lunes, 29 de junio de 2015

Innovar: Equivocarse anticipadamente

En el camino de la innovación y desarrollo de capacidades distintivas, tanto en las personas como en las organizaciones, se requiere una alta dosis de tolerancia a la falla, o mal llamado fracaso. Palabra que tiene una carga emocional que afecta a las personas y no les permite, movilizarse, sabiendo que lo que realmente ocurrió fue un intento más para ser mejor y aproximarse a sus sueños.

En este contexto, para mantenerse “delante de la curva”, se hace necesario anticiparse e intentar cada vez mejor para llegar primero que otros y sentar las bases de los nuevos desarrollos que motiven la siguiente ola de nuevas ideas y logros. En este sentido, varios académicos y hombres de empresa, ofrecen las siguientes recomendaciones:

1. Equivóquese rápido y capitalice las lecciones aprendidas. Esta recomendación nos motiva a desarrollar prototipos ágiles de las ideas, con el fin de establecer los efectos y posibilidades de las mismas. Esto supone explorar, probar y analizar las ventajas y limitaciones de la idea, que permita confirmar o no sus bondades, o descubrir otras que no se habían formulado previamente.

2. Mantenga desacuerdos y controversias con FAST (Liderazgo de Kodak). Las controversias nos hablan de puntos de vista diferentes, de oportunidades y lecturas de la realidad enriquecidas. Para explotar este potencial, debemos ser FAST (Focus, Accountability, Simplicity y Trust – Foco, Hacerme responsable, simplicidad y confianza), es decir focalizar estas diferencias de manera sencilla, responsable y confiada, de tal forma que todos puedan leer en los otros, una propuesta nueva que sume en desarrollo de la innovación.

3. Sea confiable y competente: equivóquese de manera diferente en cada nuevo intento. Una persona confiable continúa a pesar del contratiempo que se le presenta, busca formas alternas de ver la situación problemática e insiste en el ejercicio de vencer su propio paradigma para leer la realidad diferente. De esta forma, la competencia se va consolidando de tal forma que su capacidad para crear el futuro, no está en sus logros previos, sino en su motivación para proponer escenarios novedosos.

4. Siempre hágase la pregunta: ¿cuál puede ser el peor escenario? Esta pregunta, recaba en la necesidad de evaluar los impactos de las acciones que se adelantan. Mientras la dignidad humana no esté en juego, no se tenga situaciones contrarias a la ley y no se contradigan los fundamentos de convivencia pacífica, las actuaciones de los innovadores serán ocasiones para advertir la nueva frontera del conocimiento y la forma como la humanidad potencia sus propias capacidades.

5. Recuerde, sus cicatrices son el preámbulo de los aprendizajes del mañana. Cada vez que se intenta hacer algo y no sale como se esperaba, se genera una herida (personal o social) que con el tiempo sana (cicatriza) y se hace parte de la vitrina de las fallas. Una vitrina que recuerda la fuerza, el empeño, el aprendizaje y las ganas para hacer la diferencia. Somos fruto de un esfuerzo permanente para superar nuestra propia inercia y revelar el valor de nuestras cicatrices como impronta de la perseverancia para conquistar nuestros sueños.

Por tanto, mientras el fracaso para el mundo de los reconocimientos y logros, es ocasión de temor y dudas, que compromete la imagen y confiabilidad de una persona; para el innovador es la carta de presentación que lo guía para superarse a sí mismo y quebrar la línea del conocimiento, un momento de verdad para aquellos que se han arriesgado a caerse y lastimarse, y cuyas cicatrices dan cuenta de su voluntad inquebrantable para hacer que las cosas pasen.

El Editor.

Referencia
Li, C. (2015) Liderazago abierto. De qué modo la tecnología social puede transformar su manera de liderar. Buenos Aires, Argentina: Gránica Ediciones.

domingo, 21 de junio de 2015

No tenemos control

Llegando casi a la segunda década del siglo XXI, pareciera que estamos ante un dilema muy importante a nivel personal y social: “Aceptar que no tenemos control”, que el mundo abierto y dispuesto a compartir, nos empuja con más fuerza cada día para motivar relaciones donde fluye la información y se definen nuevas formas de comunicar.

Para ser abierto, advierte Charlene Li, “usted necesita librarse de la necesidad de tener el control. Pero para llenar ese vacío, debe desarrollar confianza, ser capaz de creer en que, cuando usted renuncie al control, las personas en quienes usted delega el poder actuarán con responsabilidad”. Esta frase, es una apuesta personal y corporativa, para explorar el reto de ser parte de una sociedad altamente interconectada y socialmente motivada.

Si lo anterior es correcto, estamos ante un desafío que está íntimamente relacionado con las creencias, valores y actitudes de las personas, un paradigma de control que se ha venido resquebrajando desde que la publicación y flujo de información se ha acelerado con el uso de las tecnologías de información y comunicación vigentes. Hoy no es la información por sí misma la que genera u otorga poder, es la capacidad de acción que tiene las personas con ese recurso para transformar su entorno.

En este contexto, Charlene Li, establece cinco nuevas reglas de las relaciones, en un contexto abierto y donde el control, es una expresión que está más allá de condicionamientos por cargo, posición o recursos económicos, para convertirse en un ejercicio de reconocimiento del otro y la capacidad de conectarnos con las realidades tanto de clientes como de colaboradores.

1. Reconocer que sus clientes y empleados tienen poder. Esto es desarrollar una relación de pares, donde las reflexiones de todos suman a la realidad, y donde claramente es posible mantener una vista de construcción de futuro conjunta, donde sus expectativas y las de la empresa establecen sinergias.

2. Compartir constantemente para desarrollar confianza. Intercambiar con frecuencia ideas, reflexiones, actividades permite un ambiente de colaboración, donde puede crecer la confianza, esa expectativa que le otorgamos a otros cuando hace lo que promete, cuando logra transformar con sus acciones y se hace visible el compromiso con una doctrina o meta.

3. Cultivar la curiosidad y la humildad. Expresar curiosidad por lo que alguien está haciendo y tener interés legítimo sobre dicha actividad, permita sintonizar intereses personales y realidades colectivas, que dan cuenta del ejercicio de la humildad, donde se reconoce lo mucho que se tiene que aprender y la necesidad de expresar que “no sabemos”.

4. Mantener una apertura responsable. Esto supone tener claridad tanto de las expectativas que se tienen de la relación, así como de las consecuencias cuando aquellas no se cumplen. Lo anterior supone un ejercicio de comprensión de doble vía, que estará mediado por la capacidad y madurez de las personas, tanto para recibir las cosas positivas, como aquellas que generan tensión y reto frente a situaciones controversiales.

5. Ser indulgente con el fracaso. Dice Charlene Li, que “la consecuencia natural de la responsabilidad es la indulgencia”. Cuando algo no sale bien, no estamos ante una palabra emocionalmente cargada como el “fracaso”, sino ante un intento legítimo y bien intencionado para transformar un contexto. Esto demanda una apertura de las partes para aprender, esto reconocer aquello que no habíamos visto y hacer nuevas distinciones para ver la realidad con ojos renovados.

Si bien la información es el “lubricante de cualquier organización”, la tensión inherente de protegerla y compartirla, genera los dilemas de control que se reportan en la actualidad. En este sentido construir apertura, exige no solamente la disposición política y mediática para motivar la transparencia, sino un ejercicio de virtudes y prácticas personales que establecen un adecuado tratamiento de la información basado en la confianza.

El Editor

Referencia

Li, C. (2014) Liderazgo abierto. De qué modo la tecnología social puede transformar su manera de lidera. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Gránica, S.A. 

domingo, 14 de junio de 2015

La actitud lo es todo

Dicen que la actitud lo es todo en la vida, que no podemos pensar sin tener un referente, modelo o concepto presente, que todo aquel que no avanza en la vida, retrocede; expresiones que nos hablan de una forma de entender nuestro entorno para dar cuenta de los retos que debemos superar y así motivar las transformaciones que se requieren en el mundo.

Según reconocidos teóricos, la actitud es “una predisposición aprendida para responder consistentemente de un modo favorable o desfavorable con respecto a un objeto social dado”, en este sentido podemos afirmar que la actitud es una manifestación que se aprende, que se entrena para procurar cambios en las personas y movilizar esfuerzos que hagan que las cosas pasen.

Tener una actitud adecuada o cambiar la actitud en otros, es un ejercicio no sólo de capacidad de convencimiento, sino de transformación positiva de la evaluación afectiva sobre los resultados con ocasión de una conducta particular. Esto supone, que debe haber un juicio reflexivo de la acción, que esta mediado por lo que se espera de una persona de acuerdo a un referente normativo institucional o de un grupo de personas, relevante para el individuo que la ejecuta.

En consecuencia, la intencionalidad de la acción individual estará orientada por la actitud para responder y actuar de manera adecuada frente a situaciones que son sensibles al contexto en el cual opera. Lo anterior, nos indica que mientras más comprenda su contexto y las realidades circundantes, mejor información tendrá para actuar, basado no solamente en función de su marco normativo, sino en sus creencias o convicciones.

Si bien anotan los académicos que “las actitudes tienen la función de exaltar el concepto que el sujeto tiene de sí mismo”, es la realización misma de sus acciones las que manifiestan sus capacidades para llevar una situación o contexto de una condición inicial a otra totalmente diferentes, generalmente de mayor valor y relevancia tanto para él como para su entorno. En esta línea, las actitudes afirman al individuo sobre sus posibilidades y no sobre sus probabilidades.

Así las cosas, los especialistas concluyen que “las actitudes de un sujeto son marcos o cuadros de referencia que le ahorran tiempo para organizar el conocimiento, tienen consecuencias para la conducta, posibilitan la adaptación al grupo para conseguir con mayor facilidad los objetivos que desea”. Esto es, una actitud define la forma como un individuo es capaz de sortear las inestabilidades de su entorno y cómo se sobrepone a las dificultades para darle sentido a sus metas.

Medir si las actitudes de una persona han cambiado frente a un diagnóstico base, demanda un proceso de autoevaluación, que consultando los resultados de sus acciones, responsabilidades y capacidades intelectuales, es posible determinar el aprendizaje que se ha tenido respecto de sus conductas iniciales, como quiera que siendo un proceso de construcción de significados internos, recaba sobre el contexto de la persona y  su realidad circundante.

Educar la actitud es un reto individual de aprendizaje, que reclama una postura crítica de cada ser humano, para superar sus propias limitaciones y circunstancias personales y dar cuenta de su realización, más allá de logros y reconocimiento profesionales y académicos.

El Editor

Referencia
Escámez, J.,  García, R.,  Pérez, C. y Llopis, A. (2007) El aprendizaje de valores y actitudes. Teoría y práctica. Madrid, España: Editorial Octaedro-OEI.

lunes, 8 de junio de 2015

Crear el futuro

Crear el futuro, una consigna permanente de los empresarios y de todos aquellos que tienen visión de aquello que vendrá. El futuro es una ilusión inmersa en nuestros deseos, que toma forma con las acciones de nuestro querer y se materializa con la firmeza de nuestras convicciones. No es algo que llegue de improviso, o de manera no anunciada, es una declaración de presente que se ilumina en una promesa cumplida en circunstancias de tiempo, modo y lugar.

El instinto creador es la competencia fundamental de aquellos que crean el futuro. Un deseo natural por navegar en medio de las aguas turbulentas de lo inesperado, que aprende de lo que ha ocurrido en el pasado, define la apuesta de su presente y conecta los puntos en el futuro. Desafía el conocimiento y la práctica tradicional para compartir su visión de futuro con su competencia, pues en ella encuentra una contraparte inteligente que lo hará mejor participante en los escenarios aún sin especificar.

Los crean el futuro ven a través del desorden y las contradicciones, tienen la rara habilidad de proponer y encontrar un camino que describe una posibilidad, más que una probabilidad. Se preparan para un viaje sobre lo incierto, por lo cual deben preparar su mente y corazón para crear una vista flexible que establezca los parámetros donde la improvisación estratégica aparece, no como algo inesperado, sino como contexto estructural que define su intencionalidad estratégica.

Los que crean el futuro se enfrentan a dilemas, a situaciones donde “aparentemente no hay una solución plausible”, donde la realidad parece comprometer nuestra capacidad de actuación. Los creadores de futuro, confrontan los dilemas y repiensan el contexto que los contienen, para superar las posiciones tradicionales, y tener la oportunidad de pensar por “fuera de la caja”. La confusión y la ambigüedad, son el fundamento de su razonar, por tanto el reto que asume transforma su cosmovisión y la forma como ve el mundo.

Los creadores de futuro se sumergen en primera persona en un proceso inmersivo de aprendizaje. Se enfrenta a un mundo que es diferente de él y por tanto, demanda una posición de apertura y reconocimiento que lo llevará a cambios tangibles en su forma de actuar, ver y construir su realidad. Los creadores de futuro conectan sus propias experiencias con los escenarios y contextos diferentes al suyo para ver cosas que desde su propio paradigma no puede ver.

Los que buscan crear el futuro, leen la incertidumbre del ambiente como variable positiva, como quiera que en todos sus movimientos, exhibirá oportunidades y posibilidades, donde la esperanza de logro y transformación es real. Crear el futuro, es un ejercicio de confianza en las habilidades, las competencias y los instintos. Es una mezcla, no necesariamente homogénea de indicadores, que advierte la transparencia de sus reflexiones y pensamientos, con vocación de servicio y resistencia a toda prueba.

Aquellos que se lanzan a crear el futuro, crean prototipos que anticipan los fallos y lecciones aprendidas, para avanzar con mayor celeridad. Aprenden observando a las personas hacer con sus creaciones, para reinventar sus propuestas y servicios. En pocas palabras, saben que el futuro no espera y no deja de avanzar, que es una oportunidad valiosa para experimentar y observar el observador que es.

Crear el futuro, no es solamente tener la visión de futuro, pasión para lograrlo e inversiones para hacerlo realidad, es la habilidad de conectar realidades, expectativas y deseos para delinear una ruta compartida que siempre tiene una “puerta abierta” para hacer que las cosas pasen.

El Editor

Referencia:

Johansen, B. (2009) Leaders Make the Future: Ten New Leadership Skills for an Uncertain World. San Francisco, USA: Berrett-Koehler Publishers.

sábado, 30 de mayo de 2015

Enviados

Todos tenemos un encargo, una misión, una tarea superior que debemos cumplir. Somos enviados todo el tiempo para tomar posesión de aquello que ha sido instalado en el mundo para que nuestros talentos se potencien y se hagan realidad. Somos enviados de la luz para que transformemos aquello que parece perdido y oscuro, en notas de encuentro y claridad.

Somos enviados a terrenos donde hay mucho por hacer, donde hay que lanzarnos a construir con lo poco o mucho que haya. La materia prima es inacabable, somos seres en obra gris, que en la medida que nos conectamos con los otros, avanzamos en la renovación de nosotros mismos. Nadie tiene mayor capacidad de reinvención, que aquel que está todo el tiempo construyendo con otros, que sale al encuentro del otro, que trabaja y se ensucia del “barro” del otro, que no rehuye de su realidad sino que la construye.

Somos enviados a campos de acción donde la resistencia siempre será mayor, donde las contradicciones serán la norma. No debemos temer esta confrontación, ni sentirnos incómodos con esta lectura, sino aprovechar esta oportunidad para leer aquellas cosas que el entorno nos dice que muchas veces pasamos por alto. Recuerda que grandes catedrales de arquitectónicas y del saber, se han erigido sobre las piedras de los críticos, que sin notarlo en lugar de dañarte o disminuirte, te entrenan y fortalecen para enfrentarte a situaciones más complejas.

Todo enviado tiene su recompensa, el premio a la perseverancia, al ejercicio continuado de mantenerse fuera de la zona cómoda. Una recompensa que no está alineada con los premios o reconocimientos del mundo, sino con el proceso mismo de construcción interna que cada ser humano surte en el camino de la vida. Un reconocimiento propio de las exigencias de cada momento, que te permiten ver el mundo como una oportunidad para continuar aprendiendo y desaprendiendo. La recompensa es un premio al logro de una vida lanzada a cruzar tus propios umbrales y donde la excelencia es una marca personal que estamos dispuestos a superar.

Todo enviado cree en una promesa, en un designio, en una declaración que lo motiva y lo guía. Una expresión que lo conecta con la divinidad y con su pasión para lograr sus retos. Una promesa que lo invita de manera permanente a no escatimar esfuerzos y a posponer las victorias temporales, para aspirar a los bienes y triunfos trascendentes, esos que dan cuenta de la experiencia de ser humano con su visión superior de la vida. El enviado cree y por lo tanto, transforma todo su entorno para que su misión haga realidad.

Finalmente y no menos importante, todo enviado corre riesgos, se expone por una causa y da testimonio de ella. Un enviado motivado por su misión, se hace mártir de un mensaje, esto es, una lectura viva de su creencia y una declaración auténtica de aquel que, sin mirar hacia atrás, es capaz de no vacilar y emprender aventuras que lo lleven a la plenitud de su encargo. 

El enviado se arriesga a anunciar y convencer espíritus incrédulos, a nutrir y motivar causas perdidas, a transformar y movilizar seres inertes, pues sólo así es posible pasar la página de la indiferencia y escribir la historia del mundo con la impronta de la verdad.


El Editor.

lunes, 25 de mayo de 2015

Presidentes de empresa

En el mundo corporativo, se habla frecuentemente que los presidentes de empresa son directos, calculadores, concretos y orientados a los resultados. Si lo anterior es cierto, ¿podría ser de otra forma? ¿Cuándo es su responsabilidad es asegurar unos ingresos para todos, mantener el nivel de competitividad de la empresa para continuar creciendo, asegurar unos gastos razonables y motivar acciones novedosas que posicionen la organización en un mercado particular?

Es claro que el nivel de exigencia de la alta gerencia demanda una capacidad de sacrificio, de logros y esfuerzo, que de alguna forma deben ir más allá de cualquiera de la organización, como quiera que no es otra persona la que deben asegurar los resultados; es su responsabilidad que las acciones se movilicen para hacer que las cosas pasen.

Esto implica muchas veces estar documentado y motivado para alcanzar resultados más allá de los conocidos, mantenerse inconforme con sus logros actuales e inquieto intelectualmente para que su imaginación tenga alimento permanente y así sugerir futuros alternos donde todos puedan tener una oportunidad. Un presidente de empresa, se concibe así mismo como un curioso permanente, un luchador incansable, una perseguidor de metas y un confrontador de la realidad, cualidades que lo hacen por antonomasia un ejecutivo que busca quebrar su propia marca para mantener su condición de excelencia.

En este sentido, los presidentes de empresa frecuentemente movilizan decisiones que pueden resultar impopulares para muchos, pues su capacidad de aprender y desaprender se acelera habida cuenta que su entorno de negocio, permanentemente lo mantiene alerta y lo conecta con la realidad de su organización. El comfort para ellos no es una opción, pero tampoco la agonía, ni el superávit de futuro.

Los presidentes de empresa no se conforman con ir a trabajar cada día, entienden que el regalo de las siguientes 24 horas debe ser aprovechado al máximo, bien repensando su negocio, aprendiendo del entorno o conversando con las personas. Este última actividad, la conciben como la forma de medir el pulso de la empresa en las bases, para comprender la dinámica de la gerencia media y cómo se hace realidad el discurso del primer nivel en las expectativas de aquellos que operan y realizan.

Ser presidente de empresa es nunca permitirse dejar desorientarse por los afanes, perder el rumbo por falsas ilusiones, dejar de insistir en el logro de los objetivos, abandonar el esfuerzo de sus colaboradores y descuidar su salud personal. Un presidente de empresa, no lo hace su esquema de seguridad, ni su salario generoso, lo define su entrega por una causa, la fuerza de un discurso interior y los planes que incluyen a cada uno de sus colaboradores.

Así las cosas, cada uno de nosotros tiene una empresa de la cual es el presidente, una empresa que dio inicio el día de tu nacimiento, cuando inversionistas te tomaron en los brazos, débil y tembloroso e hicieron miles de inversiones para que alcanzaras tus metas. Nunca dejaron de creer en la inversión y hoy se sientan a percibir y admirar cómo las utilidades rinden sus frutos en la vida diaria.

Cuando entiendes la responsabilidad que tienes de presidir la empresa de tu vida, eres capaz de mantenerte en pie, a pesar de las tempestades, pues sabes que has sido entrenado y concebido para vencer y alcanzar todo lo que desees. Recuerda que muchos han invertido en tu empresa y te debes a ellos, no solo por gratitud, sino como respuesta a una vocación que hace la diferencia en ti.

El Editor.

sábado, 16 de mayo de 2015

Peldaños del éxito

Se publican muchos libros sobre el éxito y sobre cómo lograr metas en la vida. El liderazgo, la forma como enfrentamos nuestros miedos y temores, la estrategia para comunicar, entre otros, son los temas que por lo general ocupan la agenda de los escritores denominados de superación personal.

Revisando el libro de Anxo Pérez, “Los 88 peldaños del éxito”, encuentro reflexiones que son motivadoras y retadoras para confrontarnos a nosotros mismos respecto de aquello que perseguimos y queremos en la vida. No es una recolección de buenos consejos, sino declaraciones que deben motivar acciones, dejar las quejas y aceptar que el futuro lo tenemos en nuestras manos.

Revisamos a continuación algunas de ellas para atravesar la coraza de nuestra inercia y comodidad, que en muchos casos, es la fuente de nuestras excusas, que no nos dejan alcanzar nuestro potencial y lograr nuestros sueños.

No celebres el potencial de lo que creas va a suceder. Celebra el potencial de lo que ya ha sucedido”.
No podemos fundar nuestros logros, sobre una ilusión; deben estar soportadas en hechos concretos, en pasos reales, en pasar de la idea a la acción. Cuando somos capaces de enfocarnos y obtener resultados concretos, crecemos en confianza y en credibilidad. Nada más motivador que victorias personales, que van construyendo nuestra propia autoimagen donde cada día podemos vencer nuestras propias marcas.

La educación nunca es un desperdicio. Si no sirve como medio, siempre servirá como fin”. Debemos estar dispuestos a aprender y desaprender toda la vida, cuando se arrugan los sueños, se compromete nuestra esencia. Bien anota Anxo en esta declaración: “Si al nacer te dijeran que no vas a aprender una sola cosas, entonces tendría el mismo sentido no haber nacido”. No podemos desaprovechar los momentos en la vida, pues cada instante tenemos la oportunidad para encontrarnos con el reto de avanzar en medio de aquello que aún no entendemos.

Tener empatía es saber el efecto que tiene fuera lo que tú eliges dentro”.
La empatía es la capacidad de escuchar, de conectarnos con el otro, de hacer una lectura respetuosa y generosa de las expectativas del otro. Es un viaje en la red de significados de nuestros interlocutores y saber elegir aquello que nos permite movilizarnos para alcanzar nuestras metas. Ponerse en los zapatos de otros, es pensar más allá de lo que vemos y comprender que siente el otro, cuando tú le miras. Concentrarnos en el efecto que producimos en el prójimo, abre la puerta a la comprensión y la solidaridad.

Que tu cerebro dedique más tiempo a las posibilidades y menos a los obstáculos
Según Anxo, son tres los elementos que tenemos para preprogramarnos de cara al positivismo: La sonrisa, las palabras y el agradecimiento. La sonrisa abre la puerta para conectarnos con el otro, es una clave que descifra la incierta condición del otro. Las palabras, usadas de manera positiva, movilizar la energía y el poder de la transformación para hacer que las cosas pasen. Finalmente el agradecimiento, es un acto de generosidad donde reconocemos que somos parte de una construcción colectiva, donde todos sumamos y hacemos la diferencia.

Piensa menos en tu carrera y más en para qué corres
Esta declaración nos habla del sentido trascendente de lo que quieres, de cómo transformas a otros con lo que haces, de la disciplina que tienes para perseguir tus metas. Es la experiencia de cada día en la donación con el otro, la que nos recuerda y permite mantenernos despegados de lo transitorio y caduco. Bien anota Anxo: “Centrarnos en algo que no está entre cuatro paredes que componen nuestro cuerpo, sino fuera, y esto nos hará valorar infinitamente más lo que tenemos dentro”.

Si bien todo el libro está lleno de motivaciones para lanzarse a actuar y la exigencia de los hechos y los datos que transforman nuestro entorno, es importante que cada uno sea capaz de balancear que tanto está dispuesto a arriesgar y aprender, no para librarse de sus caídas, sino superarlas y asumir sus retos, a pesar de ellas.

El Editor

Referencia
Pérez, A. (2014) Los 88 peldaños del éxito. 13ª Edición. Barcelona, España:Alienta Editorial.