sábado, 28 de febrero de 2015

Imaginarios implantados

Anota el jesuita Benjamín González: “Cada imagen que recibimos se edita dentro de un guión que responde a intereses ajenos, y se engasta dentro de proyectos diferentes, de fuerzas que luchan entre sí por el control político, por una parcela más grande de mercado o por un puesto protagónico de estrella brillando en el universo negro de la noche ciudadana”, esta expresión refleja muy bien el poder de la publicidad y los medios para configurar imaginarios que se vuelven referentes para las personas.

Parecen inofensivos y hasta normales los comerciales, las fotos, los videos o juegos informáticos en el contexto de una sociedad digital y con información instantánea. Sin embargo, al igual que las “apps” de los móviles inteligentes, que de manera silenciosa, esconden en sus funcionalidades acciones que son abiertamente violatorias de los derechos de la persona, los comerciales cuentan una agenda particular que quieren instalar en nuestro imaginario colectivo.

No hace mucho tiempo se revelaban los mensajes subliminales que tenían las pautas comerciales con fines abiertamente lucrativos, los cuales motivaban de manera subconsciente el gusto por algún producto o servicio. Si bien estas prácticas, posiblemente se siguen usando, ahora con un mundo interconectado y de alto contenido multimedial, la expansión de los mensajes y agendas comerciales en nuestros colectivos se hace cada vez más evidente.

En este sentido, como anota el sacerdote jesuita, nuestra experiencia con la realidad es muy distinta, pues nuestros sentidos posiblemente se han venido sensibilizando frente a significados e imaginarios implantados, los cuales nos limitan para alcanzar lo que en realidad sucede. Es como una capa envolvente que nos entorpece apreciar y comentar con claridad, como quiera que nuestro discurso se ha moldeado y resulta complicado saber quiénes somos y a dónde querríamos llegar.

En este contexto, el desafío consiste en proyectar nuestra imagen auténtica de quienes somos, encarnar nuestra propia realidad con el otro, recuperar la semejanza con nuestro Creador, para reconectarnos con nuestra esencia divina, que es cada momento desdibujada por el afán del mundo moderno, los distractores electrónicos, la conexiones instantáneas y la necesidad de eficiencia que no deja espacio para pensar, analizar y meditar.

Comprender que somos verdaderas imágenes de nuestro DIOS (cualquiera sea la idea que tengas de él), nos demanda ver, el observador que somos, para advertir las estrategias de mercadeo y mensajes implantados que nos desvían de nuestro camino y descubrimiento de nuestro potencial. Los medios están y estarán allí, como quiera que hacen parte de la dinámica de los negocios actuales, sin embargo debemos tomar la distancia necesaria para que reconocerlos y limitar su acción en nosotros hasta donde sea posible.

Así las cosas, debemos entrenar nuestra mirada, para entrar en sintonía con el otro, con ojos limpios que no desfiguren nuestra imagen, ni la del otro, para reconocer allí el significado de una declaración impresa en nuestro espíritu, que se renueva momento a momento cada vez que levantamos nuestros ojos al cielo y sentimos la mirada tierna de aquel que nos ama sin límites y sin agendas ocultas.

Referencia

González, B.  (2006) “Ver o perecer”. Mística de los ojos abiertos. Polígono de Rao, Cantabria. España: Sal Terrae.

sábado, 21 de febrero de 2015

Valor completo

Resulta revelador encontrar una reflexión de un académico de una las facultades de administración más prestigiosas del mundo como el IESE, afirmando:

“¿Qué sentido tiene el conocido principio “maximizar el valor para el accionista” como objetivo de las actividades de la empresa si ese valor incluye aprendizajes que el accionista no está en condiciones de aprehender? ¿Cómo puede un accionista considerarse propietario del conocimiento de los empleados de su empresa y hacerse con su valor, que, por otro lado, tiende cada vez más a ser parte importante de las ventajas competitivas de las empresas?” (Andreu, 2014, p.14)

Esta afirmación plantea una tensión interesante frente al modelo actual que las empresas repiten de manera general en sus discursos estratégicos. Pone de manifiesto, que las personas son el fundamento de la vida de las organizaciones, que sus interacciones definen lo que ella es y no solamente son operarios de una realidad empresarial, sino la fuente de la transformación de los resultados y sus logros.

El doctor Rafael Andreu, introduce el concepto de valor completo, donde se vincula el valor económico natural de las empresas con la expresión denominada “huellas”. Mientras el primero se construye a partir de una dotación de recursos que alguien ha aportado o que la empresa ha adquirido y que por tanto implican un costo para ella;  las segundas nos hablan las interacciones y aprendizajes que las personas tienen, tanto a nivel interno como externo, como ejercicio de convivencia y descubrimiento permanente del otro, que le permite a la empresa movilizar sus actividades y resultados.

Esta elaboración conceptual nos sorprende, en el contexto actual de la dinámica de las empresas, como quiera que las personas como tal, si bien, están consideradas dentro de la gestión de la organización, no se había presentado una vista complementaria como esta que, reconoce las “huellas” que puede dejar toda la operación de una organización en las personas, que como advierte el académico, impacta en el mediano o largo plazo la salud de la organización y su modelo de generación de valor.

El profesor del IESE define dos tipos de huellas que las organizaciones dejan en las personas, las huellas positivas y las negativas. Las negativas generan “una degradación de alguien como persona por el hecho de tratarla como algo inferior a lo que es” y las positivas, “si al menos no degrada a nadie y, además, idealmente, potencia a alguien como persona”.

En razón con lo anterior, el profesor Andreu, advierte a los ejecutivos de las empresas de los efectos de privilegiar las huellas negativas en las organizaciones, toda vez que no sólo disminuye el valor completo creado, sino que compromete las capacidades de la organización para sobrevivir en el mediano y largo plazo. Esto es, degrada la dignidad de las personas, creando cicatrices en su espíritu y laceraciones en su sentido de pertenencia que generan efectos no deseados, creando agendas ocultas que son corrosivas de las metas empresariales.

Así las cosas, si en nuestra vida solo privilegiamos los valores económicos y son ellos los rectores de nuestras conductas y retos, estaremos minando la exaltación del espíritu y de lo trascendente, que nos hace responsables de la degradación de nosotros mismos, no solamente por el vacío que esta práctica produce, sino por la pérdida de la capacidad para aprender y dejarnos sorprender por los retos que nos impone la incertidumbre y asimetría de la dinámica empresarial moderna.

El Editor

Referencia

Andreu, R. (2014) Huellas. Construyendo valor desde la empresa. Barcelona, España: Ed. Dau.

sábado, 14 de febrero de 2015

Pedagogía del error

Nuestra formación desde que iniciamos la vida académica, está fundada en la pedagogía del éxito. Una pedagogía donde el error, como anota De la Torre “no posee un valor educativo por sí mismo. (…) se considera un aspecto defectuoso, inadaptado y que debemos eliminar”. Mientras en la pedagogía del éxito, se habla de satisfacción de objetivos y logro de metas, en la pedagogía del error, se habla de diagnósticos e intervenciones en el proceso.

En esta realidad, al ser educados en la pedagogía del éxito, si bien nos ocupamos en alcanzar los objetivos planteados, equivocarnos significa perder el rumbo y recibir el señalamiento de otros, el cual afecta nuestra autoestima y genera inseguridad al individuo para seguir intentando para alcanzar sus resultados. El éxito se convierte en un verdugo de la persona, en su adicción y en la única fórmula que lo hace sentirse bien consigo mismo y recibir el reconocimiento de otros.

Nada más equivocado que pretender que durante el proceso de aprendizaje las personas no se equivoquen. En este proceso el error es un indicador que le permite al maestro establecer los puntos de refuerzo particular del educando, así como el ajuste de estrategias y aptitudes permanentes que le darán seguridad y confianza (De la Torre, 2004, p.8). En este sentido, los errores se convierten en la manera de crear nuevas distinciones antes ignoradas tanto por educador como por educando, para repensar el proceso de aprendizaje.

Siguiendo a De la Torre (2004) “el error nos permite adentrarnos en los mecanismos cognitivos, (…)”, es un síntoma que debe saber aprovechar el educador para hallar la causa raíz del reto que tiene el educando. Entender el error como una experiencia para descubrir y continuar explorando; para avanzar con foco en la búsqueda del entendimiento, es una forma de potenciar el talento del educando que fortalece su capacidad de observación y perseverancia para comprender y apropiar un nuevo campo de conocimiento, y no sólo conocer y memorizar para aprobar exámenes.

La pedagogía del éxito procura una individualización de la enseñanza, mientras que la pedagogía del error trata de atender las diferencias individuales y características sociales, menciona De la Torre (2004). Esto supone que en el ejercicio del error, se detectan con mayor facilidad los elementos del aprendizaje, que se ocupan de revelar la forma como el educando encuentra sentido a lo que hace y no solamente se concentre en el indicador fallido de un resultado.

La pedagogía del error procura un aprendizaje autónomo del educando, una búsqueda en profundidad de lo que ocurre, una excusa para sorprenderse en el ejercicio de aprehender de su realidad y no sólo en la sola ejercitación y aplicación de fórmulas preestablecidas. En el error el educando se enfrenta su propio potencial y renuncia a la comodidad de lo conocido y explorado, y se aventura a descubrir y avanzar en medio de lo desconocido e inexplorado.

Al ser el error parte consustancial del proceso de aprendizaje y propio al progreso de la ciencia, es preciso dudar permanentemente de nuestras certezas para que al confrontar nuestra realidad, podamos quebrar los lentes de la cotidianidad y reescribir el mundo con la novedad de nuestras lecciones aprendidas.

Referencia

De la Torre, S. (2004) Aprender de los errores. El tratamiento didáctico de los errores como estrategias innovadoras. Buenos Aires: Ed. Magisterio del Río de la Plata

domingo, 8 de febrero de 2015

Krisis

Generalmente se escucha y se lee en las noticias y periódicos, la palabra crisis, para significar una condición contraria o negativa sobre algo que está ocurriendo en la realidad. Durante los procesos o fenómenos denominados como “crisis”, las cosas funcionan de manera diferente a lo normal, las personas aumentan su sensibilidad a las condiciones del entorno y están más prevenidas con todo lo que pasa en su contexto.

Si esto es cierto, ¿por qué actuamos de esta forma sólo cuando las condiciones no nos favorecen o son contrarias a nuestros planes? ¿Será que nos habituamos a lo “normal” y perdemos nuestra capacidad de asombro de lo ocurre a nuestro alrededor? Estas preguntas nos ponen en tensión sobre la exigencia permanente de mantenernos vigilantes de nuestra realidad y anticiparnos frente a situaciones inesperadas, no sólo para saber actuar, sino para aprovechar las oportunidades que se van a presentar.

La palabra crisis viene del griego “Krisis” que significa separar o decidir. Es experimentar que algo se rompe y debemos analizarlo. En este contexto, las crisis nos sacan de nuestra “normalidad” para que observemos y analicemos aspectos que no hemos advertido. Si esto es así, debemos anticipar las crisis y romper de manera deliberada el molde de nuestra realidad para reconstruir y renovar lo que hacemos, pues sólo así es posible hacer que el futuro sea real.

Las crisis que se anticipan de manera consciente en la vida, aumentan la capacidad de respuesta tanto de personas como de organizaciones, para explorar caminos alternativos y novedosos que permitan repensar sus capacidades como fundamento del nuevo reto que debe asumir para continuar existiendo, a pesar de las condiciones del entorno. Dejar de caminar en la ruta de los  “quiebres” frecuentes, es debilitar la forma como el ser humano y las empresas enfrentan situaciones límite.

Con frecuencia cuando hay crisis, las organizaciones hablan de optimización, ajuste, de hacer lo mínimo, usando por lo general una frase contradictoria y confusa como es “Hacer más con menos”. Este tipo de mensajes, no solamente envía una orientación que desconoce la realidad, sino que aceleran la incertidumbre propia de los momentos de verdad, debilitando la confianza de las personas que están al frente de las operaciones de la empresa.

Las crisis deben ser momentos propios de las memorias del futuro y no escenarios que se presentan y que hay que atender. En consecuencia, tanto los seres humanos como las empresas deben discernir con cierta periodicidad las señales del entorno, para lanzarse a usar sus agallas así como la razón para encontrar una posición ventajosa, en los “espacios en blanco” de la realidad, que beneficie tanto a su gente como a la organización.

Entrenar el discernimiento exige, como anota Maxwell (2007, p.44) “ver un cuadro parcial, llenar los espacios en blanco intuitivamente, y hallar el verdadero corazón del problema”, un razonamiento por el complemento, que descubre lo que oculta la zona oscura de nuestro paradigma y nos permite crear una vista inédita de lo que conocemos, para avanzar en propuestas que consultan oportunidades inexploradas y elevan capacidades potenciales latentes en las personas y empresas.

Así las cosas, las crisis, cualquiera sea la situación que se advierta, debemos estar preparados para actuar cada día, sin importar las circunstancias, nuestros sentimientos o lo complicado que se pueda poner el juego; busca anticiparte a la zona incómoda con esfuerzo sincero, dirección inteligente y ejecución sobresaliente, para que la sabiduría de la incertidumbre te lleve a lograr más de lo esperado.

El Editor

Referencia

Maxwell, J. (2007) Las 21 cualidades indispensables de un líder. Grupo Nelson: Nashville, USA.

sábado, 31 de enero de 2015

No te distraigas

Dicen los maestros en meditación que nos pasamos la vida distraídos, es decir, pendientes de cosas que pasan a nuestro alrededor, sin ocuparnos de lo verdaderamente importante, que anida generalmente en aquello que no se ve, donde la polilla no tiene control.  A continuación se detalla una lista corta de distracciones que tenemos cada día, enumerando algunas que posiblemente son las más frecuentes, para que tomemos nota y tratemos de identificarlas y superarlas lo más rápido posible y así mantener la atención en aquello que mayor beneficio nos ofrece.

No te distraigas con reconocimientos, alabanzas y distinciones, son importantes frutos y logros que te has ganado, pero no representan lo que tú eres, una obra en constante evolución y reto, que no te conformas con lo alcanzado y buscas permanentemente nuevas fronteras para descubrir y avanzar.

No te distraigas con tu ego, con tu necesidad de ser reconocido, con el comentario que te ensalza y empalaga, pues hay motivos suficientes dentro de ti, que te dicen que hay mucho que transformar y repensar para liberarte de tus propios miedos y temores, que te impiden elevarte sobre tus circunstancias y continuar en el camino de tu propia conquista.

No te distraigas con aquellos que no quieren que surjas; que quieren verte sometido o disminuido, pues sabes que su lucha es perdida sobre ti. Sabes que tienes tu centro en aquello que es trascendente y la fuerza que te nutre supera sus oscuros propósitos, que sólo confirman los temores que tienen, pues como dice la escritura: “lo que el malvado teme, eso le ocurre”.

No te distraigas con los afanes del día, con las críticas demoledoras de tus detractores, pues cada vez que te afanas o te concentras en esos comentarios, pierdes el foco de tus objetivos. Lo que ellos no saben es que sus opiniones te fortalecen y te ayudan a mejorar tus argumentos, enfocar tus energías y crear escenarios de crisis anticipados, que te permiten ver más allá del momento, sin prisa y sin afanes.

No te distraigas con las noticias menos positivas del mundo y sus alrededores, pues si bien son sucesos que ocurren y están fundados en decisiones de muchos, no deben alterar tus objetivos y planes. En su lugar, te debe servir como alertas de posibles cambios que debes considerar bien para mantener tu curso o para identificar nuevas oportunidades que otros no han visto.

No te distraigas con la rutina, con el hacer lo mismo cada día; con entrar en un circuito de comodidad que difumina la esencia de tus objetivos y sueños. La rutina tiene la virtud de “hacerse invisible” con el fin de mantener oculta su presencia y no ser denunciada. Mantén tus ojos abiertos y tu mente despierta, para que al observar cualquier intento de conquista de esta ladrona de los sueños, la puedas controvertir y desterrar muy lejos, sabiendo que diseñará nuevas estrategia para acercarse nuevamente.

No te distraigas con aquellos que no creen en las mismas cosas que tú crees, pues ellos son libres de experimentar y vivir en el contexto y vida trascendente que han escogido. Más bien, entiende y comprende las “verdades” de tu modelo sagrado y vive con intensidad la búsqueda de lo que no se ve, las fuerzas superiores que la acompañan y la mística que supone entrar en conexión con tu vida espiritual.

Si logramos evitar, al menos estas distracciones, estaremos experimentando cada día el tiempo presente, la presencia viva y real que cada momento nos brinda para encontrarnos con la eternidad y la vida sobrenatural que nos ha sido prometida. No es un camino fácil, pues la tentación de “engancharnos” con ellas estará al orden del día; sin embargo es nuestra decisión aceptarlas o superarlas.


El Editor

domingo, 25 de enero de 2015

"App" trascendente

Las tecnologías de información y las comunicaciones (llamadas TICS) están cambiando nuestra forma de hacer las cosas y de interactuar con otros y así mismo está impactando la forma como las organizaciones enfrentan su propia realidad. Cinco elementos son determinantes para advertir esta realidad: (Cortada 2011, págs.91-95)

1. El costo de hacer una transacción electrónica, se disminuye entre 20 y 40% cada año.
2. La inversión en software y servicios de TI aumentan incrementalmente, como los gastos por fallas en el hardware.
3. Diferentes tipos y edades de dispositivos tecnológicos conviven en las infraestructuras actuales, lo que significa que los datos residentes allí no podrán ser compartidos fácilmente con otras áreas de la empresa.
4. Los usuarios finales generalmente no prestan atención a la aplicación de los estándares técnicos corporativos definidos, lo que va en detrimento de la agilidad empresarial.
5. La incorporación de proyectos de sistemas de información en las organizaciones toma entre 50 y 200% más de lo planeado.

Lo anterior supone que las empresas son las mayores generadoras y usuarias de la información, representados en hechos y conocimiento, que se convierten en otros de sus principales activos, junto con su inventario, sus instalaciones y el efectivo. Así las cosas, si cada persona en la organización recolecta, almacena y usa la información, eso sugiere que cada individuo por definición, es un gerente de estos activos.

Lo anterior, nos indica que no podemos esperar que “otros protejan la información por mí”, pues de no hacerlo, estaríamos exponiendo a la organización y mancillando nuestro encargo gerencial, basado en la confianza y la buena fe de la empresa. No obstante, no podemos detener el uso intensivo de información que tenemos en la actualidad, ni contener la explotación de este nuevo “recurso natural” que incrementa el apetito empresarial por la innovación, la eficiencia y la operación en tiempo real.

Que esta era digital y de información instantánea no nos distraiga de otros ángulos que nos ofrece la vida; que la intensidad de las redes sociales y la necesidad de estar conectado, no nos oscurezca la vitalidad y energía personal y espiritual que nos asiste en nuestra diario vivir; que la novedad de las tecnologías emergentes no nos oculten lo esencial de lo que somos y podemos; y que la vida espiritual que vibra en nuestro corazón, sea esa “app” que nos permita sintonizarnos con otros, no de manera virtual, sino de forma trascendente.

La realidad de un mundo interconectado, nos advierte de la visibilidad de nuestras acciones, de nuestras emociones, de nuestros sueños en dimensiones antes desconocidas. Hay alguien allá afuera en el ecosistema que conoce qué necesitas y está dispuesto a darte la oportunidad. De igual forma, tú eres parte de nuevas opciones para otras personas que, al igual que tú, hacen parte de este entramado de retos e ilusiones.

Por tanto, recuerda que por más tecnología y realidades emergentes que existan, mientras no encuentres tu conexión con lo sagrado ni el vínculo trascendente con el otro,  siempre tendrás que invertir más en el hardware (tu cuerpo), en servicios de mantenimiento (médicos del cuerpo y del alma); incrementar los costos de operación (tus gastos personales) y sobre manera el aumento del precio de las transacciones, pues no podrás balancear lo que el mundo te exige y lo que realmente es importante: la fuerza de lo que no se ve.

El Editor.

Referencia
Cortada, J. (2011) Information and the modern corporation. MIT Press. Essential Knowledge Series.

domingo, 18 de enero de 2015

Claves de la innovación

Luego de revisar el nuevo libro de Andrés Oppenheimer, “Crear o Morir. La esperanza de América Latina y las cinco claves de la innovación” se advierten elementos interesantes para desarrollar los elementos claves para fundar una cultura de innovación en Latinoamérica, dejando los paternalismos y agendas sensacionalistas de los gobiernos y abrirnos a una propuesta retadora que nos implica cambiar los lentes como vemos el mundo y cambiar nuestra propia mentalidad.

De acuerdo con el periodista internacional, son cinco las claves de la innovación y la forma como América Latina debe enfrentar el desafío de crear una vista innovadora de su realidad y sacarla de su letargo global, para transformarse en ese nuevo polo de desarrollo económico, social, científico y empresarial que demanda entender las exigencias de reinventarse a sí misma, no para sobrevivir en el medio plazo, sino ser la protagonista del nuevo orden mundial.

Oppenheimer, establece las siguientes claves para desarrollar la innovación en Latinoamérica: crear una cultura de innovación, fomentar la educación para la innovación, derogar las leyes que matan la innovación, estimular la inversión en innovación y globalizar la innovación.

Para crear una cultura de innovación, se hace necesario según el autor, aparte de estimular la graduación de ingenieros y científicos, desarrollar un “clima que produzca un entusiasmo colectivo por la creatividad, y glorifique a los innovadores productivos de la misma manera en que se glorifica a los grandes artistas o a los grandes deportistas, y que desafíe a la gente a asumir riesgos sin temor a ser estigmatizados por el fracaso (…)”. En pocas palabras, no solamente es tener las ganas, sino arriesgarse a hacer que las cosas pasen. En el ensayo y error, no hay fracasos sino formas diferentes de aproximarse al problema.

Fomentar la educación para la innovación, demanda mayor énfasis en las matemáticas y las ciencias, lo que implica, según el autor, “hacer que las ciencias y la ingeniería sean materias divertidas, y no algo abstracto sólo entendible para los alumnos más brillantes (…)”. Si bien en América Latina los estudiantes universitarios, indica el escritor, se vuelcan a las humanidades y ciencias sociales, la innovación y transformación puede venir de cualquier lugar, particularmente cuando la interdisciplinariedad y transdisciplinariedad se privilegia en el ejercicio intelectual y el desarrollo científico.

Derogar las leyes que matan la innovación, significa “simplificar los trámites para abrir o cerrar una empresa, adoptar leyes que hagan respetar la propiedad intelectual, y modificar sus leyes de quiebra para no castigar excesivamente a quienes fracasan en un emprendimiento (…)”. El ejercicio de pensar y crear exige horas de revisión y trabajo colaborativo para potenciar los talentos propios y de otros; mientras que si sólo pensamos en “piraterar aquello conocido” para vender y afectar a las multinacionales, el “potencial innovador” será comprometido y la oportunidad de hacer algo diferente se marchitará.

Estimular la inversión en la innovación, guarda una relación directa con la generación de patentes y los nuevos productos que salen al mercado, anota el reportero de la CNN. Alcanzar los niveles de inversión en investigación y desarrollo de países como Estados Unidos de América, Israel, Japón, Alemania o Francia, implica no solamente tener preparados centros de investigación, investigadores y empresas para hacer avanzar la innovación, sino tener “inversionistas de riesgo que saben que la mayoría de sus proyectos van a fallar, pero no les importa, porque con un proyecto grande que logre triunfar van a ganar más que con cualquier otra inversión (…)”.

Finalmente Oppenheimer, habla de globalizar la innovación, que implica “estar en contacto cercano y en tiempo real con quienes trabajan en proyectos parecidos en todo el mundo (…)”, lo que necesariamente exige una colaboración internacional abierta y permanente que permita fluir las ideas y las propuestas que confronten realidades locales para cambiar el status quo de lo que conocemos. El autor lo resumen en una frase retadora: “Hay que convertir lo que antes se llamaba la “fuga de cerebros” en una “circulación de cerebros”, e incluso en una “ganancia de cerebros” para los países emergentes.”.

Las conclusiones de Andrés Oppenheimer son un llamado de atención no solamente para las naciones, sino para las personas mismas, pues te has puesto a pensar ¿qué podrías hacer si supieras que no puedes fallar?, ¿qué estás dispuesto a aprender y desaprender dentro y fuera de tu disciplina?, ¿cómo puedes ser diferente y auténtico en lo que haces, y no morir como una copia?, ¿qué estás dispuesto a invertir para lograr que eso has querido? y ¿cómo vas a compartir lo que has aprendido para que otros sean más?

Así las cosas, este autor nos cuestiona para salir nuevamente de la zona conocida y lanzarnos a ejecutar el programa que viene instalado en nuestro “sistema operativo colectivo” para rodearnos de buenos mentores, competidores inteligentes y contar con una educación adecuada, con el fin de construir en conjunto la sociedad que queremos y no solamente la que merecemos, pues no hemos venido a ver que las cosas pasan, sino a hacer que pasen las cosas.

El Editor.

Referencia

Oppenheimer, A. (2014) Crear o Morir. La esperanza de América Latina y las cinco claves de la innovación. Penguin Random House Grupo Editorial.