domingo, 6 de julio de 2014

Resistencia productiva



Se escucha con frecuencia el término “crítica constructiva” el cual con frecuencia se malinterpreta, invitando a las personas que “no digan nada negativo” de aquello que están sometido a revisión. Sin embargo, afirma Alf Rehn en su libro “Ideas peligrosas”, “(…) que todas críticas son constructivas si juzgan una idea en sí misma. (…)”, es decir si buscan establecer una resistencia productiva, que es “aquella que desarrolla la capacidad de crear buenos conflictos, (…) de encontrar y cultivar buenos enemigos, esos elementos que “(…) crean una superficie resistente sobre la que puede probarse y perfeccionarse una idea. (…)”.

La resistencia productiva, es una búsqueda inteligente y documentada de lo que aparentemente se advierte y revela aspectos de la propuesta que posiblemente no se tuvieron en cuenta. Es una expresión de reto y compromiso con la idea, que permite crear una confrontación conceptual para pensar dentro y fuera de la caja y así, proponer vistas alternativas de la idea inicial.

Cuando se cultiva una resistencia productiva, es posible motivar cambios y transformaciones en diferentes niveles de la organización y de la vida personal, para  correr el velo de las nuevas formas de concebir la vida, de los cambios estructurales que le permitan tanto a la organización como a la persona, promoverse a una nueva etapa de evolución que le exige nuevas habilidades y competencias, para repensarse a sí mismo(a).

Cuando nos sentimos cómodos con una idea, debemos someterla a una resistencia productiva, para motivar vistas encontradas, reflexiones disonantes y motivaciones inesperadas, con el fin de pasarla por el crisol de la crítica productiva, para que superado este momento, renazca con la fuerza y decisión requerida que permite desarrollar y transformar la manera de hacer las cosas.

En este sentido, afirma Rehn, “(…) La creatividad no es una competición de originalidad, sino un proceso que trata de encontrar formas de avanzar y soluciones que resuelvan los problemas. (…)”, por tanto, las ideas y propuestas deben liberarse para que fluyan y someterse a la resistencia productiva, que permita validar sus contextos y adaptaciones, para que así, el proceso aumente la confianza en aquel que la presenta y fundamente la experiencia práctica en su campo de conocimiento, ganando mayor credibilidad en su audiencia.

La resistencia productiva aumenta la capacidad de persuasión del proponente, se aprovecha de los novedosos puntos de vista de sus evaluadores, revela historias emergentes detrás de sus comentarios y eleva el nivel de la discusión de la temática. 

Así las cosas, cada vez que nos expongamos a la presentación de ideas u oportunidades, transformemos la esencia de nuestro mensaje, para comunicar la primicia de nuestra propuesta de valor, dejando de lado nuestro ego, abriendo espacio para desaprender de nuestra propia práctica y experimentar la humildad de aquellos que se han atrevido a ser diferentes y marcar la pauta para hacer que las cosas pasen.

El Editor.

Referencia
REHN, A. (2012) Ideas peligrosas. Cuando el pensamiento provocador se convierte en el activo más valioso. Pearson.

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