sábado, 26 de diciembre de 2015

Terminar implica desprenderse

Cada vez que terminan ciclos o momentos en nuestras vidas, debemos consultar qué hemos logrado, qué cosas hicimos bien, qué cosas no salieron como queríamos y a cuántas personas pudimos ayudar a crecer, bien en lo material o en lo espiritual. Cuando termina un ciclo en nuestras vidas, necesariamente existe un desprendimiento en alguna parte de nuestro ser; algo que se debe mudar para emprender el nuevo paisaje por venir.

Mientras no puedas mudar o dejar cosas en tu vida que no suman, que te amarran a tu pasado: logros, reconocimientos, decepciones, conflictos o enredos del corazón, no estarás dispuesto para asumir con claridad la nueva ventana de oportunidades que inicia con tu nuevo tiempo. No podemos mantener aquellas emociones o condiciones tóxicas que generen lastre en tu vida y no te dejan avanzar con celeridad en la búsqueda de tus sueños.

Cada vez que conquistas y logras concluir tu tiempo, es necesario vaciarte de todo lo aprendido, de todo lo logrado, de todo lo conseguido, para poder aspirar a metas superiores y revelar los nuevos horizontes que la vida tiene para que sea un mejor ser humano, lleno de plenitud, de gracia y de bendición. Cuando estamos pesados con el equipaje, poca movilidad tenemos, cualquier evento nos saca de control y perdemos el equilibrio en cualquiera de nuestras actuaciones.

Así pues, clausurar un momento de nuestras vidas es una invitación a eliminar todo aquello que nos impide elevarnos al siguiente nivel de evolución y crecimiento personal, profesional y espiritual. Es una invitación a conectarnos con nuestro yo interior, para capitalizar las lecciones aprendidas, motivar nuestro coraje y asumir los retos que el nuevo escenario tiene para los que están dispuestos a hacer que las cosas pasen.

Terminar un periodo de nuestras vidas, es haber invertido nuestro tiempo con otros, haber comprendido sus necesidades y retos, es haber dejado parte de sí en cada momento y situación, como legado de nuestra entrega y reconocimiento de los otros, como verdaderos otros. Conforme vamos concluyendo ciclos, más aprendizajes debemos atesorar, es decir capitalizar la experiencia que se ha conseguido, que no es otra que aquella que se adquiere luego de habernos equivocado.

Cerrar un ciclo de nuestra existencia es detenerse a escuchar las olas del tiempo, la risa del viento y el arado del mar, conexiones insospechadas que nos sumergen en el infinito de la naturaleza, como una respuesta a nuestros propios interrogantes y la antesala de los cambios que requieren nuestras vidas. Todo esto para darnos cuenta de lo pequeños que somos; esas vasijas de barro que deben morir a su propia esencia, para ser reconstruidas con la filigrana de oro sagrada fundida en el crisol de la fe, la esperanza y el amor.

No se trata de construir y mantener una vitrina de la vanidad llena de lujosas joyas “personales” para exhibir, sino en conectarnos en cuerpo, mente, corazón y alma con nuestro referente trascendente, para renovar nuestros votos de crecimiento perpetuo (soltar las amarras del puerto conocido), para descubrir (zarpar) y hallar quiénes somos realmente y qué queremos alcanzar a nivel personal, profesional y espiritual.


El Editor. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

Formando la actitud

Bien anota la sabiduría popular: “No hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla”, condiciones que nos hablan del paso del tiempo y el cumplimiento de metas y objetivos, del ejercicio de ejecución de un plan de trabajo, que nos indica lo que hemos caminado y las lecciones que hemos aprendido. Esta realidad nos conduce indefectiblemente a revisar y evaluar lo alcanzado y establecer la efectividad de nuestra planeación durante el marco de tiempo establecido para realizar el plan.

Considerando lo anterior, movilizar un plan exige, además de las condiciones naturales de un proyecto, tiempo, recursos y objetivos, un elemento fundamental que es la actitud. Es posible tener todo lo anterior coordinado y en las proporciones necesarias, pero sin una actitud adecuada sólo sería la ejecución de un conjunto de actividades y no la consecución de un nuevo logro.

Por tanto, es necesario consolidar la vista de la actitud para asegurar que el esfuerzo, que hace la diferencia, está realmente conectado con una meta superior que transforma y detona el potencial de aquellos que participan. Para ello, John Maxwell, en su libro “¿Qué tan alto quiere llegar?”, establece algunas reflexiones que nos permiten sintonizar los retos que tenemos con la actitud que se requiere para triunfar en la vida:

* ¿Quién soy? La personalidad establece rasgos de las personas y el rastro de las actitudes que definen a un individuo.
* ¿Qué me rodea? El ambiente afecta nuestro sistema de creencias. Los contornos nos definen y fundan nuestra manera de conectarnos y movilizarnos con y en la realidad.
* ¿Cómo me expreso? De lo que está lleno el corazón habla la boca. Las palabras comunican sentido en un contexto particular y determinación a la hora de tomar acción.
* ¿Cómo me siento? El sentimiento es lo que queda luego de una experiencia. Cada momento en la vida se conecta con nuestro sentir. Podemos olvidar las enseñanzas, pero la emoción permanece.
* ¿Cómo me veo? Los sentimientos internos definen nuestras actuaciones externas. De la percepción que tenemos de nosotros mismos, depende la transformación de la vida que podemos tener.
* ¿Qué puedo aprender y desaprender? Qué riesgos estamos dispuestos a correr, ¿qué cosas vamos a dejar atrás para abrirnos a nuevas oportunidades y experiencias? Todas experiencias en la vida preparan el camino del siguiente paso y fundan la cuota del siguiente nivel.
* ¿Quiénes influyen en mí? Lo que otros dicen acerca de su percepción sobre nosotros afecta cómo nos percibimos a nosotros mismos. Revisa que cosas vas a dejar entrar en tu dominio para que sume y las otras que deberás abandonar, que no agregan valor y roban tu energía.
* ¿Cómo luzco ante los demás? La apariencia exterior proyecta, comunica y conecta con los otros. No son los estándares del mundo los que te definen, sino tu propia esencia y valor la que hace la diferencia. Luce tu mejor versión cada vez, para que tu legado sea permanente.
* ¿Dónde tengo puesta mi seguridad? Una pregunta que nos interroga sobre “en qué creemos”, un ejercicio de esperar lo mejor del otro, como fundamento de una relación de doble vía donde mis debilidades ofrecen la seguridad para continuar creciendo.

Todas estas preguntas establecen los contornos de la realidad interior, como una preparación y construcción permanente de la actitud, aquella que moldea y define las acciones que transforman expectativas y sueños, en realidades y resultados concretos.

El Editor

Referencia

Maxwell, J.  (2014) ¿Qué tan alto quiere llegar? Determine su éxito cultivando la actitud correcta. Nashville, USA: Grupo Nelson. Capítulo 6.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Pronósticos personales

Durante estos días estamos invadidos de noticias sobre cierres y personajes del año, sobre pronósticos para el año siguiente y en alguna medida de predicciones que nos anticipan cambios y transformaciones que establecen nuevas realidades y retos tanto para las personas como para las empresas.

El ejercicio de hacer pronósticos a nivel empresarial, es una práctica que motiva una revisión en profundidad de los hechos y datos disponibles, así como la exploración de tendencias claves para la dinámica del negocio que permiten establecer escenarios posibles y probables con el fin de obtener, en la medida de la posible, una lectura del futuro y de aquello que puede ocurrir en los próximos años.

El resultado de esta práctica establece un conjunto de posibilidades que procuran una base de movimientos estratégicos claves de la empresa, sin perjuicio que aparezcan tendencias no identificadas, las cuales cuestionarán los ejercicios previos realizados, no como un reclamo sobre la precisión de los mismos, sino como una oportunidad para enriquecer la vista planteada y la manera como incorporar nuevos aprendizajes propios de la complejidad del entorno.

Así como ocurre en el mundo empresarial, en la vida personal es necesario establecer los mapas profesionales de mediano y largo plazo, que permitan vincular aquellas cosas que sabemos hacer muy bien, con las oportunidades que se visualizan en el entorno. Este ejercicio, demanda un reconocimiento personal de nuestras capacidades y abrir nuevos espacios de conexión con otros profesionales y amigos para tender puentes inéditos que creen un escenario diferente donde se cultive aquello que queremos en el futuro.

Los pronósticos permiten en nuestra vida personal desarrollar un ejercicio de proyección y movilidad que genera incomodidad y resistencia frente a lo logrado hasta el momento. Esta situación demanda una visión de la vida que entiende la dinámica social, económica y política donde estamos situados, así como la definición de una estrategia clara de formación y construcción de posibilidades que nos lleven de una orilla conocida a otra que aún no conocemos, pero podemos construir.

En este sentido, es nuestro deber salir al encuentro de nuestra propia ruta de navegación, para ubicar en el plano de las oportunidades y posibilidades, aquellas coordenadas que nos lleven al siguiente nivel de comprensión de la realidad; un camino de situaciones inesperadas, inciertas y novedosas que enfrenten nuestras creencias, valores y actitudes para decidir sobre aquello que queremos y la vida en abundancia a la cual estamos destinados.

Por tanto, levanta la cabeza, mira al horizonte y traza la ruta de la prosperidad que quieres para tu vida, un plan estratégico y táctico que conjuga la mejor versión de lo que eres hoy y la visión de tus retos superados, aquellos que te transforman en una persona diferente y madura que sabe lo que quiere, permanece atento a las tendencias del entorno y se mantiene fiel a sus talentos, esos que lo hacen un ser único e irrepetible.


El Editor

sábado, 5 de diciembre de 2015

Versión mejorada

Muchas veces hay momentos que pensamos que las cosas no salieron como hubiésemos querido que salieran; que algo no se tuvo en cuenta y por esta razón el resultado esperado fue algo totalmente distinto a lo planeado. Esta experiencia genera en el interior de una persona sentimientos de frustración y algunas veces de vergüenza, porque lo más probable es que una persona, misteriosamente amada o querida, termina siendo afectada o un proceso comprometido.

Sin perjuicio de lo anterior, estas situaciones se presentan no solamente para ilustrarnos que en los detalles está la clave de la ejecución, sino para insistir en nuestro proceso de aprendizaje y lecciones aprendidas que forjan nuestro carácter y sobre manera nuestra forma de entender el mundo desde la sabiduría del error. No es una cuestión de autoincriminación, sino de reconocimiento de las oportunidades en cada situación límite, pues en ese punto y hora se quiebra la lectura normal del mundo y se deja ver aquello que no hemos visto.

Cuando tenemos la oportunidad de confrontar nuestros propios modelos mentales, nuestras propias creencias, así como los lentes que tenemos para ver el mundo, entramos en una zona de incomodidad, de incertidumbre que lucha contra la zona cómoda, con los conceptos conocidos y con la pereza mental por el traslado de nuestro razonamiento a un lugar incierto y de alguna forma desconocido. Es en ese momento cuando el cuerpo y el corazón son sometidos a las presiones externas y nuestro espíritu parece sucumbir, y sin embargo,permanece latente la luz interior que siempre está encendida como faro de la fe en donde lo sagrado vive eternamente.

Así como en una buena presentación, transmitir el mensaje y conectar con los asistentes, hacen parte de la ruta que nos hemos trazado para hacer presencia en el mundo y no ser uno más de la masa; una lectura positiva de todo lo que ocurre, como postura proactiva de la vida, definen un paisaje distinto a lo conocido que establece los trazos incompletos del artista para que cada observador lo termine según la experiencia de cada momento y la impronta que su vocación le llama a cumplir.

Cuando algo no sale como lo hemos planeado, es necesario abrir el sifón de nuestros rencores, desazones y temores, para que liberados de esa energía que nos disminuye, podamos conectarnos con la divinidad presente en el universo y así reconstruir aquello que no estuvo a la altura. Esto es, procurar una actitud motivada, divertida, de impacto, interesante y reflexiva que establezca las bases de una personalidad resiliente, emprendedora y sobre manera, humana que está dispuesta a soltar y dejar sus viejos paradigmas y arriesgarse a comprender formas alternas de construir la realidad.

Finalmente, aquello que llamamos realidad, no es otra cosa que la interpretación parcial de un conglomerado que crece alrededor de un territorio, construyendo una identidad y reinterpretando su propio tejido social; una experiencia de muchas personas, que a pesar de sus imperfecciones y errores son capaces de verse uno al otro y conectarse con un mundo trascendente, donde la vida no termina, sino que inicia con una versión mejorada.

El Editor

domingo, 29 de noviembre de 2015

Saber SER. Competencia clave para trascender

La polisemia de la palabra competencia permite que muchas personas, empresas o entidades la usen de forma imprecisa, generando posiciones encontradas entre los diferentes públicos y audiencias. Esta diversidad de significados, nos pone en alerta sobre la riqueza misma de la palabra y los retos que esto implica para su adecuado uso y pertinencia en el contexto que se mencione.

La palabra competencia en esta breve reflexión la vamos a leer desde la vista de las ciencias de la educación, particularmente haciendo énfasis en las genéricas, que nos hablan sobre “el modo de actuar de las personas tituladas en su desempeño ciudadano y profesional” (Yániz, 2015, p.17). Las competencias genéricas establecen el marco de referencia y el fundamento que toda persona debe tener para entrar en la vida laboral y conectarse con la dinámica empresarial.

En razón con lo anterior, el trabajo en equipo, transmitir conocimiento experto, gestionar información, gestionar el propio aprendizaje, comunicarse de manera efectiva, redactar adecuadamente textos, entre otras, son ejemplos naturales cuando de contratar una persona en una empresa se trata. En este sentido, las competencias genéricas son la base para tener oportunidades de ingreso al mundo laboral. Esto es, mientras más dominio se tenga de estas, mayor visibilidad y atractivo habrá para la compañía que se interese en el perfil de la persona.

Te has puesto a pensar en ¿cómo están tus competencias genéricas? La respuesta debe motivarnos a revisar aspectos propios de nuestras prácticas empresariales y animar nuevas formas de avanzar en el conocimiento de las habilidades que tenemos y debemos desarrollar para alcanzar mayores niveles de dominio en las actividades que se nos encomiendan a diario en las empresas.

Sin perjuicio de lo anterior, las competencias genéricas deben ser complementadas con una lectura trascendente de la vida personal, donde no solamente se privilegie el saber hacer, el saber conocer y el saber convivir. Lo anterior, implica entrar en la profundidad del saber ser, una competencia que implica desarrollar el sentido trascendente del individuo, donde sus acciones benefician a otros y éstos a su vez hacen lo mismo con quienes tienen a su lado.

Yarce (2014) indica tres elementos claves para desarrollar la competencia del saber ser:
  • Aprender a pensar
  • Aprender a querer
  • Aprender a amar

Aprender a pensar, esto significa que debemos entender que todo está conectado, que estamos en una red de conexiones, que establecen y modifican comportamientos que nos hacen diferentes y complementarios al tiempo. No es posible entender la dinámica del mundo de forma aislada, sin generar tensiones por ignorar las relaciones presentes allí, algunas de ellas visibles otras no.

Aprender a querer, es profundizar en la voluntad del hombre, en las actitudes y disposiciones que tiene para entrar en la existencia del mundo o de otras personas, para conocer y compartir. Es el esfuerzo sostenido para dar vida a los propósitos y ser fieles, a pesar de las tempestades, para alcanzar los resultados. Bien dice la sabiduría popular: “el que quiere, puede”.

Aprender a amar, es una comprensión del otro en mí, es ponerse en situación con el otro y experimentar la donación mutua que sella la relación con su prójimo. El que ama comparte y permite que emerja lo mejor del otro. No se alcanza plenitud al cumplir un conjunto de reglas o mandatos, sino en la espontaneidad de la construcción permanente de la relación.

Si logramos transitar en las consideraciones del saber ser, los demás saberes estarán armonizados y complementados, como quiera que la riqueza de tu perfil en las organizaciones, no estará solamente en aquello que has aprendido en la universidad o en lo que eres académica y empresarialmente hábil, sino en la convicción y firmeza del desarrollo trascendente de tu propio saber ser.

El Editor.

Referencias
Yarce, J. (2014) Liderazgo trascendente. Bogotá, Colombia: Editorial Panamericana.
Yániz, C. (2015) Las competencias genéricas como finalidad educativa. En Villardón-Gallego, L. (Coord.) (2015) Competencias genéricas en educación superior. Metodologías para su desarrollo. Madrid, España: Narcea S.A de Ediciones. 13-23

sábado, 21 de noviembre de 2015

Reingeniería actitudinal

Dicen que la actitud lo es todo, que es la forma como nos movilizamos para alcanzar lo que queremos. Leyendo recientemente el libro del Dr. Juan Pablo Aguilar Meza, denominado “Reingeniería actitudinal: La ciencia y el arte de potenciar la actitud” encontré una definición de lo que es una actitud:

La actitud es un estado emocional adquirido, preconcebido, relativamente duradero y susceptible al cambio, el cual resulta de un sistema multicomponente y dinámico de factores internos y externos que influyen en la forma de pensar y actuar de una persona respecto a un suceso, tema, individuo o situación” (Aguilar, 2015, p.16)

Una definición que establece todo un desafío multidimensional para comprender como movilizar ese estado emocional, que vamos adquiriendo conforme nuestras experiencias personales. Bien afirma el Dr. Aguilar que “no se puede tener una actitud respecto a algo que no se conoce”, es necesario entrar en contacto con el mundo y sus niveles de sensibilidad para encarar y definir una forma de asumir una realidad.

Sigue en su reflexión el académico, indicando que “una actitud puede cambiar por nuestro razonamiento, o por la influencia de otros”, lo que implica necesariamente deconstruir la realidad donde habitamos, cambiar aquello en lo que creemos y nuevamente conectar con los otros. Una actitud renovada, implicar abandonar los prejuicios que hacemos de otros y de nosotros mismos, para reconstruir el sistema que la contiene.

Si una actitud cambia, anota el científico, cambia todo. Una frase que nos advierte que la transformación que buscamos y queremos está más cerca de lo que esperamos. Es un viaje que implica tomar acción sobre nuestras propias creencias, formas de pensar y de conocer el mundo donde vivimos y darnos la oportunidad de conectar y abrir espacios para comprender que, sólo en la sintonía con otros, somos capaces de movilizar acciones que el mundo espera y necesita.

El Dr. Aguilar establece nueve características claves de la actitud: es reforzadora, tiene intensidad, es transmisible, es multidimensional, se puede exportar, es preconcebida, es modificable, es proyectiva y finalmente y no menos importante multiplicadora. Cada una de ellas se desarrolla, impacta y define a los individuos de tal forma que establece elementos concretos que pueden ser modelados y trabajados para movilizar a las personas para que alcancen un mayor potencial.

Si lo anterior es correcto, podemos comprender, como anota el Dr. Aguilar, que “nadie se equivoca a propósito, se toman decisiones con la información o la emotividad inadecuada”, una expresión que nos sumerge en la realidad de las emociones y diferentes variaciones de las personas. Una reflexión que nos lanza a descubrir las raíces del ser humano que nos convoca y nos interroga, para que podamos comprender aquellos influenciadores que distorsionan la realidad y nos confunden frente a otros.

Modificar la actitud es un reto que exige una re-conexión del hombre con su propia realidad, con sus sueños y retos, una motivación intrínseca, que modifica la intensidad de la actitud, afectando la manera como nos lanzamos a lograr las cosas. 

En este contexto, revisa tus actitudes y la percepción que tienes del mundo, sólo así podrás desaprender aquellas actitudes nocivas y cultivar aquellas que fortalezcan tus influenciadores internos para superar tus propias limitaciones y resignificar tu propia vida desde la pedagogía del error.

El Editor

Referencia

Aguilar, J. (2015) Reingeniería actitudinal: La ciencia y el arte de potenciar la actitud. Guadalajara, Jalisco. México: Impre-Jal S.A de C.V.

domingo, 8 de noviembre de 2015

El caso de negocio: Tu vida

Con frecuencia se escucha cuando se quiere “vender” un proyecto o iniciativa, sobre el “caso de negocio”, esa práctica empresarial que busca demostrar que las inversiones que se quieren hacer van a rendir los beneficios que la organización y los clientes esperan. De acuerdo con el Dr. June Paradise Maul, autor del libro “Developing a business case” siete son los pasos que se deben tener en cuenta para formular un caso de negocio:

1. Defina la oportunidad. Esto supone describir la situación y el objetivo de negocio que su propuesta va a afectar. Lo anterior supone conocer en profundidad aquello que se quiere lograr, los retos que implica y las transformaciones que se van a generar si se implementa.

2. Identifique alternativas. Elabore y desarrolle cursos de acción que se pueden adelantar para capitalizar la oportunidad. Para ello, genere una lista de opciones, recibe comentarios de sus grupos de interés y priorice aquellas que adviertan mayores beneficios.

3. Recolecte información y estime marcos de tiempo. La información que se requiere posiblemente está en sus colegas de otros departamentos o de otras industrias, reportes especializados de revistas, expertos de la industria, fuentes en internet, firmas de consultoría. Y de otra parte la estimación de tiempo requiere de estimaciones y condiciones del contexto, así como las expectativas de aquellos que pueden llegar a ser patrocinadores de la iniciativa.

4. Analice las alternativas. Considerando la información disponible y las métricas establecidas en el paso No.1, se desarrolla un marco de comparación de alternativas que determine aquellas de mayor impacto en términos de tiempos, capacidades a desarrollar (cambio en el status quo) y eficiencias financieras.

5. Haga su selección y evalúe los riesgos. Seleccionar la mejor alternativa, exige comprender el escenario incierto que rodea la implementación de la misma, capitalizar los posibles desequilibrios como oportunidades para crear nuevos puntos de quiebre que redefinan la forma de hacer la cosas y de igual forma, establecer acciones de mitigación que suavicen eventos inciertos de la propuesta.

6. Plantee un plan para implementar la idea. Esta actividad debe llevar un propósito claro para su desarrollo, establecer una lista de hitos claves, momentos de comunicación a los tomadores de decisiones sobre el avance, identificar los recursos necesarios, indicar cuando se generarán los beneficios y tener un registro de su resultados.

7. Comunicar su caso. Esta es una de las fases más importantes, lo que implica conocer muy bien su audiencia, qué quiere de cada uno de ellos, qué valores son los más importantes para tomar la decisión, cómo se beneficiarán de la puesta en marcha de la iniciativa, demostrar solvencia en el tratamiento de los riesgos y sus oportunidades y conocer como sus posibles patrocinadores quieren recibir esta información.

¿Te has puesto a pensar en el caso de negocio que es tu vida? Las oportunidades son el ejercicio permanente de abrir horizontes y crear el futuro que quieres. Por tanto, define y confirma tu caso de negocio para comunicar diariamente, con tus capacidades y logros, las transformaciones que eres capaz de alcanzar y la vida en abundancia que genera, ser fiel a la vocación y talentos recibidos.

Referencia

Paradise, J. (2011) Developing a business case: expert solutions to everyday challenges. Boston, MA. USA: Harvard Business School Publishing.