domingo, 5 de agosto de 2018

Tres momentos y tres retos: la esencia del cambio

Si bien el cambio, es la norma de las organizaciones y de las transformaciones en general, es importante comprender la dinámica que esto implica para movilizar y asegurar las nuevas promesas de valor que se irán a concretar. De acuerdo con Brown (2009) tres momentos y tres retos definen la innovación y los cambios en las organizaciones.

Los tres momentos hacen referencia a la inspiración, la ideación y la implementación, y los tres retos correspondientes son factibilidad, viabilidad y deseabilidad. Cada uno de ellos serán detallados a continuación desde la lectura de la reinvención personal frente a un entorno que demanda cambios y nuevas competencias para mantenerse encimas de las olas.

El primer momento es la inspiración. La inspiración es la motivación, esa situación problemática que demanda una estrategia concreta para ser enfrentada. La inspiración es la conexión que existe entre los desafíos del entorno y las expectativas de las personas. Una persona inspirada, no es aquella que se eleva y se pierde en el tiempo y espacio, sino aquella que logra conjugar curiosidad y concentración en el mismo escenario, para lograr revelar opciones antes desconocidas y dar cuenta de la situación que se le propone.

La ideación, se concibe como el proceso de generación, desarrollo y prueba de ideas. Este segundo momento habilita al ser humano a disponer un escenario de experimentación que le permita aprender y desaprender luego de cada “error”, entendiendo éste último como parte natural del proceso de conocer y descubrir aquello que está más allá de los saberes previos y que implica salir necesariamente de la zona cómoda para quebrar el status quo.

El tercer momento es la implementación, el cual establece el camino de la propuesta concreta probada en el laboratorio y validada en la mesa de proyectos, hacia el mercado objetivo con el fin de crear nuevas experiencias en los clientes. La implementación es la fase definitiva que hace realidad una idea y se convierte en una promesa de valor para un grupo de interés, de tal forma que es éstos están dispuestos a pagar por hacer realidad la misma en sus experiencia de vida.

Estos tres momentos concretan la esencia del aprendizaje, que no es otra que romper con lo establecido, para encontrar formas alternas de reconectarlo mas allá de las necesidades identificadas, y así crear oportunidades en aquellas preferencias profundas del mercado que no están siendo bien atendidas.

Estos tres momentos tienen tres retos concretos, que permiten aterrizar la esencia del espíritu emprendedor y motivarlo a visualizar y actuar para no sucumbir al primer intento.

La factibilidad, como esa característica que hace funcionalmente posible la propuesta en futuro no muy lejano. Esta característica demanda de las personas un ejercicio de evaluación de la operación de lo que se sugiere, con el fin de explorar cómo se puede comportar la misma en un entorno real de trabajo.

La viabilidad, establece la sostenibilidad del modelo de negocio que se plantea alrededor de la propuesta. Es establecer los recursos especializados y difíciles de copiar que separan a la empresa de sus competidores, las transacciones que vinculan a la empresa con sus socios, clientes y participantes del ecosistema y cómo se crea valor con los recursos y las transacciones identificadas materializada en una narrativa.

La deseabilidad, que está relacionada con aquello que hace sentido a las personas y por las personas. Establece la conexión emocional que se configura entre el producto, las expectativas del clientes y la funcionalidad del mismo. Es un ejercicio de crear un entorno relevante para los imaginarios de las personas, que permitan encontrar lugares comunes que cambien su percepción actual por una nueva, inédita e inexplorada.

Estos tres momentos y sus tres retos, nos recuerdan que las ideas son valiosas, la creatividad una capacidad clave y la innovación, una manifestación necesaria. En este contexto, no podemos quedarnos en la zona cómoda, y por tanto, hay que salir a navegar en aguas profundas, manteniendo el norte, con distracción focalizada y mucha resiliencia para superar las tempestades y así celebrar en las horas de “eureka”.

Referencia
Brown, T. (2009) Change by design: how design thinking transform organizations and inspires innovation. New York, NY. USA: HarperCollins Publishers.

sábado, 28 de julio de 2018

Escuchar: Habilidad, Capacidad y Competencia

Escuchar, un verbo que muchas veces nos negamos a conjugar en la vida diaria, parece ser que cada vez más se convierte en una actividad necesaria para sobrevivir y avanzar en un mundo donde el ruido y el afán se consolidan como normales para los seres humanos. Revisar el concepto de escuchar, nos remite a una reflexión sobre la esencia de lo que significa la palabra: ¿es una habilidad? ¿es una capacidad? o ¿una competencia?

Cualquiera que sea la respuesta, se darán elementos que concretan el escuchar en cada una de las preguntas planteadas. Cuando definimos la habilidad, hablamos sobre el desarrollo y aplicación de una metodología o técnica, que con la práctica diaria se logra llegar a un nivel de maestría que puede ser evidenciado en un hacer concreto.

Para poder escuchar es necesario desarrollar la habilidad de encontrarse con el otro, de asumir una postura amable y cercana, de tal forma que, el interlocutor encuentre el espacio propicio para entrar en comunicación con la otra persona. Escuchar, no es sólo sentarse y percibir las palabras de la otra persona, sino de destreza personal, corporal y emocional para leer y descubrir las experiencias, retos y necesidades del otro, como una oportunidad para crecer y aprender sobre sí mismo, desde la generosidad de su próximo que se abre a vivir la presencia de la otra persona.

Cuando hablamos de una capacidad, se habla de condiciones personales para aprender y cultivar distintos campos del conocimiento; de esa disposición humana para enfrentar los inciertos y los retos intelectuales, que da cuenta de la flexibilidad y facilidad con que un ser humano se reinventa a sí mismo frente a los escenarios de la vida. En este sentido, escuchar es una capacidad, es un movimiento y moción interior, una disposición interna del hombre, que con su mirada y silencio interior, es capaz de desnudar la “conversación paralela” que las palabras ilustran, mientras el cuerpo danza sobre la esencia de la emoción interior no revelada.

Si lo anterior, no fuese suficiente, entender el escuchar como una competencia, es entrar en los espinosos terrenos educativos, donde las posturas sobre el tema, son diversas, con grandes tensiones y aireados debates. Teniendo esto claro, la definición que se usará en esta reflexión se aleja de aquellos que la entienden asociada con el desempeño de una persona al realizar una actividad, y la reivindica como un saber situado, que refleja una interacción compleja entre los conocimientos previos, aquellos que se aprenden y los que se aprenderán.

Si escuchar es una competencia, implica el reconocimiento de dos personas que buscan encontrar lugares comunes para descubrirse a sí mismos, enriquecerse en la manera como conocen su entorno y establecer nuevos linderos de aprendizaje donde cada una incorpora nuevas experiencias y saberes, basado en un acuerdo de colaboración, que es explícito o implícito en la relación que se plantea entre dos sujetos. En pocas palabras, escuchar es un acto de aprendizaje donde se abre cuerpo, mente y emoción para construir distinciones y estructuras mentales antes inexistentes.

Así las cosas, escuchar es una habilidad, que debemos perfeccionar como técnica y método que nos permita una mayor facilidad de conexión con el otro. Es una capacidad, que debemos potenciar para tener mayor plasticidad y decisión frente a los aspectos inestables e inciertos de la vida y así, prepararnos para acompañar a otros, y finalmente una competencia humana, que yace en nuestro saber ser, saber hacer, saber convivir y saber aprender como un reto permanente que nos exige reconocer al otro en un contexto particular, para así, descubrir más, saber más, entender mejor y convivir más.

El Editor

Referencias consultadas:
(Sin autor) Competencias, Aprendizaje Significativo y Aprendizaje Situado. Recuperado de: http://lettbaso132.blogspot.com/2008/09/competencias-aprendizaje-y-aprendizaje.html
Mulder, M., Weigel, T. & Collins, K. (2007) The concept of competence in the development of vocational education and training in selected EU member status: a critical analysis, Journal of Vocational Education & Training, 59 (1), 67-88 

sábado, 21 de julio de 2018

Incertidumbre: espacio de posibilidades

La incertidumbre es una característica propia del entorno, y una realidad concreta en cada una de las personas. Quieran o no, la incertidumbre siempre estará rondando sus actividades y sus retos, como esa presencia vigilante y detonante de tus mejores capacidades, cuando se trata de liberar tus propios miedos y asumir el reto de dar un paso, en medio de lo que aparentemente no conocemos.

Se quiera o no, los seres humanos viven en un rango de probabilidades, pero mejor, aún en un espacio de posibilidades. La incertidumbre por defecto produce angustia, desesperación e incomodidad, pues el ser humano está acostumbrado a la certidumbre y la concreción de escenarios que sabe que puede manejar y conoce de antemano. Sin embargo, es en el incierto, donde es posible liberar la ansiedad; cuando el hombre es capaz de aceptar sus limitaciones y reconocer sus virtudes, podrá llenarse de razones para saber de qué está hecho y retarse para superar sus propias marcas.

La incertidumbre siempre ha sido la responsable de muchas decisiones calificadas por “algunos” como inapropiadas, audaces por “muchos” y visionarias por “otros”. Dichos criterios de calificación responden a marcos conceptuales desde donde cada persona mira el mundo, y por lo tanto, son relativos a cada realidad humana. Es decir, el criterio dependerá del reto que cada ser humano está dispuesto a asumir como la cuota de aprendizaje y renovación que le exige la vida para ganarse el derecho a alcanzar el siguiente nivel.

La incertidumbre crea un escenario compartido entre la realidad y la imaginación. Mientras las cegueras cognitivas privan al hombre para ver ángulos distintos de su entorno, la imaginación habilita espacios de reflexión inéditos para su análisis. En este sentido, se hace necesario explorar desde la imaginación, con sentido positivo, posibilidades que no se han contemplado antes, contrastando dichas condiciones, frente a las capacidades disponibles en el momento y frente a aquellas que se requieren desarrollar.

La incertidumbre no es un juego de azar que aparece y desaparece sin razón aparente, es una tendencia propia del entorno que se manifiesta, en palabras de Charán (2015), como rarezas, inconsistencias y contradicciones, las cuales deben ser identificadas y leídas, como insumo para avanzar y proponer alternativas que hagan del “incierto”, una oportunidad para crear incentivos y motivaciones, que quiebren el status quo y revelen aquello que no era posible ver previamente.

Cuando la incertidumbre trata de dominar los pensamientos del hombre, deberá saber que se enfrentará a las acciones con propósito, a la vocación y el sentido trascendente del ser humano, que estará dispuesto a encontrarla y desafiarla en su propio terreno. Nada más cierto que, un hombre decidido, empoderado, abandonado en la divinidad y con propósito superior, es capaz de sobrepasar sus propios miedos y superar el umbral de la desesperanza que le plantea la incertidumbre.  

Así las cosas, cuando la incertidumbre se revele en la vida, no la combata con su propias armas, muéstrele que es capaz de construir escenarios tan retadores como los que ella propone, para superar los imaginarios del “error” y construir la ruta impensada, que destruye el miedo, aumenta la confianza y renueva la fe: el reto de ser sal del mundo y luz para las naciones.

El Editor

Referencias:
Charan, R. (2015) The attacker’s advantage. Turning uncertainty into breakthrough opportunities. New York, USA: Perseus Books Groups.


domingo, 15 de julio de 2018

Reinvención personal: Un ejercicio de aprendizaje profundo


Uno de los grandes retos que tiene la educación en la actualidad es que los estudiantes alcancen un aprendizaje profundo, es decir aquel que construye conocimiento en el interior de cada individuo, que es capaz de crear distinciones nuevas desde su propia experiencia y que sorprende e incomoda su saber previo y el de otros.

De acuerdo con Richards (2018) el aprendizaje profundo viene de explorar, cuestionar y usar las ideas (aprender haciendo – proyectos, laboratorios, experimentos), de abrir espacios para la imaginación que conecte las habilidades de las personas, sus motivaciones y sus retos, con el fin de aprender rápidamente de aquellas cosas que no salieron como se planearon y reinventase rápidamente para volver a intentar.

Aprender de forma profunda, significa ensayar y capitalizar lecciones de cada experimento, aumentar la capacidad de reflexión y crear puentes inexistentes entre conceptos o dominios de conocimiento antes inexplorados. Aprender implica necesariamente intentar diferentes caminos, encontrar salidas inesperadas y callejones sin salida (aparente). En este sentido, aprender de forma profunda, no implica que no se tengan momentos de incomodidad, al contrario, son esos instantes los que muestran que se avanza por el camino más interesante para romper con el statu quo.

En consecuencia, el aprendizaje profundo es un camino de desafíos personales que se plantea en medio de un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo, donde luego de cada acción realizada, lo que tenemos son datos y experiencia acumulada para pensar sobre las decisiones que se han tomado para llegar hasta este punto. Es entender, que tenemos cegueras cognitivas que nos impiden ver un fenómeno y que debemos encontrar diferentes puntos de vista para reconocerlos, entenderlos y superarlos.

Cuando se entiende que aprender implica necesariamente caminar por rutas inciertas y atreverse a experimentar en sitios o lugares inesperados, claro está con arreglo a una vista de juicio ético y de valores sociales acordados, es posible superar la “emocionalidad” que implica no cumplir con lo esperado y transformarla en aprendizajes significativos, que generen nuevas motivaciones para seguir intentando.

Aprender de manera profunda significa en palabras de Fox & Pollack (2017) “juzgar tanto el éxito como el error no por sus resultados, sino por la calidad de las decisiones tomadas”, así como, por los cambios en las estructuras internas del pensamiento y las reflexiones humanas que sacan al individuo de la zona cómoda y lo lanzan a crear nuevas conexiones más allá de su saberes previos.

En este sentido, el aprendizaje profundo implica una honda conexión con la intimidad del hombre, en la esfera de lo cognitivo y lo trascendente que busca hacerse nuevas preguntas, para continuar explorando nuevas respuestas. Un proceso que implica una práctica espiritual, experimental y mental para reinventarse a sí mismo, desde los hechos de sus acciones, el reconocimiento del otro y la visualización de su propio futuro. Es decir, mantenerse en modo aprendizaje, como norma de vida que entiende “la falla” como una forma de reconocerse necesitado, abierto a las oportunidades y crear en perspectiva desde la sabiduría del error.

El Editor

Referencias
Richards L. D. (2018) Changing the Educational System: The Bigger Picture. Constructivist Foundations. 13(3): 331–333. Recuperado de: http://constructivist.info/13/3/331.richards
Fox, O. & Pollack, J. (2017) The net and the butterfly. The art and practice of breakthrough thinking. New York, New York. USA: Penguin Random House LLC.

sábado, 30 de junio de 2018

Aprender a desaprender


Se habla con frecuencia tanto en el ámbito educativo como en el empresarial que una de las competencias más importantes de los individuos debe ser “aprender a aprender”. Esta afirmación se funda en la necesidad tanto de las organizaciones como de la persona, para mantenerse vigente en medio de los cambios e inestabilidades que el mundo actual presenta, así como una forma en que la persona se reinventa y se valida frente sus propios retos.

Si vemos el desarrollo de esta competencia, desde la vista educativa, se encuentra que el “aprender a aprender” “implica la capacidad de reflexionar en la forma en que se aprende y actuar en consecuencia, autorregulando el propio proceso de aprendizaje mediante el uso de estrategias flexibles y apropiadas que se transfieren y adaptan a nuevas situaciones” (Díaz & Hernández, 2002, p.234). Una postura que se concentra en el proceso cognitivo y consciente del ser humano que busca cómo ajustarse a las condiciones del entorno y superar sus propios sesgos frente a sus saberes previos.

En el escenario empresarial, esta competencia implica “hacerlo de forma sencilla y práctica”, es decir, un ejercicio donde “se cuenta con la información para entender donde están las situaciones problemáticas, se empodera a las personas para que tomen las mejores decisiones y se motivan para que usen sus habilidades y cooperen, teniendo en cuenta los circuitos de realimentación que advierten de manera directa las consecuencias de sus acciones” (Morieux, 2011). Esta lectura se concentra en la capacidad de la personas para reconocer la dinámica de la organización, encontrar formas diversas de comprenderla y establecer posturas diferentes que repiensen el hacer organizacional.   

Las dos visiones demandan que tanto organización como individuo privilegien un “aprendizaje dinámico” (Staats, 2018), que supere el aprendizaje continuo que se espera en los diferentes sistemas de gestión conocidos. En este contexto, el aprendizaje dinámico, reclama un aprendizaje discontinuo, que lleva necesariamente a un “aprender a desaprender”, esa competencia que favorece el compartir conocimiento, desconectar el saber existente, fallar de forma inteligente, tener más preguntas que respuestas, concentrarse en el proceso y no en el resultado, aprovechar las fortalezas individuales, asociarse con otros y transferir conocimiento entre diferentes dominios del saber. (Ver figura 1)

Figura 1. Competencia - Aprender a desaprender

En mundo cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo, el “aprender a desaprender” será una competencia que permita, no sólo encontrar nuevas fuentes de valor para las organizaciones, sino motivar y descubrir el potencial de las personas para alcanzar todo aquello que se han propuesto. Desarrollar, el “aprender a desaprender”, exige crear una espiral ascendente de conocimiento, que procura una vista transdisciplinar del mundo donde cada individuo, desde su particularidad, suma a un propósito superior abandonando la zona cómoda del mundo disciplinar, donde la imaginación tiene pocas posibilidades para florecer.

Cuando “aprendes a desaprender”, no existen “verdades absolutas en el mundo conocido”, sino respuestas parciales, que son inherentes a condiciones y experiencias de tiempo, modo y lugar, las cuales definen los marcos de reflexión que son expuestos (¿o impuestos?) y que debemos comprender para superar nuestras propias limitaciones cognitivas y prácticas de la manera como entendemos el mundo hasta ese momento, sin olvidar los referentes éticos y transcendentes que guían la esencia misma de la experiencia humana.

Referencias
Díaz, F. & Hernández, G. (2002). Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. México, DF: McGraw-Hill.
Morieux, Y. (2011) Smart Rules: Six Ways to Get People to Solve Problems Without You. Boston Consulting Group. Recuperado de: https://www.bcg.com/publications/2011/smart-rules.aspx
Staats, B. (2018) Never stop learning. Stay relevant, reinvent yourself, and thrive. Boston, MA. USA: Harvard Business Review Press.

sábado, 9 de junio de 2018

Recursos EDiRP


Dice la teoría de la empresa, que lograr un modelo de negocio ganador implica contar con recursos Especializados, Difíciles de copiar, Raros y Preciosos (EDiRP) (Bock& George, 2018, p.59) (Ver figura 1).

Los especializados tienen que ver con aquello que la organización desarrolla basado en su conocimiento, que es capaz de combinar de manera original para lograr un producto o servicio totalmente diferente. Los difíciles de copiar, que se conciben desde una manufactura única o a través de procesos específicos, que le dan una característica particular al producto final o servicio.

Los raros, tienen que ver con conocimiento inusual o habilidades únicas, que una vez aplicados se tiene como resultado una experiencia inédita para los clientes. Los preciosos están asociados con el ejercicio de clasificar los recursos disponibles: aquellos que son más valiosos que otros, privilegiando esos que hacen la diferencia en el cliente y concretan la promesa de valor de la empresa.


Figura 1. Recursos EDiRP

Te has preguntado ¿cuáles son esos recursos EDiRP que hacen de tu vida un “negocio” exitoso? Cuando tenemos conciencia que la vida en un reto permanente para hacer la diferencia en los demás, es clave saber qué es aquello que nos permite dejar nuestra impronta única en el mundo.

Por un lado nuestros saberes Especializados, establecen las bases sobre la cuales leemos, construimos, conectamos y desconectamos los elementos de la realidad. Una búsqueda permanente de aprendizajes y desaprendizajes, que nos mantiene fuera de la zona cómoda, conquistando nuevas fronteras de comprensión de aquello que suponemos debemos conocer.

De otra parte, las diferentes vistas disponibles para comprender los retos y asumirlos, establecen ese recurso difícil de copiar. La actitud y la experiencia aplicada en diferentes entornos, sectores y situaciones, permite elaborar una lectura holística del entorno. Una identificación de las relaciones más relevantes que habilitan acciones dirigidas y orientadas a dar cuenta de la esencia de la situación problemática.

Una habilidad especial, una postura novedosa o una apuesta fuera de lo común, configura ese halo de singularidad (de rareza), que permite contar con una ventaja competitiva en su marca personal. Lo que se configura como raro, debe sorprender al cliente y llevarlo por caminos insospechados para que cree su propia aventura, su propia versión de la historia.

Todos estos recursos, si bien son claves y relevantes para nuestro escenario de actuación, habrá unos más relevantes o valiosos que otros. El momento, las circunstancias, las variables PETLAS (políticas, económicas, tecnológicas, legales, ambientales y sociales) hacen que algunos de ellos tengan mayor o mejor lectura que otros. En este sentido, lo valioso se funda en cómo podemos combinar los recursos disponibles, para ganar la mayor ventaja competitiva en contextos cada vez más distintos y cambiantes.

Cuando logramos incorporar, desarrollar, actualizar y reinventar los recursos EDiRP en el ejercicio de la vida, podemos advertir una existencia llena de oportunidades y retos, de situaciones inusales que tensionan nuestra visión del mundo, de lecturas inciertas de la realidad y sobremanera, descubrir que tenemos un “modelo de negocio” único, que ha sido cargado de recursos EDiRP y nos corresponde, con la luz de la divinidad, descubrirlo y potenciarlo.

El Editor

Referencia
Bock, A. & George, G. (2018) The business model book. Design, build, and adapt business ideas that thrive. Harlow, UK: Pearson.

domingo, 3 de junio de 2018

El hombre: Innovación y creatividad


Recientemente vuelve nuevamente a la escena la ya conocida reflexión sobre la relación entre creatividad e innovación. Para algunos, la creatividad tiene connotaciones asociadas con pensar distinto, con una mirada divergente de la realidad (Zuleta & Zuleta, 2017) y para otros, como Ackoff (1997), aquella de liberarnos de las restricciones que el mismo ser humano se autoimpone y experimentar las consecuencias de haberse liberado.

Por otra parte, retomando las reflexiones de Fernando Flores (2013), la innovación es “la emergencia histórica de nuevas prácticas que modifican o desplazan a otras ya existentes y que se encarnan en artefactos o en maneras de relacionarnos u organizarnos”, mientras para los más ortodoxos es el resultado de la ecuación entre “Ciencia + Tecnología + Creatividad”, donde se homologa el ser innovador con el uso ingenioso de la ciencia y la tecnología.

Estas dos posturas para cada uno de los conceptos, revela los encuentros y desencuentos de los científicos, cuando se plantea una revisión convergente de estas dos expresiones del ingenio humano. Lo creativo nace en la mente humana y la innovación es una expresión materializada de esa creatividad, que puede o no ser comercializada. Así las cosas, si algo es creativo, no es necesariamente innovador, pero si algo es innovador, si necesariamente responde a una manifestación de la creatividad.

En línea con la postura de Flores (2013), la innovación genera un quiebre en las prácticas históricas vigentes, creando un punto de inflexión que tensiona los saberes previos hasta ese momento, abriendo una nueva espiral de conocimiento que desconecta los puntos conocidos, genera nuevas apuestas hasta el momento desconocidas y establece una manera inédita de conectarlos y llevarlos a la realidad.

Los negocios digitales como son entre otros Amazon, Netflix o Uber, responden a la dinámica de la innovación, cuando cambian las reglas históricas relativas a comprar en una tienda, ir al cine o tomar un taxi. En este sentido, más allá del acto creativo que tuvieron sus creadores, la magia de esta nueva revolución, está en la manera como cambian las prácticas vigentes por nuevos normales que retan el statu quo en sus diferentes dominios para dar cuenta con una realidad distinta y ahora digitalmente modificada.

En lectura espiritual, cada ser humano es único, especial e irrepetible, la expresión manifiesta de la creatividad de la divinidad: una apuesta de confianza, amor y fe, que entrega en su criatura, las llaves de la creación para ser extensión de su sueño y crear las nuevas dinámicas de la historia de la humanidad. El hombre frente a esta responsabilidad no puede ser inferior y debe mantener una conexión permanente con este mandato, que no es otro que el ser fieles administradores de la vocación y el querer de su Creador.

En este contexto, el ser humano es al mismo tiempo innovación y creatividad, una fusión de entendimientos y saberes, muchos de ellos más allá de su comprensión, que libera a la humanidad de su visión huérfana en la historia, y lo dota de nuevas condiciones de hijo y elegido, que le permiten ser heredero de las primicias de sus Creador. Esto es, explorar y trascender las cosas materiales conocidas, para elevarse y alcanzar nuevos momentos de suspensión de la realidad, donde no existen apreciaciones buenas o malas, sino experiencias significativas que pueden cambiar o no, el estado del arte de su propia lectura de la vida.

El Editor

Referencias
Flores, F. (2013) Orientaciones estratégicas. Surfeando hacia el futuro. Chile en el horizonte 2025. Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad. Disponible en: http://www.cnid.cl/wp-content/uploads/2013/05/Surfeando-2013.pdf
Zuleta, N. & Zuleta, C. (2017) La creatividad en 7 verbos. Bogotá, Colombia: Intermedio Editores.
Ackoff, R. (1997) Cápsulas de Ackoff. Administración en pequeñas dosis. México, México: Noriega Editores. p.117-120