viernes, 23 de abril de 2021

Verdaderamente resilientes

Revisando un artículo publicado en el año 2002 en la revista Harvard Business Review sobre qué características o condiciones tiene una persona resiliente se afirma que:

“… una persona será verdaderamente resiliente cuando tiene: 

  • una aceptación firme de la realidad,
  • una profunda creencia, a menudo respaldada por valores muy arraigados, de que la vida tiene sentido, y
  • una asombrosa capacidad de improvisación” (Coutu, 2002).

Si analizamos en detalle cada una de ellas, en el escenario actual, podemos establecer algunas acciones concretas que nos permiten movernos mejor en medio de las inestabilidades e inciertos que plantea la nueva realidad en la que vivimos y así superar el superávit de futuro que sólo crea angustia y desesperación.

Es claro que debemos aceptar que tenemos una emergencia sanitaria internacional asociada con un agente biológico adverso, cuyo origen aún es desconocido, que evoluciona rápidamente y que reta de forma acelerada las investigaciones más recientes asociadas con el desarrollo de las vacunas disponibles. Por lo tanto, mientras no se cuente con una inmunización general habrá que mantener de manera permanente las medidas de autocuidado y el aislamiento preventivo voluntario hasta donde sea posible, buscando repensar las formas de vivir y trabajar en un escenario incierto, pero no por eso, amenazante o de miedo, sino de prevención y acción para ajustarnos a la dinámica vigente.

Esto no será posible si cada uno, desde su referente sagrado, no encuentra su lugar común de encuentro con lo trascendente. Ese sitio de silencio interior, donde se nutre la esencia de lo que no se ve, para movilizarnos desde la certeza de lo que se espera, desde la fuerza de la esperanza y desde la acción comunicante del amor. Reconocernos necesitados y asistidos por la fuerza de lo invisible, permite encontrar en el incierto una oportunidad para liberarnos de los temores y habilitar la confianza que habita en nuestro ser, para transitar de la desinformación y la angustia, a la tranquilidad de los que esperan lo mejor y se mueven en esa misma dirección.

Si hemos concretado las dos acciones previas, es momento de activar nuestro lado derecho del cerebro, la creatividad, el ejercicio de liberarnos de nuestras restricciones autoimpuestas para impulsar, no probabilidades, sino posibilidades; encontrar nuevos lugares comunes desconocidos, abrir nuevos caminos, repasar otros con diferentes perspectivas o lentes, con el fin de ver las potencialidades que tenemos y que hemos ignorado por mucho tiempo. Improvisar no es sacar algo de la nada, sino capitalizar los saberes que hemos adquirido para conectar diferentes puntos que antes estaban desconectados.

Así las cosas, si logramos movernos en estas tres características que detalla el artículo de Harvard, es posible que la emergencia sanitaria internacional termine siendo el detonador de aquellas capacidades escondidas, el impulsor de los proyectos parqueados, el activador de los retos suspendidos que están esperando este momento para materializar la transformación que se necesita para avanzar al siguiente nivel al que estamos llamados

Ser resiliente, es aceptar que fuimos creados para navegar en aguas profundas, creer que somos capaces de cambiar la realidad y que somos depositarios de la magia de la creatividad para ver y transformar el mundo.

La resiliencia es una palabra que más allá de las connotaciones especiales y sofisticadas que se le quieran dar, es una expresión de la condición natural que todos los seres humanos tenemos, que es la de sobreponernos a las adversidades, encontrar respuestas donde otros encuentran problemas y de vivir plenamente con lo que tenemos, para caminar día a día en el ejercicio del caminante de Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Referencia

Coutu, D. (2002). How Resilience Works. Harvard Business Review. https://hbr.org/2002/05/how-resilience-works

domingo, 18 de abril de 2021

Reinvención y resiliencia

El prolongado momento de incierto e inestabilidad que nos ha tocado vivir, ha puesto a prueba nuestra condición mental, psicológica y espiritual para continuar abriendo oportunidades y ver el mundo de formas distintas. Los largos silencios, las amplias ausencias y la carencia de abrazos han sido la constante durante más de 365 días, y que aún, según estudios recientes, no tienen una fecha concreta para terminar.

La esencia de la vida que es el encuentro con el otro, que ahora reemplazado por pantallas y videoconferencias, crea una entorno de relaciones que si bien, abren una oportunidad para reinventar nuestro sentir, propone un reto intelectual y emocional que rompe con el tradicional “cara a cara”, que transmite y comunica con cada expresión y movimiento en tiempo real. Es una experiencia distinta y muchas veces incómoda que desafía nuestra propia dinámica humana.

Los cansancios acumulados por sesiones de trabajo sucesivas, sin descansos o movimientos corporales, la suma de emociones que se guardan y no se expresan, las tensiones que se transmiten y las presiones por resultados, ahora son el nuevo insumo de los terapeutas que ha encontrado en esta nueva realidad, un campo de trabajo y exploración que había estado presente (y ausente al mismo tiempo) como una bomba de tiempo que se ha liberado y detonado por cuenta de una emergencia sanitaria internacional.

Este escenario desinstalado de la antigua realidad, desconectado del contacto físico y desacoplado de la realidad material, demanda un llamado a una resistencia, a una robustez y a una reinvención que habilite tanto a los individuos como a las organizaciones a encontrar nuevos lugares comunes para superar la zona de inestabilidad y compromiso que vivimos, y no dejar que la condición temporal de ausencia conquiste el lugar interior donde siempre podemos explorar, descubrir y trascender.

Por lo tanto, es necesario motivar una postura resiliente que incluya al menos los siguientes elementos: (Fiksel, 2015)

  • Inteligencia organizativa: Integrar múltiples voces y la diversidad de pensamientos.
  • Ingenio: Innovar para superar nuestras limitaciones autoimpuestas.
  • Robustez: Desarrollar un comportamiento propositivo y vigilante para evitar las trampas de nuestros temores.
  • Flexibilidad: Efectuar los cambios necesarios basados en la experimentación y el ensayo.
  • Tenacidad: Afrontar los retos en lugar de aceptar la adversidad o la derrota.

Cuando entendemos esta postura como la base de nuestra nueva carta de navegación, es posible ver el territorio, no como un lugar de amenazas, sino como un paisaje de oportunidades, de exigencias y zonas incómodas, que nos permite interrogar nuestros saberes previos, explorar alternativas y construir rutas alternas que lleven a la conquista de algunos archipiélagos de certezas.

Lo que ocurre hoy, no es otra cosa que una experiencia concreta y real que nos invita a renunciar a nuestra seguridades, a caminar en los pasos de los niños que disfrutan cada momento con lo que tienen y logran, una búsqueda permanente de sentido y conexión con lo que nos rodea, una oportunidad para renacer en nuestro interior y ponernos en paz con la ansiedades de un mundo que hoy se ha detenido, y nos brinda una ventana de aprendizaje para reinventarnos sin perder nuestra propia identidad.

Referencia

Fiksel, J. (2015). Resilient by design. Creating businesses that adapt and flourish in a changing world. Washington, D.C. USA: Island Press.