domingo, 17 de mayo de 2020

La resiliencia no es suficiente

Si hay palabras que se usan por estos días, son resiliencia y “nuevo normal”, para indicar que debemos renovar y repensar nuestra forma de entender el mundo y la vida. Sin embargo, algunos autores sugieren que la resiliencia en sí misma no es suficiente (Russell, 2013). Si entendemos la resiliencia como un acto de rebote y volver al punto anterior donde se inició la condición adversa, no logramos entender la esencia del concepto.

La resiliencia es una capacidad humana que reconoce y anticipa condiciones “no estándar” para movilizar los esfuerzos y acciones que le permita navegar en el incierto, aprendiendo de la situación adversa, y así, proponer caminos distintos que abran posibilidades y movilicen su intelecto y certezas fuera de su zona cómoda. La resiliencia no es exclusivamente rebote y recuperación, es habilitar un espacio para prosperar y enriquecer la vida práctica con posturas renovadas y saberes enriquecidos.

Si la resiliencia sólo nos deja en la recuperación y restauración, nos lleva al punto cero de retorno, donde seguimos anclados a las certezas previas y acomodados, incluso a las lecciones pasadas que hemos superado. La resiliencia entendida como “regresar a la normalidad” puede resultar más nociva al final, comoquiera que sólo volver al punto de inicio lo único que nos ayuda es a mantenernos “vivos” y nos negamos la oportunidad de avanzar y explorar nuevas respuestas.

La resiliencia significa en el ser humano enriquecer y desinstalar los conocimientos y prácticas referentes para generar y transformar su entorno hacia un escenario de “nueva prosperidad”, de “nuevos horizontes” y futuros distintos que empieza a forjar desde el aquí y el ahora. Esta lectura de la resiliencia, le da un nuevo vigor y sentido a la existencia, que no es ajena a la inestabilidad actual y futura, sino que permite amplificar e incorporar nuevos sensores internos y externos que le dan mayor capacidad de adaptación y reinvención frente a los sobresaltos frecuentes del ambiente.

Un ser resiliente, es un ser transformado por su propia experiencia, por sus propios retos y por su proyecto de vida. Es un ser que conecta y desconecta los puntos visibles de su realidad, para descubrir aquellos invisibles a las certezas declaradas, con el fin de trazar nuevos mapas y rutas sobre un territorio que aun permanece inexplorado a los ojos y visiones más especializadas. Este individuo resiliente no es una respuesta más a la adversidad, es energía potencial que canaliza y ejemplifica con su vida para mostrar caminos en medio de la inestabilidad.

La resiliencia implica rebote y al mismo tiempo constante evolución, fortaleza y aprendizaje como resultado frente a los eventos aleatorios. Es una declaración permanente que asume la inestabilidad como su fuente de energía y capacidad de reinvención, que proyecta al ser humano para alcanzar una nueva versión mejorada de sí mismo. Ser resiliente es expresar que “no se sabe”, y al mismo tiempo, abrir y explorar ventanas de aprendizaje/desprendizaje que miren al mundo y la realidad como un patrón de prosperidad y bendición abundante que lo habilite para caminar sobre aguas inciertas, a pesar de los pocos y escasos archipiélagos de certezas.

El Editor

Referencia
Russell, J. (2013) Resilience Ain’t Enough. De: http://thrivable.net/2013/02/resilience-aint-enough/

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