domingo, 28 de mayo de 2017

Anticipar los retos del futuro

Estamos en una realidad acelerada de cambios y transformaciones que muchas veces no logramos entender o anticipar. Enfrentarnos a un mundo inestable y complejo como el actual no solamente implica leer el entorno de forma detallada y sistémica, sino desconectar las lecturas actuales que tenemos del mundo, deconstruir las verdades en las que creemos, y así descubrir nuevos textos que permanecen temporalmente ocultos a nuestras propias autorestricciones.

Lo anterior implica cambiar el referente desde donde observamos y reconocemos nuestra vida y sobremanera, redescubrir y reconectar nuestro modelo de negocio, que concrete una promesa de valor distinta, que haga realidad lo que queremos alcanzar y transforme la perspectiva de los grupos de interés propios de nuestro ambiente.  En plena era digital se hace necesario entender las tecnologías disponibles, no como soportes de una función empresarial, sino como una oportunidad para repensar las experiencias que tenemos.

De acuerdo con Ramane, Hanelt, Nickerson y Kolbe (2017) un modelo de negocio digital cuenta con cinco (5) componentes: 1) propuesta de valor, 2) interface, 3) plataforma de servicio, 4) modelo de organización y 5) modelo de ingresos.

La propuesta de valor establece las razones por las cuales un cliente particular está dispuesto a pagar por un producto o servicio, ese cambio de perspectiva y experiencia que nos permite encontrar en el mundo digitalmente modificado, una forma alterna de comprensión de nuestro entorno que nos habilita para entender y aprender sobre los cambios actuales y futuros.

La interface es la interacción que se desarrolla entre el cliente y la plataforma de servicio, esa mediación que permite a los interesados y tecnológicamente conectados, tener un espacio para concretar opciones e ideas que le faciliten aspectos propios de sus vidas. Un escenario digitalmente modificado donde pueden construir y elaborar propuestas viables y útiles que la tecnología puede habilitar de forma rápida y efectiva.

La plataforma de servicios es aquella que le permite entregar los productos o servicios de forma ágil, fácil y confiable. En el momento actual existen múltiples opciones que pueden ser usadas por cualquier persona para desplegar servicios o propuestas de productos, que pueden ser versiones mejoradas cada vez, creando un imaginario de innovación permanente basado en las experiencias propias de los clientes, quienes con sus comentarios ofrecen la base para aumentar la oferta de servicios o productos digitalmente modificados.

El modelo de organización requerido establece la estructura y los procesos que se deben articular para producir los productos y/o servicios del ecosistema digital. La organización que se requiere hoy sólo necesita conocer las expectativas del cliente, concretar conexiones y relaciones con personas que saben y desarrollan sobre las plataformas de servicios, con el fin de acelerar el despliegue de lo que se requiere. Mayor flexibilidad y potenciación de habilidades personales y colectivas.

El modelo de utilidades es la manera como se distribuyen las utilidades y los costos entre los participantes del ecosistema. No es una economía central dominada por unos pocos, es una contribución y suma de fortalezas que hacen del producto final una oportunidad para transformar el entorno y crear nuevas fuerzas de mercado que puedan motivar nuevas inestabilidades a futuro.

Si como personas tenemos claro estos cinco elementos y cómo interactúan para crear un nuevo momentum de innovación y creatividad, estaremos siempre tratando de avanzar para estar delante de la curva, deconstruyendo lo que hemos alcanzado, como una forma de movilizar y hacer que sucedan los retos del futuro.

El Editor.

Referencia

Ramane, G., Hanelt, A., Nickerson, R. y Kolbe, L. (2017) Discovering digital business models in traditional industries. Journal of Business Strategy. 38, 2. 41-51

domingo, 21 de mayo de 2017

Una oportunidad para el lobo y el Coyote

Todos tenemos imaginarios sobre aspectos particulares de la vida. Formas de ver el mundo que hemos venido aprendiendo y consolidando con las experiencias personales y los patrones que la sociedad muchas veces nos impone.

Un caso particular son los personajes de cuentos infantiles o programas de televisión que crean poderosas construcciones mentales que llegan a configurar “verdades” y respuestas naturales cuando se confiesan realidades concretas de la vida.

Uno de ellos es caperucita roja y el famoso lobo feroz. La versión que se ha consolidado en nuestra mente y recuerdo, es la vista de Caperucita donde el lobo termina siendo un villano que acaba con la vida de uno de los personajes para engañar a nuestra hermosa niña del bosque. Pero, ¿hemos escuchado la versión del lobo? ¿Tendrá una vista distinta el lobo de este cuento tan conocido? Posiblemente si, y tal vez el lobo sea un damnificado de una provocadora acción de la niña caperucita, con lo cual nuestra percepción del final de la historia puede cambiar.

Cuando logramos disminuir la voz de la contraparte, que tiene algo que decir o complementar e imponemos el discurso de una sola voz, estamos ahogando una posibilidad, una fuente que enriquece la vista panorámica de la realidad de la cual participamos.  Opacar la voz del otro, es perdernos de un punto de vista que nos permite revelar una postura inexplorada que puede y debe ser parte de la reconstrucción del contexto particular donde actuamos.

Otra de las figuras en contraste son el coyote y el correcaminos, dos especímenes que hacen parte de una relación ecológica de cazador y presa. Mientras el correcaminos parece contar con toda la suerte y posibilidades del mundo, el coyote se configura como un planeador, calculador y emprendedor que insiste, persiste y nunca desiste de su objetivo: atrapar al “correcaminos”. Un eterno cazador que nunca concluye su labor.

Bajo este contexto muchos aplauden la realidad del correcaminos, su agilidad, su capacidad de evasión y la visión anticipadora que tiene. Sin embargo, habría que hacerle una entrevista al coyote para que nos ilustre de dónde saca su ingenio, cómo se motiva cada vez luego de un intento fallido, cómo logra siempre poder ubicar a su presa y sobremanera cómo desarrolla y elabora las sofisticadas apuestas tecnológicas y prácticas, finamente calculadas para tratar de atrapar al correcaminos, situaciones que, en últimas, representan la realidad de muchas personas que insisten, persisten y nunca desisten para alcanzar sus metas y sueños.

Tanto el coyote como el lobo, son personajes que tienen una carga negativa pesada, que ha sido reiterada en nuestro imaginario y que, sin embargo, tienen una historia particular que merece ser contada. Es momento de darle la oportunidad y la voz al lobo y al coyote para cuenten su historia, que nos enseñen de su capacidad para superarse a sí mismos y nunca abandonar sus retos.

Estos dos personajes, revelan aquellas realidades y desafíos que no han sido contados, el secreto de la pedagogía del error, de la posibilidades y contextos que están latentes en nuestras vidas; una apuesta complementaria que nos habla de caminos inciertos de un lobo en el bosque y la creatividad de un coyote que vive y descubre cada día el desierto.

Caperucita y el correcaminos son personajes de la fantasía del éxito, que han merecido nuestra atención y reconocimiento. Es hora de retomar los inciertos del lobo y los retos del coyote, como personajes reales que se identifican con nuestra propia humanidad, esa, que día a día construye sus propias oportunidades, en medio contradicciones y verdades parciales.

"Démosle la oportunidad al lobo y el coyote para contar su versión, después de todo, quizá algo podríamos aprender o desaprender de ellos".


El Editor.

domingo, 14 de mayo de 2017

¿Qué significa aprender?

¿Qué significa aprender? Una pregunta que muchos interpretan y leen de diferentes formas. Una expresión de la manera como el ser humano incorpora saberes frente a la inestabilidad de la dinámica global donde actualmente se encuentra.

Bien anota Barreda (1995, p.107): “las turbulencias crecen y cada vez el cambio se aprecia más inmanejable, no se ha aprendido rápidamente y debemos adquirir nuevos comportamientos adaptados a la situación para supervivir. Debemos crear planes de cambio para el futuro. Crear programas que nos ayuden a cambiar en la dirección deseada o adaptarnos al cambio, no previsto, pero real”.

Esta frase reivindica el ejercicio permanente del aprendizaje, de la forma como las personas deben ajustarse de forma eficiente y anticipada, para “adquirir, construir y elaborar” nuevas formas de ver el mundo, desde la experiencia aplicada, esa que permite retar los saberes previos para revelar las nuevas oportunidades disponibles y así proponer soluciones o estrategias alternas para hacer del mundo una versión mejorada de sí mismo.

Los saberes humanos, esas adecuaciones individuales que se dan en la cámara secreta de nuestros supuestos, que modifican las actitudes y formas de pensar, establecen la fuente misma de las transformaciones personales. No reconocer estos saberes previos, es descontar la sabiduría que yace en la experiencia misma del ser y desestimar los aportes significativos y lecciones aprendidas que son fuente natural de formas inusuales de ver la realidad.

Los saberes y el aprendizaje son elementos claves que reconocen un propósito de nivel superior en la sociedad, una ruta de construcción de un territorio marcado por lo dinámico y cambiante, una apuesta sistémica que conecta distintos mundos, distintas perspectivas, para diseñar y adoptar estructuras flexibles que miren e incorporen lo conocido y se abran a desconectar lo aprendido, para incorporar lo desconocido, lo novedoso, lo incierto e inestable.

Adelantarse al cambio, en otras palabras, incorporar nuevos saberes más rápido y anticiparse a lo que aún no ocurre, pero que se advierte en el horizonte, es una tarea que cada ser humano debe adelantar y desarrollar. Un viaje entre información, conocimiento y sabiduría, una experiencia que inicia en el exterior del sujeto, que luego se integra en su propia realidad, para finalmente trascender desde el individuo con una mirada mucho más holística, allí donde el entorno, no es otra cosa que una extensión de su reflexión permanente para repensarse a sí mismo y a su ambiente.

Saber significa entender que si algo funciona, debe ser renovado, debe ser repensado, debe ser reimaginado. No es posible continuar la necesaria senda del aprendizaje, desde los aspectos conocidos y estables de la realidad, sino desde la lectura de lo incierto, donde la pedagogía del error, es la maestra generosa que abre las puertas para nutrirnos de aquello que se sale de lo previsto, esa vivencia que nos sorprende, que nos suspende el ejercicio de la realidad para llevarnos a “tierras inexploradas” donde debemos capitalizar lo aprendido, deconstruir nuestro saber y reconectarlo con las novedades que se presentan.

En consecuencia, aprender significa cambiar, transformar, desconectar, sorprender, explorar, experimentar, tantas palabras que buscan crear un entorno psicológicamente seguro que conecte los propósitos superiores de los seres humanos, como una forma de tratar las tensiones naturales que la incertidumbre nos plantea para ver el mundo como un lugar donde es posible llegar a la iluminación bajo la armonía de los contrarios: luces y sombras, certezas e inciertos, imposibles y posibles.

El Editor.

Referencia:
Barreda, R. (1995) Aprendizaje. La función de educación en la empresa moderna. Madrid, España: CONORG, S.A.

domingo, 7 de mayo de 2017

Mundo VICA: Seis disciplinas para reinventarnos

En mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo (VICA), las seguridades no abundan, las certezas se esfuman y las exigencias aumentan. No hay parámetros ciertos que perduren, ni teoría que pase las pruebas inexorables de los cambios de perspectiva, de intereses y de transformaciones políticas, sociales, económicas y tecnológicas.

En este sentido, se hace necesario renovar de forma permanente y de manera previa lo que sabemos de nuestro dominio de conocimiento, para encontrar nuevos lugares comunes que nos permitan actualizar nuestros lentes particulares, desde donde observamos, comprendemos y nos apropiamos de la dinámica de la realidad.

En consecuencia, ser parte de un mundo VICA, demanda de la raza humana una permanente movilidad de preguntas sobre lo que existe, de la forma como descubrimos el mundo y particularmente, como demarcamos el escenario de retos y transformaciones desde donde es posible reinventarnos a nosotros mismos y a nuestro contexto.

Para ello, es necesario desarrollar una serie de disciplinas (hábitos, actitudes, capacidades, significados) que Krupp y Schoemaker (2014) establecen como claves para superar nuestros propios puntos ciegos, actuar de forma anticipada y sobre manera movilizar los esfuerzos en aspectos estratégicamente relevantes para mantenernos delante de la curva. De acuerdo con los investigadores las disciplinas son: anticipar, retar, interpretar, decidir, alinear y aprender.

Anticipar, implica mantenerse explorando en el entorno, cerca de los clientes, socios y competidores, con el fin de establecer inestabilidades, cambios progresivos o inesperados, rarezas en sus comportamientos o aparición de nuevos actores que llegan con propuestas distintas, con el fin de dibujar un panorama enriquecido de la realidad que sirva como fuente de reflexión y contexto de los futuros análisis.

Retar, es una actividad que demanda cuestionar los supuestos y el statu quo, indagar sobre nuestros saberes previos, con el fin de crear quiebres conceptuales y prácticos que permitan re-crear la realidad, buscando relaciones emergentes o actividades inusuales, que motiven un pensamiento lateral, algo fuera de lo común que habilite reflexiones renovadas sobre lo existente o nuevas propuestas que miren al futuro sin restricciones.

Interpretar, es una capacidad que requiere comprender y analizar la información que se colecta de la realidad; datos que revelan aspectos claves de las interacciones entre los diferentes actores del entorno, con el fin de identificar distintos puntos de vista y procurar encontrar evidencia que no sólo que confirme nuestras creencias previas, sino que amplíe nuestro entendimiento actual de la realidad.

Decidir, es el ejercicio de revisar y evaluar opciones, con el fin de establecer el marco de actuación que se debe seguir. Es la práctica de movilizar los recursos y actividades que permitan salir de la posición actual, dejando la zona de comodidad y avanzar en las nuevas oportunidades que se plantean en el escenario, siguiendo la vocación que cada persona tiene.

Alinear, implica leer los intereses y motivaciones de los grupos de interés, entender sus puntos de vista, con el fin de establecer un marco de coordinación y acción que permita encontrar alternativas distintas que abran nuevos horizontes para nuestros sueños, no para concretar una posición dominante, sino convertirnos en un actor clave que construye en conjunto con otros.

Aprender, una acción que exige interrogar lo que conocemos y sabemos, dejarnos cuestionar por las inestabilidades de la realidad, entender las situaciones corrientes exitosas y no exitosas, que nos habilitan para experimentar, simular y hacer nuevos prototipos de nuestros retos, demarcando nuevas fronteras del conocimiento, que lleven a cambios personales, profesionales y empresariales permanentes.

Estas seis disciplinas establecen un desafío de vida y acción para las personas del siglo XXI, una caja de herramientas y condiciones claves para sobrevivir los embates de las discontinuidades en el contexto local y global: la preparación requerida para mantener la única ventaja competitiva sostenible de las empresas y las personas: desaprender y reaprender.

El Editor

Referencia:
Krupp, S. y Schoemaker, P. (2014) Winning the long game. How strategic leaders shape the future. New York, USA: Public Affairs.