sábado, 24 de junio de 2017

La fatiga del "competir"

Estamos viviendo momentos históricos de la humanidad, desarrollos que muchos quisieron ver y no pudieron. Somos testigos de transformaciones positivas y de intereses cruzados que buscan ser protagonistas y tener “control” de una realidad, dominada aún, como en la antigüedad, por los recursos naturales y las presiones políticas, o mejor hoy denominadas geopolíticas.

Pareciera que como humanidad no hemos aprendido la lección que nos ha legado la competitividad, entender al otro como competencia o rival, como contrario que debo doblegar o conquistar para mostrar que tengo supremacía y dominio. Bien anota Maturana, que “la competencia no es ni puede ser sana porque se constituye en la negación del otro”. Competir es un ejercicio de preparación individual para superar las mejores condiciones del otro o aprovechar sus limitaciones para lograr una victoria personal.

Las teorías de administración vigentes a la fecha han recabado en insistir que el competir y diferenciarse es parte de la forma natural como las empresas y las personas deben “prepararse” para superar los retos y contradicciones del entorno. Una postura que, si bien ha permitido motivar transformaciones interesantes y movilizar a muchos fuera de su zona cómoda, poco a poco se ha venido debilitando para dar paso a una visión diametralmente distinta.

La fatiga del “competir” está siendo ocupada por la apuesta del “colaborar”, del sumar voluntades y habilidades para tener una mejor forma de construir un futuro conjunto. Entender esta nueva postura implica que reconocemos en los otros, elementos claves que son relevantes y pertinentes, para observar y desarrollar una lectura enriquecida de la realidad, que busca comprender y tejer un sentido de nuestro entorno más inclusivo y menos exclusivo.

Co-laborar implica trabajar en conjunto para construir un saber enriquecido, una forma de creación conjunta de significados, donde la supervisión no está en una persona, sino en la consistencia natural de los retos y actividades que permiten alcanzar un aprendizaje significativo para todos los participantes (Barkley, Cross y Major, 2012). En este sentido, la colaboración es una oportunidad para compartir y construir nuevas capacidades, más allá de adquirir un conocimiento: conquistar una oportunidad.

Mientras el paradigma de la competencia nos ha permitido entender y superar las expectativas de personas o grupos de personas, la colaboración es capaz de crear sentido y significado en una comunidad alrededor de una vista común y de retos conjuntos, los cuales no solo hacen diferencia en ese conglomerado, sino que se expande a otros.

Co-laborar permite hacer evidente las responsabilidades de las personas que participan; se construye una red de compromiso fundada en una perspectiva común, donde no existe ni tu ni yo, sino un nosotros que se ha desarrollado desde una lectura comunitaria, desde un saber cognitivo que en últimas es un saber subjetivo, un saber de equipo situado en un entorno de cambio permanente.

En pocas palabras, las teorías administrativas deberán evolucionar para concretar una nueva distinción, donde las nuevas exigencias de racionalidad nos permitan sumar saberes conjuntos e implícitos, donde los competidores que logran metas grandes y retadoras, se traducen colaboradores que comparten sueños y esperanzas de forma conjunta.

El Editor.

Referencia

Barkley, E., Cross, K. P. y Major, C. (2012) Técnicas de aprendizaje colaborativo. Manual para el profesorado universitario. Segunda edición. Madrid, España: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, España – Ediciones Morata.

domingo, 18 de junio de 2017

Transformaciones aceleradas

Estamos en un momento de transformaciones aceleradas, de revoluciones personales e industriales, que manifiestan el espíritu de cambio en la humanidad. Contradicciones, inestabilidades y algunas veces, sin sentidos, alertan sobre las nuevas lecturas que estamos y vamos hacer de la dinámica social y humana. En este sentido, somos producto del aprendizaje, del cambio de comportamientos que experimentamos cada vez que “suspendemos la dinámica de nuestra realidad”.

Si “el aprendizaje no se puede diseñar” (Gros y Mas, 2016, p.66) dado que pertenece al ámbito de la experiencia y de la práctica, la sociedad, consciente de esta misión y reto de supervivencia, debe anticipar “el proceso que deberá seguir cada uno de sus participantes”, para seleccionar aquellos contenidos que son de interés y relevancia, con el fin de organizarlos, para motivar el aprendizaje de sus miembros, como una capacidad para cuestionar su propia realidad y construir distinciones que no existían previamente.

Si “solo se aprende cuando aparece un comportamiento nuevo” (Barreda, 1995, p.1), la pregunta es ¿cuáles son los comportamientos que requerimos para mantener el desarrollo asimétrico y armónico al mismo tiempo en el contexto social? En otras palabras, ¿qué aprendizajes debemos alcanzar para desconectar nuestras preconcepciones existentes y así incorporar nuevas formas de ver el mundo, nuevos patrones de comportamientos que eleven nuestro nivel de entendimiento de lo social y lo humano como prerrequisito de las sinergias sociales requeridas para transformar la realidad?

El aprendizaje se nutre de la esencia de la incertidumbre, de los fundamentos de lo inestable, de la dinámica de lo volátil y de la lectura de lo ambiguo. El aprendizaje no está diseñado para mantenerse en la zona de lo cierto y conocido, es una nave que demanda zarpar a aguas profundas para concretar una adaptación inesperada, con el fin de tomar decisiones mejor informadas y así adelantar intervenciones educativas que sean el punto base de cambios de comportamientos que revelen cuanto hemos aprendido.

Así las cosas, el entorno se encarga a diario de crear nuevas visiones y espacios de trabajo, para proponernos el desarrollo de capacidades alternas que anticipen los nuevos inciertos, esas oportunidades que retan nuestros conocimientos previos y así, compartir experiencias renovadas de lo conocido, en medio de lo inesperado, como ese patrón de diseño que aparece para proporcionar una nueva experiencia de vida.

Aprender de la dinámica actual del mundo demanda una exigencia de racionalidad y de creatividad. Una racionalidad para conectar problemas reconocibles con soluciones probadas, una racionalidad para comprender en profundidad las características de objetos de interés y sus posibles explicaciones, una racionalidad que asume la causalidad como forma natural de comprender su entorno.

Así mismo la creatividad, como una oportunidad para liberar el pensamiento de lo racional y pensar en lo inesperado e inestable; como una función que descubre características inexploradas de los objetos y como una epistemología que desafía la causalidad como la única forma de comprender los fenómenos actuales.

Recuerde que, todas las transformaciones llevan consigo aprendizajes y cambios, renovaciones que quiebran el status quo de las cosas. Por tanto, si quieres estar alineado con las transformaciones globales, recuerda que debes alcanzar maestría como buen aprendiente, esto es, disposición y apertura para creer y experimentar, así como disciplina y confianza para volver a empezar.

EL Editor.

Referencias
Gros, B. y Mas, X. (2016) ¿Cómo aprender en red? En Gros, B. y Suárez-Guerrero, C. (eds) (2016) Pedagogía red. Una educación para tiempos de internet. Barcelona, España: Octaedro-ICE Universidad de Barcelona. 55-75
Barreda, R. (1995) Aprendizaje. La función de educación en la empresa moderna. Madrid, España: Conorg, S.A.

domingo, 11 de junio de 2017

El ser y la cuarta revolución industrial

Los acelerados avances tecnológicos establecen retos para los seres humanos, retos que nos hablan de pérdida de empleos, mayor individualidad, suplantación de personas por robots, entre otros, que llaman la atención sobre la tensión que existe entre el desarrollo tecnológico y el desarrollo humano y social. La llamada cuarta revolución industrial alerta a muchos y emociona a otros, una realidad que no es posible detener como esencia natural de la necesidad del hombre para hacer las cosas de formas distintas.

Las evoluciones tecnológicas se han agilizado en los últimos cincuenta años. Mientras de la primera a la segunda revolución industrial y de la segunda a la tercera, la humanidad tomó más de un siglo en alcanzarlas, esta última ha tomado menos de medio siglo. Una evolución apresurada del mundo por alcanzar mayores niveles de desarrollo y bienestar para la sociedad y dar el salto cualitativo y cuantitativo de una mayor conquista de la naturaleza y la prevalencia de la ciencia y el conocimiento sobre la materia.

Evolución de las Revoluciones industriales 
(Traducción libre: Gráfica en plantillas de PresentationLoad)

Cada vez que la humanidad enfrenta un salto tecnológico, social, político o económico, se presentan ganadores y perdedores, un resultado propio de las sociedades que viven compitiendo por los recursos, fundadas en las elaboradas reflexiones económicas que nos hablan de cómo alcanzar riqueza material para mantener un nivel de vida que asegure un mejor bienestar para todos.

Esta nueva revolución industrial asistida de “redes de humanos, máquinas y cosas”, establece una nueva frontera para la humanidad e inaugura una nueva forma de interacción social: personas-cosas, cosas-personas, cosas-cosas. Este contexto digitalmente modificado, amplia la visión de la vida como la conocemos hoy, donde las tecnologías inteligentes comienzan a ganar espacios como referentes “cognitivos” que nos asisten en las decisiones del diario vivir.

Estamos pasando de una era digital a una era cognitiva, una era donde se quiere tener más respuestas en poco tiempo, más capacidad de reflexión y sobremanera mayor capacidad para anticipar tendencias hacia el futuro. Esta necesidad del hombre de avanzar y anticipar, demanda mayores exigencias de procesamiento y aprendizaje, que las propuestas recientes asociadas con inteligencia artificial están capitalizando con desarrollos tecnológicos que muestran sus bondades en problemas concretos como la salud, predicción del tiempo, la seguridad nacional, entre otros.

Así las cosas, las habilidades y capacidades humanas y profesionales que se requieren para asumir el reto de la transformación hacia lo cognitivo, pasa por una recuperación del ser individual y único que somos, por la lectura transversal del mundo que reconoce las relaciones vigentes y emergentes de la vida, por el fenómeno trascendente que la tecnología no logra explicar ni experimentar, como el sello indeleble de la humanidad que se resiste a perderse en la magia de las innovaciones tecnológicas.

La cuarta revolución industrial deberá considerar al SER como su apoyo fundamental para lograr las transformaciones que tiene previstas, sin él, sólo será un movimiento científico-tecnológico con muchos desfiles de modas, que sólo dejarán vacíos en la implementación de poderosas innovaciones, con pocas y nuevas conquistas humanas y muchas ganancias empresariales y ejecutivas.

El Editor

domingo, 4 de junio de 2017

Vida espiritual: Pedagogía del movimiento

En un mundo acelerado y permanentemente en movimiento pareciera que no hay espacio para la vida espiritual, para pensar en lo trascendente. En un escenario de vida donde el tiempo pasa de ser un recurso que se administra, a un implacable tirano que te esclaviza; donde el trabajo pocas veces se configura como una oportunidad para vivir a plenitud una vocación, sino como ocasión para conseguir lo necesario para lograr sobrevivir, estamos transitando por un peligroso borde de abandono personal y “cosificación” del ser que nos anuncia un inminente retroceso en la evolución humana.

Vivir una vida espiritual plena es una apuesta por la experiencia de la libertad (Santos, s.f.), la necesidad de discernimiento permanente de lo que ocurre, para encontrar sentido en todo lo que hacemos y superar las manipulaciones del entorno, que conectan nuestras sensaciones, gustos y emociones con imaginarios que sólo buscan concretar una vida basada en el consumo.

La vida espiritual más que una mirada permanente de lo religioso, es una propuesta que no soporta la imitación servil de otros (Santos, S.f), sino la exigencia de ser auténticos, centrados y fieles a la esencia de lo que somos. Una oportunidad permanente para descubrir aquellas relaciones que se relevan cuando permanecemos en contacto con nuestra interioridad y la riqueza que de allí se nutre. Ser espiritual es poner en práctica el ser único que soy, para construir y co-laborar con otros, teniendo como declaración mis propias limitaciones y como riqueza mis propios aprendizajes.

Ser espiritual es forjar la voluntad y mantener la visión que nutre la vocación, el ejercicio reiterado de vencimiento de nuestras propias “tendencias” hacia la “inacción”, que permite mantenernos en movimiento, en esa búsqueda constante de nuestros propios linderos intelectuales, espirituales y humanos, con el fin de desafiar lo conocido y alcanzado, para partir nuevamente hacia aguas profundas donde nuevamente estaremos expuestos a lo incierto e inestable, para que madure nuestra fe y convicción desde aquello que es invisible a los ojos humanos, contradictorio para el mundo y sin sentido para muchos.

La espiritualidad ha sido mal entendida y confinada a un imaginario apocado, rezandero y de inactividad, que compromete su verdadero sentido y valor (Ávila, s.f.). La espiritualidad es todo lo contrario, es una pedagogía del movimiento, donde todo el tiempo se exige a sí misma para vivir una existencia plena: una donde los retos y los desafíos se vuelven parte natural de su reflexión; una donde la oración es una dinámica de relación personal con lo sagrado, como una conversación abierta entre amigos y colegas; una donde se ejercita toda la maquinaria transcendente interna que conecta nuestros sueños, vocación y habilidades para transformar nuestro entorno.

La vida espiritual, por tanto, es un marco de acción personal que anticipa (se prepara para asumir los inciertos), mantiene (conserva la esencia de lo que somos), recupera (restaura los fundamentos propios de la vida ante condiciones adversas) y evoluciona (ajusta y actualiza los fundamentos de la vida frente a condiciones adversas actuales o futuras) (Bodeau y Graubart, 2013) en todos los momentos de la vida, como garante de nuestra estabilidad personal, como fuente inagotable de aprendizaje, que nos invita a estar en conexión permanente con aquello que no vemos, pero experimentamos en cada instante de nuestras vidas.



El Editor.

Referencias
Santos, F. (s.f.) La vida espiritual. Recuperado de:  http://es.catholic.net/op/articulos/33303/cat/902/la-vida-espiritual.html
Ávila, P. (s.f) La vida espiritual del laico. Recuperado de:  http://es.catholic.net/op/articulos/19436/cat/753/la-vida-espiritual-del-laico.html

Bodeau, D. y Graubart, R. (2013) Cyber Resiliency and NIST Special Publication 800-53 Rev.4 Controls. Mitre Technical Report. MTR130531. Recuperado de: https://www.mitre.org/sites/default/files/publications/13-4047.pdf

domingo, 28 de mayo de 2017

Anticipar los retos del futuro

Estamos en una realidad acelerada de cambios y transformaciones que muchas veces no logramos entender o anticipar. Enfrentarnos a un mundo inestable y complejo como el actual no solamente implica leer el entorno de forma detallada y sistémica, sino desconectar las lecturas actuales que tenemos del mundo, deconstruir las verdades en las que creemos, y así descubrir nuevos textos que permanecen temporalmente ocultos a nuestras propias autorestricciones.

Lo anterior implica cambiar el referente desde donde observamos y reconocemos nuestra vida y sobremanera, redescubrir y reconectar nuestro modelo de negocio, que concrete una promesa de valor distinta, que haga realidad lo que queremos alcanzar y transforme la perspectiva de los grupos de interés propios de nuestro ambiente.  En plena era digital se hace necesario entender las tecnologías disponibles, no como soportes de una función empresarial, sino como una oportunidad para repensar las experiencias que tenemos.

De acuerdo con Ramane, Hanelt, Nickerson y Kolbe (2017) un modelo de negocio digital cuenta con cinco (5) componentes: 1) propuesta de valor, 2) interface, 3) plataforma de servicio, 4) modelo de organización y 5) modelo de ingresos.

La propuesta de valor establece las razones por las cuales un cliente particular está dispuesto a pagar por un producto o servicio, ese cambio de perspectiva y experiencia que nos permite encontrar en el mundo digitalmente modificado, una forma alterna de comprensión de nuestro entorno que nos habilita para entender y aprender sobre los cambios actuales y futuros.

La interface es la interacción que se desarrolla entre el cliente y la plataforma de servicio, esa mediación que permite a los interesados y tecnológicamente conectados, tener un espacio para concretar opciones e ideas que le faciliten aspectos propios de sus vidas. Un escenario digitalmente modificado donde pueden construir y elaborar propuestas viables y útiles que la tecnología puede habilitar de forma rápida y efectiva.

La plataforma de servicios es aquella que le permite entregar los productos o servicios de forma ágil, fácil y confiable. En el momento actual existen múltiples opciones que pueden ser usadas por cualquier persona para desplegar servicios o propuestas de productos, que pueden ser versiones mejoradas cada vez, creando un imaginario de innovación permanente basado en las experiencias propias de los clientes, quienes con sus comentarios ofrecen la base para aumentar la oferta de servicios o productos digitalmente modificados.

El modelo de organización requerido establece la estructura y los procesos que se deben articular para producir los productos y/o servicios del ecosistema digital. La organización que se requiere hoy sólo necesita conocer las expectativas del cliente, concretar conexiones y relaciones con personas que saben y desarrollan sobre las plataformas de servicios, con el fin de acelerar el despliegue de lo que se requiere. Mayor flexibilidad y potenciación de habilidades personales y colectivas.

El modelo de utilidades es la manera como se distribuyen las utilidades y los costos entre los participantes del ecosistema. No es una economía central dominada por unos pocos, es una contribución y suma de fortalezas que hacen del producto final una oportunidad para transformar el entorno y crear nuevas fuerzas de mercado que puedan motivar nuevas inestabilidades a futuro.

Si como personas tenemos claro estos cinco elementos y cómo interactúan para crear un nuevo momentum de innovación y creatividad, estaremos siempre tratando de avanzar para estar delante de la curva, deconstruyendo lo que hemos alcanzado, como una forma de movilizar y hacer que sucedan los retos del futuro.

El Editor.

Referencia

Ramane, G., Hanelt, A., Nickerson, R. y Kolbe, L. (2017) Discovering digital business models in traditional industries. Journal of Business Strategy. 38, 2. 41-51

domingo, 21 de mayo de 2017

Una oportunidad para el lobo y el Coyote

Todos tenemos imaginarios sobre aspectos particulares de la vida. Formas de ver el mundo que hemos venido aprendiendo y consolidando con las experiencias personales y los patrones que la sociedad muchas veces nos impone.

Un caso particular son los personajes de cuentos infantiles o programas de televisión que crean poderosas construcciones mentales que llegan a configurar “verdades” y respuestas naturales cuando se confiesan realidades concretas de la vida.

Uno de ellos es caperucita roja y el famoso lobo feroz. La versión que se ha consolidado en nuestra mente y recuerdo, es la vista de Caperucita donde el lobo termina siendo un villano que acaba con la vida de uno de los personajes para engañar a nuestra hermosa niña del bosque. Pero, ¿hemos escuchado la versión del lobo? ¿Tendrá una vista distinta el lobo de este cuento tan conocido? Posiblemente si, y tal vez el lobo sea un damnificado de una provocadora acción de la niña caperucita, con lo cual nuestra percepción del final de la historia puede cambiar.

Cuando logramos disminuir la voz de la contraparte, que tiene algo que decir o complementar e imponemos el discurso de una sola voz, estamos ahogando una posibilidad, una fuente que enriquece la vista panorámica de la realidad de la cual participamos.  Opacar la voz del otro, es perdernos de un punto de vista que nos permite revelar una postura inexplorada que puede y debe ser parte de la reconstrucción del contexto particular donde actuamos.

Otra de las figuras en contraste son el coyote y el correcaminos, dos especímenes que hacen parte de una relación ecológica de cazador y presa. Mientras el correcaminos parece contar con toda la suerte y posibilidades del mundo, el coyote se configura como un planeador, calculador y emprendedor que insiste, persiste y nunca desiste de su objetivo: atrapar al “correcaminos”. Un eterno cazador que nunca concluye su labor.

Bajo este contexto muchos aplauden la realidad del correcaminos, su agilidad, su capacidad de evasión y la visión anticipadora que tiene. Sin embargo, habría que hacerle una entrevista al coyote para que nos ilustre de dónde saca su ingenio, cómo se motiva cada vez luego de un intento fallido, cómo logra siempre poder ubicar a su presa y sobremanera cómo desarrolla y elabora las sofisticadas apuestas tecnológicas y prácticas, finamente calculadas para tratar de atrapar al correcaminos, situaciones que, en últimas, representan la realidad de muchas personas que insisten, persisten y nunca desisten para alcanzar sus metas y sueños.

Tanto el coyote como el lobo, son personajes que tienen una carga negativa pesada, que ha sido reiterada en nuestro imaginario y que, sin embargo, tienen una historia particular que merece ser contada. Es momento de darle la oportunidad y la voz al lobo y al coyote para cuenten su historia, que nos enseñen de su capacidad para superarse a sí mismos y nunca abandonar sus retos.

Estos dos personajes, revelan aquellas realidades y desafíos que no han sido contados, el secreto de la pedagogía del error, de la posibilidades y contextos que están latentes en nuestras vidas; una apuesta complementaria que nos habla de caminos inciertos de un lobo en el bosque y la creatividad de un coyote que vive y descubre cada día el desierto.

Caperucita y el correcaminos son personajes de la fantasía del éxito, que han merecido nuestra atención y reconocimiento. Es hora de retomar los inciertos del lobo y los retos del coyote, como personajes reales que se identifican con nuestra propia humanidad, esa, que día a día construye sus propias oportunidades, en medio contradicciones y verdades parciales.

"Démosle la oportunidad al lobo y el coyote para contar su versión, después de todo, quizá algo podríamos aprender o desaprender de ellos".


El Editor.

domingo, 14 de mayo de 2017

¿Qué significa aprender?

¿Qué significa aprender? Una pregunta que muchos interpretan y leen de diferentes formas. Una expresión de la manera como el ser humano incorpora saberes frente a la inestabilidad de la dinámica global donde actualmente se encuentra.

Bien anota Barreda (1995, p.107): “las turbulencias crecen y cada vez el cambio se aprecia más inmanejable, no se ha aprendido rápidamente y debemos adquirir nuevos comportamientos adaptados a la situación para supervivir. Debemos crear planes de cambio para el futuro. Crear programas que nos ayuden a cambiar en la dirección deseada o adaptarnos al cambio, no previsto, pero real”.

Esta frase reivindica el ejercicio permanente del aprendizaje, de la forma como las personas deben ajustarse de forma eficiente y anticipada, para “adquirir, construir y elaborar” nuevas formas de ver el mundo, desde la experiencia aplicada, esa que permite retar los saberes previos para revelar las nuevas oportunidades disponibles y así proponer soluciones o estrategias alternas para hacer del mundo una versión mejorada de sí mismo.

Los saberes humanos, esas adecuaciones individuales que se dan en la cámara secreta de nuestros supuestos, que modifican las actitudes y formas de pensar, establecen la fuente misma de las transformaciones personales. No reconocer estos saberes previos, es descontar la sabiduría que yace en la experiencia misma del ser y desestimar los aportes significativos y lecciones aprendidas que son fuente natural de formas inusuales de ver la realidad.

Los saberes y el aprendizaje son elementos claves que reconocen un propósito de nivel superior en la sociedad, una ruta de construcción de un territorio marcado por lo dinámico y cambiante, una apuesta sistémica que conecta distintos mundos, distintas perspectivas, para diseñar y adoptar estructuras flexibles que miren e incorporen lo conocido y se abran a desconectar lo aprendido, para incorporar lo desconocido, lo novedoso, lo incierto e inestable.

Adelantarse al cambio, en otras palabras, incorporar nuevos saberes más rápido y anticiparse a lo que aún no ocurre, pero que se advierte en el horizonte, es una tarea que cada ser humano debe adelantar y desarrollar. Un viaje entre información, conocimiento y sabiduría, una experiencia que inicia en el exterior del sujeto, que luego se integra en su propia realidad, para finalmente trascender desde el individuo con una mirada mucho más holística, allí donde el entorno, no es otra cosa que una extensión de su reflexión permanente para repensarse a sí mismo y a su ambiente.

Saber significa entender que si algo funciona, debe ser renovado, debe ser repensado, debe ser reimaginado. No es posible continuar la necesaria senda del aprendizaje, desde los aspectos conocidos y estables de la realidad, sino desde la lectura de lo incierto, donde la pedagogía del error, es la maestra generosa que abre las puertas para nutrirnos de aquello que se sale de lo previsto, esa vivencia que nos sorprende, que nos suspende el ejercicio de la realidad para llevarnos a “tierras inexploradas” donde debemos capitalizar lo aprendido, deconstruir nuestro saber y reconectarlo con las novedades que se presentan.

En consecuencia, aprender significa cambiar, transformar, desconectar, sorprender, explorar, experimentar, tantas palabras que buscan crear un entorno psicológicamente seguro que conecte los propósitos superiores de los seres humanos, como una forma de tratar las tensiones naturales que la incertidumbre nos plantea para ver el mundo como un lugar donde es posible llegar a la iluminación bajo la armonía de los contrarios: luces y sombras, certezas e inciertos, imposibles y posibles.

El Editor.

Referencia:
Barreda, R. (1995) Aprendizaje. La función de educación en la empresa moderna. Madrid, España: CONORG, S.A.