domingo, 18 de enero de 2026

Expectativas

Cada vez que inicia un año, nos creamos expectativas. Al revisar la definición en el diccionario de la Real Academia de la Lengua (https://rae.es) se lee: “Esperanza de realizar o conseguir algo”, “Posibilidad razonable de que algo suceda”, y si se revisa un poco más se advierten sinónimos como “esperanza, confianza, ilusión, probabilidad, posibilidad, horizonte”, todas estas palabras hablan sobre transitar en el “futuro”, en un lugar lleno de desconocidos desconocidos, un escenario donde todo está por descubrir y que tarde o temprano nos sorprende (ya la manera como cada uno la interprete será positiva o no).

La expectativa lo que hace es crear un puente deseado entre lo que somos y lo que queremos ser o lograr. Es un ejercicio que nos invita a movernos y trasladarnos a ese lugar incierto y aún desconocido, para luego caminar y trazar un camino hacia el presente donde estamos. La expectativa será tan fuerte o débil como la fuerza y convicción que nos mueve a crearla. Entre mayor sea el deseo y la acción deliberada para hacerla realidad, mejores oportunidades tendremos para crear esa conexión del futuro con el presente.

Nótese que la expectativa personal es una cosa y la expectativa que se tiene de otras personas es otra. Quien se hace expectativas de otros, crea una ilusión sin fundamento, pues adiciona un elemento desconocido más a la ecuación, que es la esencia misma de aquella y su deseo de hacerlo realidad, lugar que sólo conoce aquel que la vive. Por tanto, no te hagas expectativas de otros, más bien descubre en su relación con él o ella, cómo transita la vida y los retos que tiene, cómo los supera y qué guía su corazón para vencerse a sí mismo y hacerse una mejor versión de sí mismo.

Las expectativas son en esencia escenarios que planteamos para explorar el incierto que nos advierte el futuro, no para tratar de predecirlo, sino para ver las diferentes versiones y oportunidades que se pueden tener para lograr aquello que queremos. Cada escenario será ocasión de reflexiones profundas sobre nuestro propósito, no sobre las metas u objetivos, sino sobre aquello que nos lleva a levantarnos cada día, esa vocación que transforma y nos moviliza para hacer las cosas que hacemos. El escenario no es más que una forma de canalizar una expectativa en clave de nuestra razón de ser.

Cuando las expectativas aparecen, sabemos que nuestro propósito está vivo, evoluciona y se transforma para llevarnos al siguiente nivel de evolución. La expectativa no es un sueño vacío o algo que deseamos, es la esencia de un propósito hecho visión, esa realidad que permite adaptarnos, aprender, desaprender y reaprender para reconocer que tenemos mucho que descubrir y cambiar dentro, para transformar aquello que está afuera. 

La expectativa no va de construir de afuera hacia adentro, sino en conectar nuestras vulnerabilidades interiores para escalar en la transformación de nuestro entorno para crecer con otros, para descubrir que somos seres inacabados, que el orgullo corrompe y mata, cuando no somos humildes para reconocer que no tenemos todas las respuestas.

Es preferible pensar en posibilidades que en probabilidades. Dejar las certezas (probabilidades) es el camino para trazar y perfilar nuevas expectativas, nuevos horizontes, donde lo que viene aún está por aparecer, y que sólo los que aceptan “que no saben”, que están dispuestos a aprender y a declarar un maestro, podrán trazar diferentes caminos que para el mundo son imposibles, pero siempre posibles para “el dueño de la vida”.

El Editor


domingo, 13 de julio de 2025

Inciertos y sorpresas: aprender y aprovechar las posibilidades

El hombre moderno vive todo el tiempo entre ciertos e inciertos. Aunque recientemente hay más inciertos que certezas, lo que eleva su nivel de estrés y preocupación frente a los eventos que puedan ocurrir que no pueda advertir con suficiente anticipación. Las sorpresas no son siempre bienvenidas, pues desubican o incomodan al ser humano acostumbrado (supuestamente) a tener el “control” de lo que ocurre. Nada de lo que ocurre en la actualidad es raro, las tensiones internacionales constantes, los discursos polarizantes y las medidas extremas que aumentan las presiones, mantienen al mundo en una zozobra permanente que no sabe en qué momento alguien va a “oprimir el botón rojo” y termine la historia de la humanidad.

Caminar en el mundo de los inciertos y las sorpresas (algunas predecibles y otras no tanto) es cambiar la lectura que tenemos de la vida, esa donde todo está resuelto y tenemos las respuestas para avanzar sin problemas; por una donde siempre hay incógnitas que resolver y tenemos muchas preguntas. En la medida, en que tengamos preguntas habrá manera de avanzar y explorar  para aprender, desaprender y reaprender del mundo donde estamos y vivimos. Una postura, que si bien tendrá algunos archipiélagos de certezas, habrá muchos espacios para pensar más en posibilidades que en la probabilidades.

Prepararse para los inciertos y sorpresas supone disponerse para responder a la inevitabilidad de la fallas, no sólo para reparar o superar lo que no salió como estaba planeado, sino para permanecer y prosperar en el nuevo escenario que nos ha resultado por los eventos que se manifiestan. Si bien, es posible actualizar de forma periódica el mapa del territorio, nunca tendremos la perspectiva completa del terreno donde vamos a caminar. Esto supone tener una perspectiva de aventura y riesgo, que no implica salir y superar nuestras capacidades actuales, sino entender el entorno y sus relaciones para aprovechar las oportunidades que se presenten.

Bien lo anota el Dr. Gavriel Schneider, en su libro Presilience, hay que desarrollar una mentalidad presiliente (Schenider, 2025). Una mentalidad presiliente demanda prepararse para los retos futuros y los cambios relevantes, con el fin de responder a los eventos inesperados, y no reaccionar; establecer un marco estratégico de amenazas para tomar acciones, y no sólo para conocer; y  desarrollar y analizar escenarios latentes y emergentes para moldear el futuro y aprovechar las oportunidades, y no sólo ver posibilidades. En este sentido, la presiliencia se posiciona como un concepto que moviliza y reta a las organizaciones y personas, para permanecer vigilantes, explorar el incierto, retar su conocimiento y habilitar estrategias para darle forma a sus ventajas futuras.  

Cuando entendemos los inciertos y las sorpresas, como un marco de trabajo para crecer y renovar, estamos desarrollando capacidades estratégicas que no permiten que la zona cómoda aparezca en la dinámica de la vida. Es una oportunidad permanente de revisar y actualizar los supuestos que tenemos, entender que los puestos de trabajo son todos temporales (hasta que tu superior se canse de ti), que sólo la transformación personal ocurre cuando aprendemos y que al final, debemos desarrollar escenarios posibles y probables para los factores de cambio más inciertos y sorpresivos, como fundamento base de nuestra supervivencia.

Los inciertos y las sorpresas deben llevar al ser humano a hacerse consciente de sus propios sesgos, de sus propios miedos y temores, para crear cartas de navegación adaptables y flexibles, que mirando al cielo cada día e invocando la fuerza espiritual que viene de lo alto, pueda darle forma al futuro que quiere, sabiendo que todo el tiempo habrá fuerzas inesperadas e impredecibles que le darán forma e impulso a sus capacidades actuales, para escribir con “letras torcidas” y “al margen del lienzo” la firma indeleble de su compromiso y determinación para hacer que las cosas pasen.

El Editor 

Referencia

Schenider, G. (2025). Presilience. How to navigate risk, embrace opportunity and build resilience. Herndon, VA. USA: Amplify Publishing.


sábado, 3 de mayo de 2025

Tres capacidades para permanecer y superar la ilusión del control

El mundo actual se mueve en medio de tres tendencias inestabilidad, incierto e incertidumbre. Tres palabras que confirman que estamos en un contexto donde abundan los inciertos y escasean las certezas. En este sentido, las buenas prácticas y los estándares proponen respuestas limitadas para atender la emergencia de eventos y escenarios para los que posiblemente no estamos preparados. Por lo tanto, se requieren competencias distintas para navegar en medio de situaciones “no estándar” y desde allí, establecer mapas de ruta que se ajustan con el tiempo y con los cambios.

Avanzar en una sociedad líquida (Bauman, 2017) como la actual, implica al menos desarrollar tres capacidades (patrones de aprendizaje) claves como fundamento para permanecer vigentes y aprovechar las oportunidades potenciales de aquello que “no sabemos”. Las capacidades son: (Schneider, 2025)

  • Entender y manejar el incierto.
  • Entender y manejar sus efectos.
  • Entender y manejar el logro de los objetivos.

Entender y manejar el incierto, es permanecer incómodo con lo que hemos aprendido. Es retar de forma permanente el saber previo y lanzarse a explorar nuevas posibilidades para plantear alternativas que habiliten al ser humano para permanecer y encontrar nuevas formas de entender el mundo. Esto es, pactar con el incierto, como una apuesta para distinguir patrones emergentes que pueden cambiar la manera de entender el mundo y la forma para evolucionar y llevar al ser humano a su siguiente nivel.

Entender y manejar los efectos del incierto, es contar con una mente experimental. Es mantenerse en modo beta, en modalidad pruebas y avances frente a lo que “no se conoce”. La mente experimental es una mente que entiende aquello que no ha salido como estaba previsto, como una fuente inagotable de ventanas de aprendizaje, que le permite cuestionar su propio presente, su base de conocimiento y desprenderse de los referentes académicos, para avanzar en un territorio desconocido y aprender a equivocarse de forma inteligente: recoger aquellos elementos que aparecen y de los cuales poco se conoce.

Entender y manejar el logro de los objetivos, es entender que pueden existir diferentes rutas para llegar a aquello que nos hemos propuesto. Es reconocer que en medio del incierto, no sólo existe un camino, sino que es necesario plantear desde el “no saber”, alternativas que deben ser revisadas y analizadas para comprender mejor las diferentes formas de llegar a lo que nos hemos comprometido. Los objetivos son el referente y la especificación de un deseo, de una expectativa, pero no representa el fin último de lo que se pretende. Los objetivos, en medio de la vida, son blancos móviles que se ajustan y revisan sobre un territorio que cambia, y que exige, flexibilidad, adaptación y dinámica de nuestra parte para movilizarnos y nutrirnos de lo que el incierto produce.

Superar la ilusión del control, de que el plan se va a cumplir todo el tiempo, implica abrazar el incierto como fundamento de nuestra actuación, permanecer desacomodados de lo que hemos aprendido, y sobremanera, abrirnos a explorar y experimentar para descubrir como afinar lo que vamos encontrando, en un ciclo infinito de aprender, desaprender y reaprender, que nos transforma en otros distintos, cuando aparece aquello para lo cual aún no tenemos respuestas.

El Editor 

Referencias

Schneider, G. (2025). Presiliencia. Presilience: How to Navigate Risk, Embrace Opportunity, and Build Resilience. Herdon, VA. USA: Amplify Publishing Group.

Bauman, Z. (2017). Reflexiones sobre un mundo líquido. Paidos


domingo, 20 de abril de 2025

Pascua: Algo vivo tiene que nacer

Cada año al terminar la “semana mayor” de los católicos o al iniciar la pascua, “algo vivo tiene que nacer”. La pregunta en el fondo es “¿qué o quién es el que tiene que nacer?”. ¿Qué significa nacer? entrar en el mundo que no se conoce, abrirse a espacios en zonas que no son demarcadas, dar línea en temáticas que son emergentes, tantas ideas al tiempo, que corresponden a un proceso de discernimiento ¿Cuántas cosas hemos venido aplazando y dejando pendiente, para darle vida e impactar a otras personas?

Dar vida o comunicar vida es transformar la realidad, es hacer que las cosas pasen. La vida es un continuo, una experiencia de desorden termodinámico, que cuando llega a su máxima expresión se desvanece. En ese ejercicio en la práctica cotidiana es necesario que cada cierto tiempo nazca algo nuevo, y ese nacer siempre se gesta con el tiempo, con esfuerzo, con trabajo, con un propósito superior y no con un objetivo de corto plazo. 

Cada vez que algo nace, nace con una vocación de eternidad, nace para que permanezca como testimonio de una reflexión que no acaba, y que le da forma a una manera de pensar, de ubicar el mundo en diferentes partituras y lecturas que para muchos, podrán ser novedosas y para otros, retos por descubrir. Saber lo que puede ocurrir con eso que nace resulta incierto, lo único cierto es que será una piedra en un foso de agua que hará olas perceptibles e imperceptibles para que agiten el intelecto de algunos y confronten las prácticas de otros.

Nacer, dar vida, infundir vida, es un ejercicio de donación, de entrega, de transformación interior que la persona regala a su comunidad, no por la vanagloria o los reconocimientos, sino como oportunidad de un diálogo permanente con las ideas, para abrir las posibilidades que antes no existían. Cuando se abren oportunidades nuevas y reflexiones diferentes se crea un espacio para pensar distinto, para explorar nuevas opciones donde la novedad es la base del encuentro y los desencuentros.

La pascua es un paso, de un lugar donde no existe novedad, nada ocurre y todo transcurre en la monotonía sin cambio, a un momento donde la dinámica del cambio es lo natural, donde es importante dejar aquello que no suma y divide, para dejarse sorprender con aquello que no es común, con aquello que te interroga para retar eso que conocemos y sabemos. La pascua es un momento para despertar y abrirse a la experiencia de reconocernos renovados y renacidos, donde mudamos de piel, y dejamos abierta la posibilidad de entender y aprender nuevas cosas para beneficio propio y de otros.

La pascua es un proceso de transformación, de restauración, de reforma de vida, donde lo viejo ha pasado y lo nuevo se abre camino. Dejemos que la pascua nos interrogue para que nazca aquello que debe surgir, para que se abran nuestras alas al salir de la crisálida de pasado, y así emprender el vuelo hacia horizontes novedosos, donde cada uno tenga la oportunidad de reinventarse y alcanzar nuevos retos que le llevan a lograr aquello que no creía posible. La pascua se traduce en “algo vivo tiene que nacer”, en verter vino nuevo en un mundo dinámico e incierto como el actual.

El Editor

sábado, 5 de abril de 2025

Estrategia espiritual: quiénes somos y quiénes estamos destinados a ser

En el contexto empresarial se afirma que “el plan no es la estrategia”. “Un plan es una hoja de ruta sobre cómo vas a conseguir tu objetivo, mientras que una estrategia es el planteamiento general para conseguirlo” (Supply Chain Today, 2025). En la vida muchas veces construimos múltiples planes para alcanzar aquello que queremos, pero poco recabamos en la estrategia, esa visualización de los grupos de interés que vamos a impactar, los recursos que requerimos para concretarlos y los cambios que se pueden sufrir cuando las condiciones del entorno cambian.

Cuanto más nos centramos en la operación, perdemos el sentido de lo que pasa a nuestro alrededor. Esto no quiere decir que el “hacer” no sea importante, sino que no debe distraernos de la dinámica del entorno donde ocurre, pues es allí donde las cosas van a pasar y por tanto, merece atención y seguimiento para lograrlo. En este contexto, nuestra vida la pasamos muchas veces distraídos en el “hacer”, sin recabar en las transformaciones que ocurren a nuestro alrededor, perdiendo la perspectiva del momento, descuidando la vida interior que soporta nuestra existencia, perdiendo capacidades y conocimiento por aquello que sabemos y logramos, y finalmente, perdernos en el ciclo infinito de la productividad para alcanzar resultados que muchas veces pueden no tener sentido para uno mismos o los demás.

Parar y tomar distancia de lo que ocurre, es trabajar en la estrategia, es establecer la visión de lo que queremos lograr, es identificar cómo apalancar y encontrar apoyos, es recabar en las ventajas y limitaciones que podemos tener, así como la fuerza interior y el convencimiento que tenemos para alcanzar lo que queremos. En la vida diaria, es necesario visualizar y potenciar la vida interior como fundamento de las transformaciones que queremos lograr. Esa estrategia espiritual que inicia en el reconocimiento de lo somos y podemos, en sentirnos necesitados e inacabados, como fuente permanente de oportunidades y retos propios de lo que somos por definición: “barro en manos del alfarero”.

Si nuestra estrategia espiritual no está alineada con la fuente de nuestra esencia transcendente, la dinámica del diario vivir se convierte en una experiencia de involución donde nada cambia y se vuelve paisaje, dejando pasar las oportunidades que a diario la vida nos presenta. Lo anterior implica, perder la capacidad de asombro, olvidar la esencia misma de la vida que es aprender, desaprender y reaprender, como ciclo virtuoso que permite mudar el “hombre viejo” en el “hombre nuevo”. Esto es romper, la vestidura remendada que articula paradigmas caducos, para abrirnos a pintar un lienzo nuevo que reescriba nuestra vida y nuestra historia.

El futuro no está predeterminado, ni se puede predecir, por tanto la estrategia espiritual es descubrir cómo reconectarnos con la fuente primaria que nos anima, para encontrar luz, sabiduría, fuerza e iluminación, como la base natural para avanzar en la conquista de nuestras propias limitaciones, no como una práctica sofisticada de meditación o experiencia religiosa, sino como un encuentro personal con la presencia sagrada y divina que vive en nosotros (cualquiera que sea su lectura) para recorrer un camino que nos lleva a confrontar quiénes somos, qué queremos y transformarnos en las nuevas versiones que estamos destinos a ser.

Si bien el “plan no es la estrategia”, la estrategia espiritual sin un plan concreto situado en la realidad de cada individuo, no tendrá los efectos esperados, ni los impactos que están destinos a materializarse, que sirvan a otros como punto de apoyo para encontrar su propio camino de “conversión”, ese que “muda” lo que no nos deja ser, y así experimentar como la bendición vibra fuerte y clara, cuando nos dejamos alcanzar por la fuerza de aquello que no muda, no cambia, es siempre nuevo y siempre actual, la “zarza que no se consume”, donde debemos “quitarnos” todo aquello que no rinde tributo a la presencia divina que nos interroga.

Referencias

Supply Chain Today (2025). A Plan Is Not a Strategy – Harvard Business Review https://www.supplychaintoday.com/a-plan-is-not-a-strategy-harvard-business-review/  


domingo, 9 de febrero de 2025

Remar mar adentro. El reto de pactar con el incierto

Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca” fue la indicación que recibió Simón Pedro de Jesús (Lc 5, 1-11), palabras que hoy resuenan en un mundo incierto, inestable, e incomprensible como el de hoy, donde las certezas escasean y las incertidumbres abundan. En el contexto del pasaje mencionado, Pedro le replica a Jesús: “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada (…)”, una expresión del hombre trabajador y cansado que sabe que el día estuvo retador, y regresa para tomar un descanso y volver a intentar mañana. Sin embargo, la respuesta de Pedro continúa: “pero, por tu palabra, echaré las redes”, un acto de confianza y de fe, que cambia el resultado.

Remar mar adentro, es abandonar la orilla, la zona cómoda y conocida, donde nuestras escasas certezas nos dan una seguridad efímera, estática y limitada, para lanzarnos a poner a prueba lo que hemos aprendido, y explorar nuevas posibilidades y aprendizajes que nos preparan para el siguiente nivel. Navegar en medio del incierto, es aceptar que las cosas no van a salir como estaban planeadas, y dejarse interrogar por aquello que es novedoso e inesperado. Es trazar un camino donde no hay camino, es encontrar “el rastro del águila en el aire; el rastro de la serpiente en el empedrado; el rastro de un barco en el mar” (Proverbios 30:18-32), para afinar nuestros sentidos y ver desde dentro, lo que por fuera se manifiesta.

La incertidumbre no es un problema a resolver, sino una condición a gestionar” (Bammer & Smithson, 2008) tampoco “los riesgos son tus enemigos” (Charan, 2025), por tanto la preparación y la capacidad de respuesta (y no de reacción) es la que nos define para avanzar y concretar nuevas agendas en medio de las situaciones actuales. Estamos diseñados para evolucionar y mudar lo que somos, dejando atrás nuestros miedos, temores y sustos, para abrazar el incierto y pactar con aquello que no conocemos. Sólo declarando que “no sabemos”, que “queremos aprender” y que somos “obras inconclusas” podemos superar la ilusión del control, y abrirnos a la sabiduría del error.

Remar mar adentro es examinar los retos desde diferentes puntos de vista, equilibrar la experiencia propia con nuevas perspectivas de otros, explorar entornos novedosos y poco conocidos para dejarnos sorprender, es experimentar y probar propuestas y analizar sus resultados, es recalcular y afinar la ruta cuando sea necesario, es pocas palabras, “darse cuenta” (despertar de la rutina), “darse una oportunidad” (intentar nuevamente), “encontrar nuevas opciones” (buscar alternativas) y “reinventar lo aprendido” (hacerlo de forma distinta). Cuando se rema mar adentro, los retos que encuentras y superas, son el anticipo de recompensas inesperadas, lecciones necesarias y por demás, transformadoras del ser humano.

Cuando se rema mar adentro, con la preparación y convicción de aprender, desaprender y reaprender, la confianza en el resultado, es una propiedad emergente, un salto evolutivo. Esa realidad aumentada que surge de la combinación y fusión misteriosa de conocimientos humanos, experiencias adquiridas y conexión espiritual, que transforma y supera los linderos naturales y visibles del individuo, descubriendo la esencia sobrenatural que vive en su interior, y que lo lleva a límites y capacidades muchas veces inexplicables. Allí, al igual que Pedro, sólo la admiración y el agradecimiento son posibles, ante la revelación que se nos presenta, cuando somos dóciles al toque de la divinidad, que nos invita a vivir con los ojos en el cielo (sin dejarnos distraer), el corazón encendido (sin dejarnos abrazar por las pasiones desordenadas) y los pies en la tierra (conscientes de los que somos y podemos).

El Editor

Referencias

Bammer, G. & Smithson, M. (2008). Uncertainty and Risk. Multidisciplinary Perspectives. London, UK: Earthscan 

Charan, R. (2025). 2025: The Year of Risks and Opportunities. Linkedin. https://www.linkedin.com/pulse/2025-year-risks-opportunities-ram-charan-iwzhe/


domingo, 2 de febrero de 2025

Falacias: Verdades aparentes ¿Deseadas o involuntarias?

Las falacias son proposiciones con apariencia de verdad que involucran fallas en el proceso de argumentación y conducen al error” (Ordoñez-Matamoros, 2024, p.280). Muchas veces estas falacias se utilizan para convencer sobre una “verdad” que se dice tener, sin embargo esconden intereses o valores que benefician a personas o terceros; otras, se hacen sin tener conciencia de estar haciéndolo. 

En todo caso, es importante estar atentos a los diferentes tipos de falacias que se pueden generar en los discursos, para mantener una postura crítica y analítica cuando se escuchan argumentos frente a situaciones específicas. A continuación se detallan algunos de ellos: (Ordoñez-Matamoros, 2024, pp.280-281)

  • Falacia 1 – “Afirma lo siguiente a partir de una verdad precedente”. Por ejemplo, si Carlos sabe abrir cerrojos y un grupo de delincuentes abre cerrojos, entonces Carlos hace parte del grupo de delincuentes. Está suponiendo que como Carlos tiene la habilidad de abrir cerrojos, entonces es miembro del grupo de delincuentes.
  • Falacia 2 – “Negar el antecedente”. Ejemplo: si los analistas de seguridad son personal dedicado y Carlos no es un analista, entonces Carlos no es dedicado. En este punto el hecho de que Carlos no sea un analista, no implica que no sea dedicado.
  • Falacia 3 – “Falacia de la autoridad”. Ejemplo: “La pandemia estará totalmente controlada en los siguientes 3 años, si lo afirma Pfizer, algo debe razón tendrá”. Algunos lo van a creer pues lo está diciendo una empresa reconocida internacional.
  • Falacia 4 – “Dirigida a la persona”. Ejemplo: “El expresidente “X” no tiene autoridad moral para hablar de derechos humanos”. Cabe la pregunta ¿por qué el expresidente no tiene autoridad moral para hablar de derechos humanos?
  • Falacia 5 – “Dirigida al pueblo”. Ejemplo: “Todo el mundo sabe que la tierra no es cuadrada, como se creía siglos atrás”. Se apela a una creencia común u opinión mayoritaria para argumentar la veracidad del argumento.
  • Falacia 6 – “Se apela a la ignorancia”. Ejemplo: “Nuestra gestión de procesos es efectiva, pues no hemos recibido ninguna inconformidad”. Se recurre al desconocimiento de la verdad por parte del interlocutor para refutar el argumento.
  • Falacia 7 – “Se apela a la misericordia”. Ejemplo: “Luego de estas dos semanas intensas de trabajo, nos merecemos dos días de descanso remunerado”. Los días remunerados no son consecuencia directa de las semanas trabajadas. Son una decisión particular del empleador. Es sólo un querer.
  • Falacia 8 – “Basadas en estratagemas psicológicas”. Ejemplo: “Yo afirmo que la solución más adecuada es esta y se debe aceptar pues soy yo el que firma”. El supuesto es que un cargo de autoridad tiene más razón que la opinión de los miembros del equipo.
  • Falacia 9 – “Basada en estatus sociales, políticos o apego a principios de aglutinamiento”. Ejemplo: “La supremacía de los blancos es la norma que se debe aplicar en el mundo”. Un argumento, por demás racista, que busca exacerbar los ánimos y motivar acciones por una condición racial.

Bien afirma Ordoñez-Matamoros (2024, p.282): “No porque se digan varias verdades, las conclusiones también lo serán”. En este sentido, debemos mantener una postura atenta y centrada en los argumentos para establecer cómo muchas veces intentan manipular la opinión pública o situar mensajes en los imaginarios de las personas con “conclusiones lógicas” que recurren a algunas de las falacias mencionadas.

Conociendo este tipo de falacias, recuerde ser cuidadoso en su argumentación debidamente soportada y documentada con el fin de evitar alguna de las “falsedades” mencionadas, que muchas veces pueden terminar bien sustentadas, generando una interpretación diferente o decisiones que afecten a terceros con consecuencias no deseadas (¿o deseadas?). Siempre busque argumentos o perspectivas que controviertan sus propias consideraciones, para que pueda reconocer cómo fortalecer su postura, más allá del resultado previsto, sólo para validar en sí mismo la fuerza o limitación de su argumento.

Un hombre que interroga, pregunta y cuestiona, es un hombre que madura, que reta las falacias de los enemigos, que busca proponer mejores preguntas para avanzar en profundidad en aquello que cree y le permite seguir caminando en la senda de lo espiritual y trascendente, que si bien es invisible a los ojos, es visible a las acciones concretas del ser humano que se transforma a sí mismo, sin afectar a los otros.

El Editor

Referencia

Ordónez-Matamoros, G. (Director) (2024). Manual de análisis y diseño de políticas públicas. Segunda Edición. Bogotá, Colombia: Universidad Externado de Colombia.