sábado, 25 de febrero de 2017

Personas psicológicamente sanas

Las personas que tienen miedo de ser ellas mismas no conocen nada de la vida. Les preocupan las apariencias, lo que otras personas piensen. Desean controlar a los demás en lugar de amarlos. Van por la vida fingiendo ser algo que no son, o sintiendo lo que no sienten; viviendo la vida como una copia desteñida y maltratada, en lugar de elegir ser un original vivo y perseverante(Adaptado de: Hanacheck, 1997).

Muchas veces pensamos que estamos en el camino correcto, que protegemos lo que amamos, siguiendo las agendas ocultas de otros. Nos cuesta mucho reconocer quiénes somos y arriesgarnos a confrontar las fuerzas de la inercia que nos invitan a mantenernos en la zona cómoda, en la zona donde se experimenta y acepta una esclavitud pasiva, donde los sueños sucumben y las ilusiones se desmoronan.

Avanzar en la vida, implica abrir brecha en medio de la maleza y las intrigas humanas, es enfrentar nuestros propios miedos para exigir el cumplimiento de nuestra propia agenda, aquella que implica enmendar nuestros propios yerros, reparar nuestras propias faltas, controlar nuestros hábitos inmaduros y superar las tentaciones naturales que la inercia en general nos sugiere frente al zarpar del puerto conocido para descubrir nuevos horizontes (Jimenez, 2002)

Una persona psicológicamente sana, no se transforma o vuelve maleable frente a las realidades que lo inhiben como ser humano o lo encierran en una jaula de oro con todas las comodidades, sino que se rebela contra el sistema establecido para resolver nuevas problemáticas, aún frente a los fracasos y derrotas. Estas personas saben que solo alcanzarán sus ideales, si se comprometen con algo que trascienda su propio yo, ese bien trascendente que lo proyecta fuera de si para leer lo sagrado en claves cotidianas.

No es psicológicamente estable y tremendamente insano, sentirse anulado o sometido por una agenda oculta, por intereses oscuros, pues en este juego de contrainteligencia, cualquiera puede resultar comprometido, bien los que orquestan la vista oscura de sus propósitos, o la persona que es influenciada de manera negativa, como quiera que tanto manipulador como manipulado quedan atrapados en el peor de los abismos que es su propio resentimiento.

Es de personas psicológicamente sanas, disfrutar de la expresión creativa de la vida, de los momentos inesperados que crean evidencia de nuestras propias creencias y valores, como fuente fundamental de una vida enriquecida con bondad, esperanza y fe. Este tipo de personas no busca complacer a todo el mundo, ni contradecirlos a todos, sino que desde el realismo de una idea o una propuesta, es capaz de situar relaciones internas, que reconozcan su propia valía y la responsabilidad de sus propias decisiones.

Las personas psicológicamente sanas, no caminan sobre el filo de sí mismos, ni superan sus certidumbres éticas, para mantener un estatus dentro de un grupo, u obtener garantías superfluas que le aseguran un bienestar particular y colectivo, sino que se enfrentan a sus propias limitaciones esforzándose por comportarse de acuerdo con sus propios valores y principios: una declaración abierta y transparente que nos dice quiénes somos, qué somos capaces de hacer y no se disuade frente al dulce camino ancho y generosos, que nos oxida e impide potenciar lo mejor de nosotros mismos.

El Editor

Referencias
Hanacheck, D. (1997) Encounters with the self. Forthworth, USA: Hacourt Brace Jovanovich College Pub.

Jiménez, A. (2002) Triunfar en el arte de crecer. México, México: Alfaomega Grupo Editor S.A de C.V.

domingo, 19 de febrero de 2017

Síndrome de Procusto

Recientemente una consultora internacional del Dale Carnegie Institute, ha comentado sobre la importancia del síndrome de Procusto, un personaje de la mitología, un posadero que tenía su negocio en las colinas de Ática. “Cuando un viajero solitario se alojaba allí, Procusto entraba por la noche en su habitación y le ataba las extremidades a las esquinas de la cama. Entonces, había dos posibilidades. Si el viajero era más grande que la cama, Procusto le cortaba las extremidades que sobresalían (pies, brazos, cabeza…) para que ‘encajase’ exactamente en el lecho (1)”.

Este síndrome en la lectura organizacional moderna nos habla de la incapacidad de reconocer las ideas de otros, del temor a ser superados por otros, del eliminar iniciativas, aportes o ideas que puedan dejar en evidencia a un superior, entre otras. Un síndrome a todas luces nocivo para la evolución de una empresa y contraproducente para la cultura y clima organizacional de una corporación en pleno siglo XXI.

Las personas con este síndrome viven prevenidas, se esconden detrás de las prácticas tradicionales e impiden nuevas propuestas que revelen su incapacidad de adaptarse a la nueva realidad de la organización. No permite que se les contradiga con argumentos, se apropian de las ideas y propuestas de otros de forma ágil para recibir reconocimientos y aplausos en los altos niveles, exigen nivel de calidad y perfección que ellos mismos no pueden alcanzar, prima su visión particular e intereses específicos frente a los retos de eficiencia y eficacia.

Una persona con síndrome de Procusto, habilita un escenario para que aquellos que sobresalen por sus talentos especiales, no tengan más oportunidades para brillar por sí mismos, y motiven su fuga a otros departamentos u organizaciones, donde se habiliten espacios de construcción conjuntas, donde la diferencia no sea ocasión de limitación o sometimiento, sino una oportunidad para dar lo mejor de sí y crear una diferencia en la práctica misma de la organización.

Cuando usted detecte que está en presencia del síndrome en mención, deberá saber que si es un superior en la estructura organizacional, no tendrá ocasión de establecer una postura distinta a la que él tiene, para lo cual utilizará toda su influencia y posición para hacer ver que usted no tiene razón o sus argumentos no están ajustados a la realidad de la organización. Por tanto, si quiere mantenerse allí deberá “hacer caso” aún no esté de acuerdo, posición nociva para su propia autoestima y criterio profesional, o buscar alternativas en otros espacios dentro o fuera de la organización.

Participar de una organización supone tener la oportunidad de concretar espacios de construcción de sentido, significado y valor que permita fundar experiencias personales que enriquezcan a los colaboradores de las empresas y de igual forma, definir sus aportes particulares para fortalecer los objetivos y resultados de la corporación. Sin este prerrequisito, las organizaciones serán presa de ejecutivos con Síndrome de Procusto, que generen tracción frente a las nuevas ideas que son necesarias para hacer realidad el futuro de la compañía.

Referencia

sábado, 11 de febrero de 2017

Explorar lo incierto

"En el universo no hay cosas desconocidas, sino temporalmente ocultas". 
James T. Kirk, Capitán de la USS Enterprise.

Cuando se tiene una situación desconocida, parte del protocolo militar para estos casos sugiere los siguientes aspectos:
  • Identifique las intenciones de los actores desconocidos que aparecen en el escenario.
  • Si no se comunican las dichas intenciones, son una amenaza potencial.
  • Entienda cómo sobrevivir a un ataque de este actor desconocido.

El miedo a lo desconocido revela nuestra necesidad de protección interior, que habilita una serie de sensores de entorno que pasan la mayoría del tiempo inactivos, cuando nos encontramos en la zona cómoda. Las inestabilidades del ambiente, son de alguna forma, las maestras que entrenan nuestra capacidad de evolución y transformación para continuar el descubrimiento de nuestra vocación o la excusa para dar el paso a esa nueva etapa que debemos cubrir en el desarrollo de la vida.

Lo incierto, si bien es natural en la evolución de la naturaleza, es una amenaza para el hombre que requiere de certezas y estabilidades para construir y edificar conceptos que le permitan explicar el mundo de la mejor forma posible y así mantener una tranquilidad relativa en el ejercicio de compartir su visión del mundo y la experiencia de lo conocido.

Cuando queremos conquistar un mundo que no conocemos, nos permitimos explorar y descubrir para recrear lo que encontramos de acuerdo con nuestros parámetros de la realidad. No poder explicar lo que vemos, crea un desencuentro entre los paradigmas que tenemos y la realidad que se nos presenta. Ese desbalance ocasiona una ruptura de los conocimientos previos y la aventura para reconstruir lo que sabíamos, donde el único riesgo que se corre es aprender.

La novedad que enfrenta el ser humano con aquello que no puede explicar, se asemeja a la vista de un ser “extraterrestre” que observa nuestra forma de pensar, conocer o entender el mundo, desde la lógica de alguien que no es de nuestra especie. Al tratar de describir aquello que no conocemos, nos describimos a nosotros mismos, privilegiamos la forma que tenemos de apropiarnos del mundo y sobremanera tratamos de llevarlo a un terreno menos incierto y seguro para poder apropiarnos de él.

Mantener al ser humano en una zona incierta permanente puede ocasionar fatiga mental y corporal, pues el estado de alerta y anticipación, si bien es saludable, debe mantenerse en una zona de tensión creativa que permita recargarse y motivarse cada cierto tiempo, darse un espacio para meditar y encontrarse consigo mismo, sin sobrepasar los límites naturales de la vulnerabilidad inherente del ser humano.

Lo importante al final del ejercicio de exploración de lo incierto, más allá de las condiciones propias de protección necesarias y el reconocimiento del nuevo territorio, donde los mapas de navegación aún están en construcción, es adquirir una capacidad de aprendizaje/desaprendizaje para facilitar la flexibilidad conceptual que permita dar forma a una nueva oportunidad antes inexistente y, lanzarse a descubrir y resignificar sus conocimientos y aprendizajes previos en clave de los desafíos y retos de la nueva realidad, donde no es preciso que los pasos que se den sean calificados como “correctos”, sino perfectibles.


El Editor

domingo, 5 de febrero de 2017

Gerentes estratégicos de aprendizaje

No hay duda que la palabra más reiterada por estos días es aprender. El aprendizaje para toda la vida, el desaprender continuo en lo que hacemos, potenciar nuestras capacidades actuales y desarrollar nuevas, son expresiones de una necesidad permanente del hombre de estar en movimiento, de conquistar nuevos territorios emocionales y académicos, para revelar visiones distintas del mundo y reconocerse así mismos como observadores y transformadores de su propia realidad.

De acuerdo con Longworth (2005, p.49) tenemos diferentes estilos de aprendizaje, formas y maneras a través de las cuales, nos podemos sorprender o encontrar sentido a las reflexiones que nos plantean. En este sentido, podemos ser aprendices:
  • Activistas, a quienes les gusta aprender fomentando su participación activa en el proceso de aprendizaje.
  • Reflectores, a quienes les gusta aprender observando a los demás y, antes de actuar, pensar las cosas.
  • Teóricos, aquellos que quieren comprender la teoría y entender perfectamente lo que significa antes de actuar.
  • Pragmáticos, aquellos que antes de actuar, quieren consejos y técnicas prácticas de alguien con experiencia.

En este sentido, la experiencia de aprender debe promover el desarrollo de destrezas particulares que permitan mantenerse vigente en una digital y de aprendizaje a lo largo de la vida. Dentro de las destrezas claves se encuentran:
  • Autogestión: Mantenerse en reflexión permanente sobre su desempeño y realización de su potencial.
  • Manejo e interpretación de información: Recolectar, guardar, analizar y combinar información para reconocer patrones y vínculos.
  • Aprender a desaprender: Apertura a nuevas formas de conocer, resignificar conocimientos previos y reconocer sus propios lentes conceptuales.
  • Cuestionar, razonar y enjuiciar críticamente: Nunca sentirse satisfecho con el statu quo, repensar nuevamente el estado del arte de las cosas.
  • Gestión y comunicación: Escuchar a los demás, ayudar a otros a ayudarse a sí mismos y expresarse con claridad en situaciones formales e informales.
  • Reflexión y creatividad: Retirar las restricciones autoimpuestas por nuestros propios marcos de pensamiento o norma vigentes, desconectar los puntos de la realidad vigente y reconectarlos con patrones enriquecidos.
  • Adaptabilidad, flexibilidad y versatilidad: Entender el cambio como una forma de renovar y enriquecer su “caja de herramientas” y ajustarse a la nueva forma de ver el mundo.
  • Trabajo en equipo: Compartir información y conocimiento, perseguir objetivos superiores y trascendentes para alcanzar metas comunes.
  • Aprendizaje permanente: Cultivar el hábito de aprender y desaprender, contribuir y motivar el “dejarse sorprender” en los demás para motivar su autoestima y autoconocimiento (Adaptado de: Longworth, 2005, p.121)

Cuando la vida te lleve a nuevos horizontes y retos personales, y tu vocación vibre en sintonía con esos nuevos linderos, sintoniza tu pensamiento vertical, que explica, critica e interpreta tu realidad, con el pensamiento lateral que provoca, propone y explora oportunidades nunca antes vistas, para hacerte un “gerente estratégico” de tu aprendizaje que te habilite para:
  • Descubrir patrones que te lleven de lo concreto a lo abstracto, de lo rutinario y cotidiano a lo innovador y revolucionario.
  • Anticipar los cambios con el fin de reinventar tu propia práctica y promover cambios en tu entorno antes que las fuerzas del exterior hagan lo suyo.
  • Diseñar nuevos futuros, reales o inciertos que permitan romper los esquemas vigentes y crear condiciones que potencien tus propios objetivos de desarrollo.
  • Desarrollar ideas y ponerlas en práctica de tal forma que puedas concretar y motivar esfuerzos con otros.
  • Resignificar los conocimientos previos aprendidos, para lograr reflexiones enriquecidas que consulten una vista holística de tu proyecto de vida (Huerta, 2015, p.142).

Referencias
Huerta, M. (2015) La estrategia en el aprendizaje. Una guía básica para profesores y estudiantes. Bogotá, Colombia: Editorial Magisterio.
Longworth, N. (2005) El aprendizaje a lo largo de la vida en la práctica. Transformar la educación en el siglo XXI. Barcelona, España: Ediciones Paidos Ibérica.

sábado, 28 de enero de 2017

Pasión y perserverancia

Pasión y perseverancia dos palabras que definen a las personas que a pesar de los contratiempos y reveses son capaces de alcanzar cualquier cosa que se propongan.

La pasión es el oxígeno que nutre el fuego interior, la fuerza que define y moviliza el talento natural de las personas, ese impulso, algunas veces desordenado, que se niega mantenerse cómodo y sale a buscar retos y conquistas que persiguen metas que le dan sentido a su vida.

La perseverancia es una virtud que insiste y persiste en medio de las vicisitudes; es una gota insistente de valor y determinación para perseguir una meta, un resultado, un sueño. El perseverante sabe lo que quiere y está dispuesto a rayar los límites de sus propias fuerzas para superar cualquier obstáculo que se interponga entre su realidad actual y su sueño. El perseverante no ve en la vida problemas, sino retos a superar para hacer que las cosas pasen.

La combinación de estas dos palabras es lo que Angela Duckworth denomina GRIT: “los grandes triunfadores tienen una feroz determinación que actúa de dos formas. En primer lugar, exhiben una fortaleza y tenacidad fuera de lo común. Y en segundo, saben, a un nivel muy profundo, lo que quieren en la vida. No sólo tienen determinación, sino que además saben dónde quieren llegar. (…) En otras palabras, tienen grit” (Duckworth, 2016, p.26).

Las personas que tienen grit, perciben la vida y lo que hacen como una vocación de servicio, de transformación personas y de la sociedad. Sus propósitos en la vida, no sólo persiguen sus propias necesidades, sino que están enmarcados en un propósito superior que los mantiene y los motiva a continuar en medio de las tempestades.

Los individuos con grit tienen siempre esperanza positiva por el mañana. Viven intensamente el presente, teniendo sus metas en el radar, pues saben que mañana habrá nuevas oportunidades para aprender, descubrir y continuar en su empeño para lograr sus objetivos. No permiten que el desánimo o los comentarios destructivos comprometan su fuerza interior y el fluir de su vocación, pues saben que mentalidad de crecimiento y diálogo interior optimista son la esencia misma de lo que son y de aquello que persiguen.

La gente con grit se fijan metas de autosuperación, que les permite practicar y avanzar de formas distintas, manteniendo el propósito superior todo el tiempo en su mente. Al mantener una práctica deliberada en eso que los apasiona, alcanzan con frecuencia estados de fluir, donde el tiempo y el espacio se suspenden y sólo se encuentran la vocación y el propósito como única fuente de energía y transformación que los hace uno con el momento para superar sus retos.

Las personas con grit crean una atmósfera de colaboración, de logro y motivación permanente. Sus exigencias personales, los motivos transcendentes y su necesidad de cruzar los límites de lo conocido, generan un efecto viral que contagia el entorno donde se encuentra, pues cada uno de ellos, se convierten en ejemplos vivientes de la forma como cada día se comprometen a superarse a sí mismos y distinguir formas de apoyar a otros.

Vivir la cultura grit, es un ejercicio de formar la identidad y el carácter, para exigirse a sí mismo, sabiendo claramente la persona que es. Una lógica que no encuentra siempre sentido en los costos y beneficios de la pasión y la perseverancia, sino en la plenitud de poder alcanzar nuestro propio potencial.

El Editor.

Referencia

Duckworth, A. (2016) Grit. El poder de la pasión y la perseverancia. Barcelona, España: Ediciones Urano.

sábado, 14 de enero de 2017

Fuego interior

El fuego ha sido considerado un elemento clave en la vida del hombre. Desde la antigüedad se ha considerado una de las potencias que invita a la renovación, a la transformación y a la creación. De igual forma, se ha considerado un elemento peligrosos y destructor cuando no se tiene control de su capacidad y poder, o cuando es manipulado por manos inexpertas o sencillamente inocentes.

El fuego en el mundo material es un ejercicio de combustión donde el oxígeno, el calor y el combustible interactúan para dar vida a la chispa, a la luz, a la generación de energía que se tiene como resultado de la interacción de estos tres elementos y que, dependiendo del uso, la intencionalidad y la calidad del objeto que se consume puede ser de utilidad o de total destrucción.

Ahora bien, se dice que algunas personas tienen fuego interior, esa energía que transmite  y comunica una pasión, una motivación y un deseo por superar sus retos y alcanzar sus sueños. En este sentido y recreando lo que ocurre en el mundo material, estas personas deben tener el oxígeno, el calor y el combustible para crear esa energía permanente que transforma y sana.

El fuego interior se alimenta del oxígeno de los retos personales, de los desafíos que la vida impone y permite para concretar esa atmósfera natural donde la chispa divina arde. Este oxígeno se ponen contacto con el calor de la pasión individual, de aquellas habilidades y dones que cada ser ha recibido para potenciar su capacidad de hacer y construir, con el fin de alcanzar un nivel superior de desarrollo.

El combustible necesario para que arda el fuego interior, está en las condiciones del entorno algunas más propicias que otras, por lo tanto, se hace necesario encontrar ese escenario particular donde se incendie y contagie esa fuerza interna que desencadena oportunidades para algunos y riesgos para otros.

Es posible que, aún las condiciones externas no sean las adecuadas, una autocombusión interna se genere como fruto de un poder superior que transciende la esencia de la persona y que es capaz de cambiar el ambiente, de modificar las leyes mismas del fuego, para ser fuego por sí mismo, más allá de las realidades conocidas y verificadas: la luz de la santidad.

El fuego interior es una fuerza poderosa que todas las personas poseen para mantenerse presentes en la vida, nunca en un segundo plano ni escondidas detrás de un tercero. Es un ejercicio en primera persona que pone de manifiesto la esencia misma de su vocación y el contagio de su propia misión, para hacer del mundo un lugar diferente y renovado en cada momento.

La chispa divina que vive en el hombre, es la energía que comunica y cataliza los otros elementos de fuego para que arda de forma permanente, cual la zarza en el desierto, como antorcha de luz y poder que está disponible para cualquiera que se abandone en la fuente misma de la vida: el incendio de la fe, el calor del amor y el combustible de la esperanza.


El Editor 

sábado, 7 de enero de 2017

Aprender a trabajar juntos

En un entorno donde las diferencias se acentúan, las polarizaciones se hacen más fuertes y la inestabilidad política es la norma, la colaboración y la cooperación se hacen dos elementos de una misma distinción, que buscan concretar puntos de encuentro donde las tensiones no son ocasión de rechazo sino una oportunidad para tener puntos de vista alternativos antes ignorados.

Por lo general en el ejercicio cotidiano de las organizaciones se nos pide cooperar – co-operar, esto es, seguir una ruta óptima para hacer operativa una propuesta o solución que ha sido distinguida por una autoridad en el tema y que permite viabilizar acciones requeridas por la empresa para alcanzar algunos resultados esperados.

La co-operación significa ser solidario y responder a la confianza de una iniciativa que tiene sentido para las partes participantes (Barkley, Cross y Major, 2012). Organizar una fiesta, una acción para recaudar fondos, una rifa para obtener recursos para fines superiores, son actividades donde la co-operación funciona como elemento que moviliza la fuerza de trabajo para concretar ideas y acciones que permiten alinear voluntades para lograr la realización de una iniciativa.

De otra parte, se encuentra la colaboración, ese ejercicio de construcción de saberes donde cada persona desde su propia realidad y contexto, aporta a la construcción de opciones respecto de una situación particular (idem). No se memoriza, se descubre; no se acepta, se revisa; no se asume, se verifica; un ejercicio donde se busca sintetizar un saber novedoso, propio del reto que asumen el equipo de trabajo.

En el aprendizaje colaborativo, los participantes asumen nuevos roles, se calzan lo zapatos de los otros, se comparten expectativas y se procura un ambiente de construcción permanente donde las ideas de los individuos son insumo valioso para desarrollar una nueva oportunidad de conocimiento. Es importante advertir, que para que este tipo de aprendizaje tenga éxito las personas deben apropiar de su papel en el equipo de trabajo y procurar una constante renovación: tanto de la participación como del logro del reto a conquistar.

En el co-laborar, se busca todo el tiempo el descubrimiento del saber, es decir “algo que se construye hablando entre las personas y poniéndose de acuerdo”(Barkley, Cross y Major, 2012). En este modelo, la imagen de autoridad se pone en duda, abriendo la posibilidad de opciones impensadas, para crear distinciones que sorprendan al equipo de trabajo y de paso, funden un escenario inédito que sea motivo para nuevas reflexiones y aplicaciones sobre el tema en estudio.

Tanto en el co-operar como el co-laborar demandan una preparación específica de los participantes de los equipos de trabajo. En el primero, comprender claramente el objetivo para alinear el esfuerzo que implica materializar una solución o propuesta particular y en el segundo, mantener la motivación y atención frente al reto propuesto, para procurar apuestas interesantes que creen espacios de reflexión que revelen discontinuidades frente a las aproximaciones actuales.

Así las cosas, el aprender a trabajar juntos, es una competencia y exigencia del mundo actual, una práctica que no subestima las diferencias, ni las evita, sino que las motiva como insumo para debilitar la cotidianidad y la mala costumbre de habituarnos a “continuar haciendo las cosas como las conocemos”, una estrategia que anima la reinvención permanente de significados que sólo tienen sentido en el contexto del reto que se plantea.

El Editor

Referencia
Barkley, E., Cross, K. P. y Major, C. (2012) Técnicas de aprendizaje colaborativo. Manual para el profesorado universitario. Segunda edición. Madrid, España: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, España – Ediciones Morata.