domingo, 24 de febrero de 2019

Superando los sesgos cognitivos

Sufrimos frecuentemente de sesgos cognitivos, esas cegueras que nuestros propios marcos conceptuales nos generan, cuando queremos encuadrar la realidad dentro de los parámetros reconocidos y validados de nuestra propio entorno. Esos sesgos, si bien mantienen una estabilidad básica sobre la forma como comprendemos el universo, también pueden inhibir la capacidad cambio, que en últimas, es poca disposición para romper la comprensión existente y abrirse a aprender/desaprender de aquello que es desconocido.

Cuando los sesgos cognitivos dominan e imponen una manera del ver el mundo, estamos en la zona donde “nada pasa”, donde la estabilidad del mundo está presente, y si se presenta un cambio, las cosas serán interpretadas desde la visión vigente y manejadas por los intereses más influyentes del momento. Un sesgo cognitivo, podría llegar a ser una “prisión cognitiva” para un ser humano, cuando sus reflexiones no generan posturas más allá de los límites que le impone el sistema que lo contiene y cualquier desafío a dicho sistema, será controlado o desestimado.

Si reconocemos con frecuencia nuestros sesgos cognitivos, estaremos creando “espacios en blanco” para pensar, revisar, analizar, repensar y renovar la manera como entendemos los fenómenos del ambiente. Esa oportunidad, que siendo una decisión personal, demanda apertura, humildad, generosidad, vulnerabilidad y desconcierto para tensionar nuestros saberes previos y dejar que las nuevas propuestas, desconecten aquello que sabemos, para visualizar un espacio de ideas extendido y enriquecido, donde el reto está en conectar nuevamente los puntos, de formas inesperadas e inéditas, en condiciones desconocidas y muchas veces contradictorias.

Para lograr lo anterior, la curiosidad es un elemento fundamental que busca ese momento “de la primera vez” que crea sorpresa, inquietud, preguntas y acciones, para caminar y experimentar sobre eso que ha captado la atención y que se encuentra más allá de lo que conocemos hasta la fecha. La curiosidad es una fuerza interior que mira a su alrededor para hacer preguntas, para buscar mensajes, identificar pistas, detallar rarezas, encontrar contradicciones, destruir límites; esos patrones silenciosos que pasan inadvertidos, que nos permiten encontrarnos en la condición perfecta para aprender: “declarar que no sabemos”.

Superar los sesgos cognitivos implica dar un paso hacia adelante donde no conocemos, experimentar en un dominio donde no somos expertos, dejarnos interrogar por preguntas sencillas e inciertas, crear empatía con la incertidumbre, para cruzar el umbral de seguridad que nuestra mente nos pone, y así identificar oportunidades que se convierten en ventanas de aprendizaje/desprendizaje que definen aventuras inesperadas e inéditas para ser parte de historias únicas, donde el protagonista es el que ha decidido tomar riesgos calculados.

Si bien los cambios en nuestra vida, no van a ser automáticos, si es necesario habilitar experiencias, escenarios y contextos que nos permitan mantenernos alertas a los nuevos sesgos cognitivos, con el fin de mantener ese nuevo “sano, santo y sabio” normal: “reconocer que tenemos una vista parcial del mundo” y que, siempre podemos habilitar un espacio para retar aquello que conocemos, para desconectarlo y repensarlo para ver más allá de aquello que en una circunstancia de tiempo, modo y lugar, se ha acordado socialmente que es la “realidad”.

El Editor.

domingo, 17 de febrero de 2019

Mirar al futuro


Si hay una competencia que el hombre moderno debe desarrollar es mirar al futuro. No para generar ansiedad o superávit de éste, sino para movilizarse desde el presente para concretar sus posibilidades. En este ejercicio, es natural que se encuentren aspectos inciertos e inestables, que no permiten dar cuenta de ese escenario que se quiere para los próximos años, sin embargo, es clave advertir e identificar con claridad aquellas alertas tempranas que sugieren cambios estructurales en el porvenir.

Para lograr lo anterior, es necesario identificar y comprender qué es un cambio estructural, cómo a través de señales, inconsistencias y rarezas, es posible revelar tendencias emergentes que nos previenen sobre los nuevos normales que el mundo revela para aprovechar sus oportunidades. Ver el cambio estructural en medio de las inestabilidades, es un comportamiento que implica leer implicaciones, imaginar posibilidades y comprender las contradicciones de los eventos que se observan en la actualidad.

Si logramos condensar nuestros análisis de eso que observamos en un mapa de conexiones entre nuestro entorno actual y los retos del mañana, podemos diseñar estrategias de colaboración, co-innovación y co-operación, de tal forma, que sea posible motivar cambios desde esfuerzos conjuntos que cambien la visión del mundo. El futuro nos es un lugar para solitarios, es un escenario para colectivos, para ideas colaborativas donde todos podemos ser parte de una visión conjunta, desde la aplicación de nuestros saberes y habilidades particulares.

Para lograrlo, se requiere crear entornos psicológicamente seguros para explorar, experimentar y validar ideas que reten los conocimientos y estado del arte actual en diferentes dominios. Cuando somos capaces de romper la inercia de un paradigma en un dominio del conocimiento, es posible abrir la puerta para construir propuestas que renueven la manera de hacer y conocer. Si bien todas las respuesta actuales de la ciencia a los problemas de la humanidad son parciales, son los cambios de perspectiva y la ideas disruptivas las que muestran que tenemos la oportunidad para hacer del mundo un lugar interesante para vivir y existir.

Ver, probar y adaptar son tres palabras que se deben instalar y desarrollar en el lenguaje de las propuestas pedagógicas contemporáneas, para desinstalar el repetir, responder y alinear con los saberes previos de aquellos docentes, que aún esperan que sus estudiantes respondan de la manera como ellos esperan, o como la teoría vigente hasta el momento les indica. Crear el futuro que deseamos, es una apuesta para desconectar las verdades que conocemos a la fecha y lanzarnos a conectar nuevos puntos en el espacio de oportunidades que un entorno incierto e inestable nos plantea.

Mirar al futuro, no es un ejercicio para olvidar el presente, ni una distracción para lograr un mañana. Es preparar y desarrollar reflexiones retadoras y exigentes, que permitan crear escenarios posibles y factibles, para optar por opciones resilientes, que transformen la manera de hacer las cosas, y así tomar decisiones informadas y conscientes, aún sin toda la información disponible, para liderar cambios personales que restauren y reinventen la manera como vemos el mundo.

El Editor  

sábado, 9 de febrero de 2019

Alejarse de la orilla


Alejarse de la orilla”, es un ejercicio para lanzarnos a explorar y navegar en aguas poco conocidas. Es una decisión personal o comunitaria que declara el reto de atravesar lo conocido, abandonar las comodidades y cuestionar los saberes previos. “Dejar de ver la orilla”, implica soñar con construir un futuro, desde las competencias y exigencias presentes, sabiendo que si bien no tenemos todos los elementos para hacerlo, tenemos la capacidad para aprender y desprender, para visionar de forma activa lo que queremos lograr.

Alejarnos de la orilla, implicar enfrentarnos a la incertidumbre y la inestabilidad de un entorno que empezamos a descubrir. De acuerdo con el Prof. Schoemaker en su libro Profiting from Uncertainty, cuando nos asaltan las dudas y los inciertos, podemos ser presa de prejuicios cognitivos que limitan nuestra capacidad de aprovechar al máximo el momento. El académico se refiere a ellos como ojos miopes (respecto de la forma en que entendemos y asumimos el riesgo) y almas tímidas (sobre la forma como elegimos cuando enfrentamos los inciertos).

Los ojos miopes implican que no somos capaces de imaginar, visualizar y soñar con las oportunidades potenciales que las situaciones desconocidas pueden generar. Afirma Schoemaker “estamos demasiado seguros de nuestra visión única sobre el futuro, y no se tienen suficientemente en cuenta las opiniones alternativas”(Schoemaker, 2002, p.251). Quebrar la vista de ojos miopes implica cuestionar nuestros saberes previos, abrirnos a explorar y encontrar nuevas opciones, intentar nuevos rumbos y sobremanera, avanzar y desarrollar nuevas capacidades y competencias desde el ejercicio práctico de experimentar y aprender.

Las almas tímidas están asociadas a la sensibilidad de las personas a la pérdida que a la ganancia, la fuerte aversión a la ambigüedad y el sesgo de aislamiento. Esto implica que los individuos entienden las pérdidas como castigos, los cuales crean temores o miedos, que limitan su actuar. De igual forma, el no conocer previamente el resultado de las decisiones, crea zonas de incomodidad, que unido con la visión de las pérdidas, incrementa y refuerza un imaginario, muchas veces irreal, sobre lo que ocurre. Finalmente, cuando la percepción del riesgo que se tiene de una situación, se saca del contexto donde ocurre, un mayor nivel de atención y expectativa se produce, creando una zozobra sin fundamento que aísla completamente y afecta la emocionalidad de la persona impidiendo su movilización.

Superar el sesgo de almas tímidas, es necesario entender que el porvenir no está completamente determinado por nuestras acciones, ni completamente fuera de nuestro control. Necesitamos un equilibrio sensato entre las oportunidades ilimitadas que nos ofrece el futuro y la comprensión que requerimos para hacerlo realidad. Para ello, es necesario utilizar herramientas que, a criterio del Profesor Schoemaker (2002, p. 217), permitan: a) desarrollar múltiples perspectivas de futuros, b) crear una visión estratégica que equilibre el compromiso y la flexibilidad y c) monitorizar en tiempo real el entorno para ajustar dinámicamente cuando se requiera.

En consecuencia, “alejarse de la orillaes una experiencia real de aprendizaje, una declaración para romper con la inercia de nuestras propias certezas, desconectar nuestros saberes previos, identificar las nuevos elementos en el escenario y construir nuevas distinciones que nos permitan reinventar la experiencia y los conocimientos, para tener como dice la escritura “una pesca abundante” allí donde nadie creía que era posible.

El Editor.

Referencia
Schoemaker, P. (2002) Profiting from uncertainty: strategies for succeeding no matter what the future brings. New York, NY. USA: The Free Press – Simon & Schuster.

sábado, 2 de febrero de 2019

Educación. Transición y respuesta al mundo VICA

Dicen que la educación está siendo afectada por los fenómenos disruptivos globales. En este sentido, muchos afirman que ésta debe repensarse y ajustarse a los retos actuales, para dejar su estado monolítico y magistral que la ha caracterizado por muchos siglos (Marcelo & Vaillant, 2018). Este escenario reta tanto a Instituciones de Educación Superior (IES), como a maestros y estudiantes, pues la exigencia de una capacidad de aprendizaje/desaprendizaje cada vez mayor, para reinventar y enfrentar los retos de la sociedad actual, se hace evidente cuando encontrar soluciones o apuestas creativas se requiere.

De otra parte las empresas, generalmente con personas formadas en el modelo tradicional académico, tratan de reconocer los nuevos patrones de cambio en el contexto de sus organizaciones, pero los temores propios de llegar a fallar y la sanción que esto genera, los inhibe de probar alternativas a las situaciones identificadas, pues entienden el error como un resultado, lo que genera barreras cognitivas (muchas veces no conscientes) que tratan de ocultar en el común denominador de los que “ven que pasan las cosas”.

Entender que “educar” en un contexto VICA (Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo) exige privilegiar el “error”, como ese proceso natural donde se prueba y valida una idea, y cuyo resultado puede o no estar ajustado con aquello que se espera (De la Torre, 2004), es crear un entorno psicológicamente seguro, donde la creatividad y la innovación pueden cambiar la manera de comprender el mundo y las cosas. Es salir de los límites geográficos y cognitivos que se conocen hasta la fecha, para integrar diversos puntos de vista y “hacer que las cosas pasen”, claro está, con arreglo a la dimensión ética que privilegia el bien general sobre el particular.

Formar docentes en esta lógica, es romper con la visión tradicional de la enseñanza, es cambiar la mirada endogámica del “profesor” y abrirse para “aprender/desaprender” con el estudiante, una apuesta que, si bien no define una relación de igualdad, si motiva procesos de autoformación, reconocimiento de saberes previos, aprendizajes y rupturas de paradigmas vigentes, los cuales abren a una experiencia de construcción de conocimientos diversos y flexibles, que no resuelven retos conocidos, sino que se enfilan para deconstruir la realidad y reinventarla de otra forma (Ackoff & Greenberg, 2008).

Los estudiantes que aceptan esta lectura retadora de la educación en un contexto volátil, incierto, complejo y ambiguo, crean con la tutoría y orientación de sus docentes, rutas alternativas para explorar y descubrir elementos no antes vistos de las problemáticas, visualizando nuevas aproximaciones pedagógicas, bien mediadas o no por tecnologías de información, donde se privilegia la construcción de redes grupales de aprendizaje, como fenómeno sistémico que se gesta desde la redes personales de aprendizaje propias de cada persona (Cano, 2018). De esta forma, el estudiante construye con su profesor una espiral ascendente de aprendizaje, cuyo punto de inflexión se crea cada vez que tanto docente y discente se sorprenden en el mundo real.

Si lo anterior, es viable y resulta una experiencia práctica y útil para motivar mejores y mayores avances sociales, las IES deben crear laboratorios de transición pedagógica, didáctica y curricular, de tal forma que sus temores sobre la pérdida de protagonismo en el contexto social, queden conjurados y superados, al reconectar sus pilares básicos en el escenario de la formación de personas.

Para ello, hace necesario “enganchar” a sus ejecutivos, que más allá de los necesarios y exigentes estándares de certificación, se requiere devolver a la sociedad personas capaces de “hacer juicios críticos fundamentados, enfrentarse los inciertos, sugerir de forma respetuosa y lanzada nuevas ideas, y sobremanera tener la habilidad para coordinar y comunicarse con otros” (Edmondson, 2018, p.39) como fundamento de una construcción colectiva, donde las diferencias suman y no son de ocasión confrontación o aislamiento.

Referencias
Ackoff, R.  y Greenberg, D. (2008) Turning learning right side up. New Jersey, USA: Wharton School Publishing.
Cano, J. (2018) Los imaginarios sociales y las “nubes de palabras”. Elementos claves en la construcción de redes grupales de aprendizaje. Memorias IV Simposio Internacional en Temas y problemas de Investigación en Educación: Narrativas, Pedagogías y Didácticas en la Sociedades Contemporáneas.
De la Torre, S. (2004) Aprender de los errores. El tratamiento didáctico de los errores como estrategia de innovación. Buenos Aires, Argentina: Editorial Magisterio del Río de la Plata.
Edmondson, A. (2018) The fearles organization. Creating psychological safety in the workplace for learning, innovation, and growth. Hoboken, New Jersey. USA: John Wiley & Sons.

domingo, 27 de enero de 2019

Espiritualidad: Una apuesta por la inestabilidad

Muchos buscan la tranquilidad y la paz espiritual en medio de las turbulencias de los afanes del mundo y los tildan de locos y raros. Otros decidieron alejarse de las pretensiones de los sistemas sociales mandantes y se les critica de idealistas y desenfocados. La realidad de estas dos afirmaciones, está en las perspectivas científicas del Profesor Prigogine, cuando afirma que “sólo en la inestabilidad se introducen nuevos esenciales. (…)” (Prigogine, 2017, 14). Parafraseando al mencionado académico, podríamos decir que, sólo en la inestabilidad podemos descubrir capacidades esenciales humanas, esas que están más allá de nuestro conocimiento.

El caos que vemos en las dinámicas sociales actuales, entendiendo caos, como las inestabilidades propias de las relaciones entre las personas y las estructuras sociales creadas por los hombres, no sólo permiten ver aspectos contrarios a una visión compartida y común deseada, sino igualmente las estrategias y acciones de aquellos que encuentran en esa dinámica respuesta inéditas, que resultan desconcertantes tanto para los que apelan al egoísmo y falta de vocación de servicio, como a los que buscan privilegiar y encontrarse con el otro.

En medio de las inestabilidades existen nuevas preguntas que están esperando que alguien les de respuesta. Muchas veces la respuesta a una situación no es una declaración concreta y detallada, sino una nueva pregunta. En cada nueva pregunta, lo que existe es un foco de inestabilidad, ese que cuestiona y reta el conocimiento previo. En la medida que las preguntas incomoden y generen escozor, mayor inestabilidad habrá y se estará abriendo un camino para construir un equilibrio dinámico, que se nutre y navega sobre las fuentes de nuevos retos y desafíos.

Cuando las personas buscan paz y armonía en su corazón, no buscan quietud o serenidad, o ausencia de ruido exterior, sino comprender y conquistar un equilibrio dinámico en su vida, que les permita navegar en medio de los mares insospechados del mundo y sus tormentas, con el corazón abrazado a su espiritualidad, donde las palabras del maestro se repiten a diario, anda yo te lo mando, no tengas miedo, “navega mar adentro y echa las redes” (Lc 5, 1-11) y confía en que el te acompaña y te alimenta con su fuerza y con su luz.

La paz no sinónimo de quietud o inercia. La paz no es dejar de actuar cuando corresponde, ni de habilitar espacios de contraste de ideas con otros, es reconocer que somos seres diferentes con visiones y posturas distintas, que a través de la inestabilidad reinante en las situaciones del mundo, queremos encontrar nuevas respuestas, nuevas preguntas y sobremanera nuevos caminos para reinventarnos a nosotros mismos.

Es claro que en este ejercicio de inestabilidad podrán primar los intereses personales y los generales, y en la medida que alguno tenga papel protagónico, habrá elementos para continuar avanzando y creando oportunidades para la reconstrucción de los tejidos humanos. 

Conectar al hombre con su espiritualidad, es liberarlo de su condición de esclavo de las estructuras sociales, de los mandatos que limitan su desarrollo y principalmente, lanzarlo fuera de espacios conocidos, donde sólo la inestabilidad será su maestra para alcanzar, bien la sabiduría que nace de un encuentro consigo mismo, o bien perseverar en la necedad de conseguir los intereses personales o de aquellos que las estructuras mandantes le indican.

Referencia
Prigoine, I. (2017) Las leyes del Caos. Ciudad de México, México: Ediciones Culturales Paidos.

El Editor

sábado, 19 de enero de 2019

Fuego interior

En un mundo como el actual, donde la efectividad y la eficiencia priman como factores para mantener un permanente nivel de productividad académica o profesional, pareciera que existe poco espacio para pensar en aquello que nos conecta y nos sintoniza con nuestra voz interior, o que el ruido del mundo y sus afanes, tratan de apagar esa llama que ha sido encendida en cada uno de nosotros por el dueño de la vida, cualquiera que sea la idea o imagen que tengas de él.

Muchas veces entramos en el ritmo acelerado de los resultados a toda costa, para satisfacer una meta empresarial, brillar ante un cuerpo ejecutivo o ganar una bonificación generosa para todo el que se esfuerza más allá de lo que su cargo le dice que hacer. Si bien, son relevantes los logros, los reconocimientos y dar la milla extra, es importante tomar distancia cada cierto tiempo, para revisar si esto que estamos haciendo nos permite potenciar esos talentos que hacen la diferencia cada vez que los dejamos actuar, que los dejamos salir y bailar con ellos.

Sentirse bien consigo mismo, es tomar decisiones en la vida que te conectan con tu savia interior, con tus retos personales y con tus deseos trascendente más profundos. Bien anota en este sentido, el Dr. Alberto Linero Gómez, en su libro “Mi vida de otra manera” que “si una decisión de vida no implica transformación, incomodidad, desconcierto, riesgo, entonces lo que se toma no es una decisión, sino que apenas se le hace un cambio de nombre a algo que ya hemos venido haciendo” (Linero, 2018, p.43). Palabras que necesariamente generan incierto y reto para cualquiera que quiere un cambio en su manera de ser y actuar.

Cuando somos conscientes de estas decisiones, podemos luego identificar los pesos de las esclavitudes modernas que tratan de engañar al hombre y a la fuente natural de motivación que son sus propios talentos, sueños y desafíos. Allí, yacen las mociones espirituales más fuertes y profundas que le permiten al ser humano ejercer su libertad, entendida como el compromiso con las causas comunes que lo sacan de su zona cómoda y lo lanzan a explorar fronteras donde ponen a prueba sus seguridades y descubren nuevas posibilidades.

En este contexto, cuando tomamos decisiones como las que hemos comentado, no se anulan los momentos de felicidad, gozo y alegría que tuvimos antes de ese momento, sino que se nutre el corazón con la energía y el sabor de lo vivido, como el combustible necesario para avanzar en el siguiente escenario dispuesto donde nuevas aventuras y desaprendizajes estarán esperando. Por tanto, al continuar el camino, hacer un inventario de lo que se aprendió y experimentó, es un acto de humildad y agradecimiento que permite al hombre abrirse a lo novedoso sin soberbia, sin rencores, ni resentimientos y con toda la disposición para trazar un plan de vuelo diferente.

Afirma el Dr. Linero “No hay  manifestación de libertad más grande que poder elegir lo que uno quiere llegar a ser, más allá de lo que tiene ganas de hacer” (Linero, 2018, p.82), por tanto, sabrás que muchos no querrán que logres eso que “quieres ser” y te darán todas las razones para que entres en el molde que es conveniente para ellos. Esto debe mantenerte alerta, para comprender las presiones, los comentarios y sugerencias sobre aquello que es una vocación, un fuego que te quema y motiva en tu interior. 

Pide al DIOS de la vida, sabiduría, iluminación, serenidad y entendimiento para “mudar eso que quieres dejar” y vivir la decisión más humana y trascendente que nos ha heredado un galileo, la noticia de un sepulcro vacío.

Referencia
Linero, A. (2018) Mi vida de otra manera. Bogotá, Colombia: Editorial Planeta Colombiana.

jueves, 10 de enero de 2019

El Status Quo. Un virus contagioso


Comienza un nuevo año y los retos que se advierten en el horizonte en medio de una geopolítica global compleja e incierta, nos anticipan un periodo de mucha actividad política, económica, social, ecológica y tecnológica. Este escenario, lleno de inestabilidades, presenta al orbe una serie de desafíos importantes, que invitan a todo los seres humanos a revisar y confrontar sus “seguridades” y conocimientos aprendidos.

El mundo desde hace algún tiempo convive con un virus altamente contagioso denominado status quo, esa manera de ver el mundo estandarizada, donde no pasa nada nuevo y la vista que se tiene de las cosas no cambia y se consolida en un imaginario que manda sobre aquellos que no están dispuestos a cuestionarlo, so pena de ser “castigados” y “abucheados” por la mayoría que cree en el mismo.

Una mayoría generalizada con influencia y poder, impone y mantiene una vista particular del mundo que muchos de nosotros repite en su diario vivir. La inercia que genera esta visión no permite que se pueda mirar a otro lado y cualquier intento de acción diferente, será drásticamente reprendida, para finalmente ajustarlo a aquello que los mandantes globales quieren que se vea.

De forma paralela crece una visión económica diferente. Una donde los trabajadores con habilidades y conocimientos especializados surge como una auténtica revolución que invita a salir de la zona cómoda y lanzarse a encontrar su propio espacio en medio de las contradicciones y tensiones globales. Lo que se denomina la Economía Gig, según Diane Mulcahy (2018), es aquella donde se demanda un cambio de paradigma laboral: pasar del ¿qué trabajo puedo conseguir? A ¿qué trabajo puedo hacer y marcar una diferencia sustancial?

Este cambio de paradigma, establece nuevos valores y parámetros que permiten motivar transformaciones en las personas. El sueño generalizado que se tenía (¿o se tiene?) de lograr un título universitario, tener un empleo, formar una familia y finalmente pensionarse, ha venido perdiendo fuerza, no sólo por las nuevas condiciones del entorno, sino por ese nuevo despertar del conocimiento y el aprendizaje que comienza a poblar las reflexiones de las mentes inquietas y erosionar las seguridades establecidas de los acomodados, abre un nuevo capítulo para la humanidad.

La economía gig es un cambio de paradigma no sólo a nivel de la esfera laboral, es un llamado a conectar con los talentos y pasiones de las personas, para que ahora, en un entorno abierto y competitivo, pueda diferenciarse, lanzarse a probar y validar sus preguntas, y sobremanera, tener las fuerzas y determinación para romper con la inercia de los días, las ideas y reflexiones, y retomar el camino perdido para encontrar su propio llamado, esa vocación con la cual hemos venido al mundo.

En medio de los que se mantienen ajustados a la visión estandarizada del mundo, recreada misteriosamente en la “Matrix”, es hora de llenarse de valor para decidir salir de nuestro estado catatónico, de ese coma inducido por las luces y premios del mundo, para caminar los senderos inexplorados de nuestros propios talentos, reinventarnos como seres humanos y darnos la oportunidad de hacernos otros distintos, donde tu espiritualidad, tus dones y logros, son la fuente de la energía que se libera cuando te “atreves a liderarte a ti mismo”.

Referencia
Mulcahy, D. (2018) La Economía Gig. La guía completa para obtener un mejor trabajo, tener más tiempo libre y ¡financiar la vida que usted quiere! Nashville, TN. USA: HarperCollins.