domingo, 11 de febrero de 2018

Juventud. Divino tesoro


Muchos con frecuencia añoran los años de la juventud, donde la alegría, el desafío permanente y la temeridad eran parte natural de la forma como se veía la vida. Con el tiempo, dice la sabiduría popular, las personas “maduran” y toman una postura más reflexiva y avezada, con lo que se tornan menos aventureros y más finos en sus posturas frente a los acontecimientos del entorno.

Permanecer joven no implica perder la imaginación, ni las ganas de experimentar algo nuevo. La juventud, si bien dicen los especialistas es un estado de la persona, también es una actitud para abrazar los “errores”, los “miedos” y las “incertidumbres” como fuente renovada de inspiración, para crear laboratorios de simulaciones y prototipos que renuevan la manera como se entiende el mundo y sobremanera, la forma como se reinventa la persona a sí misma.

La juventud implica concretar experiencias “de primera vez”, esa que despierta la curiosidad dormida que se va relegando con la suma de emociones y experiencias. Saber combinar los aprendizajes que quedan luego de experimentar y vivir situaciones inéditas, con nuevos momentos de asombro y sorpresa, establece el mejor escenario para nunca perder de vista que es posible crear y diseñar futuros y realidades que no nos atrevemos a concretar en el ejercicio de la vida diaria.

Ser joven exige convertirse en un insaciable por aprender, en quebrar los silencios de los “así estamos bien”, en aquel que busca formas diferentes de hacer las cosas, en ese que busca nuevas conexiones y cuestiona los paradigmas vigentes sobre los cuales se han fundado las “verdades actuales”. Ser joven significa energizarse cada día con los retos y desafíos propios, para poder contagiar a otros con sus propias condiciones y talentos para que salgan de su zona cómoda y conquisten sus propias limitaciones.

La juventud divino tesoro, es una expresión de la energía creativa que vive y se renueva en el ser humano. Una manifestación de ingenuidad, que privilegia las posibilidades más que las probabilidades, donde la alegría por encontrar situaciones inesperadas, sólo es superada por la satisfacción que produce concretar una postura diferente, novedosa y útil para otras personas. Ser joven es mantener la sensibilidad con el entorno, la disciplina en el hacer y el foco en lo que se quiere alcanzar.

El que permanece joven nunca asume que entiende lo que pasa a su alrededor y que otros igualmente lo pueden comprender. Mantienen un compromiso permanente con el aprendizaje y desaprendizaje, desconectan sus paradigmas con los cuales entienden el mundo y aceptan humildemente que otros tiene la razón. La juventud es como un “start-up”, busca oportunidades donde otros ven limitaciones, no tiene miedo por cambiar de perspectiva, toma riesgos de forma inteligente y genera rupturas de los estándares de la realidad sin pedir permiso.

La juventud no un momento de la vida que se explica desde la racionalidad humana como un estado de vida, sino como una provocación permanente del espíritu humano que no conoce de imposibles, sino de posibilidades. Una forma de llevar a la acción lo que imaginación es capaz de conceptualizar y moverse para hacer que las cosas pasen.

El Editor.

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