domingo, 9 de octubre de 2016

Camaleones organizacionales

Se escucha con alguna frecuencia se habla de personas acomodadas. Esas personas que tienen la habilidad de moverse a zonas tranquilas en medio de las tormentas y situaciones agrestes. Son individuos con una capacidad de adaptación que les permite asumir posturas poco frecuentes en ellas, con el propósito de superar los escollos que se presentan y preservar su supervivencia en el medio.

Estas personas podrían catalogarse camaleones organizacionales, como quiera que conocen bien la dinámica de la organización y lograr mutar rápidamente frente a las circunstancias, de tal forma que, o se esconden en la vorágine de la estructura organizacional o se presentan delante de ella como “guías” naturales para aquellos que no conocen los movimientos de la empresa durante sus transformaciones.

Los profesionales acomodados, mantienen su nivel de competencia y aporte en la organización basado en los contactos que tienen, de tal forma que balancean una cadena de favores, donde la reciprocidad es la constante que permite un flujo de acciones, que benefician a cada parte, bien porque ha podido movilizar un tema en otra área, o porque se ha reconocido el aporte de la persona para lograr una actividad clave en la organización.

Las mutaciones de estos camaleones, sugieren una capacidad natural de los individuos para focalizarse en sobrevivir y mantener las posiciones privilegiadas que ha adquirido a lo largo del tiempo. Cuando no es posible conectar con el cambio o la transformación, entran una zona de incomodidad, de actuaciones erráticas, buscando apoyo en el entorno transformado para lograr ajustarse y situarse de forma privilegiada, mientras pasa la tempestad y volver a salir para reconocer el escenario con su red de contactos.

Las personas acomodadas suelen con facilidad llevar a límites insospechados sus actuaciones con el fin de proteger sus intereses. Su vista no es otra que la personal y la de sus contactos, aunque ante situaciones donde su red no lo puede defender, sólo tendrá ojos para defenderse a sí mismo, dando la espalda a aquellos que en otro momento lo defendieron. Es un costo político muy alto que está dispuesto a asumir por su supervivencia.

Quienes viven cómodos en la organización movilizan su red de contactos, para motivar acciones que le permitan mantener su nivel de competitividad y así beneficiarse mutuamente de los logros que se tengan. Esto es, “yo te ayudo, tú me ayudas”, una frase que se escucha frecuentemente en las empresas, que da cuenta de la necesidad de ser validados frente al referente organizacional y los indicadores de gestión que aprietan la exigencia de desempeño.

Si se hiciera un ejercicio de caso de negocio para estos personajes podríamos decir que saben priorizar sus intervenciones, obtienen el apoyo requerido para sus actividades, modifican la oferta existente de la empresa, saben con quién conversar y con quien no, y saben vender su producto o servicio. Son estrategas que usan su habilidad para sobrevivir y comunicar que son enlaces válidos en medio de los inciertos organizacionales.

Los camaleones organizacionales deben renovar cada cierto tiempo su portafolio de productos y servicios para encontrar anclas en la organización que les permita seguir sobreviviendo, de no hacerlo, serán alcanzados por la luz de los resultados concretos, los cuales dejarán al descubierto su camuflaje y por tanto, su mejor herramienta de supervivencia, acabando con los privilegios alcanzados y marchitando su credibilidad, lo que implica la extinción de la especie, sin ningún tipo de recuerdo empresarial, ni reconocimiento de logros previos.

Si bien un camaleón organizacional exhibe una serie de características interesantes como estratega y maestro de las tácticas de supervivencia, es una persona que se encuentra instalada en lo que sabe, que se cubre con los contactos que tiene y que no tiene interés en que las cosas cambien. Es una especie que no busca desarrollarse a sí misma o a otros, se nutre de la fuerza vital de los demás, para mantenerse sobre las olas de los resultados organizacionales, dejando en entre dicho sus propios sueños y expectativas, los cuales se marchitan con el pasar del tiempo.

Si alguien aspira a ser un camaleón organizacional, que lo piense muy bien, pues los efectos de mediano y largo plazo, de mantenerse en esa posición, comprometerán sus capacidades de crecimiento y logro, pues la zona cómoda irá poco a poco consumiendo la ilusión de los sueños y la energía de los logros, hasta que no pueda moverse y allí será el momento donde no habrá forma de cubrir o mantener la vida como la conoce, ni de remediar aquello que el mismo construyó y decidió al acomodarse en la empresa.


El Editor.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Información y conocimiento

Se dice que estamos entrando en la Cuarta Revolución Industrial, aunque algunos académicos indiquen que no sea el mejor término para denominar esta nueva etapa de la humanidad, donde la información y el conocimiento se constituyen en la moneda real del valor y conquista de las nuevas fronteras económicas y empresariales del mundo.

La información un elemento configurado alrededor de intereses particulares, que busca establecer una lectura específica de la realidad, para tomar decisiones que permitan alcanzar una ventaja en el escenario global, y el conocimiento, la movilidad permanente de la información, como categoría emergente, resultante de resolver preguntas alrededor del “cómo” se hacen la cosas; son dos hechos que movilizan el entender y el saber de la humanidad hacia linderos antes desconocidos.



La educación actual, si bien se encuentra en transición de la escolaridad hacia una movilidad, donde la incertidumbre y la inestabilidad se constituyen como la fuente del currículo real, está preocupada por construir referentes de información y respuestas a preguntas conocidas, impactando la capacidad de innovación y creatividad de sus clientes. En este sentido, se hace necesario acelerar las posturas novedosas de los que se arriesgan a crear el incierto y la ambigüedad en sus aulas de clase, para movilizar el pensamiento hacia la construcción de escenarios y realidades inéditas e inexploradas.

El conocimiento no puede ser sólo la experiencia que se concreta en un aula de clase, sino el fluir permanente de la mente humana sobre las olas de aprendizaje a las cuales se encuentra expuesto, esa condición natural de construcción de mundos emergentes que provocan desencuentros con las prácticas conocidas, para deconstruir lo que hemos aprendido y reconocer las nuevas oportunidades para crear ganancias teóricas que hacen mover la línea del saber.

Si bien como anota el profesor Calvo (2016, p.160), “la incertidumbre y contradicciones nos confunden en la escuela, pero nos orientan fuera de ella”, es necesario pasar la página de los eventos y problemas conocidos, para asumir una educación fuera de las aulas, como una oportunidad complementaria de la formación humana. Una apuesta que nos saque del dominio de la causalidad, de las explicaciones definidas y de la inercia de las respuestas pedagógicas tradicionales.

El conocimiento como fundamento de las relaciones de la sociedad del siglo XXI, debe conjugar la teoría y la práctica, establecer una ruta convergente que enlace las formalidades de los académicos, con las posibilidades de los empresarios, de tal forma que la empresa se convierta en un escenario privilegiado de aprendizaje permanente y la academia un habilitador de nuevos negocios en la práctica de los empresarios. Esta doble realidad conecta la inestabilidad del entorno de negocios y de los conceptos aprendidos, como fundamento para romper el aislamiento y prevención tanto de la academia para la empresa y viceversa.

Así las cosas, información y conocimiento como posibilidades de conquista plena del ser humano, al servicio de su comunidad, establece una fuente real de oportunidades, no solamente de “saber hacer”, sino de “saber ser”. En este sentido, esta nueva revolución empresarial basada en un mundo digitalmente modificado, no deber ser óbice para enriquecer y desarrollar el potencial humano, ese que supera el cumplimiento de tareas empresariales y es capaz de cruzar el umbral del confort social, para concretar aprendizajes que modifiquen sus actitudes actuales y potencien nuevas capacidades futuras.

El Editor

Referencias

Calvo, C. (2016) Del mapa escolar al territorio educativo. Disoñando la escuela desde la educación. La Serena, Chile: Editorial Universidad de la Serena.

domingo, 18 de septiembre de 2016

¿Qué significa cambiar?

Una de las palabras más utilizadas en el mundo actual es “cambio”. Una palabra que está en boca de ejecutivos, profesionales, motivadores, coaches, personas del común, con la que tratan de significar el proceso de transformación que están viviendo los individuos o la situación que saben que pronto van a emprender o provocar en sus vidas.

Cambiar implica muchos movimientos tanto al interior (que son los más importantes), como al exterior de las personas. Es una opción, un compromiso personal que implica salir de la estabilidad construida y afianzada para crear una nueva ruta de crecimiento y conquista propia. Mucho se ha escrito sobre el cambio, sobre cómo cambiar, pero poco realmente se practica y se concreta para que la palabra se materialice.

Siguiendo algunas ideas de Horacio Andrade, en su libro “Cambio o fuera”, cinco son los elementos comunes cuando de enfrentar, desarrollar, provocar o concretar un cambio se requiere.


1. Desprender las propias creencias, los paradigmas, de lo que hemos dado por hecho prácticamente sin cuestionamiento alguno a lo largo de la vida. Este primer elemento, es un movimiento interior profundo, una confrontación interna que lleva a cuestionar nuestras propias seguridades, para habilitar nuevas posibilidades de ver la vida y potenciar nuestras habilidades o desarrollar nuevas para llevarnos al siguiente nivel de evolución que espera para mostrarnos todo lo que podemos alcanzar.

2. Asumir los riesgos inherentes al cambio. No es posible concretar un cambio sin motivar una zona de incertidumbre, una zona de inestabilidad tanto interna como externa. Un riesgo es un movimiento incierto que atenta contra aquellos elementos establecidos por el paradigma vigente, una forma alterna de pensamiento que motiva repensar lo conocido e incomodar la práctica actual.

Es importante distinguir entre ser arriesgado y ser temerario. Mientras el primero es una persona que valora y precisa los retos que implica moverse de un lugar a otro, el segundo es un individuo que se lanza a lograr cosas sin reflexión ni valoración, un ser dispuesto a todo, un egoísta que confunde los fines y los medios para alcanzar sus metas.

3. Desarrollar el pensamiento lateral. Debono (2006) anota que el pensamiento lateral es un pensamiento contraintuitivo, donde es necesario cambia el patrón habitual de pensamiento para ver distinciones antes inexploradas. Lo anterior, supone romper la tradición sobre la cual está construido el ejercicio del cambio, para plantear caminos ingeniosos y posibilidades inadvertidas que permitan una vista refrescante de la realidad, que sólo es posible cuando desconectamos aquello conocido, incorporamos aspectos novedosos o inesperados y volvemos a reconstruir bajo nuevos supuestos.

4. Aprender a cambiar uno mismo, lo que demanda de una buena dosis de autocrítica y, sobre todo, de humildad. Un elemento que busca conectar la estrategia de cambio con las motivaciones internas, los valores y creencias propias con el fin de traducirse así mismo en el cambio que se quiere proyectar. Comprender en detalle los seres que somos, nuestras capacidades, limitaciones y retos, nos habilitar para soñar con la mente en el cielo y la ejecución con los pies en la tierra. Nadie puede reemplazarnos en el camino de hacernos mejores versiones de nosotros mismos.

5. Motivar transformaciones en los otros. Este último elemento tiene dos connotaciones muy importantes: a) las personas tienen derechos y b) cada uno tenemos obligaciones y responsabilidades. Transformar a otros, implica respetar quienes son, cómo conciben la vida y entender las motivaciones que los movilizan, y de igual forma, comprender nuestro papel en la sociedad, que implica hacernos conscientes de lo que se espera de nosotros, nuestras obligaciones y responsabilidades para hacer que las cosas pasen.

Si entendemos que el cambio nace en una condición interna de los hombres y que el entorno, anticipa o genera aspectos que lo aceleran o lo inhiben, es importante entender que en un mundo donde las certezas han desaparecido, como afirma Andrade (2011, p.128), “hay que estar siempre abierto y hay que ser todo lo flexible que se necesite, porque aprender consiste, precisamente, en acceder a otras formas de ver la realidad”.

El Editor

Referencias
De Bono, Edward (2006) El Pensamiento Lateral. Madrid, España: Editorial Paidós Ibérica S.A.
Andrade, H. (2011) Cambio o fuera. Dirigir en el siglo XXI. Estados Unidos de América: Palibrio.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Seres contingentes

Anotan los profesores Colom, Sarramona y Vázquez (1994, p.34) que “la contingencia implica inseguridad. (…) Ello significa renunciar a las soluciones perfectas y plantear las cuestiones en términos de “posibilidad” o de aproximación. La contingencia implica asimismo eventualidad, cambio, y por lo tanto dependencia”, una frase que nos recuerda el ser contingente que somos, lo necesitado de nuestra condición humana y la inevitabilidad de la falla que debemos asumir.

Continúan los académicos diciendo: “etimológicamente, contingencia proviene del latín contigo, que significa ser limítrofe, o sea, estar en relación o en contacto, lo que hace que se pueda acoger al significado de interacción entre variables, en donde una de ellas está en función de la otra”, un ejercicio de reconocimiento del otro como parte de un todo donde construimos y evolucionamos para mantenernos en constante movimiento, sabiendo que la vulnerabilidad es la fuente natural del aprendizaje y del cambio que requerimos o requieren las empresas.

Entendernos como seres contingentes, es reconocer que estamos sujetos al cambio, a fluir más allá de las causas y efectos del mundo, para comprender cómo estamos conectados con otras personas para enfrentar situaciones límites o inesperadas, y así superar la posición cómoda que podamos tener en algún momento. Mantener una postura abierta en la vida frente a las situaciones inciertas y motivar cambios en nuestra forma de pensar y actuar, permite que la experiencia de vida, sea una experiencia educativa que transforma nuestro hacer y por tanto, construye y define nuestro actuar.

Si la contingencia significa dependencia, estar en relación con, debemos entender que no estamos solos en la construcción de nuestros sueños y conquista de nuestro destino. La inseguridad que produce estar frente a la inevitabilidad de la falla, debe activar en nuestra mente la posibilidad de tomar acciones sin temor al castigo, para crear oportunidades que releven aspectos inéditos de la realidad, distinciones no preestablecidas que hacen avanzar la forma como reinventamos el mundo y a nosotros mismos.

Si entendemos que la vida y las organizaciones no son procesos secuenciales de acuerdo con una sucesión cronológica de un calendario y llevada a cabo en un lugar predeterminado, es posible entender que la contingencia es una realidad natural que asiste a los seres humanos para encontrarse unos con otros, como la fuente de un nuevo lenguaje que remonta las diferencias superfluas de clases o condiciones, para lanzarnos a superar las certezas donde hemos sido educados, y conquistar el imperio de la causalidad.

Aceptar que somos seres contingentes, significa descubrir y revelar aquello que había estado temporalmente oculto; es habilitar el “poder ser”, ese que avanza y retrocede, que comprende y se confunde, que tiene encuentros y desencuentros; ese que tiene más incertidumbres que certezas, ese plantea más posibilidades que probabilidades; en pocas palabras, esa persona que sabe de la inestabilidad del momento y del entorno donde opera para repensarse como participante creativo y no como controlador de la naturaleza (Calvo, 2016, p.94).

El Editor.

Referencias
Colom, A., Sarramona, J. y Vázquez, G. (1994) Estrategias de formación en la empresa. Madrid, España: Ediciones Narcea.
Calvo, C. (2016) Del mapa escolar al territorio educativo. Disoñando la escuela desde la educación. La Serena, Chile: Editorial Universidad de la Serena.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Éxito y felicidad

Muchas publicaciones de autoayuda tratan de brindar recetas para concretar una vida exitosa y feliz. Receta que para muchos resulta esquiva y hasta inalcanzable, pues posponemos muchas veces nuestros sueños y retos para superarnos a nosotros mismos.

Un reciente artículo foro económico mundial indica que las personas apasionadas por lo que hacen, con propósito superior, que terminan lo que inician, que piensan “fuera de la caja” y que aprenden de sus errores son las que logran superar sus propias barreras autoimpuestas (Bradberry, 2016).

Viajar por la vida implica un motivo trascendente, hacer explícita una misión que nos permita tomar cada momento como una oportunidad para construir el futuro, reconociendo el presente. Dejarnos sorprender por la novedad de lo que implica ver con ojos distintos, desinstalados de lo cotidiano y repetitivo, es la apuesta para caminar sobre un territorio inexplorado y abrir los ojos a mundos desconocidos.

No podemos seguir viviendo la vida que otros aparentemente controlan, o pensar que efectivamente tienen dominio sobre la realidad que vivimos. Cada vez que seguimos lo que apasionadamente sabemos hacer o nos eleva de nuestra realidad, se realizan cambios a nuestro alrededor, se transforma nuestro entorno y las posibilidades se concretan.

Cuantas veces debes probarte a ti mismo que tus pensamientos moldean tu futuro, que tu conexión divina es la puerta para aprender sobre tus propios talentos y la fuerza para perseverar ante tus propias limitaciones. Nada está oculto de forma permanente, la búsqueda constante de nuestro propio destino rompe la inercia de un mundo que te quiere ver dentro de los parámetros conocidos.

Por tanto, mira dentro de ti y descubre la esencia de la misión que tienes en tus manos, la energía potencial que está esperando para ser movilizada y las aventuras que están esperando para movilizarte a trabajar a diario en eso que te apasiona, en esa misteriosa idea que te ronda la cabeza y cada vez más se hace presente en tus pensamientos y sueños.

No dejes que se apague la luz que brilla en tu interior, esa magia permanente con la cual hemos sido dotados para iluminar el mundo, para darle sentido a la vida. Recuerda que hemos venido a continuar un esfuerzo que otros iniciaron hace mucho tiempo y está en nuestras manos hacerlo bien y concretar un mundo distinto, donde lo diferente es la norma y la inclusión la tarjeta de ingreso.

El éxito y la felicidad no son más que nombres comerciales de una experiencia personal que no podemos dejar de lograr, pues hemos sido creados para motivar transformaciones y cambios que aún no podemos entender, pero si podemos imaginar. Bien decía Albert Einstein, que es más poderosa la imaginación que el conocimiento, pues es allí donde se abren los caminos donde lo imposible se vuelve posible, la contradicción es una oportunidad y la discontinuidad un paso hacia lo realizable.

Recuerda que la vida pasa en un instante y los momentos son la marca indeleble de una ventana cierta donde el futuro ocurre. Por tanto, no dejes que nadie robe tu felicidad y éxito que te mereces, pues cuando sabes de lo que eres capaz, la divinidad conspira contigo para que el mañana, sea un continuo presente donde trasciendes cada vez que tu imaginación abre el portal de lo temporalmente desconocido.

El Editor

Referencia
Bradberry, T. (2016) This is what successful and happy people focus on. Recuperado de: https://www.weforum.org/agenda/2016/08/this-is-what-successful-and-happy-people-focus-on

sábado, 27 de agosto de 2016

Educar en un mundo VICA

Educar en un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo (VICA) (Johansen, 2009), es un reto que implica al mismo tiempo, desconectar lo que estaba conectado, enriquecerlo y volverlo a conectar, para lograr una ganancia teórica y práctica, y de igual forma conectar aquello que aparentemente no estaba relacionado, para revelar una distinción antes ignorada, alterando el statu quo vigente (Hall, 2010).

Educar significa generar tensión con lo existente, es “ejercitar la sospecha sobre aquello que se nos muestra como aparentemente lógico, verdadero y coherente” (Medina, 2008, p.164), es sumergirse en un mundo de incertidumbres donde son importantes las preguntas y no las respuestas; una oportunidad para “liberarse del encadenamiento a un concepto lineal, que obliga a repetir afirmaciones dichas por otros” (Calvo, 2016, p.30).

Educar es “reorganizar las relaciones posibles que se pueden establecer en un contexto particular, a través de nuevas e inéditas relaciones sinérgicas” (Calvo, 2016, p.45), es el ejercicio donde se ejerce el derecho a equivocarse, una creación de relaciones sinérgicas entre contrarios: “saber-ignorancia, orden-caos, comprensión-confusión para definir un fluir sin antagonismos, donde lo distinto es acogido por su diferencia, antes que excluido por su oposición” (ídem, p.54).

Educar, es un continuo de construcción y deconstrucción de la realidad. Es el reconocimiento de la subjetividad de los actores y la esencia de sus contradicciones y discontinuidades, para ensamblar las bases de un discurso circular donde práctica y teoría hacen parte de un mismo continuo: “el conocimiento debe extraerse de la práctica y la práctica, a su vez, debe ser fuente de conocimiento” (Colom, 2002, p.162).

Educar, es desarrollar las potencialidades intrínsecas del individuo y la vez nutrir a una persona con conocimientos y experiencias para que se inserte en la sociedad (Belando, 2015). Es un momento histórico siempre en presente que induce al asombro con el misterio, para suspender el entendimiento de la realidad y así crear relaciones originales o inexistentes donde se funden escenarios posibles y propuestas probables.

Educar, es “conducir al que sabe del saber a la ignorancia, mientras al que ignora lo guiará de la ignorancia al saber, gracias a la mediación provocadora del asombro y rigurosidad” (Calvo, 2016, p.75). Es un experimentar la “deconstrucción de creencias que actúan a modo de grilletes intelectuales, y por otro construir y desvelar nuevas respuestas”. Una apuesta para vivir como “participantes creativos y no como controladores de la naturaleza” (Calvo, 2016, p.94).

Educar es, generar un conflicto cognitivo frente a una lectura distinta de lo conocido, es escribir en el margen de las hojas, afinar la vista y probar diferentes lentes para detectar regularidades, patrones de comportamiento afines, que revelen el territorio que se explora, como fundamento de una experiencia de incertidumbre educativa que construye significados más allá de los contenidos y las explicaciones magistrales.

Educar, en definitiva, es desarrollar sabiduría, que es aquella que “no tiene que ver con la acumulación de años o de conocimientos o experiencias, sino con aceptar los misterios de la vida y saber mantener la curiosidad y la capacidad de sorprendernos” (Soler y Conangla, 2014).

El Editor.

Referencias
Belando, M. (2015) La educación como idea, como hecho y como desafío. En Belando, M. (Coord.) (2015) La educación repensada. Dinámicas de continuidad y cambio. Madrid, España: Ediciones Pirámide. 17-36
Calvo, C. (2016) Del mapa escolar al territorio educativo. Disoñando la escuela desde la educación. La Serena, Chile: Editorial Universidad de la Serena.
Colom, A. (2002) La (de)construcción del conocimiento pedagógico. Nuevas perspectivas en teoría de la educación. Barcelona, España: Paidos.
Hall, S. (2010) Sin garantías. Trayectorias y problemáticas en estudios culturales. Popayán, Colombia: Envión Editores
Johansen, B. (2009) Leaders Make the Future: Ten New Leadership Skills for an Uncertain World. San Francisco, USA: Berrett-Koehler Publishers.
Medina, J. (2010) El desaprendizaje: Aproximación conceptual y notas para un método reflexivo de generación de saberes profesionales. En Armengol, C. y Gairín, J. (2010) Estrategias de formación para el cambio organizacional. Madrid, España: Wolters Kluwer.
Soler, J. y Conangla, M. (2014) Las veinte perlas de la sabiduría. Hacernos sabios antes de envejecer. Barcelona, España: Lectio Ediciones.

domingo, 21 de agosto de 2016

Presencialidad y Virtualidad

En la era de la economía digital donde las monedas digitales, las criptomonedas y las “startups” (empresas de base tecnológica novedosas) son la esencia de las relaciones comerciales, ahora digitalmente modificadas, la pregunta que surge es ¿cómo se están repensando las relaciones humanas en el contexto de lo digital?

Esta pregunta, nos advierte la necesidad de balancear dos mundos complementarios, los cuales hoy soy más evidentes y reales, como quiera que la juventud actual, plenamente conectada, los revela con sus actuaciones: la presencialidad, la conversación cara a cara, y la virtualidad, el contacto mediado por la tecnología y sus representaciones, bien de manera sincrónica o asincrónica.

No se busca castigar o señalar las bondades o limitaciones de cada una de la interacciones previamente anunciadas, sino plantear una aproximación a la dinámica relacional que está inmersa en cada una de ellas.

Mientras el tradicional cara a cara, es una funcionalidad normal de los seres humanos, no siempre es la más plena de ellas. Podemos interactuar cientos de veces en esta forma y no poder comunicar o transmitir lo que realmente importa para conectarnos con el otro. De igual forma, podemos iniciar una conversación sincrónica o asincrónica con otro u otros, tratando de comprender las posturas de sus aportes y tener un entendimiento distinto del que originalmente la persona pudo haber planteado en su texto.

El reto en el fondo no está en el medio ni en la forma de la interacción planteada, sino en la comprensión que ocurre en cada uno de los individuos. Ese ejercicio de apropiación de la realidad, desde nuestra propia realidad histórica y experiencial que genera el filtro natural de las acciones humanas y define la fuente de una posible respuesta a ese estímulo externo que es la presencia del otro.

La presencialidad en lo digital, debe ser un empeño por complementar la base de información que se ha compartido con el otro, para establecer un sustento básico de comprensión donde se nutre un dominio informacional claro, que habilita una oferta operacional para actuar. Lo digital en la presencialidad, debe ser la apuesta para clarificar lo que expresiones y pausas en la conversación se han revelado, para afinar el entendimiento de lo que se ha compartido y permitir acciones diferentes que respondan a las inquietudes de ambas partes.

Es claro que la presencialidad plena, entendida como atención plena en el momento y totalidad de lo que somos, no puede ser reemplazada por una conversación mediada por emoticones y mensajes de voz. Por otra parte, un intercambio de mensajes instantáneos que informa y motiva acciones en los otros, no es el signo distintivo de una conversación enriquecida con expresiones y sentimientos particulares.

Por tanto, las dos caras de esta misma realidad en el mundo digital, nos ilustran la complementariedad de nuestras interacciones como quiera que ignorar alguna de ellas, sería estar al margen de las bondades y exigencias que se deben atender en medio de la economía digital y la necesidad de un contacto y encuentro permanente con el prójimo.

El Editor