sábado, 30 de diciembre de 2023

Un nuevo amanecer, un nuevo acontecer

Termina un año lleno de retos e inestabilidades globales. Un mundo lleno de contrastes, contradicciones y tensiones se advierte para los próximos 366 días que pronto comienzan. Todos debemos estar atentos para atender eventos no previstos y escalamientos inesperados de los conflictos actuales y otros latentes. La humanidad está en medio de un nuevo amanecer de pugnas y luchas por nuevas supremacías globales, novedosos medios tecnológicos e inéditos bloques de alianzas no tradicionales (que no son necesariamente amigos). 

Esta nueva realidad donde lo que vemos no es lo que parece, está ahora influenciada por los medios sociales, por las noticias y despliegues de los “influenciadores”, una nueva suerte de participantes que tienen la capacidad de mover multitudes como cardúmenes de peces siguiendo una visual expuesta por una figura, donde no hay mayor capacidad de discernimiento, ni contraste, sólo vinculación afectiva y efectiva con contenidos muchas veces sin fondo ni sustancia.

Hoy es necesario desarrollar pensamiento crítico, estrategias para aprender/desaprender y capacidad de resiliencia. Es necesario moverse desde el presente hacia el futuro o futuros que deseamos. No es momento para mantener o sostener un status quo, es tiempo de transformarnos a nosotros mismos, para avanzar en medio de los retos que se avizoran en el horizonte. Es momento de confrontar nuestra zona cómoda y avanzar en territorios desconocidos y allí experimentar y encontrar nuevas fuentes de inspiración y acción.

El nuevo año que inicia debe ser la mejor inversión en aprendizaje, innovación y transformación personal y digital, para encontrar nuevas maneras de entender y sensar el entorno, para identificar aquello que nos hace distintos y crear ventajas competitivas, para reconocer en el otro una oportunidad para crecer juntos y sobremanera, un espacio de reconciliación entre todos frente a aquellos que sólo alimentan el discurso del odio, la manipulación informativa y las tensiones sociales desde las tribunas físicas y digitales. Este nuevo ciclo de la tierra alrededor del sol debe llevarnos a un viaje hacia nosotros mismos para encontrarnos y reconocer al otro como verdadero otro.

Cuando amanezca el nuevo año que nos encuentre dispuestos en cuerpo y espíritu, para entender las nuevas señales del mundo, para surfear las olas de inestabilidad que aparezcan y aprovechar las oportunidades que de ellas puedan surgir. Que sigamos abiertos para reconocer aquello que nos permite transformar nuestra vida y que seamos ocasión de transformación para otros. Este nuevo año no puede pasar desapercibido en nuestra propia vida, debe ser un año que nos eleve hacia nuevas metas y nos acondicione para superar nuestras propias expectativas.

El año que inicia sea para cada uno de nosotros un espacio de reflexión personal, espiritual y familiar, para entender que es desde las diferencias donde se construyen nuevas identidades y acuerdos, que es desde los desencuentros donde se establecen y renuevan los conceptos actuales, que es desde las contradicciones donde encontramos oportunidades y ventanas de aprendizaje inesperadas, y que es desde nuestros propios temores e inciertos, donde podemos sacar lo mejor de nosotros mismos para transformar el mundo y hacer realidad aquello que siempre hemos soñado.

El Editor. 

sábado, 31 de diciembre de 2022

Un nuevo ciclo: Oportunidades sin fronteras

Termina un ciclo más de la tierra alrededor del sol. Un ciclo con aprendizajes/desprendizajes, logros, intentos y retos superados. Nada ha pasado por casualidad. Todo lo que hemos vivido en este año ha tenido un propósito superior, prepararte para las nuevas bendiciones que la Divinidad tiene para ti. Terminar un momento en la historia de la humanidad, es abrir uno nuevo, una nueva esperanza y nuevas ilusiones. Cerrar un año, es revisar las nuevas experiencias adquiridas e integrarlas a la “caja de herramientas” para fortalecer aquello que nos hacía falta o que se debía ajustar.

El nuevo año no es otra cosa que la ejecución de un plan que se define en la eternidad y se modifica y concreta en nuestra realidad. Es la puerta al querer del “Dueño de la vida” y disponer los medios que nosotros los humanos facilitamos para que se haga realidad ese querer supremo. Cuando dejamos que el brillo de la divinidad vibre en nuestro interior se transforma todo lo que tocamos y vemos, pues la fuerza de lo Alto se traduce en todo a nuestro alrededor.

El nuevo año es una experiencia por descubrir, un camino que recorrer y una serie de eventos por aparecer. Cada evento que tengamos en 2023 será una manera de mantener y fortalecer nuestras habilidades, de compartir o construir con otros, y sobremanera, una forma de hacernos uno con el plan de aquello sagrado en el cual creemos. Este nuevo año debe ser una oportunidad para descubrir quiénes somos y de qué somos capaces, pues sólo así podemos explorar y superar nuestros propios temores, y dar testimonio de la fe que profesamos y los sueños que perseguimos.

Al terminar es año, que la literatura ha llamado de transición pospandemia, nos quedan  muchas lecciones y múltiples retos hacia adelante. Las lecciones como humanidad que aún no acabamos de entender de una pandemia que está lejos de terminar, donde nos debemos mirar más como humanos y cercanos, donde los países más poderosos hicieron sentir su condición y donde los regímenes totalitarios y dictatoriales disfrazados de ovejas, terminan sometiendo a los más pobres y menos educados con promesas que saben no podrán cumplir.

Los retos como personas que somos están en nuestra forma de reconocer nuestro entorno, de sentirnos parte de algo superior, de estar conectados con los demás a través de diferentes momentos, situaciones y contextos. Cuando aprendamos a identificar y experimentar la perspectiva ecosistémica de la vida, se abrirán nuestros ojos a la dinámica del mundo donde todos sumamos y construimos la sociedad y el mundo. Nadie es menos o más importante en este proceso, pues cualquiera desde su propia realidad será capaz de transformar su entorno para enriquecer la vista dinámica del ambiente con sus propios dones y logros.

Terminar estos 365 días de viaje de la tierra alrededor del sol, nos debe advertir sobre la necesidad de transformarnos como humanidad, de reconocernos como seres necesitados y frágiles que tenemos diferentes necesidades y retos, para continuar el viaje en la construcción de nuestra propia historia, esa que deberá ser contada en primera persona por cada uno de nosotros como testimonio concreto y real de los compromisos que hemos asumido para transformarnos en otros distintos, y hacer del nuevo viaje de la tierra alrededor del sol, una metamorfosis permanente del cuerpo y el espíritu, y así abrir las alas de la imaginación a un mundo de oportunidades sin fronteras.

sábado, 27 de agosto de 2022

Incertidumbre: El reto de hacerse "un otro distinto"

Recientemente revisando literatura sobre la prospectiva y escenarios futuros, la palabra que aparece de manera reiterada es la incertidumbre. Cuando se pregunta a las personas qué es la incertidumbre, muchos contestan: “no saber algo”, “encontrarse con algo desconocido”, “desconocimiento de la situación”, entre muchas otras. Si notamos en estas respuestas tienen como base el conocimiento, es decir, que entre mayor información y detalles tengamos de la situación estaremos liberados de “aquello” que nos produce inestabilidad e incomodidad: “el no saber”.

Para algunos académicos la incertidumbre es el “estado de indeterminación entre una causa y sus efectos” (Rosa et al., 2014), es la fuente fundamental que lleva a la generación de riesgos. Es aquello que genera “temor”, “susto” y muchas veces, inestabilidad personal, colectiva o empresarial, la cual debe ser limitada o restringida para volver al estado de estabilidad deseada y requerida para tomar las decisiones más adecuada. Lo que la literatura llama “decisiones informadas”, donde se conocen los riesgos en los que se van a incurrir y sus impactos, y desde allí mover las acciones que son necesarias.

La incertidumbre pareciese el enemigo a vencer. Se entiende como algo negativo, no deseado y por tanto, es una situación o estado que hay que evitar o limitar en la medida de lo posible. Sin embargo, nada más distante y contrario a lo que se requiere en la actualidad. Ningún barco logra llegar a su destino, sin separarse y dejar de ver la orilla. No es viable avanzar en los retos y sueños sin lanzarnos a explorar y navegar en el incierto. No existe avance ni transformación sin avanzar en medio de la ruta de la incertidumbre. Es un requisito salir de nuestra zona cómoda y conocida, para retar lo que hemos aprendido y así plantear alternativas que nos lleven a donde nadie ha ido antes.

Bien afirma Furr & Harmon Furr (2022, p.23) "No sólo necesitamos la incertidumbre para introducir la sorpresa, el cambio y el entusiasmo en nuestras vidas, sino que la incertidumbre puede ser el único camino hacia las posibilidades con las que muchos de nosotros soñamos. Las posibilidades de incertidumbre son fácilmente rechazadas, ya que implican aún más incertidumbre y más de lo desconocido, pero son más satisfactorias y pueden cambiar la vida. Suelen llegar sólo después de enfrentarse a lo desconocido y, en lugar de echarse atrás, el reto es vivirlas como una posibilidad".

Poder avanzar en aquello que queremos, implica navegar en el incierto. Esto exige “transferir lo aprendido a nuevos contextos, desconectar lo que sabemos e incorporar los aspectos desconocidos para transformar y visualizar nuevas oportunidades”.  Lo anterior es “un proceso permanente para desaprender, o mejor reaprender, modificar lo previamente ya aprendido, volviendo sobre ello” (Pozo, 2013). Si esto es así, sólo es posible vencer la inercia de lo conocido y tranquilo, lanzándonos a recorrer rutas distintas que cuestionen nuestro saber previo y así, motivar la transformación de la realidad.

Sólo tomando riesgos (manejando nuestra ansiedad y preocupaciones propias de esta decisión), entendiendo el “error” como parte del proceso y no como resultado, es cómo podemos salir de nuestra propia zona de seguridad para conquistarnos a nosotros mismos y potenciar nuestras capacidades personales (Rogers, 2021). Aprendiendo desde el hacer, repensando nuestras herramientas cognitivas y profesionales, y acompañados de mentores y comunidades de conocimiento, es como se abren nuevas oportunidades y transformaciones, donde lo que inicialmente era imposible, hoy es una posibilidad para crear un cambio conceptual e individual que te hace "un otro distinto".

Referencias

Furr, N. & Harmon Furr, S. (2022). The upside of uncertainty. A guide to finding possibility in the unknown. Boston, MA. USA. Harvard Business Review Press.

Pozo, J. I. (2013). Aprendices y maestros. La psicología cognitiva del aprendizaje. Madrid, España: Alianza Editorial.

Rogers, J. (2021). The hidden edge. Why mental fitness is the only advantage that matters in business. West Sussex. UK.: John Wiley & Sons.

Rosa, E., Renn, O. & McCright, A. (2014). The risk society revisited. Social theory and governance. Philadelphia, Pennsylvania. USA: Temple University Press.


sábado, 12 de junio de 2021

Riesgo, miedo y error

En el contexto de un mundo cada vez más volátil, incierto, complejo y ambigüo, tres palabras aparecen con frecuencia en el vocabulario de las personas: riesgo, miedo y error. Tres palabras que circundan la mente de los seres humanos, algunas veces para inmovilizarlo y otras motivarlo. Tres palabras que tienen una carga emocional alta, que es importante reconocer para mantener nuestra capacidad de acción en medio de lo desconocido y la incomodidad que implica recorrer un camino inédito.

La palabra riesgo en su etimología base “viene el italiano “risicare”, que significa desafiar, retar, enfrentar, atreverse” (Mejía, 2017, p. 30), que dista de la perspectiva latina al entenderse como peligro, prueba, tentativa, lanzarse al peligro. Esta palabra, explora en el ser humano su capacidad para reconocer el entorno, establecer aquello que le interesa y que quiere mantener a pesar de la materialización de aquellos eventos que no se ajusten a sus propósitos. Un riesgo es una oportunidad que se debe calibrar desde los retos personales y un desafío que abre ventanas de aprendizaje para avanzar al siguiente nivel. Recuerde que en la vida siempre hay riesgos: el riesgo de actuar e incomodarse y el riesgo de no actuar y estar cómodo.

La palabra miedo tiene su fundamento en el latín “metus”, que provoca perturbación del ánimo por eventos próximos y reconocidos por nuestra psiquis como amenazantes de nuestra integridad física. Mientras el temor, originario del latín “tímeo”, que anticipa un daño futuro, expresa una lectura interna de los eventos que termina en la construcción de un imaginario personal que puede o no estar ajustado a la realidad. Estas dos palabras están vinculadas a la lectura individual de la realidad, al nivel de información e interpretación de la misma frente a nuestras creencias. Recuerde que en la vida hay que estar dispuesto a abandonar lo que uno es (soltar las amarras) para convertirse en lo que puede ser (transformarse en aguas profundas).

El error, esa condición particular que no se ajusta a lo inicialmente planeado, es otra de las condiciones y características que hacen del hombre su verdadera esencia, ser humano. En este sentido, lo que se denomina “error” no es otra cosa que la oportunidad permanente para ver aquellas cosas que no se veían antes, una ventana de aprendizaje que reta lo que se ha asimilado previamente y no conformarse con ello. Los retos y las caídas en la vida son la preparación para el logro, una experiencia de encuentro personal que saca al hombre su zona cómoda. Recuerde que en la vida no se mejora por azar, tu vida mejora cuando cambias, cuando aprendes.

Estas tres palabras resumen de alguna manera las restricciones autoimpuestas que no permiten al hombre salir a conquistar su realidad y darle forma a sus sueños. En este contexto, no se debe esperar a tener todas las respuestas para tomar las acciones que se requieren, sino actuar para transformar nuestra actitud y elegir aquello que cambia la perspectiva de la vida para poner en movimiento el talento que se ha recibido. De esta manera, el riesgo nos permite atrevernos a caminar, el miedo nos libera de nuestras ataduras y el error nos mantiene en el rumboRecuerde que en el mar de incertidumbres e inestabilidades, los que siguen intentando son los que terminan avanzando, trazando caminos novedosos que crean posibilidades, allí donde otros sólo ven probabilidades. 

El Editor.

Referencias

Mejía, R. (2017). Administración de riesgos. Un enfoque empresarial. 12 Reimpresión. Medellín, Antioquia. Colombia: Fondo Editorial Universidad EAFIT 


domingo, 30 de mayo de 2021

Competencia & Posverdad

Estamos en un momento del mundo donde lo cierto parece falso y lo falso cierto. No hay peor mal para una comunidad que la difusión acelerada de una verdad a medias. Estamos en la era de la posverdad. Una era donde no son los hechos y los datos lo que se privilegian, sino las opiniones y los sentimientos, como fundamento de los imaginarios que se crean en la sociedad. 

Cuando se interroga “la opinión” desde una vista distinta a la que fue concebida, no hay espacio para el diálogo y exploración de diferentes vertientes, sino una respuesta cerrada propia de las tribus y los soldados que sólo leen “la verdad” desde aquellos que están alineados con sus propias ideas. Este tipo de comportamientos crean divisiones y desarrollan emociones nocivas que terminan creando grandes brechas de comunicación, donde el encuentro y la colaboración parecen ausentes (Nogués, 2018).

En un mundo como el actual donde el reto permanente es competir, imponerse sobre el otro, lograr vencer al oponente y superarlo de forma amplia y contundente, como lo menciona Dávila y Maturana (2021) en su más reciente publicación “La Revolución Reflexiva”, estamos expuestos a la lógica del conquistar y dominar, donde unos ganan y otros pierden. Esta lectura de la sociedad, no deja espacio para reconocer al otro como “verdadero otro”, para poder establecer puentes de conexión y ver alternativas distintas a la de “mi propia verdad”.

Esta perspectiva que ha marcado la historia de la humanidad nos ha dejado mal ubicados en la prospectiva de nuestro futuro, dejando una honda huella de destrucción e inestabilidad que sigue siendo atravesada por nuestros propios sesgos y no nos permite romper el ciclo vicioso de competir, ganar y triunfar, donde se acrecientan los egos, se insiste en el concepto de superioridad y sobremanera, se socava y elimina la oportunidad de explorar alternativas con otros. Bien dicen los que insisten en esta postura, que la historia la cuentan los ganadores.

Cambiar esta dinámica voraz de acaparar, de logros y posiciones dominantes globales, implica generalmente cambiar la forma como cada uno de nosotros ve el mundo. Es un ejercicio que implica deponer nuestras defensas intelectuales que soportan el modelo y abrir la posibilidad para declarar que no sabemos y abrirnos a aprender “quiénes somos”, “qué queremos” y “cómo avanzamos”. Pasar la página de la competencia, para darnos la oportunidad de escribir una nueva basada en la colaboración y la cooperación es un desafío que no va de palabras y discursos, sino de acciones y obras que hablen de la ruta “con corazón” que queremos emprender (Dávila & Maturana, 2021).

Ver más allá de nuestras zonas particulares de control, y pasar la hoja de “mi realidad”, implica transformar una postura de reflexión lineal y focalizada con visión de túnel, por una circular y de espiral ascendente de exploración y aprendizaje, donde las relaciones conocidas y emergentes tienen cabida, con el fin de habilitar un espacio para descubrir qué hay más allá de nuestros saberes, y así fundar un nuevo discurso que se diseña desde la reconstrucción colectiva de experiencias y oportunidades, donde todos los que participan hacen parte de la vista integrada que se elabora.

Así las cosas, las tendencias que soportan la posverdad, no sólo perderán fuerza, sino que buscarán refugio en alternativas menos efectivas, menos creíbles y más visibles, que las harán aparecer con frecuencia en el radar de las reflexiones colectivas, con el fin de identificarlas y limitar sus impactos, y así crear una estrategia de defensa que demore y disuada a sus promotores en su propósito de confundir, posicionar y manipular aquello que se quiere posicionar como “verdad”.

Referencias

Nogués, G. (2018). Pensar con otros. Una guía de supervivencia en tiempos de posverdad. Buenos Aires, Argentina: ABRE|El Gato y la Caja.

Dávila, X. & Maturana, H. (2021). La revolución reflexiva. Una invitación a crear un futuro de colaboración. Santiago de Chile, Chile: Editorial Planeta Chilena S.A.

domingo, 9 de mayo de 2021

¿Qué es la estabilidad?

Se habla frecuentemente de “estabilidad monetaria”, “estabilidad emocional”, “equilibrio de mente y cuerpo”, de una condición que parece ser ideal para encontrar el punto medio que permita el balance deseado en una temática específica. La estabilidad que se busca en muchos de los temas no es estática, sino dinámica. La estabilidad exige cambios, transformación, algo paradójico cuando lo que se quiere es tener “tranquilidad y seguridad”.

Quien busca “estabilidad laboral” tratando de encontrar un lugar donde pueda tener certeza permanente y claridad de lo que tiene que hacer y entregar, terminará deteriorando y marchitando su potencial, su capacidad de aprendizaje y generando una espiral descendente peligrosa que le genera apego, incierto y pérdida de oportunidades en medio de los inciertos e inestabilidades que tendrá a lo largo del ejercicio de su cargo. Quien busca estabilidad laboral muchas veces terminará diciendo que tiene “X años de experiencia” cuando posiblemente lo que ha pasado es que tiene “X años haciendo lo mismo”.

La estabilidad es un ejercicio de comportamiento y reflexión sistémica que inicia con un cambio, con una transformación que se genera por cuenta de un aprendizaje, de una situación que lo ha sacado de la zona cómoda. Un momento en el cual el hombre se sorprende e interroga su saber previo, un contexto distinto que se asoma por cuenta de la suspensión del ejercicio cotidiano de realidad. Cuando esto ocurre, se encuentran nuevas razones para pensar y aprender, se descubren potenciales ocultos y se renueva la caja de herramientas personal.

La estabilidad que se quiere lograr, implica reconocer todo el tiempo los desbalances y retos del entorno, para encontrar puntos pivote de apoyo que actualicen las reflexiones previas y permitan conectar puntos que antes aparecían inconexos. Es una relación circular que se expande cuando existe exceso de certezas y se contrae cuando se llevan al límite los inciertos. En la medida, que podamos encontrar y mantener un ritmo de conexión con la dinámica del ambiente, de igual forma será posible sorprendernos y aprender lo que se requiere para motivar los cambios y alcanzar nuevamente la estabilidad.

La estabilidad implica que debemos cruzar el umbral de lo conocido y caminar en la zona de lo desconocido para identificar puntos relevantes que permitan superar los sesgos humanos naturales, y así definir las nuevas reglas que actualicen la carta de navegación más allá de los límites previstos. La estabilidad es el ejercicio de estirar una liga, sabiendo cuánto apetito de riesgo está dispuesto a tener, para moverse en medio de las adversidades y aprovechar las capacidades que ha podido incorporar y perfeccionar en otros momentos de volatilidad.

Cuando piense en estabilidad, recuerde que se trata de modelar el comportamiento de un ecosistema donde el hombre existe y se moviliza. Una lectura de flujos interminables de aprendizajes, sorpresas y descubrimientos que le permiten encontrarse a sí mismo y con los demás, no como un participante más, sino como un punto referente en una malla interconectada de saberes, retos, intentos, participantes, productos, servicios e intereses que cumplen ciclos acelerados de evolución y renovación, que exige la misma habilidad que se necesita al “manejar una bicicleta”, parafraseando a Albert Einstein: hay que estar en movimiento todo el tiempo para mantener y alcanzar un balance.

El Editor

viernes, 23 de abril de 2021

Verdaderamente resilientes

Revisando un artículo publicado en el año 2002 en la revista Harvard Business Review sobre qué características o condiciones tiene una persona resiliente se afirma que:

“… una persona será verdaderamente resiliente cuando tiene: 

  • una aceptación firme de la realidad,
  • una profunda creencia, a menudo respaldada por valores muy arraigados, de que la vida tiene sentido, y
  • una asombrosa capacidad de improvisación” (Coutu, 2002).

Si analizamos en detalle cada una de ellas, en el escenario actual, podemos establecer algunas acciones concretas que nos permiten movernos mejor en medio de las inestabilidades e inciertos que plantea la nueva realidad en la que vivimos y así superar el superávit de futuro que sólo crea angustia y desesperación.

Es claro que debemos aceptar que tenemos una emergencia sanitaria internacional asociada con un agente biológico adverso, cuyo origen aún es desconocido, que evoluciona rápidamente y que reta de forma acelerada las investigaciones más recientes asociadas con el desarrollo de las vacunas disponibles. Por lo tanto, mientras no se cuente con una inmunización general habrá que mantener de manera permanente las medidas de autocuidado y el aislamiento preventivo voluntario hasta donde sea posible, buscando repensar las formas de vivir y trabajar en un escenario incierto, pero no por eso, amenazante o de miedo, sino de prevención y acción para ajustarnos a la dinámica vigente.

Esto no será posible si cada uno, desde su referente sagrado, no encuentra su lugar común de encuentro con lo trascendente. Ese sitio de silencio interior, donde se nutre la esencia de lo que no se ve, para movilizarnos desde la certeza de lo que se espera, desde la fuerza de la esperanza y desde la acción comunicante del amor. Reconocernos necesitados y asistidos por la fuerza de lo invisible, permite encontrar en el incierto una oportunidad para liberarnos de los temores y habilitar la confianza que habita en nuestro ser, para transitar de la desinformación y la angustia, a la tranquilidad de los que esperan lo mejor y se mueven en esa misma dirección.

Si hemos concretado las dos acciones previas, es momento de activar nuestro lado derecho del cerebro, la creatividad, el ejercicio de liberarnos de nuestras restricciones autoimpuestas para impulsar, no probabilidades, sino posibilidades; encontrar nuevos lugares comunes desconocidos, abrir nuevos caminos, repasar otros con diferentes perspectivas o lentes, con el fin de ver las potencialidades que tenemos y que hemos ignorado por mucho tiempo. Improvisar no es sacar algo de la nada, sino capitalizar los saberes que hemos adquirido para conectar diferentes puntos que antes estaban desconectados.

Así las cosas, si logramos movernos en estas tres características que detalla el artículo de Harvard, es posible que la emergencia sanitaria internacional termine siendo el detonador de aquellas capacidades escondidas, el impulsor de los proyectos parqueados, el activador de los retos suspendidos que están esperando este momento para materializar la transformación que se necesita para avanzar al siguiente nivel al que estamos llamados

Ser resiliente, es aceptar que fuimos creados para navegar en aguas profundas, creer que somos capaces de cambiar la realidad y que somos depositarios de la magia de la creatividad para ver y transformar el mundo.

La resiliencia es una palabra que más allá de las connotaciones especiales y sofisticadas que se le quieran dar, es una expresión de la condición natural que todos los seres humanos tenemos, que es la de sobreponernos a las adversidades, encontrar respuestas donde otros encuentran problemas y de vivir plenamente con lo que tenemos, para caminar día a día en el ejercicio del caminante de Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Referencia

Coutu, D. (2002). How Resilience Works. Harvard Business Review. https://hbr.org/2002/05/how-resilience-works