domingo, 16 de junio de 2024

Estado de aprendizaje: El modo superviviencia del hombre moderno

Sobrevivir en el entorno actual implica no sólo contar con los conocimientos y habilidades necesarias para movilizarse y avanzar, sino la capacidad de aprender y cuestionar lo que hemos aprendido. Cuando se presenta una situación novedosa para la cual no tenemos respuesta, lo natural es retraerse y protegerse tratando de dar solución al momento que se presenta con estrategias conocidas que por lo general no funcionan. Mientras más tratamos de solucionar el momento inesperado con lo que sabemos, menos podemos avanzar (Brassey et al., 2022).

Estos momentos requieren que bajemos la guardia, declaremos que “no sabemos”, que “queremos aprender” y busquemos un “maestro” u otras perspectivas que nos ayuden a ver por fuera de nuestros propios saberes. En este nuevo espacio, donde las preguntas surgen, las oportunidades para fallar se habilitan y sobremanera las respuestas resultan sorprendentes, es momento para explorar y descubrir nuevas formas de ver el contexto, para modificar nuestros marcos de decisión y avanzar en la renovación de nuestra forma de enfrentar aquellos momentos que nos sacan de la zona cómoda.

La única forma de crear una nueva realidad es moviéndonos en el incierto y cambiando nuestra orientación, sabiendo que el “error” será la norma particular de este nuevo camino, lo que Edmondson (2023) denomina los “buenos errores”, esos que nos abren para ver aquello que encaja en lo que conocemos, que nos transforma y nos hace avanzar, sabiendo que los resultados no sólo nos darán insumos valiosos para reconocer nuevos caminos, sino que no habrán consecuencia dramáticas que lamentar.

Cuando cambiamos la lectura de la amenaza del incierto, por la oportunidad de aquello que se puede descubrir, no sólo se habilitan nuevas opciones para hacer, sino que el aprendizaje se convierte en la norma que impulsa la forma de reconocer el mundo. No dar un paso en aquello que desconocemos es negarnos la posibilidad de encontrar nuevas formas de comprender, es una encerrarnos en el saber previo que nos prepara para un mundo que sencillamente ya no existe. La evolución del mundo es tan acelerada, que si no renovamos nuestra caja de herramientas no podremos trazar rumbos que nos transformen en otros distintos.

Estar en la zona incierta es caminar y explorar un territorio que cambia de forma inesperada, que reta lo aprendido, que exige aprender algo nuevo para trazar una ruta en medio de un mar de incertidumbres, sin conocer de antemano los resultados y sabiendo que las respuestas serán provisionales. Esta zona demanda el ejercicio de adaptabilidad, agilidad y deconstrucción de lo aprendido. Es lanzarse a navegar con una carta de navegación preliminar, que se afina con el paso de las horas y que deja de ver la orilla como un referente de seguridad. Es el momento no de ser temerarios, sino valientes para transformar nuestras creencias, formas de pensar, pensamientos y sentimientos para alcanzar un nuevo nivel de transformación personal (Brassey et al., 2022)

Mantener un estado de aprendizaje es abrazar la incomodidad del incierto como el nuevo marco para reconocer el entorno y desde allí crear nuevos mapas de conocimiento, que son inicialmente desinstalados de aquello conocido, y desde allí, recomponer la lectura de aquello desconocido como una nueva ventana del saber que expande la vista actual y permite conectar los puntos antes inconexos. Esto implica “no esperar a que pasen las cosas”, sino “hacer que las cosas pasen”, un compromiso personal que fundamentalmente nos transforma en personas que antes no existían.

Referencias

Edmondson, A. (2023). Right kind fo wrong. The science of failing well. New York, USA: Atria Books

Brassey, J., De Smet, A. & Kruyt, M. (2022). Deliberated calm. How to learn and lead in a volatile world. New York, NY. USA: Harper Collins Publishers


sábado, 8 de junio de 2024

Tres palabras y tres capacidades

En el mundo actual tres palabras son claves para prosperar y alcanzar aquello que nos hemos propuesto: aprender, desaprender y reaprender, las cuales se enmarcan en tres capacidades específicas como la adaptación, la flexibilidad y la agilidad. Cuando los seres humanos retan sus propios saberes previos establecen una nueva oportunidad para ver aquello que aparentemente no estaba presente y se abren a la incomodidad del “no saber”.

Aprender es el reto permanente de los humanos. Aquel que dice que terminó de aprender, se marchita y muere. Aprender es tener la capacidad de sorprenderse y explorar aquello que no “encaja” en la mirada tradicional de la ciencia o la lógica. El ejercicio de aprender empieza en advertir aquello que reta lo que sabemos y nos permite contrastar nuestro conocimiento previo para verlo de formas distintas.

Desaprender “no es olvidar lo que ya se sabe, sino reformular lo aprendido y conseguir verlo desde otro punto de vista” (Sánchez, 2023). Este resulta el más importante de los retos, pues la inercia de lo conocido impide que el cerebro quiera salir de su zona cómoda. Es una manera que nuestro procesador trata de ahorrar energía y esfuerzo. Por tanto, desaprender implica deconstruir lo que sabemos, situarlo en el contexto de las novedades y reconectarlo de formas distintas para crear nuevas distinciones y habilitar nuevas oportunidades para conocer y reconocer.

Reaprender es la propiedad emergente que surge del desaprender. Cuando se crean nuevos patrones o puntos de conexión entre los diferentes elementos expuestos de la realidad, se ajusta el conocimiento previo y se incorporan las nuevas propuestas que aparecen del ejercicio de reconectar de formas inesperadas. En este contexto, el reaprender implica apertura para ver conexiones donde no hay y aventurarse a encontrar situaciones que cambien la manera de percibir la realidad.

Cuando el ser humano se embarca en este ciclo ascendente de renovación permanente, habilita y alimenta capacidades claves para avanzar en el logro de sus propios objetivos. La adaptación, la flexibilidad y la agilidad se convierten en los aliados estratégicos que movilizan “el querer” y lo transforman en el “poder”, una triada que cambia los “no se puede” por “exploremos a ver qué pasa”, que mantiene una postura vigilante y motivada para transformar su entorno y así mismo.

La adaptación es el ejercicio de cambio, de ajuste frente a inestabilidades o inciertos del entorno. Es aceptar la incertidumbre como el nuevo normal de la realidad, para pactar con ella y establecer aquellos elementos que permiten trazar nuevos caminos en medio de aquello que no se reconoce con facilidad. Es el ejercicio de desaprender, para buscar alternativas que lo movilicen en medio de lo desconocido para encontrar nuevos archipiélagos de certezas.

La flexibilidad es una capacidad en la que el ser humano es capaz de retar su tolerancia de riesgo. Es reconocer cuál es su límite inferior y su límite superior, para movilizarse y tener capacidad de maniobra cuando las cosas no salen como estaban previstas. La flexibilidad es un ejercicio que demanda conocerse a sí mismo, reconocer el entorno y contar con el conocimiento previo que le permite decidir y actuar. Es apropiarse de lo aprendido y lanzarse a transformar su realidad y lograr victorias tempranas a pesar de los riesgos y retos que se advierten hacia adelante.

La agilidad no es velocidad para actuar, es capacidad para conectar y desconectar los diferentes patrones conocidos del entorno, y establecer nuevas perspectivas para actuar y movilizar esfuerzos. Es el ejercicio de reaprender que demanda una mente abierta al incierto, que se siente cómoda con la inestabilidad y la volatilidad, lo que le permite avanzar en medio de las turbulencias como agente que se mimetiza con los cambios del entorno y sabe cuándo avanzar y cuándo retroceder. La agilidad es capitalizar la sabiduría de aquello que no sale como esperamos, para trazar una ruta totalmente inédita que nos lleva más allá de lo que sabemos.

Las tres palabras y las tres capacidades definen el nuevo equipaje del hombre del siglo XXI, para enfrentar y superar una realidad convulsa, contradictoria y en permanente crisis tanto por los avances como por los conflictos. Así las cosas, no es cómo vas a enfrentar lo que viene hacia adelante, sino cómo te preparas para contar con los conocimientos que requieres para transformar tu presente y crear el futuro que quieres y deseas.

El Editor

Referencia

Sánchez, E. (2023). Cómo desaprender y reaprender: una clave del crecimiento. La mente es maravillosa. https://lamenteesmaravillosa.com/como-desaprender-reaprender/ 


sábado, 25 de mayo de 2024

Riesgos, inciertos y supuestos: la base de la toma de decisiones humanas

Tres elementos mueven las decisiones humanas en la actualidad: los riesgos, los inciertos y los supuestos, tres elementos que están situados en la dinámica de las reflexiones personales y las habilidades para movilizar sus retos y sueños en medio de las inestabilidades y contextos del mundo actual. 

Los riesgos se definen en función de las amenazas, esto es, los posibles adversarios que crean las condiciones o situaciones que pueden afectar o atentar de forma negativa aspectos específicos del ser humano, sus bienes o familiares, en pocas palabras, todo aquello que tiene valor para la persona. En este contexto, es necesario que los seres humanos mantengamos una postura vigilante en el entorno, no sólo para advertir las oportunidades que se generan por las inestabilidades, sino por las amenazas que surgen muchas veces sin percatarnos (Martin, 2019).

Los inciertos son la condición natural del mundo actual, donde no existe correlación entre una causa y sus efectos. Es posible advertir diferentes condiciones en el entorno y no por ellas, se debe esperar un resultado esperado. Entender al mundo de esta forma, es apropiarse de una realidad que se configura como un sistema adaptativo complejo donde existen condiciones cambiantes, comportamientos emergentes y consecuencias inesperadas. Una realidad que tiene propiedades emergentes que no son parte de los componentes que observamos y por tanto, son parte de la dinámica del sistema del cual hacemos parte (Martin, 2024).

Los supuestos son las construcciones cognitivas que hacemos los humanos basados en nuestra historia, nuestros saberes y experiencias previas, que terminan convirtiéndose, muchas veces, en las creencias que usamos para tomar decisiones cuando no tenemos información sobre un reto particular. Los supuestos definen muchas veces nuestras posturas ante la vida, la forma como observamos el mundo y filtramos aquello que no encaja en nuestras definiciones previas. No es posible eliminar los supuestos, pero si retarlos para sacarnos de la zona de lo conocido y lanzarnos a explorar nuevas posturas y realidades (Meyer & Kunreuther, 2017).

Estas tres realidades se conjugan y forman una unidad que se desarrolla en cada ser humano que le permite movilizarse en medio de las tensiones y las realidades inesperadas. La postura vigilante que le permite mantenerse alerta y atento a las tendencias del entorno para prepararse y tomar acción frente a los eventos que pueden ser catalogados bien como amenazas u oportunidades. Esta distinción particular, está fundada en la manera como vemos el mundo, es decir en nuestros supuestos y expectativas, los cuales pueden ser confrontados con otras lecturas del entorno, para revelar formas novedosas de comprender el mundo y explorar posibilidades que hasta ese momento no habían sido identificadas.

Cuando salimos de aquello que conocemos, que es parte de nuestros supuestos y certezas, la incertidumbre aparece y es allí cuando debemos aprender tanto de lo que hacemos como de lo que el entorno nos propone. Para ello, mantener una inteligencia de amenazas que nos muestren posibles adversarios conocidos o desconocidos, para luego diseñar escenarios que revelen que tanto debemos ajustar y mejorar nuestras capacidades para responder frente a evento no identificados, y finalmente, someternos a simular dichos escenarios para reconocer si nuestra preparación es la más adecuada y cómo debemos movernos para avanzar y posicionarnos frente a esas situaciones futuras que aún no ocurren.

Nada ocurre por casualidad, ni todo en el mundo es causalidad, la propiedades emergentes existen y se manifiestan en medio de la dinámica compleja del mundo. Cuando asumimos una postura proactiva y prospectiva de la realidad, es viable mantener una visión anticipada de los hechos, viviendo la realidad vigente, desde donde se construye y elabora el futuro que queremos, sin temor al incierto, superando aquellos supuestos que nos impiden ver las oportunidades y tomando los riesgos necesarios para lograr aquello que queremos, claro está sin ser temerarios y superar aquellos niveles tolerancia que hemos definido de forma tácita desde la realidad de la experiencia propia y los referentes humanos que hemos elaborado a lo largo de la vida.

El Editor

Referencias

Martin, P. (2019). The rules of security. Staying safe in a risky world. Oxford, UK. Oxford University Press.

Martin, P. (2024). Insider Risk and Personnel Security. An Introduction. Oxon, UK: Routledge.

Meyer, R. & Kunreuther, H. (2017). The ostrich paradox. Why we underprapare for disasters. Philadelphia, Pennsylvania. USA: Wharton Digital Press

 

domingo, 5 de mayo de 2024

La mente y sus engaños

La mente humana es un cúmulo de conexiones, representaciones, experiencias y sensaciones que se entrelazan con la historia y creencias del ser humano para darle sentido a la realidad que vive a diario. En este sentido, la mente es una construcción individual que se refina y desarrolla con cada interacción diaria y cada momento de verdad que se tiene en la dinámica de la vida. En este contexto, cada individuo experimenta los engaños de la mente, como esos sesgos y consideraciones que se hacen, algunas veces, aun teniendo información confiable que confirma o contradice aquello que podemos pensar.

La literatura es rica y abundante sobre los engaños que la mente genera por cuenta del entramado que generamos con cada encuentro y relación que tenemos en la vida. Algunas reacciones terminan siendo automáticas, unas más meditadas y otras posiblemente con mayor detenimiento entran a ser escrutadas en los detalles para tomar alguna acción al respecto. En este sentido, los sesgos particulares que cada persona ha desarrollado al final compiten con la información disponible para tomar la acción requerida. En algunos casos los sesgos tomarán ventaja y en otras, la información que se tiene será la protagonista para movilizar los esfuerzos requeridos.

Así las cosas, la mente humana genera una evaluación de pérdidas y victorias de forma relativa y no absoluta, esto es, los individuos situamos y valoramos las acciones respecto de algún punto de referencia (válido para ellos), alrededor de la situación actual o de sus expectativas. Lo anterior significa que cuando se evalúan riesgos, se toman en cuenta los pequeños cambios respecto al riesgo revisado, en lugar de consultar la línea base del nivel de riesgo disponible, lo que puede llevar a sentirse aliviado por reducir un riesgo enorme en una pequeña porción, o excesivamente preocupado por el aumento un riesgo ínfimo (Martin, 2019).

La asimetría natural de esta condición humana establece en algún punto de la reflexión individual el apetito de riesgo que la persona está dispuesta a tomar, esa acción que sabe demanda una posición valiente y calculada (no temeraria y sin previsión) donde se lanza a transformar su entorno actual para alcanzar una nueva posición privilegiada, que le otorga nuevos beneficios, no sin antes pasar por la zona incómoda donde se retan sus propias seguridades y se desafía todo aquello que previamente ha aprendido. Si bien, nada avanza en la zona cómoda, tampoco tomar riesgos de forma inocente y sin reflexión lleva a resultados saludables.

Los seres humanos configuran un cúmulo de percepciones y experiencias que establecen algunas veces obstáculos para movilizarse en momento de crisis, y en otras, son facilitadores del aprendizaje que los llevan a condiciones resilientes, donde son capaces de superar sus propios prejuicios y establecer nuevos referentes de acción y transformación. 

Las amenazas por lo general son más convincentes que las oportunidades (Martin, 2019), por tanto desde las realidades propias de cada persona es necesario retar sus propios supuestos para que rompiendo los engaños de la mente, sean sus propias motivaciones y expectativas las que confronten la realidad, transformen sus miedos y dudas en puntos de referencia que regulen las emociones y mejoren la habilidad de permanecer enfocados en aquello que se quiere alcanzar, a pesar del ruido y las distracciones del mundo.

El Editor 

Referencia

Martin, P. (2019). The rules of security. Staying safe in a risky world. Oxford, UK.: Oxford University Press

domingo, 28 de abril de 2024

El reto de la evaluación: Auténtica, Pertinente y Transparente

En la vida cotidiana, en la vida laboral y en la vida académica el proceso de evaluación con frecuencia genera contradicciones, malestar y cierto nivel de prevención. Todos alguna vez en la vida hemos sido evaluados con el fin de cumplir con un requisito en cualquiera de los contextos donde nos movemos y existimos. La relación evaluador-evaluado está llena de diversos escenarios, condiciones y características que sería imposible abordarlas en una reflexión breve como esta. Por tanto, el reto en estas líneas es explorar algunos elementos de la evaluación como fundamento de la movilización de una persona fuera de su zona cómoda.

La evaluación en sus orígenes estaba fundada en el ejercicio de movilizar a las personas de un momento de su vida a otro, de un nivel de desempeño a otro, una manera para marcar el camino de renovación y transformación para hacer de la persona otra distinta. Con el tiempo la evaluación pasó a ser un distintivo que permite clasificar las personas según un estándar de desempeño. Esto es, aquellas que hacen las cosas mejor de lo esperado, las que hacen lo que se espera y otras que no logran los mínimos esperados. Este ejercicio, termina siendo una manera de recompensar y “motivar” a aquellos que hacen las cosas bien, y darle motivos a los otros para que se superen en sus respectivos desempeños.

La postura actual de la evaluación (como clasificación) genera una competencia, algunas veces sana, orientada al desarrollo del potencial del individuo, y otra malsana, con intereses cruzados entre evaluador-evaluado que terminan afectando la dinámica de las empresas y de las comunidades educativas, privilegiando muchas veces una estrella con desempeño sobresaliente que obtiene todos los reconocimientos, invisibilizando a aquellos que sin romper las barreras establecidas, mantienen su dedicación diaria, trabajo en equipo, disposición para hacer la diferencia y la búsqueda constante de la excelencia.

En este sentido la evaluación debe ser APT: Auténtica, Pertinente y Transparente, como fundamento de la práctica y compromiso tanto del evaluador como de la organización para hacer de la persona otra distinta. Es auténtica, cuando hay un sentido real y claro por parte del que evalúa que la otra persona pueda superar sus propios límites y reconocer los talentos y posibilidades que tiene para hacer la diferencia. Es un ejercicio donde se acompaña y reta al evaluado para que imprima su propia impronta en un área específica para ver más allá de lo que conoce y se lance a explorar en el incierto que proponen sus propias metas.

Es pertinente cuando la evaluación se centra en los aspectos particulares de la persona. Se hace una valoración individual del evaluado para encontrar aquellos elementos que se deben potenciar para que surjan nuevas actitudes y aptitudes para transformarse a sí mismo y a su propia realidad. La pertinencia es un ejercicio de reconocimiento situado de la persona, sus expectativas y retos, para plantearle alternativas de conocimientos y habilidades que debe consultar para darle sentido a sus propias metas, y así superar sus propios temores que limitan su potencial. 

Es transparente cuando tanto evaluador como evaluado se reconocen como partícipes del proceso de construcción de conocimiento y aprendizaje. Cuando ambos son parte del escenario donde se sorprenden mutuamente por el desempeño alcanzado por el evaluado y la experiencia que suma el evaluador desde su perspectiva de orientador del proceso. La transparencia depone intereses creados o beneficios particulares de los participantes, centrando la atención en los retos superados, las novedades identificadas y sobremanera, las conexiones y elaboraciones cognitivas creadas que hacen único y particular el proceso que se ha realizado.

Cada individuo opera en diferentes velocidades, desde diferentes contextos y con diferentes emociones, por tanto, una evaluación real y efectiva deberá privilegiar un resultado igualmente APT: Avanzar, Pensar y Transformar. La evaluación deberá permitirle al individuo avanzar en su propio desarrollo personal y profesional. Debe abrirle la puerta para lograr la disciplina para vencerse así mismo, y trazar la ruta que lo lleve a trascender sus propias metas. La evaluación debe habilitar el pensamiento de la persona, para retar de forma permanente su saber previo y movilizar sus reflexiones hacia espacios donde el incierto no lo paralice sino que lo lance a conquistar nuevas fronteras de conocimiento. 

Finalmente la evaluación debe estar centrada en transformar al individuo. Si la evaluación no le dice nada a la persona ni la mueve para cambiar, esto es, para aprender y sorprenderse de forma permanente, la relación evaluador-evaluado se ha desinstalado de su sentido principal, de la esencia de naturaleza: ser la excusa perfecta para desafiar las fronteras autoimpuestas del ser humano. El ejercicio de la evaluación busca en el fondo situar nuevas realidades en los referentes y creencias profundas del ser humano para llevarlo a nuevos lugares donde todo está por descubrir y los inciertos son parte del nuevo normal de su entorno.

Cuando tengas el rol de evaluador o evaluado, recuerda que ambos son parte de un proceso donde cada uno desde su perspectiva suma para reconocer y superar fronteras; el evaluado procurando una postura incómoda frente a su saber previo proponiendo apuestas que retan aquello que el entorno reconoce y aprueba, y el evaluador, dejando que su experiencia y conocimiento allane las reflexiones de su evaluado, para construir nuevas perspectivas que lleven a nuevos lugares comunes las expectativas de aquel que evalúa, que no es otra cosa, que abrir a la persona un horizonte de posibilidades y no de probabilidades

El Editor.

domingo, 7 de abril de 2024

¿Ver para creer o Creer para ver?

Se habla con frecuencia del refrán “Ver para creer”, el hombre requiere de certezas para poder creer, para evidenciar que las cosas pasan. Sin embargo, muchas veces nuestros sentidos nos juegan una mala pasada, vemos aquello que queremos ver y no lo que realmente ocurre. Así las cosas, no necesariamente lo que “vemos” corresponde a la “realidad”, una realidad que se construye desde la experiencia compartida de los integrantes de una sociedad, que con toda seguridad algunos comparten y otros no. 

En este contexto, los científicos tratan de sugerir a través de consensos de los investigadores que las cosas son de una manera u otra, no obstante puede haber voces disonantes que han logrado demostrar elementos distintos a las reflexiones generales o acuerdos académicos efectuados. En este sentido la frase “ver para creer” no siempre responde a lo que esperamos y por lo general, puede terminar en “autoengaños” que nos lleven a “creer” en aquello que sólo podemos evidenciar en la lectura de lo que “vemos” y que muchas veces no se contrasta con esos que ven cosas distintas y retan nuestro saber previo.

La frase al contrario, “Creer para ver”, es una oportunidad que encuentra su motivación y transformación en el interior de cada persona, es un ejercicio de reflexión interior que está dispuesto a “ver lo que cree” para trabajar por aquello que se quiere y desde allí, saber que el mundo será distinto y podrá darle forma a sus sueños. “Creer para ver”, es abrir camino en medio de lo que “aparentemente no se ve” para establecer nuevos parámetros de la realidad y crear propuestas que se salen de aquello que estamos acostumbrados a ver. Esto es, motivar un desequilibrio óptimo donde la inestabilidad y la estabilidad encuentran su equilibrio dinámico para mantener en movimiento el reto de hacer cosas distintas.

Pensar distinto implica “creer” que es posible cambiar la realidad acordada y “ver” que es viable hacer un cambio que renueve lo que se tiene como status quo. Los que están dispuestos en “Creer para ver” saben caminar en medio de las piedras, las contradicciones y los abrojos, pues saben que concretar algo diferente, requiere la capacidad de recibir críticas (algunas veces destructivas), capitalizar el disenso, mantener estabilidad emocional, cambiar y actualizar posiciones, y sobremanera, desconectar y volver a conectar las ideas para darle forma a aquello que tiene la potencialidad de renovar la “realidad”.

Si el “ver para creer”, puede tener un significado teológico relevante, como se observa en el pasaje de San Juan 20, 19-31, cuando Jesús le dice a Tomás “«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente» (…) Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto»”, el mundo de hoy no sólo demanda evidencias concretas sobre los avances necesarios para darle forma a los retos, sino personas que están dispuestas a “creer sin haber visto”, aquellas que se reconocen como tesoros sagrados de la divinidad, que están dispuestos a salir de su zona cómoda, hacerse otros distintos y hacer que las cosas pasen.

Cuando podemos distinguir los espejismos del mundo que deslumbran y sólo muestran el camino fácil para lograr las cosas, habrá que revisar e indagar lo que hay detrás de esa propuesta, pues como versa la sabiduría popular, “nada que valga la pena termina siendo fácil”. El reto es trabajar de forma inteligente en aquello que queremos transformar, no sólo desde el conocimiento que podemos aportar y construir de forma individual, sino con el apoyo de aliados estratégicos, la sabiduría divina y la pasión interior, que nos lleve desde estamos hoy a donde queremos estar en el futuro.

Recuerde como afirmaba Carl Sagan: “La ausencia de evidencia, no es evidencia de ausencia”.

El Editor


domingo, 17 de marzo de 2024

Mudar la "piel del éxito"

Ningún cambio en la vida está exento de riesgos, de retos y de transformaciones que desafían lo que sabemos. Sin embargo, sin esos cambios no es viable avanzar en el nuevo camino que se abre ante nuestros ojos. Sólo la persona que aprender puede cambiar. Aquel que dice que terminó de aprender, empieza a “morir”, empieza a deteriorarse, a extinguirse en vida. Todo lo que hemos aprendido es un tesoro que nos ayuda a avanzar, pero igualmente puede ser una carga, para poder evolucionar cuando no se actualiza o reta.

Es importante tener momentos de paz y tranquilidad que restauren las fuerzas y renueven la voluntad, pero no acostumbrarnos a la quietud y a la inercia, pues podemos exponernos a una zona de invariabilidad que lo único que hace es debilitar nuestra fuerza y poder interior, donde yace la semilla permanente de transformación y ruptura que sabe que hay un potencial siempre disponible para avanzar más allá de lo somos hoy. El futuro vive en cada uno de nosotros, está en cada uno corresponder con esa promesa de vida que hemos recibido

Avanzar en la vida es una decisión individual que demuestra nuestra valentía y compromiso con nuestros anhelos y sueños, con el reto permanente de transformarnos a nosotros mismos en otros distintos, de encontrar en los otros una oportunidad para trascender desde nuestro ejemplo y nuestra propia historia. Somos sembradores de la vida, semilla de esperanza y poder transformador disponible para todo aquel que quiere ir más allá de lo que ha aprendido, que está decidido a abandonar las zona de los elogios y reconocimientos alcanzados, para mudar la “piel del éxito” y abrir nuevos caminos para reinventarse a sí mismo.

Alcanzar la maestría en una disciplina o arte implica muchas horas de trabajo, esfuerzo, técnica y perseverancia, que si bien muestra la capacidad y dominio de sí mismo, superar la sensación de logro y éxito al alcanzar el potencial esperado, es un proceso que implica ceder el espacio de la cima a otro, esto es, convertirse en un maestro, que usando su propia sabiduría y visión, pueda mostrar alternativas y rutas a todos aquellos que quieren alcanzar su propio potencial. Un maestro realmente comprometido con sus discípulos, no enseña aquello que ellos ya aprendieron, te ayuda a hacerte mejores preguntas para que descubras el camino que te llevará a superar tu propio ego y revelar el camino de la humildad.

El cambio en la vida surge de mantener preguntas sin contestar, sueños sin cumplir y expectativas sin superar. Todo esto permite al hombre mantenerse en una postura de aventura y apertura para encontrar nuevas alternativas para desaprender, para despojarse (y renovar) lo que ha aprendido y revelar la ruta de la sabiduría. 

Una ruta que se alcanza al tomar distancia de sí mismo y verse en perspectiva de su propia vida, agradeciendo a la divinidad la oportunidad de vivir intensamente cada momento y sobremanera tener la bendición de mantener una vida con propósito, una vida que se define y entrega para sembrar, sabiendo que el sembrador no verá ni recogerá los frutos, que sólo lo hace por el placer de haber sembrado bien y así cumplir su propia misión: darse a sí mismo por los otros.

El Editor