sábado, 29 de octubre de 2016

Cambiar: Dos preguntas claves

Cambiar por cambiar es un absurdo. “Cambiar, como cambian los paisajes cuando cambia la luz o las estaciones del año” (Soler y Conangla, 2014, p.121), es el ejercicio de reconocimiento del óleo interior que nos permite observar los matices inexplorados de nosotros mismos. Esos linderos desconocidos que con luces de diferentes colores se logran develar desde las profundidades del ser humano.

En este movimiento dos preguntas son claves para mantenernos en ruta y renovarnos: 

¿hasta qué punto podemos hacer cambios en nuestra vida sin dejar nuestra esencia en el camino?

y

¿hasta qué punto nuestra resistencia a hacer cambios puede acabar dañando la identidad que queríamos preservar? (ídem)

Para trata de dar respuesta a estos dos interrogantes, es necesario comprender y descubrir nuestra esencia, eso que nos hace distintos y únicos, la rúbrica divina que ha impreso el Creador en nuestra vida. Esa vocación que siempre está presente en todo lo que hacemos y deseamos, esa motivación e inclinación permanente para estar haciendo aquello que nos gusta y que disfrutamos; ese instante donde las horas no pasan y nuestros ser está conectado con el infinito y éste con nosotros.

En este contexto, se construye igualmente la identidad, esa lectura personal y emergente del ser humano que lo identifica y le da un puesto en el mundo. Nuestra identidad, es la revelación permanente del ejercicio de nuestra esencia, las características que se proyectan hacia el exterior de una realidad que vibra y se moviliza en el interior. La identidad es la respuesta a las exigencias del mundo, cuando te interroga sobre qué te hace una persona distinta, en una sociedad que quiere personas “estandarizadas”.

La esencia y la identidad, son los elementos que deben marcar las reflexiones sobre los cambios, sobre las transformaciones que se hacen en tu entorno. Si es en el contexto organizacional, debes advertir aquellos movimientos que atenten contra estos elementos, para comprenderlos en su intencionalidad, pero no compartirlos en su implementación. Todo aquello que quiera socavar o doblegar tu identidad o comprometer tu esencia, son signos de afrentas contra tus propios sueños, una campaña que quiere someterte a la inercia de lo que “todos dicen” y “que es lo mejor para ti”.

Si es en el contexto social, la vigilancia debe ser permanente, pues existen siempre corrientes sutiles que, como una fuga de gas propano en un recinto cerrado, te van envenenando a plazos, sin advertencias específicas y doblegando tus propias ideas y corrompiendo el fundamento de la esencia de los retos individuales que implica “ver de forma diferente” y tener la valentía, no de pensar “por fuera de la caja”, sino atreverse a construir una nueva.

Mantener la esencia de lo que somos y la identidad de aquello que hacemos, es un reto en una sociedad, que como la actual, quiere personas cómodas, que hacen lo requerido para mantener un sistema, que dan gusto a las doctrinas más aceptadas por todos y que construyen sus ideales sobre la inercia y extraña tranquilidad que se percibe al ser parte de una caja definida y confinada por intereses particulares, muchas veces desconocidos.

Cuando adviertas los cambios en tu vida, conecta tu esencia e identidad, con la renovación necesaria para asumirlos, dejando que fluyan como el agua, “que penetra el suelo, limpiándolo de la suciedad, regando plantas y dando vida a todos los seres que la habitan sin dejar de ser ella” (ídem).

El Editor.

Referencia

Soler, J. y Conangla, M. (2014) Las veinte perlas de la sabiduría. Hacernos sabios antes de envejecer. Barcelona, España: Lectio Ediciones

sábado, 22 de octubre de 2016

La inercia

En el camino de la ciencia y de la vida, generalmente todos aquellos que piensan distinto han sido y serán objeto de críticas, de contradictores y de burlas. En la medida que estas manifestaciones no afecten a la persona, su capacidad creadora será cada vez más afinada y generosa, como quiera que aquello que trata de aplacarlo o disminuirlo, lo único que hace es fortalecerlo.

Enfrentarse a la inercia de lo conocido, implica luchar contra la comodidad de aquellos que no quieren descubrir formas alternas de ver las cosas. Es confrontar la inmovilidad del que se niega a ser “otro distinto”, pues su posición actual le brinda la tranquilidad que necesita para sobrevivir y sobrellevar el statu quo que lo protege. Cualquier incursión que implique revelarse contra la doctrina actual, es una amenaza que debe ser contenida o destruida, pues estará atentando contra el sistema y sus reglas.

Muchas veces en las organizaciones y en las personas, se encuentran posturas semejantes creando individuos alienados y sometidos, que han sido comprados por las “bondades” de la estabilidad y los privilegios, los cuales crean la suficiente resistencia para que los sueños y los retos personales o empresariales terminen en el momento que intentan cruzar la barrera elaborada por la inercia de lo establecido.

El hombre y las organizaciones han sido diseñadas para estar en movimiento, para traspasar a diario la barrera de lo conocido. Por tanto, es necesario contar con ventanas de oportunidad para desarrollar ideas y propuestas que permitan cambiar la vista de la vida y de las reglas corporativas; no para volver a la postura de “tiempos y movimientos”, donde pensar es un riesgo, sino para abrirse a la dinámica de las ideas y los desafíos, que caminan en un incierto sobre su resultado, pero que transforman a todos aquellos que lo intentan.

La inercia empresarial y personal nos lleva a que los músculos más importantes de la imaginación que son nuestra mente, pensamientos y cerebro se atrofien, acelerando su proceso de envejecimiento. La inercia genera una paz exterior aparente, mientras en el interior, la palabra y declaración sembrada por la divinidad, permanece ardiendo e incomodando al ser humano para que se eleve a los niveles que el mundo necesita. No esperes a que el fuego divino que vive en ti se apague, pues DIOS (cualquiera sea la idea que tengas de él) no se equivoca al elegirte para ser sus manos en la construcción del mundo.

Quienes superan la tracción de la inercia, se ven como los contradictores del sistema, aquellos que quiebran el mensaje del imaginario de la realidad externa, donde todo es contrario y no es posible progreso. Recuerda que aún te encuentres en una zona de inercia personal o empresarial, es decisión de cada individuo mantenerla o superarla, como quiera que, si el entorno sigue cambiando y evolucionando, sólo cada persona asume el reto de anticiparse a la siguiente inestabilidad, para seguir creando capacidades antes inexistentes que son valoradas y deseadas en un ambiente agreste e incierto.

Tanto organizaciones como personas son responsables de asumir la inestabilidad y los inciertos del mundo actual. Por tanto, todo el tiempo se hace necesario entender las oportunidades que los cambios generan, bien para repensar sus propias prioridades, adaptarse a los mismos o crear condiciones que le permitan moldear su entorno y así posicionarse en lugares privilegiados.

Recuerde que la divinidad no es estática, ni aquellos que han sido visitados por su esencia. En este sentido, quien se sienta tentado por la inercia, sabrá que tiene el reto de ser portador del mensaje de aquel que ha dicho “en verdad os digo que he venido a traer guerra y división a la tierra”, una lectura de la realidad que nos invita a incomodarnos y mantenernos en movimiento, no para alcanzar los bienes y reconocimientos humanos, sino conquistarnos a nosotros mismos y aspirar a los bienes eternos.

El Editor.

sábado, 15 de octubre de 2016

La gran pintura

No estás viendo el bosque, sino los árboles” es una expresión que corresponde a lo que los norteamericanos denominan “Big picture”, ver la totalidad para comprender mejor donde estamos, qué podemos hacer y cómo hacer que las cosas pasen. Entender la integralidad del escenario donde estamos, de acuerdo con Kevin Cope (2012) implica:
  • Identificar los elementos claves que movilizan un negocio, sus relaciones entre ellos, para producir crecimiento rentable.
  • Comprender las comunicaciones y datos entre sus diferentes componentes, incluidos sus estados financieros.
  • Usar el conocimiento desarrollado para tomar buenas decisiones.
  • Comprender cómo las acciones y decisiones impactan los elementos claves de la empresa y los objetivos de liderazgo de las compañías.
  • Comunicar efectivamente las ideas a otros colaboradores, gerentes y ejecutivos.

Ver la “totalidad de la pintura” es un ejercicio para tomar distancia de nuestros propios modelos de realidad y explorar con visión periférica la dinámica de la empresa. Esto es, con una perspectiva social como fundamento de los significados que se comparte; luego con una lectura política como fuente de los flujos de intereses propios de los ejecutivos y la gerencia media; con vista económica como declaración de metas de crecimiento y optimización de recursos; como apuesta tecnológica como fuente de las nuevas formas de hacer las cosas en el contexto digital y como postura de aprendizaje, donde los retos y contradicciones de los procesos muestran nuevas oportunidades para repensar la esencia de la empresa.

Cuando se entiende la “dinámica del bosque” se descubren aquellas particularidades que permanecen ocultas, frente a una vista específica de un solo árbol. 

No son los costos los que mueven las empresas, ni el liderazgo de los ejecutivos basado en sus posiciones o cargos empresariales, ni los logros que ellas tienen en su sector de negocios, sino la “dinámica de cambio” que logra identificar en su contexto, en la “lectura amplia y concreta de su entorno”.

Si las empresas se esmeran en que, sólo sus ejecutivos tengan una vista de la “gran pintura”, y no que sus empleados logren un nivel de alcance semejante, muchas inestabilidades que pudieron ser identificadas previamente, terminan siendo parte de las discusiones ejecutivas, donde se buscan culpables y no fuentes de aprendizajes.

La fuente de conocimiento y aprendizaje vigente en las personas, recoge y moldea la complejidad reinante en el entorno, la cual muchas veces es ignorada por las estructuras organizacionales, creando “mercados aislados de conocimiento”, cuyas acciones no son valoradas por los grandes conglomerados, sino por los pequeños contribuyentes que saben lo que valen sus aportes.

Privilegiar la vista de la totalidad, permite compartir visiones de la realidad, que revelan como fluyen las relaciones entre los componentes claves de la organización. Esto es, entender como liberar y canalizar la energía de los participantes de la empresa, abandonar las posiciones conquistadas del pasado para privilegiar nuevas reflexiones en el futuro.

Tener una vista de “la gran pintura” es “mantener en el horizonte el objetivo y el reto a superar, des-viarse, reconducirse, entender y cuestionar los límites del cauce de sus acciones, no como restricciones, sino como oportunidad para mantener el fluir de su energía y tender puentes entre sus orillas”.

En pocas palabras “ver el todo” “significa ser reflejo de la dinámica de la organización, concentrarse en las posibilidades y no en las limitaciones; es serenar la mente del estratega, para tener el valor de perder la vista de la orilla y así surcar nuevos horizontes que están esperando ser descubiertos”.

El Editor

Referencia

Cope, K. (2012) Seeing the Big picture. Business acumen to build your credibility, career, and Company. Austin, TX. USA: Greenleaf Books. 

domingo, 9 de octubre de 2016

Camaleones organizacionales

Se escucha con alguna frecuencia se habla de personas acomodadas. Esas personas que tienen la habilidad de moverse a zonas tranquilas en medio de las tormentas y situaciones agrestes. Son individuos con una capacidad de adaptación que les permite asumir posturas poco frecuentes en ellas, con el propósito de superar los escollos que se presentan y preservar su supervivencia en el medio.

Estas personas podrían catalogarse camaleones organizacionales, como quiera que conocen bien la dinámica de la organización y lograr mutar rápidamente frente a las circunstancias, de tal forma que, o se esconden en la vorágine de la estructura organizacional o se presentan delante de ella como “guías” naturales para aquellos que no conocen los movimientos de la empresa durante sus transformaciones.

Los profesionales acomodados, mantienen su nivel de competencia y aporte en la organización basado en los contactos que tienen, de tal forma que balancean una cadena de favores, donde la reciprocidad es la constante que permite un flujo de acciones, que benefician a cada parte, bien porque ha podido movilizar un tema en otra área, o porque se ha reconocido el aporte de la persona para lograr una actividad clave en la organización.

Las mutaciones de estos camaleones, sugieren una capacidad natural de los individuos para focalizarse en sobrevivir y mantener las posiciones privilegiadas que ha adquirido a lo largo del tiempo. Cuando no es posible conectar con el cambio o la transformación, entran una zona de incomodidad, de actuaciones erráticas, buscando apoyo en el entorno transformado para lograr ajustarse y situarse de forma privilegiada, mientras pasa la tempestad y volver a salir para reconocer el escenario con su red de contactos.

Las personas acomodadas suelen con facilidad llevar a límites insospechados sus actuaciones con el fin de proteger sus intereses. Su vista no es otra que la personal y la de sus contactos, aunque ante situaciones donde su red no lo puede defender, sólo tendrá ojos para defenderse a sí mismo, dando la espalda a aquellos que en otro momento lo defendieron. Es un costo político muy alto que está dispuesto a asumir por su supervivencia.

Quienes viven cómodos en la organización movilizan su red de contactos, para motivar acciones que le permitan mantener su nivel de competitividad y así beneficiarse mutuamente de los logros que se tengan. Esto es, “yo te ayudo, tú me ayudas”, una frase que se escucha frecuentemente en las empresas, que da cuenta de la necesidad de ser validados frente al referente organizacional y los indicadores de gestión que aprietan la exigencia de desempeño.

Si se hiciera un ejercicio de caso de negocio para estos personajes podríamos decir que saben priorizar sus intervenciones, obtienen el apoyo requerido para sus actividades, modifican la oferta existente de la empresa, saben con quién conversar y con quien no, y saben vender su producto o servicio. Son estrategas que usan su habilidad para sobrevivir y comunicar que son enlaces válidos en medio de los inciertos organizacionales.

Los camaleones organizacionales deben renovar cada cierto tiempo su portafolio de productos y servicios para encontrar anclas en la organización que les permita seguir sobreviviendo, de no hacerlo, serán alcanzados por la luz de los resultados concretos, los cuales dejarán al descubierto su camuflaje y por tanto, su mejor herramienta de supervivencia, acabando con los privilegios alcanzados y marchitando su credibilidad, lo que implica la extinción de la especie, sin ningún tipo de recuerdo empresarial, ni reconocimiento de logros previos.

Si bien un camaleón organizacional exhibe una serie de características interesantes como estratega y maestro de las tácticas de supervivencia, es una persona que se encuentra instalada en lo que sabe, que se cubre con los contactos que tiene y que no tiene interés en que las cosas cambien. Es una especie que no busca desarrollarse a sí misma o a otros, se nutre de la fuerza vital de los demás, para mantenerse sobre las olas de los resultados organizacionales, dejando en entre dicho sus propios sueños y expectativas, los cuales se marchitan con el pasar del tiempo.

Si alguien aspira a ser un camaleón organizacional, que lo piense muy bien, pues los efectos de mediano y largo plazo, de mantenerse en esa posición, comprometerán sus capacidades de crecimiento y logro, pues la zona cómoda irá poco a poco consumiendo la ilusión de los sueños y la energía de los logros, hasta que no pueda moverse y allí será el momento donde no habrá forma de cubrir o mantener la vida como la conoce, ni de remediar aquello que el mismo construyó y decidió al acomodarse en la empresa.


El Editor.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Información y conocimiento

Se dice que estamos entrando en la Cuarta Revolución Industrial, aunque algunos académicos indiquen que no sea el mejor término para denominar esta nueva etapa de la humanidad, donde la información y el conocimiento se constituyen en la moneda real del valor y conquista de las nuevas fronteras económicas y empresariales del mundo.

La información un elemento configurado alrededor de intereses particulares, que busca establecer una lectura específica de la realidad, para tomar decisiones que permitan alcanzar una ventaja en el escenario global, y el conocimiento, la movilidad permanente de la información, como categoría emergente, resultante de resolver preguntas alrededor del “cómo” se hacen la cosas; son dos hechos que movilizan el entender y el saber de la humanidad hacia linderos antes desconocidos.



La educación actual, si bien se encuentra en transición de la escolaridad hacia una movilidad, donde la incertidumbre y la inestabilidad se constituyen como la fuente del currículo real, está preocupada por construir referentes de información y respuestas a preguntas conocidas, impactando la capacidad de innovación y creatividad de sus clientes. En este sentido, se hace necesario acelerar las posturas novedosas de los que se arriesgan a crear el incierto y la ambigüedad en sus aulas de clase, para movilizar el pensamiento hacia la construcción de escenarios y realidades inéditas e inexploradas.

El conocimiento no puede ser sólo la experiencia que se concreta en un aula de clase, sino el fluir permanente de la mente humana sobre las olas de aprendizaje a las cuales se encuentra expuesto, esa condición natural de construcción de mundos emergentes que provocan desencuentros con las prácticas conocidas, para deconstruir lo que hemos aprendido y reconocer las nuevas oportunidades para crear ganancias teóricas que hacen mover la línea del saber.

Si bien como anota el profesor Calvo (2016, p.160), “la incertidumbre y contradicciones nos confunden en la escuela, pero nos orientan fuera de ella”, es necesario pasar la página de los eventos y problemas conocidos, para asumir una educación fuera de las aulas, como una oportunidad complementaria de la formación humana. Una apuesta que nos saque del dominio de la causalidad, de las explicaciones definidas y de la inercia de las respuestas pedagógicas tradicionales.

El conocimiento como fundamento de las relaciones de la sociedad del siglo XXI, debe conjugar la teoría y la práctica, establecer una ruta convergente que enlace las formalidades de los académicos, con las posibilidades de los empresarios, de tal forma que la empresa se convierta en un escenario privilegiado de aprendizaje permanente y la academia un habilitador de nuevos negocios en la práctica de los empresarios. Esta doble realidad conecta la inestabilidad del entorno de negocios y de los conceptos aprendidos, como fundamento para romper el aislamiento y prevención tanto de la academia para la empresa y viceversa.

Así las cosas, información y conocimiento como posibilidades de conquista plena del ser humano, al servicio de su comunidad, establece una fuente real de oportunidades, no solamente de “saber hacer”, sino de “saber ser”. En este sentido, esta nueva revolución empresarial basada en un mundo digitalmente modificado, no deber ser óbice para enriquecer y desarrollar el potencial humano, ese que supera el cumplimiento de tareas empresariales y es capaz de cruzar el umbral del confort social, para concretar aprendizajes que modifiquen sus actitudes actuales y potencien nuevas capacidades futuras.

El Editor

Referencias

Calvo, C. (2016) Del mapa escolar al territorio educativo. Disoñando la escuela desde la educación. La Serena, Chile: Editorial Universidad de la Serena.

domingo, 18 de septiembre de 2016

¿Qué significa cambiar?

Una de las palabras más utilizadas en el mundo actual es “cambio”. Una palabra que está en boca de ejecutivos, profesionales, motivadores, coaches, personas del común, con la que tratan de significar el proceso de transformación que están viviendo los individuos o la situación que saben que pronto van a emprender o provocar en sus vidas.

Cambiar implica muchos movimientos tanto al interior (que son los más importantes), como al exterior de las personas. Es una opción, un compromiso personal que implica salir de la estabilidad construida y afianzada para crear una nueva ruta de crecimiento y conquista propia. Mucho se ha escrito sobre el cambio, sobre cómo cambiar, pero poco realmente se practica y se concreta para que la palabra se materialice.

Siguiendo algunas ideas de Horacio Andrade, en su libro “Cambio o fuera”, cinco son los elementos comunes cuando de enfrentar, desarrollar, provocar o concretar un cambio se requiere.


1. Desprender las propias creencias, los paradigmas, de lo que hemos dado por hecho prácticamente sin cuestionamiento alguno a lo largo de la vida. Este primer elemento, es un movimiento interior profundo, una confrontación interna que lleva a cuestionar nuestras propias seguridades, para habilitar nuevas posibilidades de ver la vida y potenciar nuestras habilidades o desarrollar nuevas para llevarnos al siguiente nivel de evolución que espera para mostrarnos todo lo que podemos alcanzar.

2. Asumir los riesgos inherentes al cambio. No es posible concretar un cambio sin motivar una zona de incertidumbre, una zona de inestabilidad tanto interna como externa. Un riesgo es un movimiento incierto que atenta contra aquellos elementos establecidos por el paradigma vigente, una forma alterna de pensamiento que motiva repensar lo conocido e incomodar la práctica actual.

Es importante distinguir entre ser arriesgado y ser temerario. Mientras el primero es una persona que valora y precisa los retos que implica moverse de un lugar a otro, el segundo es un individuo que se lanza a lograr cosas sin reflexión ni valoración, un ser dispuesto a todo, un egoísta que confunde los fines y los medios para alcanzar sus metas.

3. Desarrollar el pensamiento lateral. Debono (2006) anota que el pensamiento lateral es un pensamiento contraintuitivo, donde es necesario cambia el patrón habitual de pensamiento para ver distinciones antes inexploradas. Lo anterior, supone romper la tradición sobre la cual está construido el ejercicio del cambio, para plantear caminos ingeniosos y posibilidades inadvertidas que permitan una vista refrescante de la realidad, que sólo es posible cuando desconectamos aquello conocido, incorporamos aspectos novedosos o inesperados y volvemos a reconstruir bajo nuevos supuestos.

4. Aprender a cambiar uno mismo, lo que demanda de una buena dosis de autocrítica y, sobre todo, de humildad. Un elemento que busca conectar la estrategia de cambio con las motivaciones internas, los valores y creencias propias con el fin de traducirse así mismo en el cambio que se quiere proyectar. Comprender en detalle los seres que somos, nuestras capacidades, limitaciones y retos, nos habilitar para soñar con la mente en el cielo y la ejecución con los pies en la tierra. Nadie puede reemplazarnos en el camino de hacernos mejores versiones de nosotros mismos.

5. Motivar transformaciones en los otros. Este último elemento tiene dos connotaciones muy importantes: a) las personas tienen derechos y b) cada uno tenemos obligaciones y responsabilidades. Transformar a otros, implica respetar quienes son, cómo conciben la vida y entender las motivaciones que los movilizan, y de igual forma, comprender nuestro papel en la sociedad, que implica hacernos conscientes de lo que se espera de nosotros, nuestras obligaciones y responsabilidades para hacer que las cosas pasen.

Si entendemos que el cambio nace en una condición interna de los hombres y que el entorno, anticipa o genera aspectos que lo aceleran o lo inhiben, es importante entender que en un mundo donde las certezas han desaparecido, como afirma Andrade (2011, p.128), “hay que estar siempre abierto y hay que ser todo lo flexible que se necesite, porque aprender consiste, precisamente, en acceder a otras formas de ver la realidad”.

El Editor

Referencias
De Bono, Edward (2006) El Pensamiento Lateral. Madrid, España: Editorial Paidós Ibérica S.A.
Andrade, H. (2011) Cambio o fuera. Dirigir en el siglo XXI. Estados Unidos de América: Palibrio.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Seres contingentes

Anotan los profesores Colom, Sarramona y Vázquez (1994, p.34) que “la contingencia implica inseguridad. (…) Ello significa renunciar a las soluciones perfectas y plantear las cuestiones en términos de “posibilidad” o de aproximación. La contingencia implica asimismo eventualidad, cambio, y por lo tanto dependencia”, una frase que nos recuerda el ser contingente que somos, lo necesitado de nuestra condición humana y la inevitabilidad de la falla que debemos asumir.

Continúan los académicos diciendo: “etimológicamente, contingencia proviene del latín contigo, que significa ser limítrofe, o sea, estar en relación o en contacto, lo que hace que se pueda acoger al significado de interacción entre variables, en donde una de ellas está en función de la otra”, un ejercicio de reconocimiento del otro como parte de un todo donde construimos y evolucionamos para mantenernos en constante movimiento, sabiendo que la vulnerabilidad es la fuente natural del aprendizaje y del cambio que requerimos o requieren las empresas.

Entendernos como seres contingentes, es reconocer que estamos sujetos al cambio, a fluir más allá de las causas y efectos del mundo, para comprender cómo estamos conectados con otras personas para enfrentar situaciones límites o inesperadas, y así superar la posición cómoda que podamos tener en algún momento. Mantener una postura abierta en la vida frente a las situaciones inciertas y motivar cambios en nuestra forma de pensar y actuar, permite que la experiencia de vida, sea una experiencia educativa que transforma nuestro hacer y por tanto, construye y define nuestro actuar.

Si la contingencia significa dependencia, estar en relación con, debemos entender que no estamos solos en la construcción de nuestros sueños y conquista de nuestro destino. La inseguridad que produce estar frente a la inevitabilidad de la falla, debe activar en nuestra mente la posibilidad de tomar acciones sin temor al castigo, para crear oportunidades que releven aspectos inéditos de la realidad, distinciones no preestablecidas que hacen avanzar la forma como reinventamos el mundo y a nosotros mismos.

Si entendemos que la vida y las organizaciones no son procesos secuenciales de acuerdo con una sucesión cronológica de un calendario y llevada a cabo en un lugar predeterminado, es posible entender que la contingencia es una realidad natural que asiste a los seres humanos para encontrarse unos con otros, como la fuente de un nuevo lenguaje que remonta las diferencias superfluas de clases o condiciones, para lanzarnos a superar las certezas donde hemos sido educados, y conquistar el imperio de la causalidad.

Aceptar que somos seres contingentes, significa descubrir y revelar aquello que había estado temporalmente oculto; es habilitar el “poder ser”, ese que avanza y retrocede, que comprende y se confunde, que tiene encuentros y desencuentros; ese que tiene más incertidumbres que certezas, ese plantea más posibilidades que probabilidades; en pocas palabras, esa persona que sabe de la inestabilidad del momento y del entorno donde opera para repensarse como participante creativo y no como controlador de la naturaleza (Calvo, 2016, p.94).

El Editor.

Referencias
Colom, A., Sarramona, J. y Vázquez, G. (1994) Estrategias de formación en la empresa. Madrid, España: Ediciones Narcea.
Calvo, C. (2016) Del mapa escolar al territorio educativo. Disoñando la escuela desde la educación. La Serena, Chile: Editorial Universidad de la Serena.