domingo, 18 de septiembre de 2016

¿Qué significa cambiar?

Una de las palabras más utilizadas en el mundo actual es “cambio”. Una palabra que está en boca de ejecutivos, profesionales, motivadores, coaches, personas del común, con la que tratan de significar el proceso de transformación que están viviendo los individuos o la situación que saben que pronto van a emprender o provocar en sus vidas.

Cambiar implica muchos movimientos tanto al interior (que son los más importantes), como al exterior de las personas. Es una opción, un compromiso personal que implica salir de la estabilidad construida y afianzada para crear una nueva ruta de crecimiento y conquista propia. Mucho se ha escrito sobre el cambio, sobre cómo cambiar, pero poco realmente se practica y se concreta para que la palabra se materialice.

Siguiendo algunas ideas de Horacio Andrade, en su libro “Cambio o fuera”, cinco son los elementos comunes cuando de enfrentar, desarrollar, provocar o concretar un cambio se requiere.


1. Desprender las propias creencias, los paradigmas, de lo que hemos dado por hecho prácticamente sin cuestionamiento alguno a lo largo de la vida. Este primer elemento, es un movimiento interior profundo, una confrontación interna que lleva a cuestionar nuestras propias seguridades, para habilitar nuevas posibilidades de ver la vida y potenciar nuestras habilidades o desarrollar nuevas para llevarnos al siguiente nivel de evolución que espera para mostrarnos todo lo que podemos alcanzar.

2. Asumir los riesgos inherentes al cambio. No es posible concretar un cambio sin motivar una zona de incertidumbre, una zona de inestabilidad tanto interna como externa. Un riesgo es un movimiento incierto que atenta contra aquellos elementos establecidos por el paradigma vigente, una forma alterna de pensamiento que motiva repensar lo conocido e incomodar la práctica actual.

Es importante distinguir entre ser arriesgado y ser temerario. Mientras el primero es una persona que valora y precisa los retos que implica moverse de un lugar a otro, el segundo es un individuo que se lanza a lograr cosas sin reflexión ni valoración, un ser dispuesto a todo, un egoísta que confunde los fines y los medios para alcanzar sus metas.

3. Desarrollar el pensamiento lateral. Debono (2006) anota que el pensamiento lateral es un pensamiento contraintuitivo, donde es necesario cambia el patrón habitual de pensamiento para ver distinciones antes inexploradas. Lo anterior, supone romper la tradición sobre la cual está construido el ejercicio del cambio, para plantear caminos ingeniosos y posibilidades inadvertidas que permitan una vista refrescante de la realidad, que sólo es posible cuando desconectamos aquello conocido, incorporamos aspectos novedosos o inesperados y volvemos a reconstruir bajo nuevos supuestos.

4. Aprender a cambiar uno mismo, lo que demanda de una buena dosis de autocrítica y, sobre todo, de humildad. Un elemento que busca conectar la estrategia de cambio con las motivaciones internas, los valores y creencias propias con el fin de traducirse así mismo en el cambio que se quiere proyectar. Comprender en detalle los seres que somos, nuestras capacidades, limitaciones y retos, nos habilitar para soñar con la mente en el cielo y la ejecución con los pies en la tierra. Nadie puede reemplazarnos en el camino de hacernos mejores versiones de nosotros mismos.

5. Motivar transformaciones en los otros. Este último elemento tiene dos connotaciones muy importantes: a) las personas tienen derechos y b) cada uno tenemos obligaciones y responsabilidades. Transformar a otros, implica respetar quienes son, cómo conciben la vida y entender las motivaciones que los movilizan, y de igual forma, comprender nuestro papel en la sociedad, que implica hacernos conscientes de lo que se espera de nosotros, nuestras obligaciones y responsabilidades para hacer que las cosas pasen.

Si entendemos que el cambio nace en una condición interna de los hombres y que el entorno, anticipa o genera aspectos que lo aceleran o lo inhiben, es importante entender que en un mundo donde las certezas han desaparecido, como afirma Andrade (2011, p.128), “hay que estar siempre abierto y hay que ser todo lo flexible que se necesite, porque aprender consiste, precisamente, en acceder a otras formas de ver la realidad”.

El Editor

Referencias
De Bono, Edward (2006) El Pensamiento Lateral. Madrid, España: Editorial Paidós Ibérica S.A.
Andrade, H. (2011) Cambio o fuera. Dirigir en el siglo XXI. Estados Unidos de América: Palibrio.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Seres contingentes

Anotan los profesores Colom, Sarramona y Vázquez (1994, p.34) que “la contingencia implica inseguridad. (…) Ello significa renunciar a las soluciones perfectas y plantear las cuestiones en términos de “posibilidad” o de aproximación. La contingencia implica asimismo eventualidad, cambio, y por lo tanto dependencia”, una frase que nos recuerda el ser contingente que somos, lo necesitado de nuestra condición humana y la inevitabilidad de la falla que debemos asumir.

Continúan los académicos diciendo: “etimológicamente, contingencia proviene del latín contigo, que significa ser limítrofe, o sea, estar en relación o en contacto, lo que hace que se pueda acoger al significado de interacción entre variables, en donde una de ellas está en función de la otra”, un ejercicio de reconocimiento del otro como parte de un todo donde construimos y evolucionamos para mantenernos en constante movimiento, sabiendo que la vulnerabilidad es la fuente natural del aprendizaje y del cambio que requerimos o requieren las empresas.

Entendernos como seres contingentes, es reconocer que estamos sujetos al cambio, a fluir más allá de las causas y efectos del mundo, para comprender cómo estamos conectados con otras personas para enfrentar situaciones límites o inesperadas, y así superar la posición cómoda que podamos tener en algún momento. Mantener una postura abierta en la vida frente a las situaciones inciertas y motivar cambios en nuestra forma de pensar y actuar, permite que la experiencia de vida, sea una experiencia educativa que transforma nuestro hacer y por tanto, construye y define nuestro actuar.

Si la contingencia significa dependencia, estar en relación con, debemos entender que no estamos solos en la construcción de nuestros sueños y conquista de nuestro destino. La inseguridad que produce estar frente a la inevitabilidad de la falla, debe activar en nuestra mente la posibilidad de tomar acciones sin temor al castigo, para crear oportunidades que releven aspectos inéditos de la realidad, distinciones no preestablecidas que hacen avanzar la forma como reinventamos el mundo y a nosotros mismos.

Si entendemos que la vida y las organizaciones no son procesos secuenciales de acuerdo con una sucesión cronológica de un calendario y llevada a cabo en un lugar predeterminado, es posible entender que la contingencia es una realidad natural que asiste a los seres humanos para encontrarse unos con otros, como la fuente de un nuevo lenguaje que remonta las diferencias superfluas de clases o condiciones, para lanzarnos a superar las certezas donde hemos sido educados, y conquistar el imperio de la causalidad.

Aceptar que somos seres contingentes, significa descubrir y revelar aquello que había estado temporalmente oculto; es habilitar el “poder ser”, ese que avanza y retrocede, que comprende y se confunde, que tiene encuentros y desencuentros; ese que tiene más incertidumbres que certezas, ese plantea más posibilidades que probabilidades; en pocas palabras, esa persona que sabe de la inestabilidad del momento y del entorno donde opera para repensarse como participante creativo y no como controlador de la naturaleza (Calvo, 2016, p.94).

El Editor.

Referencias
Colom, A., Sarramona, J. y Vázquez, G. (1994) Estrategias de formación en la empresa. Madrid, España: Ediciones Narcea.
Calvo, C. (2016) Del mapa escolar al territorio educativo. Disoñando la escuela desde la educación. La Serena, Chile: Editorial Universidad de la Serena.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Éxito y felicidad

Muchas publicaciones de autoayuda tratan de brindar recetas para concretar una vida exitosa y feliz. Receta que para muchos resulta esquiva y hasta inalcanzable, pues posponemos muchas veces nuestros sueños y retos para superarnos a nosotros mismos.

Un reciente artículo foro económico mundial indica que las personas apasionadas por lo que hacen, con propósito superior, que terminan lo que inician, que piensan “fuera de la caja” y que aprenden de sus errores son las que logran superar sus propias barreras autoimpuestas (Bradberry, 2016).

Viajar por la vida implica un motivo trascendente, hacer explícita una misión que nos permita tomar cada momento como una oportunidad para construir el futuro, reconociendo el presente. Dejarnos sorprender por la novedad de lo que implica ver con ojos distintos, desinstalados de lo cotidiano y repetitivo, es la apuesta para caminar sobre un territorio inexplorado y abrir los ojos a mundos desconocidos.

No podemos seguir viviendo la vida que otros aparentemente controlan, o pensar que efectivamente tienen dominio sobre la realidad que vivimos. Cada vez que seguimos lo que apasionadamente sabemos hacer o nos eleva de nuestra realidad, se realizan cambios a nuestro alrededor, se transforma nuestro entorno y las posibilidades se concretan.

Cuantas veces debes probarte a ti mismo que tus pensamientos moldean tu futuro, que tu conexión divina es la puerta para aprender sobre tus propios talentos y la fuerza para perseverar ante tus propias limitaciones. Nada está oculto de forma permanente, la búsqueda constante de nuestro propio destino rompe la inercia de un mundo que te quiere ver dentro de los parámetros conocidos.

Por tanto, mira dentro de ti y descubre la esencia de la misión que tienes en tus manos, la energía potencial que está esperando para ser movilizada y las aventuras que están esperando para movilizarte a trabajar a diario en eso que te apasiona, en esa misteriosa idea que te ronda la cabeza y cada vez más se hace presente en tus pensamientos y sueños.

No dejes que se apague la luz que brilla en tu interior, esa magia permanente con la cual hemos sido dotados para iluminar el mundo, para darle sentido a la vida. Recuerda que hemos venido a continuar un esfuerzo que otros iniciaron hace mucho tiempo y está en nuestras manos hacerlo bien y concretar un mundo distinto, donde lo diferente es la norma y la inclusión la tarjeta de ingreso.

El éxito y la felicidad no son más que nombres comerciales de una experiencia personal que no podemos dejar de lograr, pues hemos sido creados para motivar transformaciones y cambios que aún no podemos entender, pero si podemos imaginar. Bien decía Albert Einstein, que es más poderosa la imaginación que el conocimiento, pues es allí donde se abren los caminos donde lo imposible se vuelve posible, la contradicción es una oportunidad y la discontinuidad un paso hacia lo realizable.

Recuerda que la vida pasa en un instante y los momentos son la marca indeleble de una ventana cierta donde el futuro ocurre. Por tanto, no dejes que nadie robe tu felicidad y éxito que te mereces, pues cuando sabes de lo que eres capaz, la divinidad conspira contigo para que el mañana, sea un continuo presente donde trasciendes cada vez que tu imaginación abre el portal de lo temporalmente desconocido.

El Editor

Referencia
Bradberry, T. (2016) This is what successful and happy people focus on. Recuperado de: https://www.weforum.org/agenda/2016/08/this-is-what-successful-and-happy-people-focus-on

sábado, 27 de agosto de 2016

Educar en un mundo VICA

Educar en un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo (VICA) (Johansen, 2009), es un reto que implica al mismo tiempo, desconectar lo que estaba conectado, enriquecerlo y volverlo a conectar, para lograr una ganancia teórica y práctica, y de igual forma conectar aquello que aparentemente no estaba relacionado, para revelar una distinción antes ignorada, alterando el statu quo vigente (Hall, 2010).

Educar significa generar tensión con lo existente, es “ejercitar la sospecha sobre aquello que se nos muestra como aparentemente lógico, verdadero y coherente” (Medina, 2008, p.164), es sumergirse en un mundo de incertidumbres donde son importantes las preguntas y no las respuestas; una oportunidad para “liberarse del encadenamiento a un concepto lineal, que obliga a repetir afirmaciones dichas por otros” (Calvo, 2016, p.30).

Educar es “reorganizar las relaciones posibles que se pueden establecer en un contexto particular, a través de nuevas e inéditas relaciones sinérgicas” (Calvo, 2016, p.45), es el ejercicio donde se ejerce el derecho a equivocarse, una creación de relaciones sinérgicas entre contrarios: “saber-ignorancia, orden-caos, comprensión-confusión para definir un fluir sin antagonismos, donde lo distinto es acogido por su diferencia, antes que excluido por su oposición” (ídem, p.54).

Educar, es un continuo de construcción y deconstrucción de la realidad. Es el reconocimiento de la subjetividad de los actores y la esencia de sus contradicciones y discontinuidades, para ensamblar las bases de un discurso circular donde práctica y teoría hacen parte de un mismo continuo: “el conocimiento debe extraerse de la práctica y la práctica, a su vez, debe ser fuente de conocimiento” (Colom, 2002, p.162).

Educar, es desarrollar las potencialidades intrínsecas del individuo y la vez nutrir a una persona con conocimientos y experiencias para que se inserte en la sociedad (Belando, 2015). Es un momento histórico siempre en presente que induce al asombro con el misterio, para suspender el entendimiento de la realidad y así crear relaciones originales o inexistentes donde se funden escenarios posibles y propuestas probables.

Educar, es “conducir al que sabe del saber a la ignorancia, mientras al que ignora lo guiará de la ignorancia al saber, gracias a la mediación provocadora del asombro y rigurosidad” (Calvo, 2016, p.75). Es un experimentar la “deconstrucción de creencias que actúan a modo de grilletes intelectuales, y por otro construir y desvelar nuevas respuestas”. Una apuesta para vivir como “participantes creativos y no como controladores de la naturaleza” (Calvo, 2016, p.94).

Educar es, generar un conflicto cognitivo frente a una lectura distinta de lo conocido, es escribir en el margen de las hojas, afinar la vista y probar diferentes lentes para detectar regularidades, patrones de comportamiento afines, que revelen el territorio que se explora, como fundamento de una experiencia de incertidumbre educativa que construye significados más allá de los contenidos y las explicaciones magistrales.

Educar, en definitiva, es desarrollar sabiduría, que es aquella que “no tiene que ver con la acumulación de años o de conocimientos o experiencias, sino con aceptar los misterios de la vida y saber mantener la curiosidad y la capacidad de sorprendernos” (Soler y Conangla, 2014).

El Editor.

Referencias
Belando, M. (2015) La educación como idea, como hecho y como desafío. En Belando, M. (Coord.) (2015) La educación repensada. Dinámicas de continuidad y cambio. Madrid, España: Ediciones Pirámide. 17-36
Calvo, C. (2016) Del mapa escolar al territorio educativo. Disoñando la escuela desde la educación. La Serena, Chile: Editorial Universidad de la Serena.
Colom, A. (2002) La (de)construcción del conocimiento pedagógico. Nuevas perspectivas en teoría de la educación. Barcelona, España: Paidos.
Hall, S. (2010) Sin garantías. Trayectorias y problemáticas en estudios culturales. Popayán, Colombia: Envión Editores
Johansen, B. (2009) Leaders Make the Future: Ten New Leadership Skills for an Uncertain World. San Francisco, USA: Berrett-Koehler Publishers.
Medina, J. (2010) El desaprendizaje: Aproximación conceptual y notas para un método reflexivo de generación de saberes profesionales. En Armengol, C. y Gairín, J. (2010) Estrategias de formación para el cambio organizacional. Madrid, España: Wolters Kluwer.
Soler, J. y Conangla, M. (2014) Las veinte perlas de la sabiduría. Hacernos sabios antes de envejecer. Barcelona, España: Lectio Ediciones.

domingo, 21 de agosto de 2016

Presencialidad y Virtualidad

En la era de la economía digital donde las monedas digitales, las criptomonedas y las “startups” (empresas de base tecnológica novedosas) son la esencia de las relaciones comerciales, ahora digitalmente modificadas, la pregunta que surge es ¿cómo se están repensando las relaciones humanas en el contexto de lo digital?

Esta pregunta, nos advierte la necesidad de balancear dos mundos complementarios, los cuales hoy soy más evidentes y reales, como quiera que la juventud actual, plenamente conectada, los revela con sus actuaciones: la presencialidad, la conversación cara a cara, y la virtualidad, el contacto mediado por la tecnología y sus representaciones, bien de manera sincrónica o asincrónica.

No se busca castigar o señalar las bondades o limitaciones de cada una de la interacciones previamente anunciadas, sino plantear una aproximación a la dinámica relacional que está inmersa en cada una de ellas.

Mientras el tradicional cara a cara, es una funcionalidad normal de los seres humanos, no siempre es la más plena de ellas. Podemos interactuar cientos de veces en esta forma y no poder comunicar o transmitir lo que realmente importa para conectarnos con el otro. De igual forma, podemos iniciar una conversación sincrónica o asincrónica con otro u otros, tratando de comprender las posturas de sus aportes y tener un entendimiento distinto del que originalmente la persona pudo haber planteado en su texto.

El reto en el fondo no está en el medio ni en la forma de la interacción planteada, sino en la comprensión que ocurre en cada uno de los individuos. Ese ejercicio de apropiación de la realidad, desde nuestra propia realidad histórica y experiencial que genera el filtro natural de las acciones humanas y define la fuente de una posible respuesta a ese estímulo externo que es la presencia del otro.

La presencialidad en lo digital, debe ser un empeño por complementar la base de información que se ha compartido con el otro, para establecer un sustento básico de comprensión donde se nutre un dominio informacional claro, que habilita una oferta operacional para actuar. Lo digital en la presencialidad, debe ser la apuesta para clarificar lo que expresiones y pausas en la conversación se han revelado, para afinar el entendimiento de lo que se ha compartido y permitir acciones diferentes que respondan a las inquietudes de ambas partes.

Es claro que la presencialidad plena, entendida como atención plena en el momento y totalidad de lo que somos, no puede ser reemplazada por una conversación mediada por emoticones y mensajes de voz. Por otra parte, un intercambio de mensajes instantáneos que informa y motiva acciones en los otros, no es el signo distintivo de una conversación enriquecida con expresiones y sentimientos particulares.

Por tanto, las dos caras de esta misma realidad en el mundo digital, nos ilustran la complementariedad de nuestras interacciones como quiera que ignorar alguna de ellas, sería estar al margen de las bondades y exigencias que se deben atender en medio de la economía digital y la necesidad de un contacto y encuentro permanente con el prójimo.

El Editor 

domingo, 14 de agosto de 2016

Ser competente en el siglo XXI

Se habla en la actualidad de competencia, como palabra clave para fortalecer y desarrollar a las personas de cara a los retos de una realidad inestable y dinámica, donde la empleabilidad es una condición básica cada vez más exigente para los profesionales del siglo XXI.

Mientras en el pasado el trabajo se hacía según especificaciones y órdenes, era fragmentado y especializado, se exaltaba la habilidad, la destreza y la velocidad de la ejecución en el plano manual, con horario y calendarios de trabajos fijos, homogeneidad de cualificaciones y escasa autorrealización, en los tiempos modernos prima la autonomía, la iniciativa, la responsabilidad y la creatividad; se privilegia una vista de la totalidad y sus relaciones, que explore la velocidad de la percepción, la reacción y la anticipación, con flexibilidad en los horarios y calendarios; una gama diversificada de competencias, donde la inversión personal y del ser hacen parte sustancial de la autorrealización de los trabajadores (Echeverría et al, 2014, p.44).

En este sentido, estos cambios revelan la transformación individual que debe existir en cada persona, con el fin de asumir su posición clave en un entorno, donde continuamente deben distinguir nuevas prácticas para mantenerse con la evolución de las condiciones del medio. Por tanto, ser competente en un mundo como el actual “no puede reducirse ni a un saber específico ni a una capacidad específica. La competencia exige pasar del saber hacer al saber actuar, ir más allá de lo prescrito” (Echeverría et al, 2014, p.77).

Lo anterior en perspectiva sistémica, es “darnos cuenta de nuevas posibilidades … lo que implica cuestionarse los supuestos, significados, valores y normas que generalmente damos por sentados” (Espejo y Reyes, 2016, p.63) con el fin de hacer nuevas distinciones que se vuelvan acciones prácticas incorporadas en nuestra humanidad, las cuales no solo nos permiten construir el mundo y desempeñarnos en él, sino constituirnos como individuos únicos y particulares (ídem, p.64).

En consecuencia, como afirma Echeverría (2014 et al, p.78) “el profesional competente se caracteriza predominantemente por saber innovar, más que por los saberes rutinarios. Es decir, por poner en práctica conductas y actos pertinentes en situaciones inéditas”. Esto es, en la lectura sistémica, un entendimiento de una realidad en un contexto particular que revela una red de interacciones que producen totalidades, para hacer frente a los desbalances de complejidad propios de aquella: bien rediseñando las prácticas actuales o clasificando y agrupando las inestabilidades de la situación observada (Espejo y Reyes, 2016).

Así las cosas, si entendemos la empleabilidad como la capacidad de adecuación a un mercado de trabajo en constante cambio y situarse favorablemente ante las oportunidades de empleo (Echeverria et al, 2014), un profesional altamente empleable es aquel que a) vivencia y anticipa situaciones problemáticas, b) cuestiona y repiensa las prácticas existentes en un contexto particular, c) desarrolla e incorpora nuevas distinciones y finalmente d) crea nuevos significados compartidos, “que apuntan a incrementar las posibilidades de acción para otros, y que, en ningún caso, restringe la viabilidad de ellos” (Von Foerster, 1984, mencionado por Espejo y Reyes, 2016, p.26).

De manera que, un profesional competente en lectura sistémica, es aquel que es capaz de observar su realidad y hacer distinciones, identificar nuevos bordes inexplorados de esta, para desencadenar cambios en su contexto particular y ofrecer significados distintos que pueden o no estar enraizados en la comunidad de la que hace parte. Un balance que exige reconocerse como observador para describir el sistema desde el exterior, asignándole atributos y estudiar sus interacciones con el entorno, o ubicarse en su interior, donde las propiedades surgen de las relaciones entre sus componentes y el entorno se visualiza como una fuente de inestabilidades (Espejo y Reyes, 2016, p.15 y 16).

El Editor

Referencias
Espejo, R. y Reyes, A. (2016) Sistemas organizacionales. El manejo de la complejidad con el modelo del sistema viable. Bogotá, Colombia: Ediciones Uniandes – Universidad de Ibagué.
Echeverría, B. (Coordinador), Isus, S. Martínez, M. P. y Sarasola, L. (2014) Orientación profesional. Segunda reimpresión. Barcelona, España: Editorial UOC.

sábado, 6 de agosto de 2016

"Headhunter" Divino

Existe una profesión que algunos conocen como “reclutador de personas” y otra más ejecutivas los denominan “cazatalentos” o en inglés “headhunter”. Ambas tienen como función seleccionar el “mejor talento” para su cliente, que por lo general es una organización grande y con presencia internacional. La pregunta que surge en este escenario es ¿qué busca este tipo de profesional para encontrar sus candidatos?

De acuerdo con Arancha Ruiz, en su libro “¿Qué busca el headhunter?”, la respuesta tiene varias aristas. Por un lado “se piden líderes para el cambio y profesionales globales, ágiles y creativos capaces de seguir el ritmo de la transformación” (Ruiz, 2016, p.20). Por otro, se busca que cuenten con “capacidades digitales, talento altamente cultivado, que cuestionen todo, que tomen decisiones basadas en datos y que tengan obsesión por el cliente” (ídem).

Pero ¿qué es el “ritmo de la transformación” ?, ¿qué transformación es la que son capaces de seguir estos profesionales? Preguntas que no responde la mencionada autora. Podemos inferir que habla de una transformación en dos vías, una digital de la sociedad donde se encuentra y otra personal, frente a los eventos que su entorno le presenta.

En la primera vía, la transformación digital, que es el reconocimiento del mundo digitalmente modificado, presenta un desafío novedoso para los profesionales del siglo XXI: cultivar y mantener su empleabilidad frente a la acelerada obsolescencia del conocimiento (Cano, 2016). La cualificación del personal no está supeditada a la actualización de conocimientos requeridos para un cargo particular, sino en el desarrollo de capacidades distintivas que permiten una lectura distinta de la realidad, que sorprenden al entorno y crean un movimiento que cambia el curso de los estándares conocidos.

En la segunda, la transformación personal, esa que es la que búsqueda de la conexión con el ser interior, con el motor del progreso constante, advierte un reto complementario al inicialmente comentado: cultivar y mantener la fe, la esperanza y el amor frente a la “cosificación” de las relaciones y las personas. La competencia que se exige frente a esta realidad, no es qué tanta capacidad de escucha tienes, o qué nivel de compromiso has alcanzado, o qué motivación te mantiene alerta, sino qué tanto has servido a los demás, qué tanto has salido de ti mismo para encontrarte con el otro, qué has hecho distinto para hacer que las cosas pasen.

Mientras el “headhunter” terreno persigue aquellos capaces de seguir la transformación digital, el “headhunter” divino persigue tus actos de generosidad, tus ejercicios de dominio de sí, tus conquistas personales y tus lecciones aprendidas. No te elige como el headhunter terreno, por tu ““alta cualificación”: educación, idiomas, experiencia consolidada, habilidades digitales, de comunicación e interacción social” (Ruiz, 2016, p.21), sino por la apertura, la donación, la entrega, la generosidad y el deseo de aprender/desaprender, que son los signos distintivos de una persona cuyas emociones no conocen frontera y se adaptan a cualquier entorno conocido o por conocer.

Recuerda que si bien el “headhunter” terreno te juzga y atrae para concretar una transacción administrativa que concluye o no una posibilidad concreta para ingresar a una organización, el “headhunter” divino sólo te atrae, te motiva y cautiva para que puedas expandir tus horizontes y capitalizar todo tu potencial, más allá de los linderos que otros han querido imponerte, sin interesar la organización donde quieras estar. Una experiencia educativa que funde la divinidad en tu humanidad, haciendo de ti su mejor talento.

El Editor

Referencias
Ruiz, A. (2016) ¿Qué busca el headhunter? Lo que saben los cazatalentos y cómo emplearlo a tu favor. Barcelona, España: Editorial Conecta.
Cano, J. (2016)  Leer, reflexionar, experimentar y desaprender. Lecciones básicas para los profesionales del siglo XXI. Recuperado de: https://www.linkedin.com/pulse/leer-reflexionar-experimentar-y-desaprender-lecciones-jeimy