lunes, 6 de abril de 2026

Orar: un camino de encuentro con tu Creador

Terminados los días de reflexión el hombre vuelve a su dinámica tradicional. Con toda seguridad si hubo momento de oración serás un hombre nuevo. Cuando el ser humano ora (ese que habla), busca esa conexión interior con su centro sagrado (cualquiera que este sea la imagen de DIOS en tu vida), la vida cambia y se transforma. Encontrar los momentos para explorar esa realidad que no se ve, pero que nos irradia en lo que hacemos, implica evolucionar nuestra relación con aquello que trasciende y nos lleva a encontrarnos con los otros.

El sacerdote jesuita Mark Thibodeaux, SJ., en su libro “Armchair Mystic: How Contemplative Prayer Will Bring You Closer to God” (es español sería como: “El místico de sillón: Cómo la oración contemplativa te acercará a Dios”) (2019) nos ofrece un camino para profundizar en esa relación con DIOS, donde orar no es un acto o técnica mágica o sobrenatural, sino el cultivo de una amistad personal con el dueño de la vida, donde el reto no es la perfección, sino simplemente buscarlo a él y dejarnos encontrar por él.

En primer lugar necesitas establecer un ritmo y un ritual, esto es, un rincón tranquilo, un sitio cómodo donde puedas estar erguido y relajado. En segundo lugar, destina un tiempo fijo diariamente, selecciona el momento que más te venga mejor, puede ser en la mañana cuando te levantas. Luego, siéntate y respira profundamente varias veces sin que nada te perturbe, DIOS se manifiesta como una invitación a la quietud, con un deseo profundo de “estar” que persiste a pesar de posibles distracciones.

Luego de esta disposición de tiempo y lugar, se inicia con la primera etapa: - Hablar “hacia” DIOS -. Cuando no sabes cómo iniciar, inicia con alguna oración que conozcas de tu propia relación con el Creador, inicia con un diálogo que saluda y se encuentra con lo sagrado, saborea cada palabra, no es un acto de repetición, sino un encuentro en cada palabra. Sabrás que es DIOS y no solo tú, cuando una frase específica de la oración “resuene” de forma distinta, como si se iluminara o tocara una fibra sensible de tu corazón que no esperabas.

Cuando evoluciona la oración, pasamos a la etapa dos: - Hablar “con” DIOS - . En este momento, ya no son las oraciones naturales que usamos las que tienen el protagonismo, es ese encuentro con un amigo, que te escucha y no te censura, que está atento a revisar contigo tu propia realidad, que no se esconde ni se muda, sólo está dispuesto a estar plenamente contigo. Sabrás que DIOS está allí, pues al desahogarte, sentirás una paz repentina o un alivio físico después de decir lo que te ocurre, sin disfraces, ni palabras elaboradas. Sentirás su “presencia que escucha”, sin juzgar, sin cuestionar, dándote la oportunidad de ser tú mismo.

La siguiente etapa de la oración, etapa tres: - Escuchar “a” DIOS -. En este momento dejas que DIOS tome la iniciativa a través de sus palabras, de sus textos sagrados. Toma un pasaje del texto sagrado y léelo detenidamente, sitúate allí en medio de lo que lees, sumérgete en la escena, y piensa ¿qué personaje eres? ¿Qué sientes cuando tu maestro te mira? ¿Cómo actúas tú frente a ese encuentro con tu maestro? Dice el padre Thibodeaux (2019), según la enseñanza de San Ignacio de Loyola, que ahora es momento de revisar qué movimiento interior te trae este ejercicio: trae paz, esperanza y amor, incluso si nos desafía a cambiar, o por el contrario trae ansiedad, miedo o culpa destructiva. Si fue lo primero, es del buen espíritu y te conduce por la senda que DIOS quiere, sino es del mal espíritu, representado en tu ego y en tus apegos que se resisten frente a la apertura del maestro.

El último grado o etapa de la oración, la cuarta etapa: - Estar “con” DIOS -. Este es máximo grado de intimidad con DIOS, estar en silencio, simplemente disfrutando de la presencia mutua, como dos amigos que se sientan a ver el atardecer sin necesidad de hablar. Es saber que estamos al lado del maestro, mientras descansa y sólo lo acompañamos en todo para “servir y amar”. En este momento no hay palabras para distinguir, es el modo de fusión total donde los pensamientos se desvanecen y se hacen uno con la esencia de tu Creador. Sabrás que DIOS está allí por los frutos en tu vida: si después de orar eres más tolerante, generoso, más amoroso y servicial con los otros, DIOS te he transformado en “otro distinto” dispuesto a encontrarse con el que has decido hacerlo cercano.

¿Cuándo y cómo se sabe que hemos pasado de una etapa a otra? Sólo observa los frutos de tu oración: la voz de DIOS suele invitarte a una paz más profunda y a un mayor amor al prójimo, incluso si te saca de tu zona de confort, o tus propios pensamientos o el “mal espíritu” suelen traer ansiedad, orgullo (creerte “más santo” por cambiar de etapa) o una prisa innecesaria por “avanzar”. Por tanto, no te afanes y dejar que DIOS  trabaje, él sabe qué necesitas en cada momento.

Por tanto recuerda: que no “te gradúas” de una etapa a otra. La oración suele ser como un buceador que baja al fondo del mar (la quietud profunda) pero que a veces debe subir a la superficie (oración activa) por distracciones que se tienen en la dinámica de la vida.

El Editor.

Referencia

Thibodeaux, M. E. (2019). Armchair Mystic: How Contemplative Prayer Will Bring You Closer to God (Nueva ed.). Franciscan Media.