En un mundo lleno de espejismos y tensiones marcadas por intereses particulares pensar en compartir o en el otro resulta casi una “locura” o una “utopía”. Sin embargo, hay escenarios y momentos donde esa “locura” tiene todo el sentido. Sólo basta con mirar ejemplos diarios en la cotidianidad.
Un profesor de primaria que abre su mente y su corazón para habilitar la posibilidad de un niño o un adulto para encontrarse y reconocer las letras, sin esa “locura”, muchos no hubiésemos podido aprender a leer y menos a tener la posibilidad de progresar.
Cuando un científico publica un artículo y lo pone a disposición de la comunidad, esa “locura” no sólo cambia el camino de la ciencia, sino que expande los límites del conocimiento para abordar aquello que parecía inaccesible. La ciencia en un mundo competitivo, no sólo por lograr hallazgos importantes, sino por conseguir recursos para investigar, por tanto muchas veces no sólo es talento y deseo de logro, sino habilitar espacios para sumar y descubrir en conjunto, con responsabilidad, respeto y conciencia por sus colegas, y así ver las oportunidades que pueden tener juntos.
Cuando se ve a una religiosa, un sacerdote o un consagrado donarse en una misión, o en un apostolado por el otro, donde la única recompensa es hacer la diferencia allí donde está, esta “locura” no tiene otro nombre sino “en amor dado”, un ejercicio que se olvida de la persona individual, y se conecta de manera genuina con la necesidad del que sufre. No con lástima o desdén, sino con misericordia, desde las entrañas, donde el amor surge como base de la vida misma. Esto no es una visión de la pobreza, sino un ejercicio de riqueza espiritual, una “locura” que transforma el interior del ser humano para explorar y ver sus efectos en el mundo exterior.
¿Recuerdas la última vez que sentiste una alegría que no podías explicar, ese sentimiento interior por haber hecho algo bueno, algo distinto, haber marcado la diferencia para alguien, algo por lo cual sólo recibiste una sonrisa, un gracias, un “te quiero”, un gesto de agradecimiento? Esa “locura” te transformó a ti en ese momento, ese momento “eureka” de la ciencia, en la esencia misma de tu ser. Esa sensación, esa moción interior no es otra cosa que los efectos de la “locura” de compartir, una moción que misteriosamente crece y se expande, cuánto más te abres al otro.
Bien dicen que cuando el conocimiento se comparte, más crece, más se expande. Cuando el amor, se dona más se experimenta, una contradicción, “una locura”, que no responde a las dinámica cotidiana del mundo, y que enfrenta el status quo de “tener, poder, y saber” que lesiona y contradice la esencia misma de la humanidad, vivir en comunidad para encontrarse con el otro. Los recientes foros de los líderes globales demuestran que sin voluntad política, ni negociaciones concretas sobre recursos claves, ni agendas acordadas sobre ideologías no habrá espacio para conversar y menos para confiar en que el otro hará lo que se espera que haga.
Así las cosas, la “locura” de compartir o pensar en el otro, será la semilla que seguirá cayendo en múltiples corazones. Y cómo en el evangelio de Marcos 4:1-20, algunas de ellas se ahogarán por las presiones del mundo, otras nacerán rápidamente y sin pocas raíces y perseverancia, perecerán; otras serás opacadas por los espejismos y tentaciones del camino sin que se den cuenta, y finalmente, los que asumen y acogen la “locura” serán quienes rendirán fruto al 30, 60 o hasta 100 por uno, sin que lo puedan explicar.
El Editor
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