lunes, 19 de agosto de 2013

Inventario pleno de la vida



Dice el jesuita Jiménez Cadena, en su libro “Tus tesoros ocultos”, que siempre es importante establecer un inventario pleno de la vida, una enumeración que exige reflexiones reposadas para examinar cuidadosamente nuestras experiencias, cualidades, limitaciones, expectativas, metas y planes para el futuro.

De acuerdo con el religioso, generalmente las mejores experiencias de la vida se producen cuando ayudamos a otros, cuando nos donamos en plenitud sin restricciones, cuando superamos nuestro “yo” para abrir nuestra vida a los demás, esa forma de encontrarse con el prójimo que nos permite ver en nuestro interior, la luz que hemos recibido desde el inicio del mundo, el mensaje que yace en nuestra espiritualidad que moviliza y transforma al ser humano.

De otra parte, los aspectos positivos de tu personalidad, la forma de entender el mundo y descubrir al otro son maneras de continuar nuestro inventario, formas de formular un espacio abierto y sin barreras, para recorrer en cada expresión de nuestro hacer, una forma de conquistar nuestras limitaciones y aciertos, de tal forma que día a día podamos encender o renovar “una luz” en para construir el futuro que hemos soñado.

Como quiera que nuestras virtudes están en nuestros propios hábitos, se hace necesario mantener una sesión diaria de “gimnasio espiritual” que fortalezca los músculos del espíritu y la mente, para que la salud personal y corporal mantengan energizados tus planes, retos y sueños, una estrategia para vivir cada día en movimiento, enfrentado “cualquier síntoma” de la inercia que paraliza y envejece.

Habida cuenta de lo anterior, no solamente tus experiencias, tus acertadas condiciones de personalidad y tus virtudes no son determinantes para lograr lo que quieres, tus valores y creencias hacen la diferencia en la hora de los momentos de verdad, en la hora de la decisiones definitivas, en la hora de la “fidelidad” y prueba de tus “no negociables”. Cuando somos capaces de construir una vida alrededor de aquello que nos define y nos hace únicos, estamos cimentando las bases de la transformación que nos permite evolucionar de manera consistente y permanente.

La metas de largo plazo o futuras, se empiezan a cristalizar en el presente, en el ahora, en el “yo quiero”, para movilizar todo lo que hacemos y sintonizar la sinfonía del universo, donde todo aquello que cuando se pide y se enfoca, se materializa y se logra; no por un efecto del azar, sino de la disciplina y la pasión que surge de nuestro ser, para reclamar las promesas que el Creador nos ha hecho, es palabra de vida y poder que sólo tiene sentido cuando la hacemos nuestra en el corazón.

Así las cosas, el inventario pleno de la vida, es una excusa para meditar en quiénes somos, qué queremos, para donde vamos y qué debemos superar para alcanzar nuestro desarrollo pleno y real. Este inventario nos debe poner de manifiesto, que todo lo hemos recibido por amor y por amor hay que retornarlo, es decir, que somos administradores de unas gracias y talentos recibidos, que debemos cultivar para que el “amo” de la hacienda recoja “donde no ha sembrado” y reciba el “ciento por uno”.   

El Editor

No hay comentarios:

Publicar un comentario