En un mundo con cambios constantes (esperados e inesperados) mantener una postura vigilante parece ser el reto personal y organizacional para enfrentar la incertidumbre natural y creciente del contexto actual, bien como amenaza o como oportunidad. La incertidumbre como amenaza se convierte en agente agresor que deben ser enfrentado con lo que se conoce para superar la incomodidad de “no saber”, mientras como oportunidad es un estado de apertura al cambio para explorar opciones no probadas para experimentar y aprender de resultados no previstos.
Cuando se enfrenta la incertidumbre, el desafío “es enamorarse del problema, no de la solución. Es como remar en un lago lleno de niebla, donde no puede ver con claridad, ni saber con precisión dónde terminará, pero tiene dos tareas claves: tener fe en que llegará a un puerto seguro y seguir remando” (Stolzoff, 2026). En este sentido, la incertidumbre genera resistencia al cambio durante y después de un evento desafortunado. No gestionar los detonantes psicológicos que esto produce, pueden debilitar la capacidad de respuesta y aumentar el potencial de una parálisis sustancial.
Los principales detonantes psicológicos son: (Osorio Gómez, 2008; Gibson & Gibson, 2023)
- Miedo al fracaso - Sentimiento de incapacidad para enfrentar el entorno cambiante y dudas sobre las habilidades personales y profesionales.
- Miedo al daño o pérdida - Preocupación por la seguridad laboral y la sostenibilidad individual ante una interrupción mayor.
- Modelos mentales limitadores - Filtros cognitivos que eliminan, distorsionan o generalizan información para que encaje en creencias previas.
- Reactividad emocional - Ciclos de ansiedad y tensión que nublan el juicio y dependen de instintos automáticos.
Superar estos detonantes implica que las suposiciones propias sean probadas y que aquello que no salió como estaba previsto, se utilice como lecciones aprendidas y compartidas para nutrir y retar los saberes previos que se tiene de la situación. Crear una zona de incomodidad y psicológicamente segura permite romper con la ansiedad, liberarse del bloqueo de las creencias, disminuir el miedo al daño y al fracaso, como fundamento para superar la “ceguera de abstracción” (Capra, 1995) creada por las restricciones autoimpuestas de términos y conceptos que adoptamos, y que limita la visión y comprensión del reto.
La incertidumbre en definitiva termina siendo un espacio para crear, para tomar riesgos y lanzarnos a retar las certezas humanas, no para tener respuestas sobre los retos, sino para hacer mejores preguntas, que nos lleven a nuevos lugares de encuentro y desencuentro. Es la ruta que nos permite estar incómodos con lo que hemos aprendido, y nos hace humildes antes lo que no sabemos. Una oportunidad para reconocernos como vasijas de barro imperfectas, en cuyas grietas habita la luz y la mano poderosa del “dueño de la vida”.
Referencias
Capra, F. (1995) The web of life: a new scientific understanding of living systems. Michigan, USA: Anchor Books
Gibson, C. & Gibson, K. (2023). A critical incident field guide. Integrating risk, business continuity, emergency, and crisis management. Australia: Executive Impact Publishing
Osorio Gómez, J. C. (2008). Introducción al pensamiento sistémico. Cali, Colombia: Programa Editorial Universidad del Valle.
Stolzoff, S. (2026). Líderes, es hora de desarrollar su tolerancia a la incertidumbre. Harvard Business Review. https://hbr.org/2026/01/leaders-its-time-to-build-your-tolerance-for-uncertainty?language=es
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