viernes, 30 de enero de 2026

La "locura" de compartir

En un mundo lleno de espejismos y tensiones marcadas por intereses particulares pensar en compartir o en el otro resulta casi una “locura” o una “utopía”. Sin embargo, hay escenarios y momentos donde esa “locura” tiene todo el sentido. Sólo basta con mirar ejemplos diarios en la cotidianidad. 

Un profesor de primaria que abre su mente y su corazón para habilitar la posibilidad de un niño o un adulto para encontrarse y reconocer las letras, sin esa “locura”, muchos no hubiésemos podido aprender a leer y menos a tener la posibilidad de progresar. 

Cuando un científico publica un artículo y lo pone a disposición de la comunidad, esa “locura” no sólo cambia el camino de la ciencia, sino que expande los límites del conocimiento para abordar aquello que parecía inaccesible. La ciencia en un mundo competitivo, no sólo por lograr hallazgos importantes, sino por conseguir recursos para investigar, por tanto muchas veces no sólo es talento y deseo de logro, sino habilitar espacios para sumar y descubrir en conjunto, con responsabilidad, respeto y conciencia por sus colegas, y así ver las oportunidades que pueden tener juntos. 

Cuando se ve a una religiosa, un sacerdote o un consagrado donarse en una misión, o en un apostolado por el otro, donde la única recompensa es hacer la diferencia allí donde está, esta “locura” no tiene otro nombre sino “en amor dado”, un ejercicio que se olvida de la persona individual, y se conecta de manera genuina con la necesidad del que sufre. No con lástima o desdén, sino con misericordia, desde las entrañas, donde el amor surge como base de la vida misma. Esto no es una visión de la pobreza, sino un ejercicio de riqueza espiritual, una “locura” que transforma el interior del ser humano para explorar y ver sus efectos en el mundo exterior.

¿Recuerdas la última vez que sentiste una alegría que no podías explicar, ese sentimiento interior por haber hecho algo bueno, algo distinto, haber marcado la diferencia para alguien, algo por lo cual sólo recibiste una sonrisa, un gracias, un “te quiero”, un gesto de agradecimiento? Esa “locura” te transformó a ti en ese momento, ese momento “eureka” de la ciencia, en la esencia misma de tu ser. Esa sensación, esa moción interior no es otra cosa que los efectos de la “locura” de compartir, una moción que misteriosamente crece y se expande, cuánto más te abres al otro.

Bien dicen que cuando el conocimiento se comparte, más crece, más se expande. Cuando el amor, se dona más se experimenta, una contradicción, “una locura”, que no responde a las dinámica cotidiana del mundo, y que enfrenta el status quo de “tener, poder, y saber” que lesiona y contradice la esencia misma de la humanidad, vivir en comunidad para encontrarse con el otro. Los recientes foros de los líderes globales demuestran que sin voluntad política, ni negociaciones concretas sobre recursos claves, ni agendas acordadas sobre ideologías no habrá espacio para conversar y menos para confiar en que el otro hará lo que se espera que haga.

Así las cosas, la “locura” de compartir o pensar en el otro, será la semilla que seguirá cayendo en múltiples corazones. Y cómo en el evangelio de Marcos 4:1-20, algunas de ellas se ahogarán por las presiones del mundo, otras nacerán rápidamente y sin pocas raíces y perseverancia, perecerán; otras serás opacadas por los espejismos y tentaciones del camino sin que se den cuenta, y finalmente, los que asumen y acogen la “locura” serán quienes rendirán fruto al 30, 60 o hasta 100 por uno, sin que lo puedan explicar. 

El Editor


domingo, 25 de enero de 2026

La incertidumbre: la humildad del “no saber”

En un mundo con cambios constantes (esperados e inesperados) mantener una postura vigilante parece ser el reto personal y organizacional para enfrentar la incertidumbre natural y creciente del contexto actual, bien como amenaza o como oportunidad. La incertidumbre como amenaza se convierte en agente agresor que deben ser enfrentado con lo que se conoce para superar la incomodidad de “no saber”, mientras como oportunidad es un estado de apertura al cambio para explorar opciones no probadas para experimentar y aprender de resultados no previstos. 

Cuando se enfrenta la incertidumbre, el desafío “es enamorarse del problema, no de la solución. Es como remar en un lago lleno de niebla, donde no puede ver con claridad, ni saber con precisión dónde terminará, pero tiene dos tareas claves: tener fe en que llegará a un puerto seguro y seguir remando” (Stolzoff, 2026). En este sentido, la incertidumbre genera resistencia al cambio durante y después de un evento desafortunado. No gestionar los detonantes psicológicos que esto produce, pueden debilitar la capacidad de respuesta y aumentar el potencial de una parálisis sustancial.

Los principales detonantes psicológicos son: (Osorio Gómez, 2008; Gibson & Gibson, 2023)

  • Miedo al fracaso - Sentimiento de incapacidad para enfrentar el entorno cambiante y dudas sobre las habilidades personales y profesionales.
  • Miedo al daño o pérdida - Preocupación por la seguridad laboral y la sostenibilidad individual ante una interrupción mayor.
  • Modelos mentales limitadores - Filtros cognitivos que eliminan, distorsionan o generalizan información para que encaje en creencias previas.
  • Reactividad emocional - Ciclos de ansiedad y tensión que nublan el juicio y dependen de instintos automáticos.

Superar estos detonantes implica que las suposiciones propias sean probadas y que aquello que no salió como estaba previsto, se utilice como lecciones aprendidas y compartidas para nutrir y retar los saberes previos que se tiene de la situación. Crear una zona de incomodidad y psicológicamente segura permite romper con la ansiedad, liberarse del bloqueo de las creencias, disminuir el miedo al daño y al fracaso, como fundamento para superar la “ceguera de abstracción” (Capra, 1995) creada por las restricciones autoimpuestas de términos y conceptos que adoptamos, y que limita la visión y comprensión del reto.

La incertidumbre en definitiva termina siendo un espacio para crear, para tomar riesgos y lanzarnos a retar las certezas humanas, no para tener respuestas sobre los retos, sino para hacer mejores preguntas, que nos lleven a nuevos lugares de encuentro y desencuentro. Es la ruta que nos permite estar incómodos con lo que hemos aprendido, y nos hace humildes antes lo que no sabemos. Una oportunidad para reconocernos como vasijas de barro imperfectas, en cuyas grietas habita la luz y la mano poderosa del “dueño de la vida”.

Referencias

Capra, F. (1995) The web of life: a new scientific understanding of living systems. Michigan, USA: Anchor Books

Gibson, C. & Gibson, K. (2023). A critical incident field guide. Integrating risk, business continuity, emergency, and crisis management. Australia: Executive Impact Publishing

Osorio Gómez, J. C. (2008). Introducción al pensamiento sistémico. Cali, Colombia: Programa Editorial Universidad del Valle.

Stolzoff, S. (2026). Líderes, es hora de desarrollar su tolerancia a la incertidumbre. Harvard Business Review. https://hbr.org/2026/01/leaders-its-time-to-build-your-tolerance-for-uncertainty?language=es   


domingo, 18 de enero de 2026

Expectativas

Cada vez que inicia un año, nos creamos expectativas. Al revisar la definición en el diccionario de la Real Academia de la Lengua (https://rae.es) se lee: “Esperanza de realizar o conseguir algo”, “Posibilidad razonable de que algo suceda”, y si se revisa un poco más se advierten sinónimos como “esperanza, confianza, ilusión, probabilidad, posibilidad, horizonte”, todas estas palabras hablan sobre transitar en el “futuro”, en un lugar lleno de desconocidos desconocidos, un escenario donde todo está por descubrir y que tarde o temprano nos sorprende (ya la manera como cada uno la interprete será positiva o no).

La expectativa lo que hace es crear un puente deseado entre lo que somos y lo que queremos ser o lograr. Es un ejercicio que nos invita a movernos y trasladarnos a ese lugar incierto y aún desconocido, para luego caminar y trazar un camino hacia el presente donde estamos. La expectativa será tan fuerte o débil como la fuerza y convicción que nos mueve a crearla. Entre mayor sea el deseo y la acción deliberada para hacerla realidad, mejores oportunidades tendremos para crear esa conexión del futuro con el presente.

Nótese que la expectativa personal es una cosa y la expectativa que se tiene de otras personas es otra. Quien se hace expectativas de otros, crea una ilusión sin fundamento, pues adiciona un elemento desconocido más a la ecuación, que es la esencia misma de aquella y su deseo de hacerlo realidad, lugar que sólo conoce aquel que la vive. Por tanto, no te hagas expectativas de otros, más bien descubre en su relación con él o ella, cómo transita la vida y los retos que tiene, cómo los supera y qué guía su corazón para vencerse a sí mismo y hacerse una mejor versión de sí mismo.

Las expectativas son en esencia escenarios que planteamos para explorar el incierto que nos advierte el futuro, no para tratar de predecirlo, sino para ver las diferentes versiones y oportunidades que se pueden tener para lograr aquello que queremos. Cada escenario será ocasión de reflexiones profundas sobre nuestro propósito, no sobre las metas u objetivos, sino sobre aquello que nos lleva a levantarnos cada día, esa vocación que transforma y nos moviliza para hacer las cosas que hacemos. El escenario no es más que una forma de canalizar una expectativa en clave de nuestra razón de ser.

Cuando las expectativas aparecen, sabemos que nuestro propósito está vivo, evoluciona y se transforma para llevarnos al siguiente nivel de evolución. La expectativa no es un sueño vacío o algo que deseamos, es la esencia de un propósito hecho visión, esa realidad que permite adaptarnos, aprender, desaprender y reaprender para reconocer que tenemos mucho que descubrir y cambiar dentro, para transformar aquello que está afuera. 

La expectativa no va de construir de afuera hacia adentro, sino en conectar nuestras vulnerabilidades interiores para escalar en la transformación de nuestro entorno para crecer con otros, para descubrir que somos seres inacabados, que el orgullo corrompe y mata, cuando no somos humildes para reconocer que no tenemos todas las respuestas.

Es preferible pensar en posibilidades que en probabilidades. Dejar las certezas (probabilidades) es el camino para trazar y perfilar nuevas expectativas, nuevos horizontes, donde lo que viene aún está por aparecer, y que sólo los que aceptan “que no saben”, que están dispuestos a aprender y a declarar un maestro, podrán trazar diferentes caminos que para el mundo son imposibles, pero siempre posibles para “el dueño de la vida”.

El Editor