domingo, 7 de abril de 2013

Mente abierta, corazón creyente



Cambios acelerados del mundo, tensiones mundiales por amenazas entre naciones, transformaciones de paradigmas empresariales es el escenario donde actualmente debemos vivir y continuar abriendo posibilidades para hacer que las cosas pasen. Esta condición de cambios y tensiones debe mantenernos alerta y anticipando nuevos vectores de riesgo para continuar inmersos en la realidad, sin dejarnos penetrar por ella.

El nuevo pontífice, el Jesuíta, Jorge Bergoglio, nos muestra que debemos mantener una mente abierta y un corazón creyente, es decir una mente que explore y continúe comprendiendo las asimetrías del mundo y sus deseos desordenados de tener, saber y poder; así como, un corazón que se aferre cada vez más a las promesas del Creador, donde el espíritu del creyente, descubra que en el ejercicio de una fe madura y cierta es posible hacer realidad todo aquello que da testimonio y cuestiona al mundo descreído y arrogante.

En estos tiempos de controversia, que llevan al límite los conceptos de dignidad humana, igualdad y tolerancia, se hace necesario desactivar los rituales humanos creados desde nuestro propio egoísmo, para que la naturaleza sabia y generosa nos enseñe nuevamente que es posible reconciliar nuestros deseos con el equilibrio reinante en el universo, ese que ha sido instaurado para que encontremos el camino de regreso a la vida plena que se nos ha dado desde el inicio.

Entender el misterio fascinante y tremendo de la ruta final del mundo, es un enigma que preocupa al hombre moderno, lo llena de incertidumbre, pero igualmente de esperanza. No tenemos nada cierto sobre lo que vaya a ocurrir, no sabemos “ni el día ni la hora”, por tanto debemos estar vigilantes como las “vírgenes prudentes”, con las “lámparas llenas de aceite”, no sea que la vida se nos pase muy pronto y no tengamos oportunidad de completar las obras que debemos concluir y los retos  que debemos afrontar.

En el ejercicio de mantener la mente abierta y el corazón creyente, la tentación hace su aparición, anota Bergoglio en su libro que lleva el mismo nombre: “(…) siempre con rostro concreto, se insinúa con palabras concretas (…) tiene su estilo propio, crece, se contagia y se justifica. (…)”, se hace evidente en nuestra vanidad personal, profesional o académica; en nuestra apariencia que supera nuestra realidad; en nuestros deseos de figurar y alcanzar reconocimientos, que no son otra cosa que nuestros temores para encontrarnos con nuestra condición humana limitada y caída, que exige respuestas y garantías al Creador, cuando sólo basta “creer en las promesas, aún sin poseerlas”, anota el religioso.

Descubrir el corazón creyente que vive en cada uno de nosotros y activar la fuerza de la fe que vibra en él , es preparar la mente y los ojos para ver la persona del “verbo encarnado” y salir en camino, abandonando nuestras certezas y seguridades, renunciando a nuestros egoísmos y vanidades, para que “sin mirar atrás”, nuestra mente abierta no sea atrapada por las luces y destellos del mundo, y así ser obedientes a nuestra misión y dar testimonio de ella, aún en medio de la persecución.

El Editor

Referencia:
BERGOGLIO, J. (2012) Mente abierta, corazón creyente. Editorial Claretiana. Buenos Aires, Argentina.

1 comentario:

  1. Cuando se vive con mente abierta y el corazón no tan creyente, desviamos enormemente el camino. Pretender explorar y probar cosas porque el fin puede estar cerca o la vida es corta, es el estilo de vida de muchos. El tema realmente es vivir en el ejercicio de la fe madura, como lo expresa el autor. Acertivo y motivador, pero que dificil aveces es. Hay que seguir intentándolo

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