleva a aumentar nuestra apertura para ver situaciones que están fuera de nuestros paradigmas y modelos que hemos hecho de nuestro entorno.

Lo anterior nos lleva una tensión permanente entre arriesgarnos y mantener la prudencia, entre lanzarnos a explorar y encontrar nuevas oportunidades, pero igualmente a concretar aspectos claros de aquello que queremos lograr. Cualquiera que sea la situación el riesgo y la cautela estarán jugando para movilizar o no a las personas y empresas para superar sus propios temores y conjugar aquellos que se definen desde sus propios negocios.

Si bien no existen fórmulas establecidas para saber qué tanto debemos arriesgar y cuanta prudencia debemos tener, si se dispone de estrategias que nos permiten abordar la realidad de aprender y desaprender, no con la velocidad que se quisiera, pero si con el espacio requerido para concretarlo. Dos conceptos pueden ser de utilidad en este sentido: los errores deliberados y el análisis de escenarios, técnicas claves que nos habilitan para fallar anticipadamente y por ende, aprender y sorprendernos antes que las cosas ocurran.

Los errores deliberados, técnica desarrollada por Paul Schoemaker, nos indica que debemos motivar aquellos errores cuyo beneficio es mayor al costo de cometerlos. Esto es, crear una zona emocional y psicológicamente segura, donde las personas pueden desarrollar un potencial creativo, para pensar sin restricciones y quebrar los supuestos de la realidad analizada. Un ejercicio que permite repensar el sistema donde fue inicialmente creada la situación problemática y descubrir nuevos elementos para estudiarla.

Aplicar esta técnica, aumenta la capacidad de entendimiento de la realidad y potencia la confianza de las habilidades de la persona, como quiera que en este escenario, sabemos que vamos a experimentar y a motivar acciones cuyos resultados aún no conocemos y de los cuales, podemos aprender y extraer alternativas antes nunca vistas. En este sentido, el error como categoría deja de existir y sólo existirá una forma diferente que no estaba prevista en lo que conocíamos.

De otra parte, el análisis de escenarios es una forma de caminar sobre las posibilidades y no sobre las probabilidades. Es un ejercicio de construir el futuro y navegar sobre los inciertos, creando un mapa sobre un territorio desconocido, para establecer una manera de darle forma a algo que no ha ocurrido o que puede no ocurrir. En este sentido, los escenarios nos permiten plantear situaciones que llevan a tensar los supuestos de la realidad actual y concretar reflexiones que retan los paradigmas de aquellos que sólo ven en el corto plazo.

Aplicar esta técnica, nos permite potenciar la imaginación de las personas, abrir las puertas para conectar eventos que parecen aislados, para que desconectando los puntos de la realidad actual, se puedan reconectar con los nuevos puntos identificados, y construir un mapa extendido de las situaciones futuras, donde la única realidad es la posibilidad de habilitar el pensamiento fuera de la zona cómoda.

Así las cosas, el riesgo y la prudencia, son parte del mismo continuo donde operamos, equivocarnos de manera anticipada en un entorno seguro y con la confianza de que lo que hagamos es parte del ejercicio; así como proponer realidades alternas y escenarios novedosos para pensar y darle forma al futuro, son dos propuestas para que nuestra confianza aumente y la prudencia tenga elementos concretos que la habiliten cuando las condiciones sean requeridas.

El Editor

Referencias
Schoemaker, P. (2011) Brilliant mistakes. Philadelphia, USA: Whartonn Digital Press.
Chermack, T. (2011) Scenario planning in organizations. San Francisco, USA: Berrett Koehler.