sábado, 16 de mayo de 2015

Peldaños del éxito

Se publican muchos libros sobre el éxito y sobre cómo lograr metas en la vida. El liderazgo, la forma como enfrentamos nuestros miedos y temores, la estrategia para comunicar, entre otros, son los temas que por lo general ocupan la agenda de los escritores denominados de superación personal.

Revisando el libro de Anxo Pérez, “Los 88 peldaños del éxito”, encuentro reflexiones que son motivadoras y retadoras para confrontarnos a nosotros mismos respecto de aquello que perseguimos y queremos en la vida. No es una recolección de buenos consejos, sino declaraciones que deben motivar acciones, dejar las quejas y aceptar que el futuro lo tenemos en nuestras manos.

Revisamos a continuación algunas de ellas para atravesar la coraza de nuestra inercia y comodidad, que en muchos casos, es la fuente de nuestras excusas, que no nos dejan alcanzar nuestro potencial y lograr nuestros sueños.

No celebres el potencial de lo que creas va a suceder. Celebra el potencial de lo que ya ha sucedido”.
No podemos fundar nuestros logros, sobre una ilusión; deben estar soportadas en hechos concretos, en pasos reales, en pasar de la idea a la acción. Cuando somos capaces de enfocarnos y obtener resultados concretos, crecemos en confianza y en credibilidad. Nada más motivador que victorias personales, que van construyendo nuestra propia autoimagen donde cada día podemos vencer nuestras propias marcas.

La educación nunca es un desperdicio. Si no sirve como medio, siempre servirá como fin”. Debemos estar dispuestos a aprender y desaprender toda la vida, cuando se arrugan los sueños, se compromete nuestra esencia. Bien anota Anxo en esta declaración: “Si al nacer te dijeran que no vas a aprender una sola cosas, entonces tendría el mismo sentido no haber nacido”. No podemos desaprovechar los momentos en la vida, pues cada instante tenemos la oportunidad para encontrarnos con el reto de avanzar en medio de aquello que aún no entendemos.

Tener empatía es saber el efecto que tiene fuera lo que tú eliges dentro”.
La empatía es la capacidad de escuchar, de conectarnos con el otro, de hacer una lectura respetuosa y generosa de las expectativas del otro. Es un viaje en la red de significados de nuestros interlocutores y saber elegir aquello que nos permite movilizarnos para alcanzar nuestras metas. Ponerse en los zapatos de otros, es pensar más allá de lo que vemos y comprender que siente el otro, cuando tú le miras. Concentrarnos en el efecto que producimos en el prójimo, abre la puerta a la comprensión y la solidaridad.

Que tu cerebro dedique más tiempo a las posibilidades y menos a los obstáculos
Según Anxo, son tres los elementos que tenemos para preprogramarnos de cara al positivismo: La sonrisa, las palabras y el agradecimiento. La sonrisa abre la puerta para conectarnos con el otro, es una clave que descifra la incierta condición del otro. Las palabras, usadas de manera positiva, movilizar la energía y el poder de la transformación para hacer que las cosas pasen. Finalmente el agradecimiento, es un acto de generosidad donde reconocemos que somos parte de una construcción colectiva, donde todos sumamos y hacemos la diferencia.

Piensa menos en tu carrera y más en para qué corres
Esta declaración nos habla del sentido trascendente de lo que quieres, de cómo transformas a otros con lo que haces, de la disciplina que tienes para perseguir tus metas. Es la experiencia de cada día en la donación con el otro, la que nos recuerda y permite mantenernos despegados de lo transitorio y caduco. Bien anota Anxo: “Centrarnos en algo que no está entre cuatro paredes que componen nuestro cuerpo, sino fuera, y esto nos hará valorar infinitamente más lo que tenemos dentro”.

Si bien todo el libro está lleno de motivaciones para lanzarse a actuar y la exigencia de los hechos y los datos que transforman nuestro entorno, es importante que cada uno sea capaz de balancear que tanto está dispuesto a arriesgar y aprender, no para librarse de sus caídas, sino superarlas y asumir sus retos, a pesar de ellas.

El Editor

Referencia
Pérez, A. (2014) Los 88 peldaños del éxito. 13ª Edición. Barcelona, España:Alienta Editorial.

sábado, 9 de mayo de 2015

La agitada vida moderna

Considera la siguiente escena planteada de un ejecutivo moderno en el más reciente libro de Chris Lowney: “Va corriendo de una reunión a otra, consulta constantemente su correo electrónico, apaga el fuego después de encenderlo y hace incontables llamadas telefónicas”, es adicto al whatsapp y almuerza generalmente con sándwich o ensaladas de vegetales y alguna proteína. ¿Te parece conocida esta escena?

Pareciera que el tiempo no alcanzara, que la angustia por llegar y cumplir conduce a las personas a ritmos desequilibrados que perturban la lectura natural de vida, donde el disfrute de lo intelectual y espiritual, queda rezagado y confinado para aquellos que “pierden el tiempo” y aparentan estar en contacto consigo mismo. La reflexión es un lujo que no se pueden dar los ejecutivos del siglo XXI, parece que fuese la consigna de la vida acelerada por entregar un resultado.

El fundamento de la excelencia, constituida en el ADN de los profesionales se confunde con la idolatría de los resultados, la esclavitud del reconocimiento y la pérdida del criterio de opinión. La excelencia no resulta exclusivamente de una vista material de los logros alcanzados, sino de un reconocimiento permanente de nuestros “pies de barro”, donde la opiniones de los demás cuentan y el ejercicio de riesgo no busca certezas, sino oportunidades para aprender.

Tomar distancia de la dinámica agreste del mundo contemporáneo, es una necesidad para encontrar y afinar nuestra posición frente la incertidumbre, un espacio para deconstruir nuestra propia realidad y encontrar nuevas razones para hacer que las cosas pasen. Esto supone darle un espacio privilegiado a la renovación interior para descifrar las “mentiras del éxito del mundo” y activar el camino del autodominio y gobierno de sí, que ha sido marcado desde antiguo como calzada de gracia y poder.

Mientras estemos en la dinámica de los negocios, poco podemos tener espacios para aclarar la mente, y así surcar sus más profundos temores, miedos y limitaciones. La mente  presenta un sin número de posibles lugares para distraernos de nuestro foco y provocar una agenda paralela que nos atrapa en la “inacción”. Por tanto, para superar esta propuesta se hace necesario salir de zona cómoda y recuperar el control de la vida, fundado en una decisión trascendental, que es darle sentido y propósito a la misma.

Al lanzarse en esa conquista de la “inacción” en medio de la dinámica de lo informático y de los negocios, la incertidumbre hará su aparición para preparar el camino de los que atraen la prosperidad en sus vidas, de aquellos que saben que se enfrentan con lo inesperado y que se reinventan cada día desde la lectura de las expectativas del mundo y las doctrinas de lo novedoso.

Por tanto como anota William Ramos, “mientras usted desee vivir mejor y disfrutar de la prosperidad y siga estancado sin penetrar por el camino de la incertidumbre, jamás podrá saber de lo que en realidad podrá ser capaz y jamás podrá salir de la fosa fría en donde reina el desaliento”. Así las cosas, la velocidad del mundo nos envuelve y nos condena, pero de igual forma nos define y nos libera. Hagamos un alto en el camino para que reinventando nuestras vidas, puedan conjurarse nuestros miedos y temores, y así hacer una lectura del futuro que llega en medio de las contradicciones, las dudas y el abandono.

El Editor

Lowney, C. (2014) Papa Francisco. Lecciones de liderazgo. Buenos Aires, Argentina: Gránica.
Ramos, W. (2015) Más allá del límite. Cómo avanzar en medio de las dificultades que sacuden y cambian el curso de la vida. Bogota, D.C, Colombia: Ediciones Paulinas.

sábado, 2 de mayo de 2015

Intereses

Estamos en todo momento expuestos a la inevitabilidad de la falla, a una lógica del error y la incertidumbre que generalmente no podemos identificar y pocas veces comprender. Nos sorprendemos todos los días con las variaciones y efectos de situaciones que se presentan y que con frecuencia desafían nuestras expectativas. Así las cosas, no es sorpresa que los seres humanos y sus intereses tracen destinos que muchas veces no son los que se esperan, sino los que convienen.

Los intereses son inclinaciones legítimas que describen el querer de una persona y la forma como define sus acciones. Una declaración que manifiesta la profundidad de un querer y de un deseo que confirma su intención frente a un contexto particular. Muchas veces observamos juegos de conversaciones que persiguen aparentemente un fin, cuando específicamente se quiere lograr otro y en este escenario, de inteligencia y contrainteligencia, quedan atrapadas las personas y sus intereses.

Cuando se revelan los intereses de una conversación, de manera inesperada, bien pueden ocurrir dos cosas: se hace más transparente la interacción, generalmente beneficiando el fin que se persigue, a pesar de que uno de los interlocutores quede sin “estrategia sorpresa” o por el contrario, se cierra el canal de apertura, se interrumpe la comunicación que advierte un postura defensiva y que cambia la forma de los acontecimientos que allí ocurren.

Los intereses son el currículo oculto que manifiestan las personas en sus acciones y establecen la forma como se escriben sus pensamientos e inclinaciones. Cuando los intereses no responden a objetivos superiores, donde se privilegia el bien particular sobre el bien general, estamos ante una postura que consolida y fortalece una lectura centrada en el “sí mismo”, en los beneficios que se pueden alcanzar para unos pocos y no para las condiciones de muchos.

Las élites políticas, tanto de la sociedad como de las organizaciones, establecen desde sus declaraciones, lineamientos y directrices que buscan trazar un camino en medio de la incertidumbre. En este sentido, las lecturas desde los diferentes grupos de interés refinan y anticipan los cambios requeridos para lograr los beneficios, que den cuenta de los legítimos intereses planeados. Sin perjuicio de lo anterior y con la alta posibilidad de no ajustarse con el entendimiento de muchos, toda conversación lleva en sí misma una semilla imperfecta de lo que somos; una búsqueda de satisfacción que no es posible identificar.

Así las cosas, lo que llamamos interés, es una determinante individual que se funde con nuestra naturaleza caída, bien para potenciar una vista personal y de conquista propia o por el contrario una declaración oculta de expectativas que sólo utiliza la realidad, como una excusa para camuflar sus fines últimos, aquellos que sólo conocen los impactados y convidados para alcanzar los parabienes.

Lo anterior, define y potencia las dobles agendas, las cuales permean los buenos deseos de muchos y confirman las intencionalidades de otros. Por tanto, los intereses humanos son la firma indeleble que nos define y la expresión del ejercicio de vencimiento propio que nos debe asistir.


El Editor.

domingo, 26 de abril de 2015

Confianza

Muchas son las definiciones de confianza, muchos los estudios que se han hecho sobre esta palabra, pero solo en el ejercicio diario del mundo, es donde halla sentido la expresión misma de la confianza. Confiar, de alguna manera implica esperar, tener fe que la contraparte se va a comportar de acuerdo a lo esperado, una apuesta sobre un entendimiento que se reconoce compartido y cuya fuerza radica en el cumplimiento de una expectativa particular.

Luhmann (1996, p.49) afirma que: “cualquiera que confía tiene que estar preparado para aceptar los riesgos que implica. Debe tener en claro aunque sea solamente para tranquilizarse, que no está confiando incondicionalmente, sino más bien dentro de límites y en proporción a expectativas racionales y específicas”. Esta afirmación de este académico, revela la contraparte natural de la confianza, aceptar los riesgos que implica confiar.

Confiar no es firmar un cheque en blanco, es concertar una expectativa, descubrir la esencia de los significados del otro y verse allí reflejado, para luego situar las condiciones que me hacen vincularme con el proyecto del otro. La confianza se basa en el conocimiento y convivencia de dos o más personas, una propiedad que se construye con base en la sintonía de visiones y creencias que, si bien, no son necesarias que se compartan, basta que se vivan y transmitan en cada palabra y expresión del otro.

Cuando una persona declara que confía en otro, inevitablemente acepta el hecho de la fragilidad humana y los eventos inesperados, los cuales generan tensiones entre los participantes. Dicha tensión será mayor si tiene conocimiento limitado del otro y menor si existe una historia previa de situaciones compartidas. En este sentido, la confianza es un proceso de aprender y desaprender quiénes somos y qué queremos cuando comunicamos nuestras experiencias con otros.

En un mundo dominado por posiciones empresariales, por logros y reconocimientos, las fallas y debilidades humanas, constituyen agentes que erosionan la confianza y comprometen la imagen de las personas. Son situaciones que provocan retiros importantes de la cuenta de confianza de los ejecutivos, los cuales no tienen otro parámetro de medida y virtud, pues de igual forma ellos se ven afectados por los impactos de los errores que se cometen.

Así las cosas, confiar de manera abierta y responsable, implica acercarme a la red de significados del otro y fundir mis esperanzas con las suyas, para que juntos puedan aprender del ejercicio de superar sus propias certidumbres y abrirse de manera conjunta a esperar construir desde la inevitabilidad de la falla. Esta declaración contradice la lectura del confiar que hemos conocido, pues somos fruto de la pedagogía del éxito, de las conquistas de las certezas y las acreditaciones con resultados esperados, aun sabiendo que somos materia frágil y proclive a lo menos sano y bienaventurado.

La confianza, si bien disminuye la complejidad en las interacciones con otros, es una actitud que se aprende, es decir, una evaluación afectiva, una predisposición efectiva que acerca o distancia del otro, que es afectada por los resultados que de ella se desprenden, para entrar en la sintonía con esa otra realidad. Por tanto, confiar pone de manifiesto a la persona misma en toda su dimensión para nutrir un juico y un criterio que ha sido interpretado, categorizado y ordenado alrededor de coordenadas de valores expuestos que gravitan sobre un imaginario compartido.

El Editor.

Referencia
Luhmann, N. (1996) Confianza. Madrid, España: Anthropos.

sábado, 18 de abril de 2015

Pensando por el complemento

El mundo exige una vista novedosa y abierta para conocerlo y entenderlo. Su capacidad de cambio y transformación nos impone una dinámica diferente para descifrar las tendencias y los puntos novedosos de nuestra realidad.  En este contexto, la forma como hemos venido conociendo nuestro entorno debe sufrir una actualización para revelar la complejidad de la dinámica social, lo cual demanda un observador calificado que combine, al mismo tiempo, la vista positiva de las causas y los efectos, con las reflexiones por el complemento, donde las relaciones definen el rumbo mismo de los acontecimientos.

No podemos seguir descubriendo el mundo sobre la certeza de que somos capaces de establecer las condiciones y relaciones relevantes entre variables, para explicar cómo se desarrollan las cosas. Es necesario, cuestionar en profundidad la lectura de los resultados o reflexiones que tenemos sobre nuestro inmediato presente, pues la sospecha de dichos resultados, no son más que una vista parcial y posiblemente inestable de una posibilidad que aún está en desarrollo.

El método científico, la ciencia y sus métodos, nos han informado durante muchos años sobre la forma como operan las cosas. Sin embargo, la pregunta que se plantea es, si la estabilidad de las estrategias usadas para indagar sobre la dinámica de los problemas, ¿es posible mantenerlas como quiera que el entorno cada vez más es volátil, incierto, complejo y ambiguo - VICA? La respuesta posiblemente nos permita sospechar con mayor claridad sobre los resultados que hemos tenido cuando de indagar sobre la realidad se trata.

Pensar por el complemento, nos permite dar cuenta de la realidad complementaria que no vemos y a lo que no estamos acostumbrados; la dinámica de los contrarios nos permite advertir que, fenómenos que se explican desde la estrategia positivista, se comportan de formas insospechadas y nos brindan información adicional que nos permite analizar nuevas condiciones de referencia sobre los mismos, que nuestro propio paradigma no nos permite ver.

Vivimos muchas veces cegados por los lentes con que leemos la realidad y cuando algún evento nos sorprende o astilla nuestros “vidrios” entendemos que hay cosas fuera que debemos entender y analizar. Esto es,  la sorpresa, aquello emergente y fuera de los objetos analizados, comienza a ganar espacio nuestra realidad y genera la crisis natural de los modelos y enfoques con los que explicamos el mundo, creando una nube de incertidumbre con la que no nos sentimos cómodos.

Si la dinámica del mundo no nos incomoda con sus exigencias VICA y no cuestiona las “verdades científicas”, la modernidad perdería su velocidad y la novedad estaría destinada a desaparecer. Por tanto, es necesario que tanto científicos, como ciudadanos nos dejemos sorprender por los vectores de patrones emergentes, por los puntos de inflexión identificados, por los hallazgos que comprometen lo establecido y sobre manera, por las nuevas lecturas de la realidad, para poder continuar la espiral ascendente de construcción de conocimiento, que nos permita como especie, continuar creando el futuro y haciendo que las cosas pasen.


El Editor 

sábado, 11 de abril de 2015

Decisiones

Tomar decisiones significa definirnos a nosotros mismos; implica poner sobre la mesa el plan de vida que queremos y la apuesta superior que tenemos en nuestra existencia. Decidir es darle forma al futuro en el presente, es movilizar nuestra humanidad para dar testimonio (ser un mártir) de un proyecto que queremos realizar.

Toda decisión tiene una renuncia, pues bien dice la sabiduría popular “no podemos tener lo mejor de los dos mundos” y por tanto, una realidad será la que ocurra y la otra sólo será un imaginario. Decidir es ejercitar nuestra capacidad para hacer que las cosas pasen, nuestro interés por materializar un sueño que transforme nuestras vidas y la sociedad. Una decisión que implica un “yo quiero” y luego un “yo puedo”.

Cada decisión que tomamos trae consecuencia positivas o negativas (según la lectura que tu tengas de lo que quieres realizar) tanto para tu vida personal como para las comunidades donde tu participas; algunas de ellas visibles y otras emergentes, ésta últimas difíciles de prever, dado que condiciones particulares se pueden presentar y otras sobrevinientes, no previstas, pueden manifestarse.

No somos consecuencia del devenir, ni marionetas de DIOS, somos responsables, como afirma el clérigo Eudista Linero Gómez, por darle sentido y dirección a nuestra vida, claro está iluminados por el Creador y su plan de vida, para que podamos potenciar los talentos y la vocación que hemos recibido. Esto es, movilizar nuestra capacidad para aprender, nuestro esfuerzo personal y sobre manera las ganas para alcanzar, con el fin de perfeccionar dichos talentos y ponerlos al servicio de los demás.

Cuidado con dejar guardados los talentos, no sea que te puedan decir “sabes que soy un amo exigente, que recojo donde no siembro y reclamo donde no invierto” (Mt 25, 14-30), pues todo lo que hemos recibido es regalo y como tal no solamente es para apalancar tu plan de vida, sino para potenciar y materializar condiciones y expectativas de otros.

Es un sabotaje a plan del Creador no tomar la decisiones que potencien tus talentos, que saquen lo mejor de ti, pues precisamente el mundo espera que lo hagas, dado que sólo así es posible el siguiente paso de la humanidad, sólo así es viable materializar las condiciones requeridas para crear el escenario de las nuevas posibilidades.

Nunca pienses que tus talentos son menos que los otros, o que son menos importantes delante del Creador, recuerda que cada uno viene con un conjunto de ellos, para ayudar en la construcción de una nueva forma de hacer las cosas y en la medida que nos demoremos en descubrirlos, fortalecerlos y revelarlos, de igual forma se harán lentas las bendiciones y gracias que se tienen previstas por la eternidad para el mundo.

Nunca subestimes lo poderoso de tus talentos, pues estarías retando a tu Creador en su ejercicio de creatividad permanente con el mundo, un ejercicio de incertidumbre, mezclado con tus expectativas y un tinte de sorpresa, que nunca sabes en donde va terminar. Lo importante es que sepas que no hay nada pequeño o menor en la lectura de DIOS en el mundo, todo cuenta y cuando menos lo esperes esa habilidad que tienes será el detonante de una nueva realidad que para muchos posiblemente era un imposible.

El Editor

Referencia

Gómez, A. (2015) El poder de la decisiones. Tu siguiente decisión puede cambiarlo todo. Bogotá, Colombia: Ed. Diana.

domingo, 5 de abril de 2015

Revelando el talento

Cuando se habla de talentos, podemos tener muchas lecturas del mismo concepto. Si lo miramos desde la Biblia es una moneda, un pago; si lo revisamos desde la persona es una habilidad, una destreza, una forma particular de hacer las cosas y si lo analizamos desde la disciplina psicológica, es una cualidad, una propiedad inherente de la persona que la distingue de otras en su campo particular.

Cualquiera que se la vista, los talentos son dones, regalos particulares que la vida y el ser superior entrega a los seres humanos, como armas especiales para abrirse camino en medio de los retos y oportunidades que se presentan para alcanzar su propósito en la vida. No obstante lo anterior, pocas veces se repara en profundizar es estas armas dejando que la cotidianidad y la comodidad apaguen y diluyan lo que inicialmente fue un regalo.

El talento implica abandonar la zona cómoda, lanzarnos a conquistar la incertidumbre y creer firmemente que es posible hacer la diferencia. Esto implica persistencia, perseverancia y madurez, como quiera que ese regalo que se nos ha entregado, requiere un proceso de forjado, tallado y pulido que implica horas de práctica, intensos momentos de reflexión y una gran dosis de resistencia, para que la joya que ha sido plantada en el interior del hombre brille y transforme con toda su plenitud.

El talento requiere decidirnos por nosotros mismos, abandonar nuestras excusas, renunciar a nuestros apegos y redescubrir la esencia de la vida. Si queremos que las cosas cambien en la vida, debemos pagar el precio para estar en el siguiente nivel, avanzar en medio de lo desconocido y lanzarnos a superar la política de “cero riesgos”, para liberarnos de nuestros propios hábitos, que nos impiden apreciar los cambios y nos hacen insensibles a las posibilidades que nos habilitan para vencernos a nosotros mismos.

Bien anota Goethe: “lo más importante en este mundo no es saber dónde estás, sino hacia dónde vas”, por tanto el mundo no está hecho para los mediocres, que intentan en todo momento quebrar las iniciativas, sino para aquellos que se lanzan a perfeccionar sus talentos, superar sus propios miedos y avanzar a pesar de las frustraciones. Experimentar la magia del talento, es armonizar el esfuerzo, la visión y las ganas con un propósito superior.

Venimos al mundo con la capacidad para elegir, pero las creencias y valores que hemos interiorizado muchas veces nos limitan para cambiar de manera definitiva la historia de nuestras acciones. Si bien adquirir conocimientos y titulaciones académicas es una parte importante de la evolución y preparación de las personas, igualmente lo es el potenciar las capacidades propias de cada individuo, así como su vocación, pues allí cuando la academia y la motivación interior confluyen, estamos desatando el potencial superior que hemos recibido como regalo.

No podemos continuar ocultando los talentos, negando posibilidades a otros de ser beneficiados del poder transformador que éstos tienen. No podemos seguir viviendo vidas grises y anónimas, sino brillantes, auténticas y con sentido, para que la suerte que concede el talento y el entusiasmo que provoca ponerlo en operación, deje fluir la esencia del don que hemos recibido y se materialice la aventura del conocimiento en nosotros mismos.

Referencia

Sánchez, A. (2010) Arqueología del talento. En busca de los tesoros personales. Segunda Edición. Madrid, España:ESIC Editorial