Con frecuencia en diferentes conversaciones de profesionales se escuchan dos palabras que aparentemente pueden sonar equivalentes: felicidad y éxito. Dos palabras que de alguna forma se convierten en objetivos a perseguir en el desarrollo de la vida de una persona, algunas buscan felicidad, otras éxito y aquellas que buscan las dos. En este sentido, se presenta a continuación una breve reflexión para entender de qué se tratan y si en algún punto son conceptos que pueden converger en la dinámica de un ser humano en la sociedad moderna.
Una primera aproximación a la felicidad, está alrededor de sentirse bien, de vivir bien, ese camino que se recorre desde dentro de la persona, hacia su entorno. Desde el punto de vista filosófico es una forma de vida, un actuar conforme a la razón y la excelencia moral. Desde la vista psicológica hablamos de un bienestar subjetivo que busca un equilibrio entre la satisfacción vital y el afecto positivo, un ejercicio de salud mental y resiliencia. Desde el punto de vista humanista, la felicidad está en alcanzar el máximo potencial y encontrar un sentido trascendente a la existencia (Séneca, 2013; Csikszentmihalyi, 2008; Frankl, 2015).
Por otro lado, el éxito es un concepto multidimensional que le llega al hombre de afuera hacia adentro, como una construcción propia del entorno que no sólo lo reconoce sino que lo valida frente a variables relevantes de la tendencia del momento. Desde el punto de vista profesional, el éxito implica influir, innovar y dejar un legado en el área de trabajo, hacer la diferencia mostrando sus capacidades únicas y que son reconocidas por las estructuras de poder y control de la organización. Desde el punto de vista económico, se traduce como libertad financiera, una herramienta para comprar tiempo y seguridad. En la perspectiva social, como capital social que se define por su red de contactos (a quién conoces) y cómo lo percibe la comunidad. A nivel personal, es el sano equilibrio entre trabajo y descanso, ese que es capaz de gestionar el estrés, mantener vínculos sanos y disponer de tiempo de ocio (Diener & Seligman, 2004; Lyubomirsky et al., 2005).
¿Dónde convergen los dos conceptos? Cuando el éxito se encuentra con el propósito fundamental de la vida de una persona, la felicidad aumenta; y cuando la felicidad aumenta se proyecta en cada actitud y expresión de la vida, mostrando una vida equilibrada y sana, que se traduce en éxito. El resultado es un estado de autorealización que no se puede explicar sino desde la perspectiva del ser interior, donde se crea una amalgama entre lo espiritual y lo humano, que conecta con el referente sagrado, donde el hombre abandona sus propias fuerzas y se deja llevar por la sabiduría divina para fundirse en ese querer y no en el suyo.
¿Cuándo divergen los dos conceptos? Cuando se privilegia lo que llega de afuera hacia adentro y el hombre se deja seducir por las comparaciones con otros, lo que crea un estado de necesidad interior que no se agota con elementos materiales, reconocimientos o premios, creando una espiral de agotamiento y cansancio que lleva a un estado de depresión, soledad y angustia que no termina. Este camino lleva a un deterioro interior, una experiencia de intranquilidad e infelicidad que debilita la esencia del ser humano, dejándolo expuesto a las modas, tendencias y exigencias del momento, olvidando lo fundamental que es su propio potencial, su salud mental y su reflexión interior y racional.
¿Cuándo se complementan los dos conceptos? Tener éxito permite contar con los recursos básicos y el balance emocional necesario que permiten recorrer y fortalecer el camino interior que lo hace uno con su DIOS, ese que busca no sólo la realización personal, sino ser habilitador para que otros alcancen sus propios sueños. Mientras que la felicidad implica ser luz y sal, un ejercicio de “saber y sabor”. Un saber que ilumina el camino, para ver más y mejor, y un sabor, que descubre al otro como verdadero otro, para abrazar los proyectos de aquellos desconocidos como experiencia de transformación personal y social, un voluntariado que no busca reconocimientos sino “hacer que las cosas pasen”.
La felicidad y el éxito son dos lados de una misma moneda, de una vida vivida con intensidad interior y sentido exterior. Dos conceptos que mirados de forma integral revelan la esencia del hombre moderno que vive con la ferocidad de los cambios y transformaciones, y que al mismo tiempo, se retira hacia su interior para descubrir la esencia de lo que no se ve y allí encontrarse con la fuente de su propia existencia: DIOS mismo.
El Editor.
Referencias
Csikszentmihalyi, M. (2008). Fluir (Flow): Una psicología de la felicidad. Editorial Kairós.
Diener, E., & Seligman, M. E. P. (2004). Beyond money: Toward an economy of well-being: Toward an economy of well-being. Psychological Science in the Public Interest: A Journal of the American Psychological Society, 5(1), 1–31. https://doi.org/10.1111/j.0963-7214.2004.00501001.x
Frankl, V. (2015). El hombre en busca de sentido. Editorial Herder.
Lyubomirsky, S., King, L., & Diener, E. (2005). The benefits of frequent positive affect: does happiness lead to success? Psychological Bulletin, 131(6), 803–855. https://doi.org/10.1037/0033-2909.131.6.803
Séneca, L. A. (2013). Sobre la felicidad. Alianza Editorial.